Inteligencia y Libertad

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Francisco Capella

 

ERRORES

Aprende a pensar

Errores

Agosto 2006


Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho, Pensar a cuatro patas, La Gaceta de los Negocios.

Comprendo, pero no comparto, el regocijo que a algunos congéneres les produce asemejarse a los chimpancés o a los gorilas. Parecen contemplar en la hipótesis animalista la cima de la dignidad humana. Son evolucionistas al revés, y piensan que el principio de la evolución es la selección de los menos aptos: el hombre es peor que la anguila, y ésta peor que la madreselva. La excelencia pertenecería así al reino mineral. Cuanto menos nos diferencie del resto de los animales, mayor orgullo sienten.

Esta nostalgia del homínido se antoja genuina confesión de parte y latente declaración de intenciones. Animales al cabo, alardean de lo que pueden. Muchos de ellos exhiben los síntomas de una antigua y honda patología: el resentimiento antibíblico. Como la religiosidad les parece el colmo de la indigencia intelectual —al fin y al cabo, ningún otro animal es religioso— todo lo que, a su juicio rastrero, parezca desmentir a la Biblia lo reciben con simiesco alborozo. Nada les repugna tanto como la idea de que el hombre pueda ser imagen de Dios, es decir, de un Ser Perfecto, y de que se encuentre radicalmente separado del resto de los animales por su espíritu e inteligencia.

En el nombre de la dignidad del hombre, se trata de negarle cualquier indicio de dignidad y de realidad personal. Niegan a Dios, pero adoran a Copérnico, a Darwin, a Marx y a Freud, y a todos aquellos que, según sus instintos —cabe suponer que renuncien a la razón, no vaya a ser que no sea fácil encontrarla en otros de sus semejantes—, han infringido un varapalo a la creencia en la suprema dignidad del hombre o, lo que es lo mismo, a la pretensión de ocupar un lugar privilegiado en el conjunto de la creación (término este último que les produce atroces urticarias). Les reconforta ser producto de un ciego azar evolutivo y les repugna la posibilidad de ser hijos de Dios. Al fin y al cabo, se trata de matar al padre.

Se les reconoce con facilidad. Saludan con indisimulado alborozo cualquier anuncio, más o menos científico, que abone sus animalescas pretensiones. Son especialmente sensibles a la genética. Su mayor deleite consiste en enterarse de que el hombre comparte el 99% del material genético con el chimpancé, y aún les produce incomodidad ese exiguo 1% diferencial. Y todavía les reconforta más asemejarse genéticamente al cerdo o a la mosca. Debe de tratarse de extrañas afinidades electivas.

Eso sí, progresistas al cabo, rechazan el determinismo genético por sus posibles consecuencias racistas o neodarwinistas (en este caso, el “neo” resulta nefando). Por lo demás, desprecian ese 1%, acaso decisivo. Porque lo evidente, e independiente de toda creencia religiosa, es la radical y abismal diferencia entre el hombre y el resto de los seres vivos. Acuden, no sin cierta angustia, a la biología del cerebro humano para intentar, sin éxito, obtener confirmación de sus hipótesis. Naturalmente, una ciencia experimental no puede dar cuenta del alma ni de ninguna realidad espiritual.

Ellos, siempre a lo suyo, se empeñan en que si existiera el alma, ya la habrían encontrado los fisiólogos y los neurólogos. Si hubiera espíritu, parecen decirse, ya lo habríamos visto. Y, sin embargo, la neurofisiología no deja de aguarles la fiesta, ya que el cerebro humano constituye un misterio, hasta ahora insondable, para la ciencia. En dos o tres millones de años, el ser humano ha aumentado el peso de su cerebro en un kilogramo. El hombre en la actualidad posee unas siete veces más peso de cerebro que el que le correspondería por el peso de su cuerpo. Casi los mismos genes, pero un cerebro desmesurado.

Es probable que semejante revelación les cause tantos trastornos que su deseo sea, acérrimos enemigos de las neuronas, no utilizar su cerebro con la secreta intención de que se atrofie y se reduzca, por tanto, a los límites del de los gorilas o, si cabe la posibilidad, del de las moscas. Entonces, así se sentirían orgullosos. Cada uno piensa cómo vive, y si incómodo es para el hombre andar a cuatro patas, mala e imprudente cosa, y de consecuencias intelectuales y morales irreparables, es pensar a cuatro patas.


Naomi Klein, Disaster capitalism: how to make money out of misery, The Guardian.

…perhaps it’s time to take a look at where the privatisation of disaster began, and where it will inevitably lead.

The first step was the government’s abdication of its core responsibility to protect the population from disasters. Under the Bush administration, whole sectors of the government, most notably the Department of Homeland Security, have been turned into glorified temp agencies, with essential functions contracted out to private companies. The theory is that entrepreneurs, driven by the profit motive, are always more efficient (please suspend hysterical laughter).

We saw the results in New Orleans one year ago: Washington was frighteningly weak and inept, in part because its emergency management experts had fled to the private sector and its technology and infrastructure had become positively retro. At least by comparison, the private sector looked modern and competent.

Here’s a snapshot of what could be in store in the not-too-distant future: helicopter rides off rooftops in flooded cities at $5,000 a pop ($7,000 for families, pets included), bottled water and “meals ready to eat” at $50 a head (steep, but that’s supply and demand), and a cot in a shelter with a portable shower (show us your biometric ID, developed on a lucrative homeland security contract, and we’ll track you down later with the bill).

The model, of course, is the US healthcare system, in which the wealthy can access best-in-class treatment in spa-like environments while 46 million Americans lack health insurance. As emergency-response, the model is already at work in the global Aids pandemic: private-sector prowess helped produce life-saving drugs (with heavy public subsidies), then set prices so high that the vast majority of the world’s infected cannot afford treatment.

If that is the corporate world’s track record on slow-motion disasters, why should we expect different values to govern fast-moving disasters such as hurricanes or even terrorist attacks? It’s worth remembering that as Israeli bombs pummelled Lebanon not so long ago, the US government initially tried to charge its citizens for the cost of their own evacuations. And, of course, anyone without a western passport in Lebanon had no hope of rescue.

One year ago, New Orleans’s working-class and poor citizens were stranded on their rooftops waiting for help that never came, while those who could pay their way escaped to safety. The country’s political leaders claim it was all some terrible mistake, a breakdown in communication that is being fixed. Their solution is to go even further down the catastrophic road of “private-sector solutions.”

Unless a radical change of course is demanded, New Orleans will prove to be a glimpse of a dystopian future, a future of disaster apartheid in which the wealthy are saved and everyone else is left behind.


Forges, La nómina de mi padre, El País.

Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrá evitar lo siguiente: 1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura. El dictador no se llama Francisco Franco o Fidel Castro sino La Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, "la banca". Ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador. 2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situación no es distinta a 1).

La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque todos necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir.


Rafael Domingo, catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Navarra, Viviente humano, La Gaceta de los Negocios.

Inmersos ya en el siglo XXI, la humanidad necesita una definición clara de persona, que proteja los derechos de todos los humanos, nacidos o no, de acuerdo con los conocimientos y avances científicos más vanguardistas. En mi opinión, bastan y sobran estas dos palabras: “Viviente humano”. Así, cuando un científico identifique un viviente humano —la expresión “ser humano” se la reservamos a los filósofos—, tanto el legislador como el jurista han de entender “persona”, es decir, un titular del irrenunciable derecho a la vida.

Conceder el estatuto de persona sólo a partir del nacimiento es tan cómodo para los legisladores como injusto para la humanidad. Tuvo su lógica, decenios atrás, cuando poco se conocía del desarrollo humano en su fase embrionaria.

El argumento jurídico que se esgrimía entonces para negar la personalidad al nasciturus era, con razón, su falta de identificabilidad. En efecto, de la misma manera que no se puede reclamar una obligación a un deudor desconocido, o la propiedad de un terreno que no se puede ubicar ni describir, tampoco es posible otorgar personalidad a un embrión no identificado.

En nuestros días, sin embargo, los legisladores han de dar un paso más, en la medida en que los embriólogos son ya capaces de identificar plenamente la existencia de un viviente humano desde la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, así como de controlar escrupulosamente su evolución desde la fase de segmentación, formación del blastocito, implantación, período embrionario, fetal, etc., hasta su nacimiento. Si no se destruye, ese viviente humano acabará un buen día sentado en una mesa de trabajo de cualquier rincón de nuestra aldea global, tal vez dirigiendo los destinos del mundo, hasta que la muerte lo visite. ¡A su hora y no a la hora prevista por una legislación ávida de resultados científicos inmediatos!

En un Estado de Derecho, la personalidad se reconoce constitucionalmente, no se otorga arbitrariamente. Pretender otorgar la personalidad es tanto como erigirse en propietario de un viviente humano, negándole su potencial libertad.

Aquí se funda el concepto de dignidad humana, que es absoluto y no relativo, pues radica en la misma persona y no precisa de un acto externo de aceptación como tal. Por eso, el legislador está éticamente obligado a reconocer la personalidad, no cuando le plazca conforme a razones políticas, sino cuando los científicos detecten la existencia de un viviente humano.

Actuar de otra forma supone abandonar a quien no puede protegerse por sí mismo. Y esto es contrario al más elemental principio de solidaridad, que debe informar toda democracia madura. El proyecto de hombre es ya un hombre porque el hombre mismo es, todo él, un proyecto. ¡Defendamos, por ello, el proyecto humano, rechazando el cientifismo de quienes ven sólo un manojo de células allí donde brilla la vida de las personas!


Santiago Grisolía, bioquímico, Cambio climático y crisis energética, ABC.

…es evidente que los combustibles fósiles tienen un límite y es una necedad quemar el petróleo remanente, cuando puede ser empleado para sintetizar materiales que necesitamos. Más preocupante incluso es la combustión masiva de carbón, sobre la que el número de marzo de la revista «National Geographic» presentaba datos aterradores bajo el título «El alto coste del carbón barato». Además de las tremendas influencias medioambientales negativas, desde el punto de vista sanitario la quema de carbón es nociva: hay que recordar que la misma es responsable de la producción de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, causantes de la lluvia ácida y de la emisión a la atmósfera de trazas de mercurio, que se acumula en diversos alimentos, especialmente en el pescado, y es tóxico para los humanos. Además de la ya conocida producción de dióxido de carbono.

Aunque la preocupación surgida hace años por el agujero de la capa de ozono y sus consecuencias en la salud humana, con el incremento del número de esos terribles melanomas, ya evidenció la relación entre las actividades humanas contra la naturaleza y las nocivas repercusiones en nuestra calidad de vida, es ahora cuando la población general muestra esas preocupaciones y exige mayor responsabilidad social.

Es evidente que hay que hacer algo, pues el Protocolo de Kioto es insuficiente, como evidenciaron los eminentes científicos reunidos en Valencia coincidiendo con su entrada en vigor, y cuyas conferencias recoge el libro «Cambio Climático, desde la Ciencia a la Sociedad», publicado por el Alto Consejo Consultivo en I+D de la presidencia de la Generalitat Valenciana, bajo la dirección del premio «Rey Jaime I» de Protección del Medio Ambiente José Mª Baldasano.


Lucía Etxebarría, entrevista en El Faro del Campo de Gibraltar.

Las desigualdades de la riqueza nunca han sido tan extremas como ahora.

El acceso a la cultura en España se limita a la clase media-alta.

…tienen más o menos 600 euros de sueldo, de los que 400 son para pagar el alquiler de una casa donde viven cuarenta.

El mundo va cada vez peor.

La globalización sólo ha llevado a concentrar el poder en manos de unos pocos y matar a todos los demás.


Cristina Narbona, ministra de Medio Ambiente, entrevista en El País.

Quien me conoce sabe que por muchas dificultades a las que me enfrente, mi forma de ser es de una gran fuerza de voluntad. En el caso de Seseña, que a mí personalmente y como ministra me parece aberrante, hay que tener en cuenta que ya desde 1992 existía un compromiso del Gobierno socialista de llevar agua potable a la comarca de La Sagra, donde está Seseña, y que esa obra no se hizo. Cuando llega el PP, en la Ley del Plan Hidrológico Nacional pone esa obra, en el año 2001, de abastecimiento a La Sagra, pero tampoco hace nada. Y cuando afirmé, y lo sigo haciendo, que no hay agua para Seseña, me estaba refiriendo a la imposibilidad de atender a corto plazo a ese desarrollo masivo, absolutamente demencial, y no sólo por el problema del agua, porque Seseña es un caso claro de un modelo de desarrollo que supone toda una serie de efectos negativos desde el punto de vista de la calidad de vida, del uso del espacio.

Yo jamás hubiera permitido que se construyera algo tan bochornoso como ese conglomerado de ladrillo. Pero no soy ni alcaldesa de Seseña ni consejera de Urbanismo de Castilla-La Mancha. ¡Las barbaridades que se están haciendo no han dependido de mí, yo sólo me atrevo a plantarles cara desde mi espacio de poder!

…es posible que incluso los alcaldes vean que es contraproducente permitir actuaciones urbanísticas que pueden ser legales, pero que son de todo punto insensatas. Por eso yo confío mucho en las movilizaciones ciudadanas.


Rafael Domingo, catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Navarra, Veritalistas, La Gaceta de los Negocios.

Tratar de imponer la verdad, como se ha intentado durante siglos, es tan absurdo como “obligar a amar”. Pero que esto no sea posible no significa que no se tenga que amar, o que no exista el amor, pues la persona humana es un ser para el amor y sólo en él alcanza su plenitud. Lo mismo sucede con la verdad. Que no pueda imponerse la verdad no significa que ésta no exista o que nadie esté éticamente obligado a buscarla con todas sus potencias. La libertad es precisamente eso: el impulso interior que invita a la razón a buscar la verdad, el máximo bien. Una vez hallada, el veritalista se adhiere a ella sin reservas, y la muestra al prójimo, por solidaridad humana.

El veritalista compatibiliza perfectamente la aceptación de principios inmutables, por ejemplo, los de la religión católica, con los formalismos de la democracia en cuanto sistema político por excelencia, basado en la protección de los derechos fundamentales y en la dignidad de la persona. La firmeza en la defensa de la dignidad humana lleva al veritalista a la búsqueda de normas éticas y jurídicas de validez universal orientadas al servicio de la genuina libertad. El veritalista está convencido de que sólo mediante ciertas exigencias absolutamente irrenunciables se puede custodiar el tesoro de la dignidad personal, con independencia de la raza, la condición, el sexo o la religión. De ahí que el veritalista no tenga reparos, como el relativista, en considerar determinados actos intrínsecamente malos, como el homicidio (donde se incluye el aborto), el terrorismo, la violación, la pornografía, la prostitución, etc. Pero sí los tiene, en cambio, a diferencia del fundamentalista, en pretender imponer las exigencias morales por la fuerza.


A vueltas con el agua, editorial de El País.

...el mensaje fundamental en estos momentos ante problema tan perentorio está en que todas las comunidades entiendan que existe un bien común superior y que, al igual que con los juegos de los blindajes de los ríos, tiene que darse la primacía del Estado a la hora de adoptar decisiones.


Fernando Savater, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, En defensa propia, El País.

...de lo que estoy convencido es de que la enseñanza institucional tiene no sólo el derecho sino la clarísima obligación de instruir en valores morales compartidos...

...las democracias deben educar en defensa propia, para evitar convertirse en semillero de intransigencias contrapuestas y de ghettos incomunicados de dogmas tribales.

...la Educación para la Ciudadanía no debería centrarse en fomentar conductas, sino en explicar principios.

Para empezar, en qué consiste la ciudadanía misma. Podríamos preguntárselo a los inmigrantes, por ejemplo, pues lo que vienen a buscar en nuestros países -sean más o menos conscientes de ello- no es simplemente trabajo ni aún menos caridad o amparo, sino precisamente ciudadanía; es decir, garantía de derechos no ligados a la etnia ni al territorio sobre los que poder edificar su vida como actores sociales. Los neófitos oyen hablar a todas horas de las carencias de nuestro sistema, pero no de sus razones ni de la razón de sus límites. La ciudadanía exige constituir un "nosotros" efectivo que no sea "no a otros", por utilizar el término propuesto antaño por Rubert de Ventós. Ser ciudadano es estar ligado con personas e instituciones que pueden desagradarnos: obliga a luchar por desconocidos, a sacrificar nuestros intereses inmediatos por otros de gente extraña pero que pertenece a nuestra comunidad, y a asumir como propias leyes que no nos gustan (por eso es imprescindible intervenir en política, ya que luego el "no en mi nombre" es un subterfugio retórico y equívoco). Vivir en democracia es aprender a pensar en común, hasta para disentir: algo que con la moda actual de idolatrar la diferencia no resulta precisamente fácil ni obvio.


Jorge-Yamam Serrano, Más allá de la vivienda, carta al director de El País.

Las constructoras son las empresas con más proyección y beneficios, pero especulan con un bien escaso, de todos y limitado. No podemos permitir una especulación tan grande con las viviendas ni con nuestras vidas. Es la nueva piel de la serpiente económica del turismo. También a esto contribuyó el euro; no quiero dispersar con muchos temas, aunque todo va a lo mismo.

Se nos olvida que el Gobierno debe defender nuestros intereses. Pero a quien representa es al gran capital (ni tan siquiera al capital), y éste no mira por nuestro bien ni situación. Debemos recuperar nuestra presencia y soberanía. No nos callemos, no aceptemos como normal estas situaciones. Pidamos al Gobierno que ponga manos a la obra, se deje de parchecitos y limosnitas para la galería, y afronte de verdad el problema. Está en nuestras manos hacérselo saber.


Polly Toynbee, Immigration is now making the rich richer and the poor poorer, The Guardian.

The Institute for Public Policy Studies says migrants are profitable: for every £100 in taxes paid by the average British-born person, the average new immigrant pays £112. Migrants make up only 8.7% of the UK’s population but pay 10.2% of its income tax.

This ideally flexible labour force does indeed grow GDP, but it is also often grossly exploited while depressing the wages of all. The minimum wage is some £2 an hour below a survivable living wage.

Even if GDP grows, migration can make the rich richer and the poor poorer. London, where migration is greatest, also has the highest unemployment, especially among British-born ethnic minorities. Poor families in this most expensive city can’t pay for childcare, and compete for jobs with single migrants willing to take less than a living wage. But the rich prosper: restaurants, cleaners and all other services are cheaper because wages are low. It is one of the gross dysfunctions of such an unequal society that the very concept of “GDP per capita” is a meaningless average that often disguises the filling of pockets at the top while those at the bottom are emptied.

Just consider migration for work. Legal migration is a matter for political decision-making. The door can be shut on illegals by protecting all employees from exploitation and low wages. Taking on new migrants would be less attractive to employers if they had to be treated equally.

...food factories such as chicken farms where within the last five years as many as half the staff have been substituted with migrant agency workers paid less, without sick pay or pensions. It forces better employers to copy the worst to stay competitive, without fair laws strictly enforced to keep a level playing field.

Most EU countries have a proper work inspectorate, but not here. A new force of inspectors could be privately run, like parking attendants paid by results to track down rogue employers hiring illegals or exploiting their staff in any other way. With a clearer work-permit system, employing illegals should attract heavy fines. Supermarkets or others at the end of long production chains should be fined for buying supplies from companies that exploit. Sending back illegal workers and fining employers harshly would abruptly cut off the supply of illegal jobs, deterring new arrivals. With a better system of inspection, an amnesty for illegals already here for years would contribute an estimated extra £1bn in taxes.

It would be a disaster for the EU to refuse entry altogether to countries that need help to grow, especially Turkey, a Muslim nation we need to include. But, until they reach a reasonable level of GDP, that should not mean letting people migrate to work yet. The French non in the constitution referendum was partly a public revolt over the “Polish plumber” fear. Another big migration could imperil the EU itself.


Frederick W. Smith, president and chief executive of FedEx Corp., and P.X. Kelley, a retired general, ex commandant of the Marine Corps and ex member of the Joint Chiefs of Staff under President Ronald Reagan, both co-chairmen of the Energy Security Leadership Council, a project of Securing America’s Future Energy, Are We Ready for the Next Oil Shock?, THE WASHINGTON POST.

Pure market economics will never solve this problem. Markets do not account for the hidden and indirect costs of oil dependence. Businesses focused on the highest return on investment are not always in a position to implement new solutions, many of which depend on technologies and fuels that cannot currently compete with the marginal cost of producing a barrel of oil. Most important of all, the marketplace alone will not act preemptively to mitigate the enormous damage that would be inflicted by a sudden, serious and sustained price increase.

Government leadership is absolutely necessary. Many of the most promising solutions on both the demand and supply sides will require decades to mature. Government proposals should align the interests of businesses and individuals with society’s goals; for example, tax credits and similar incentives must allow businesses to recover investments and engage in essential long-range planning, and they must account for the high implicit discount rates that consumers apply to future savings. While recent legislation has pointed us in the right direction, bolder action must be taken.

Whatever the eventual shape of a credible energy security plan, significant public and private resources will be required to put policy into practice. The government needs to do more than just provide funds, though; it must sustain a strategic energy policy even if oil prices drop in the medium term. This is only fitting given the size and nature of the threat. Indeed, if it means condemning the country to another decade of energy dependence, the possible return of $50 oil should be no less frightening than the prospect of an oil shock wave.


Javier Lanza García, Menos bosques, carta al director de El País.

España es un país semiárido, amenazado por la desertificación y muy sensible a los efectos del cambio climático. Y en los bosques está parte de la solución, pues son sumideros de carbono, retenedores de agua y protectores contra la erosión. Además, tienen valor económico y son un importante yacimiento de empleo. No debe ser casual que los incendios afecten menos a los montes que reparten dinero.

Sin duda, es una labor común. De quienes nos gobiernan, desde luego, poniendo más capital público e incentivando capital privado; pero también de prensa, radio y televisión, convirtiendo la política forestal en objeto informativo también en invierno y también de aspectos positivos. Sin olvidar a los ciudadanos, que, en nuestro ámbito, podemos exigir y presionar para que, además de los kilómetros de autovías y de líneas de alta velocidad, crezcan las hectáreas de masa arbórea. La conservación de los bosques que tenemos y la repoblación forestal (de montes, de tierras agrarias improductivas, de cauces de ríos, márgenes de caminos y entornos urbanos degradados) deberían ser un ambicioso proyecto de Estado, de todas las administraciones y de todos los partidos. Sería un gran logro que, dentro de 30 años, se pudiera escribir, de verdad, que los bosques ocupan la mitad de la superficie de España.


Suso de Toro, escritor, Jugar con fuego, El País.

Galicia ha sido históricamente un territorio totalmente humanizado, civilizado; hoy mucho territorio está a monte, asilvestrado. Pero ese país sin alma que se prefigura, de arrabales y yermo alrededor, no será nuestro país; será el solar de los especuladores que ya sobrevuelan la costa. Necesitamos una política nueva, que no puede ser la política del fuego. Una política para un territorio vivo, para un campo productivo.

Es una verdadera crisis social, pero puede ser el momento de reaccionar. No hay por qué aceptar como herencia la política del abandono. Galicia tiene derecho a tener su campo, su agricultura. Este nuevo desafío tan duro puede ser la oportunidad de recuperar un país para todos, para los que siguen marchando, para los que no hemos marchado y para los que vengan.

Las declaraciones del candidato a presidente de la Xunta derrotado, culpando de los fuegos al Gobierno bipartito, son una verdadera justificación y aliento para la trama incendiaria, esa santa compaña moderna y siniestra.

El Prestige fue una desgracia amplificada por una administración incompetente que luego negó la marea negra, negó ayuda y se marchó de caza. Hay medios de prensa que evocan cada día al Prestige, pero aquella desgracia desencadenó una reacción social que llevó a un cambio político. Quizá alguien quiera repetir la pauta pero en sentido contrario.


El verano de las medusas, editorial de El País.

Todo sugiere que el calentamiento de las aguas mediterráneas está vinculado al cambio climático, y este último a la emisión de gases de efecto invernadero. La adopción de políticas para limitar la pesca abusiva, depurar los vertidos arrojados al mar y aplicar de verdad los compromisos españoles con el Protocolo de Kyoto son tareas que deben inscribirse en la agenda política nacional. Aún más, esas políticas deben tener una dimensión europea. La UE en su conjunto debe abordarlas y también proponerlas a los socios de la ribera sur. Si el espacio euromediterráneo es incapaz, por razones obvias, de imponer la paz en esta zona, que sirva al menos para garantizar la limpieza del mar común.

No estamos ante un asunto menor. Amén de las desagradables urticarias que provocan, las medusas pueden ser síntoma de algo más profundo y también una amenaza. El negocio de tantas empresas y particulares podría comenzar a ensombrecerse en los años venideros si el Mediterráneo va dejando de ser un agradable espacio para el ocio y se va convirtiendo en un mar muerto o, peor aún, en un lago ponzoñoso.


Pedro Zerolo, responsable de Inmigración del PSOE, La esperanza de los demás, El País.

...el miedo siempre ha sido la herramienta favorita de los poderosos, de los que fueron triunfalistas en el Gobierno y hoy son derrotistas en la oposición. De quienes con sus estériles profecías ponen de manifiesto que no han interiorizado que siempre debe primar el interés de España sobre cualquier interés partidista. Así lo ha hecho desde el año 2000 Rodríguez Zapatero, cuando fue elegido secretario general del PSOE: lo primero que propuso al PP fue un Pacto de Estado sobre inmigración; a continuación ofreció toda su colaboración en la reforma de la Ley de Extranjería, que fue votada por el grupo socialista. Nadie podrá sostener que, en la oposición o en el Gobierno, actuamos de forma irresponsable. Y sin embargo son varias ya las organizaciones que han acusado a Ángel Acebes de estar promoviendo la xenofobia con sus declaraciones.

España ha asumido en el mundo una posición de liderazgo en la defensa de la paz, la promoción de la democracia y el crecimiento económico. Estoy convencido que podemos hacer lo mismo en el ámbito de las políticas migratorias...

España ha pasado de tener relaciones regulares con Latinoamérica, malas con Marruecos y nulas en el África subsahariana, a relaciones excelentes con los primeros, buenas con los segundos y de presencia con los terceros.

Las personas que llegan a nuestro país no quieren venir a España, quieren trabajar en este continente. No estamos ante un problema únicamente español sino ante un verdadero reto para toda la UE. Pero para poder involucrar a Europa es necesario creer verdaderamente en ella. Desgraciadamente, el PP nunca se ha distinguido por su europeísmo. Afortunadamente, este Gobierno es profundamente europeísta, por eso ha podido impulsar el compromiso político y económico de todos nuestros socios.

...si hay algo que tranquiliza a la ciudadanía es que, en caso de crisis, no será el PP quien dirigirá el barco.

Los problemas de integración surgen cuando se abandona lo público y se obliga a los ciudadanos con menos recursos a competir por miseria. Por eso es imprescindible reforzar la prestación de los servicios públicos poniendo énfasis en las zonas más sensibles.

Las comparaciones personales son odiosas pero las políticas son necesarias: Rajoy fracasó como máximo responsable de las políticas migratorias, enturbia el presente al alentar el racismo y, respecto al futuro, sólo ofrece estériles profecías. Zapatero fue un líder de la oposición responsable, y con esa misma responsabilidad y valentía hace hoy honor a la esperanza. Y por eso podemos mirar el futuro con confianza.


Alexander Alvarado Carreño, mensaje al Instituto Juan de Mariana.

Quisiera saber si alguno de sus periodistas o cronistas y que suelen defender la libertad del mundo occidental (llámese dinero) tiene la mas mínima idea de lo que significa pensar libremente en EEUU, Reino unido e incluso en Francia. No existen grupos disidentes, nadie puede criticar el accionar de sus gobernantes, eres tachado de "traidor" a la patria, aislado y finalmente encarcelado.

Aldous Huxley lo plasmó hace 70 años, el mundo feliz. Incautos Uds. que creen ser libres y autosuficientes. Ignorantes del sufrimiento del prójimo desvalido y miembros de una secta que utiliza el sagrado nombre de De Mariana con fines oscuros.

Sin conocerlos demasiado a cada uno de Uds. seguro tienen un retrato de J M Aznar el duende verde, el hamelin de los liberales, el rumpeltinski de los pirineos. Lo peor que a pasado por Europa como presidente de un gobierno. (Ni Merkel ni Blair cuentan ellos son cajas resonantes de tío sam).


Forges, viñeta en El País.

-Están quemando Galicia.
-¿Los pirómanos?
-Eso era antes. Ahora lo políticamente correcto es llamarles "recalificadores primarios de suelo urbanizable".
-Toma ya neoliberalismo.


Cándido Couceiro Mouriño, Galicia incendiada, carta al director de El País.

Galicia es propensa a sufrir desastres ecológicos. Chapapote, fuego, hormigón. Voraces promotoras inmobiliarias miran babeando hacia aquí tras agotarse la costa levantina, y más ahora, ante tanto bosque quemado a recalificar. Y los alcaldes los reciben con los brazos abiertos, sabiendo que es la manera más rápida de llenar las arcas de municipios carentes de industria pero con hectáreas de suelo disponible. Lo que se debía haber invertido en la modernización del campo se ha malgastado en kilómetros de autovías durante el megalómano mandato fraguista (con el beneplácito de Bruselas), y lo que antes eran fértiles praderas y cultivos ahora son rentables plantaciones de eucaliptos fáciles de mantener. Pero se trata de una especie invasora que agota el agua y los nutrientes, acaba con los húmedos bosques autóctonos (que difícilmente arden) y que además es extremadamente inflamable.

La falta de planificación se paga. Se piden más medios de extinción, pero nadie los pide de prevención.


Miguel Ángel Herrero Fernández, Negar su propio escándalo, carta al director de El País.

Nunca veremos a una mujer sacerdotisa católica ni a un papa de raza negra.


Ignacio Sánchez Cámara, El Gobierno y la salud de Castro, La Gaceta de los Negocios.

Desde una perspectiva moral puramente consecuencialista, sólo cabría alegrarse ante la expectativa del final de la tiranía aunque sea al precio de la muerte del dictador. Sólo quienes profesamos una concepción trascendente acerca de la dignidad de la persona, por encima de la vileza de los actos que pueda realizar, podemos exhibir la preocupación por la salud del tirano. Por lo demás, no existe incompatibilidad entre el deseo de que Castro recupere la salud y la voluntad de que lo haga lejos del poder. La persona, toda persona, merece respeto. No así necesariamente todos sus actos.

Ni un gobernante criminal como Castro deja de poseer la dignidad inherente a su condición humana.

Y es que no es moralmente correcto desear larga vida al dictador si previamente no se condenan sus crímenes y se lucha por la justicia y por los derechos del pueblo cubano. Es verdad que no es lícito moralmente desear el mal a nadie, ni siquiera a un abominable tirano. Pero mucho menos lícito que todo eso es mirar hacia otro lado cuando se trata del sufrimiento de los ciudadanos cubanos.

La actitud más digna y humanitaria, en este caso, consiste en desear el restablecimiento de la salud de Fidel Castro y el final de la más vieja tiranía de planeta.

No hay nada más incongruente que el doble deseo de que viva el dictador y muera la dictadura cubana.


Carlos Arribas, La gran industria del dopaje, reportaje en El País.

La lógica capitalista funciona a la perfección. Así funciona la sociedad de consumo. Primero se crea la necesidad. Después, casi simultáneamente, se satisface. Una industria, un complejo comercial, ya está preparada para la tarea. Para dar el servicio. Para enriquecerse con ello. Así, el dopaje.


Privatización de soslayo, editorial de El País.

Sin apenas reflexión previa, la Comunidad de Madrid ha emprendido desde 2003 un decidido proceso de privatización de los servicios de la sanidad pública. …el principio que los sustenta es el mismo: la supuesta superioridad de gestión privada sobre la gestión pública. Superioridad refutada por los hechos cuando se trata de servicios públicos esenciales.

Unos cambios de tal magnitud merecen al menos un debate público que los dos últimos Gobiernos del PP en Madrid, el del hoy alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y el actual de Esperanza Aguirre, no han llevado a cabo. Pero el problema de fondo es que la salud de medio millón de madrileños queda al albur de los intereses de la empresa sueca Capio, que gestiona y controla el centro, cuyos intereses cotizan en la Bolsa de Estocolmo y cuya racionalidad de mercado -legítima- puede llegar a chocar con necesidades de servicios médicos que no siempre serán rentables.

Este proceso de privatización silenciosa también ofrece serias dudas desde el punto de vista democrático. La presidenta de la Comunidad de Madrid se presentó a las elecciones generales con la promesa de construir siete nuevos hospitales. Explicó con toda profusión de detalles la ubicación, tamaño y servicios médicos que iban a ofrecer los nuevos centros. Pero no dijo nada sobre cómo pensaba financiarlos. Una vez en el poder, desveló sus planes. Contaba con que ningún alcalde o grupo de población, ante la disyuntiva de tener un hospital público/privado o no tener ninguno, iba a oponerse a sus intenciones.
Un dato debe llevar a la reflexión a quienes se propongan aplicar modelos privados en el ámbito de la sanidad pública. El porcentaje de pacientes de la sanidad pública que rechazan operarse en clínicas privadas, dentro del plan para reducir la lista de espera, se ha multiplicado por cuatro en sólo dos años. Algunos esperan más de un año con tal de poder operarse en su hospital del sistema público. Es el mejor ejemplo de que para muchos ciudadanos la sanidad pública constituye un pilar irrenunciable del Estado.


Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz y copresidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, En nombre de los niños muertos, El País.

¿Cómo podríamos, por fin, detener la locura de la guerra e iniciar el siglo XXI sustituyendo la fuerza por el diálogo? Las emociones que he sentido y observado frente a la imagen de una niña acribillada me han hecho pensar que quizás sólo invocando a los niños muertos podría lograrse que todos, de un lado y otro, de una y otra creencia o ideología, estarían dispuestos a deponer las armas y sentarse alrededor de una mesa para intentar hallar soluciones pacíficas a sus conflictos.

En nombre de los niños muertos, pensando que podrían ser los nuestros. Quizás sólo así es posible que la sed de venganza, la animadversión, el rencor y el odio cedan espacio y voluntad a la conciliación. Sólo así las turbias manos que empujan la inmensa maquinaria bélica comprenderían que su tiempo ha terminado, que ya hemos pagado -en víctimas y divisas- el precio terrible de la guerra.

Acostumbrados a aceptar resignadamente "lo que pasa", atemorizados y esperando "a ver qué hacen" (los gobernantes, las instituciones nacionales e internacionales), solemos despertar de nuestro letargo únicamente cuando sucede algo realmente excepcional. Entonces la reacción está a la altura de la dignidad humana, del destino común. Miles y miles ofrecen ayuda generosamente, y otros, con las manos embadurnadas de chapapote del Prestige, facilitando los primeros auxilios a los damnificados del huracán Mitch o del tsunami del Índico, nos dan la medida de la solidaridad humana, de la capacidad de abnegación y desprendimiento. Y nos llenamos otra vez de esperanza.

Ha llegado el momento de no descansar. De no ser espectadores hasta que otro aldabonazo nos incite a saltar al escenario. Presencial o virtualmente, tenemos que movilizarnos para proclamar un no rotundo a la guerra, a la violencia. Y reclamar la rápida interposición de cascos azules y, todos sin excepción respetando la tregua, empezar a construir la paz bajo la tutela de las Naciones Unidas.

Transitar desde una cultura de imposición y fuerza a una cultura de conversación y entendimiento es más desacostumbrado que difícil. Porque desde hace siglos nos hemos dejado guiar -insisto siempre en ello- por una recomendación perniciosa aunque muy apreciada (en todas las acepciones) por los grandes consorcios armamentísticos: "Si quieres la paz, prepara la guerra". Y, como es lógico, hacemos aquello para lo que estamos preparados, dando la vida con frecuencia por causas bien ajenas a las nuestras.

No estamos acostumbrados a la paz, a construir la paz, a hacer la paz, las paces. Quizás si pensamos en los niños muertos seremos capaces de vencer la inercia de tantos años belicosos y beligerantes, y nos incorporemos a la construcción cotidiana de la concordia, de la paz.

La inmensa mayoría de los palestinos y de los israelíes desean vivir en paz. Una sola condición: que todos los seres humanos valgan lo mismo. Esta radical igualdad en dignidad es el único requisito para la convivencia. En el hospital Haddasa, en Jerusalén, en una de mis visitas, alguien preguntó al director, en el departamento de neurología: "Aquella mujer a la que están tratando allí es palestina, ¿verdad?". El director respondió: "No sé. Aquí todos son pacientes".
Pues bien: todos iguales. Toda vida, toda muerte, el mismo valor. Para garantizarlo, unas Naciones Unidas reforzadas y dotadas de los recursos humanos, financieros y técnicos necesarios. Es la mejor garantía de futuro. Ya está claro que un grupo de países -G-7 o G-8- no puede encargarse de la gobernación del mundo. Y menos todavía, un poder hegemónico. Todos son necesarios, en cambio, para asegurar la eficacia del multilateralismo.

Cesar todo acto de violencia para detener esta infernal espiral de acción y reacción. "Los pueblos", a los que alude la Carta de Naciones Unidas en la primera frase de su preámbulo, no deben permanecer silenciosos por más tiempo, ni conformados, porque se trata del destino común de sus descendientes. Bien mirado, todos los niños del mundo son nuestros niños. No hay distinciones ni preeminencias. Cada niño vale lo mismo. Vale todo. Y, como en el hospital de Jerusalén, los niños no tienen nacionalidad ni color de piel.

Cuando todos los llamamientos a la mesura y a la conciliación han fracasado, tengamos la valentía de pensar en los niños muertos y en los nuestros, para que no muera ni uno más. Hay que movilizarse todos, utilizando todos los medios a nuestro alcance. Que nadie permanezca de espectador. Que nadie siga callado. Si no actuamos, si las asociaciones, ONG, instituciones de la sociedad civil no se implican decididamente y logran, en un gran clamor popular, parar la locura de la lógica de guerra -aunque les duela a los fanáticos, a los extremistas y a los que siguen beneficiándose de la ley del más fuerte-, habremos defraudado a los niños que confiaban en nosotros cuando les quitaron la vida.


Jon Álvarez Fernández, Corrupción municipal, carta al director de El País.

Estos hechos, más los que irán saliendo, deberían hacernos reflexionar si no va siendo hora de impedir a los ayuntamientos la capacidad de gestionar los terrenos públicos, o lo que es lo mismo, una ley del suelo que impida casos como los que se están dando en las localidades mencionadas, así como saber qué tipo de ciudades queremos construir para evitar saltos mortales como pasar de 3.000 habitantes a 30.000.


Antonio Argandeña, profesor y director general del IESE, Superar el individualismo, La Gaceta de los Negocios

Nuestra sociedad está muy inclinada a poner los intereses de cada uno en primer lugar. Los economistas liberales lo venimos explicando desde antiguo: nadie conoce lo que me interesa a mí mejor que yo mismo. Las intervenciones de los demás serán, probablemente, autoritarias, paternalistas, tiránicas. Por favor, deje que yo organice mi vida, les decimos. No me haga feliz a su manera.

Esto está muy bien algunas veces, pero no siempre. El problema radica en que yo puedo elegir mis acciones, pero no puedo elegir las consecuencias de mis acciones y, concretamente, que esas consecuencias puedan ser perjudiciales para mí. De esto se cuida también la economía: es la vieja idea del equilibrio general. Cuando tengo en cuenta los efectos de mis acciones sobre los demás y las consecuencias de las reacciones de los demás sobre los efectos esperados de mis acciones, pueden resultar cosas muy distintas de las que había previsto.

…no nos dimos cuanta de que aquí se aplica lo que los economistas llamamos la falacia de composición: lo que es bueno para uno, puede no serlo para otros. Dejar de tener hijos para ser rico es una buena decisión cuando la toma una pareja, pero deja de serlo cuando la toman todos.

Porque los hijos son, de alguna manera, un efecto externo: algo que tiene consecuencias sobre los demás, no sólo sobre mi propia familia. Claro, los niños del vecino gritando en la escalera son una contaminación acústica no despreciable; pero no me refiero a ese efecto externo, sino al hecho de que nuestra sociedad necesita de la continuidad; si no hay continuidad, todo se viene abajo. Nuestro sistema de pensiones, por ejemplo, está basado en la esperanza de que nuestros hijos nos pagarán nuestras pensiones, porque nosotros las pagamos a nuestros padres y porque ellos esperarán que nuestros nietos se las paguen a ellos.

Y esto vale tanto para las pensiones públicas como para las privadas. Porque los activos que acumulamos, para vivir de ellos cuando seamos viejos, los tienen que comprar otros; si no, no valdrán nada —ya no valen nada ahora—. Claro que aún podemos confiar en los hijos de los hindúes y de los africanos… por lo menos hasta que ellos hagan caso a nuestros consejos y dejen de tener hijos.

La humanidad es una bicicleta que, si se para, se cae. Necesitamos superar nuestro individualismo, fomentando la continuidad y, por ende, los hijos. Claro que podemos ser miopes, y dejar de pensar en ellos, o sea, en nuestro propio futuro. Pero suponemos que el Estado debería asumir esa función, ¿no? Y, sin embargo,… no lo hace.


Luis Jacinto Gómez Escobar, Yacimientos desprotegidos, carta al director de El País.

El lunes 31 de julio pude leer en su periódico un reportaje sobre Justo López, un toledano que ha luchado por salvar el yacimiento visigótico descubierto en la Vega Baja. Por fortuna, su empeño ha terminado bien, aunque cuesta creer que haya costado tanto proteger un yacimiento valiosísimo por su particularidad y en una ciudad patrimonio de la humanidad.

Sin irse muy lejos, a 30 kilómetros de Toledo, en una localidad de 10.000 habitantes, Torrijos, se acaba de descubrir la planta de la iglesia de un antiguo monasterio del siglo XVI que fue derrumbado durante la guerra de la Independencia. Por las declaraciones del delegado de Cultura provincial y de los representantes del Ayuntamiento, parece que en este caso ninguna de las instituciones está dispuesta a salvar el yacimiento arqueológico.

Reconocen su espectacularidad, pero dicen que sólo son cimientos y que lo único que tiene valor artístico (un arco y unos capiteles) se puede mostrar en un museo. Poco parece importar su valor histórico y que, gracias a este descubrimiento, muchos vecinos han conocido un poco más del pasado de su pueblo.

Muchos monumentos se han perdido en España durante el siglo XX. Torrijos también es un ejemplo: se dejó descuartizar un palacio a principios de siglo, cuyos artesonados están ahora repartidos por Londres, Madrid, Francia y Estados Unidos, pero la diferencia radica en que entonces todo el país sufría una posguerra durísima. Ahora, España pertenece al Primer Mundo y puede permitirse hacer algo por su cultura y su historia, aunque salga caro, aunque vaya en contra de los intereses de las constructoras, aunque no salga rentable turísticamente. La población se lo merece.


Luis Enrique Dorado, Cayucos en las costas, carta al director de El País.

Tristemente, el mundo ha perdido el rumbo y el sentido de la vida, olvidándose de que todos nacemos ricos o pobres, y al final morimos pobres o ricos, y el resultado vital es que todos los humanos somos iguales.

Nos preocupamos únicamente de tener y poseer, nos preocupamos por las tasas de crecimiento económico y por vivir abocados a un frenesí consumista, sin compromisos hacia los que en esencia padecen los efectos de este mundo de resultados macroeconómicos.


Isabel Naudín, A vueltas con la sequía, carta al director de El País.

…se puede observar el gran número de piscinas habilitadas para el verano que hay simplemente en Madrid, y no me parece justo que unos hagamos lo posible por ahorrar agua mientras otros llenan sus piscinas a placer y riegan sus jardines sin miramiento, no penalizándose este exceso.

No entiendo cómo no se pone un impuesto al consumo del agua; por ejemplo, por tramos: cuanto más consumas, más pagas. Debería establecerse un consumo mínimo familiar a una tarifa normal, y a partir de ahí, a medida que aumentaras tus consumos, pagaras más euros por litro.


Clara Baonza Díaz, Urbanismo incontrolado, carta al director de El País.

…no sólo existen malas prácticas urbanísticas en el levante español, sino que, desgraciadamente, es un mal extensible a todo el país.

Así, por ejemplo, en la sierra de Madrid, el largo proceso, a mi juicio interesado, que está suponiendo la declaración de Parque Nacional del Guadarrama sólo ha servido para dar más valor a unos terrenos en los que se han hecho auténticas barbaridades contra el medio ambiente en una carrera desenfrenada por ganar más y más suelo urbanizable, con el aliciente del futuro parque.

Se construye irresponsablemente sin tener en cuenta las infraestructuras necesarias (agua, educación, sanidad, transporte) y sin el menor respeto por un entorno que es patrimonio de todos. ¿Cómo se explica que un pueblo como Miraflores, que el año pasado tuvo cortes severos de agua, esté planificando una enorme urbanización con piscinas individuales y campo de golf?

La irresponsabilidad de la que hacen gala numerosos políticos municipales enfrascados en el "pan para hoy y hambre para mañana" debería ser corregida por los gobiernos autónomos y por el central. Le animo, pues, a seguir denunciando las irregularidades urbanísticas con la esperanza de que, de una vez por todas, se ponga coto a esta situación insostenible que amenaza buena parte de los recursos naturales limitados e irrepetibles y, por ende, nuestro futuro.


Mil personas se manifiestan en Peque contra el almacén de residuos nucleares; una de las jóvenes de Peque, Diana Lanseros, ha leído el manifiesto de rechazo a la instalación, que "arruinaría el desarrollo de la comarca"; "la codicia inmediata de unos pocos podría destruir este magnífico entorno que estamos obligados a transmitir en las mejores condiciones a nuestros hijos". El comunicado redactado por la plataforma vecinal creada en contra del ATC ha recordado además que las autoridades ofrecen todo tipo "incentivos inmediatos" al municipio que acoja esta instalación "conscientes del daño irreversible" que va a causar a la población.


Enrique Serbeto, Una hipoteca en Beirut, ABC

Nuestra relación con el entorno se puede medir fácilmente en dinero...


Andrew Sullivan, Wanted: a practical guide to saving the warming planet, The Times.

There is to my mind one central decision that Washington has to take: to tax petrol to a level that jolts the private sector into serious non-carbon-based energy investment. This is not an impossibility, as some assume. Many on the religious right — dedicated to what they see as moral stewardship of God’s creation — are joining hands with liberal activists to support such a move.

The dreaded neocons are also potential recruits. Weaning the West off oil which is increasingly controlled by Islamist terror regimes is a geo-strategic necessity. If you need a selling point, why not call an increase in petrol taxes a “war tax”? Maybe if Gore had been president in September 2001 we would already be seeing the benefits of such a posture.

What, after all, are the costs of action? Yes, the economy may take a hit from an increase in petrol prices. But the US economy has powered through a sharp increase in energy costs these past few years. If it can survive an increase that is largely financing Islamist terror, why could it not weather an increase that could innovate non-carbon energy resources?

We need government to unleash the private sector to protect the country and landscape we love, the seasons we remember, the places we call home.


Juan Carlos Escudier, Ni un paso atrás, El Confidencial.

Fidel Castro empezó siendo un revolucionario, luego se transformó en un dictador y hoy, a sus 80 años y con su intestino declarado secreto de Estado, es sólo un anacronismo.

Fue Estados Unidos quien echó a Cuba en brazos de la Unión Soviética y quien, con sus martillazos, ha moldeado el castrismo. Su fracaso ha sido tan clamoroso como el de la propia revolución.

Los atropellos a los derechos humanos y la persecución de los opositores fueron vistos como los daños colaterales de esa resistencia ante un imperialismo real, al que la instauración de la democracia allí donde no existía, bonita excusa, le traía completamente al pairo. Si a ello se unían los indudables avances que la sociedad cubana había logrado en parcelas como la educación y la sanidad, es comprensible que Castro, que nunca fue un tirano sanguinario como algunos se empeñan en presentarle ni daba muestra alguna de enriquecimiento personal –seguimos a la espera de que Forbes explique dónde está su pretendida fortuna-, fuera contemplado con notable indulgencia e, incluso, con admiración reverencial.

...el respaldo popular del que sigue gozando la ‘revolución’ hace impensable un desmoronamiento súbito de las estructuras del poder tras la desaparición del líder cubano.


Jorge Valín, Huelga e irresponsabilidad, Libertad Digital.

La huelga es un derecho legítimo, el de libre asociación y libertad de expresión.


Luis Ignacio Parada, Aspirina contra la inflación, ABC.

Remy de Gourmont, que fue cesado de su cargo en la Biblioteca Nacional de París en 1883 por su escaso patriotismo, decía que «la política depende de los políticos más o menos como el tiempo depende de los astrónomos». Si viviera hoy diría que la inflación depende de los tipos de interés algo así como las lluvias dependen de los meteorólogos. Y lo habría dicho ayer nada más saber que el Banco Central Europeo subió un cuarto de punto los tipos con la excusa de que es necesario contener la inflación en la zona euro. Es la cuarta vez que los sube desde diciembre de 2005, y los ha dejado en el 3 por ciento, su nivel más alto desde noviembre de 2002. Para oscurecer un poco tan cegadora claridad, Jean-Claude Trichet -el presidente de la institución que manda poco más que los meteorólogos sobre las lluvias, los astrónomos sobre el tiempo o los políticos sobre la economía- ha dicho que ha tomado la decisión para «anclar las expectativas de inflación a medio y largo plazo a niveles acordes con la estabilidad de precios», un hallazgo sublime en la bien nutrida jerigonza de eso que llamamos autoridad monetaria.

Las subidas del precio del dinero son relativamente eficaces cuando se trata de evitar un recalentamiento económico, pero no cuando la inflación no es de demanda, sino de costes; no es importada, sino estructural; no se debe a la presión de los salarios o el pleno empleo, sino a los déficit presupuestarios; cuando, como explica la teoría del supply-side, no se debe a que el incremento en la masa monetaria excede la demanda de dinero, sino a la incapacidad de regular la economía mediante políticas fiscales, de reducción del gasto público, de control de los salarios o de fijación de tipos de cambio «patrióticos». Cuando existe una moneda común en economías con muy distinta estructura, en las que entre el 40 y el 80 por ciento de la inflación se debe a los precios del petróleo, la subida de tipos, por sí misma, es tan útil como una aspirina contra el cáncer.


Alejandro Llano, La ideología del presidente, La Gaceta de los Negocios.

...el presidente del Gobierno mantiene explícitamente que no admite una ley natural que esté por encima de las leyes positivas. Pero ésta, y no otra, es la postura de la mayor parte de los neoliberales, para los que no existe ley natural alguna que esté por encima del mercado; y para quienes, igualmente, no se deben poner trabas —por algún tipo de escrúpulos éticos— al consumismo desbocado y al disfrute de los placeres corporales.


María Ángeles Altozano (Solidaridad Española con Cuba), Castro y Cuba, carta al director de El País.

En honor a la verdad, la revolución cubana ha conseguido unos logros innegables y beneficiosos para el pueblo…

Tampoco hay que disculpar la constante labor de asedio de los EE UU aprovechando el mínimo pretexto para intervenir o desestabilizar la isla…


Daniel Mielgo Bregáis, Globalización y pobreza, carta al director de El País.

En su artículo Globalización y lucha contra la pobreza (1 agosto 2006), la señora Esperanza Aguirre celebra "los evidentes logros en la lucha contra la pobreza que han protagonizado el libre comercio internacional, el libre movimiento de capitales y las instituciones democráticas".

Curioso que instándonos a una reflexión "rigurosa" sobre el fenómeno de la globalización, la señora Aguirre eche mano de tan floja evidencia como son los índices de renta per cápita y del producto interior bruto de todos los ejemplos citados, indicadores, digámoslo, que para nada reflejan la distribución de la riqueza o los verdaderos niveles de pobreza en esas sociedades. La premisa que sostiene esta argumentación fantasmagórica sobre las maravillas de la globalización es que el incremento de la riqueza de una sociedad ha de traducirse como por arte de magia en la reducción de la pobreza y en una mayor justicia social. Nada más lejos de la realidad, y para atestiguarlo allí están muchos de las "islas de libertad" que celebra Aguirre, como México o... ¡Colombia! (país este con la distribución de riqueza más dispar en América Latina tras Brasil y con el peor registro de derechos humanos del hemisferio), o como también lo son India o China (naciones con unos niveles épicos de pobreza y marginación social). Es incontrovertible que los niveles de pobreza en el planeta van en aumento y, por desgracia, el incremento de la riqueza no es ni mucho menos garantía de prosperidad. La señora Aguirre no ofrece referencia alguna sobre sus más que dudosas fuentes, pero si lo que le interesa verdaderamente es el rigor fáctico y argumentativo, haría bien en consultar, por ejemplo, los numerosos estudios del PNUD sobre esta materia o el último informe anual del subsecretario general para Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, José Luis Ocampo, presentado antes de la cumbre de septiembre de 2005, en el que nuevamente se denunciaba el aumento de las desigualdades sociales a nivel planetario, lo que explica que "el mundo sea hoy más desigual que hace 10 años", situación que, según la ONU, "aumenta los riesgos de conflicto".


Mariela Castro Espín, sobrina de Fidel Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual, en la Conferencia Internacional sobre los derechos humanos de gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros celebrada en Montreal (Canadá).

No hay represión a los homosexuales en Cuba, lo que existe es una reacción sociocultural como la hay en otros países.


Jordi Sevilla para justificar el desplazamiento de Zapatero y su familia a Londres en un avión oficial: personas como él, “por cuestiones de seguridad, fundamentalmente, y de honor al cargo que representan, tienen un tratamiento distinto al del resto de los mortales”.


Adolfo Castilla, La brecha tecnológica de Europa, Cinco Días.

Desde hace algún tiempo y por motivos diversos, faltan proyectos políticos de envergadura en la UE que movilicen, motiven y dinamicen a la sociedad europea, creando unidad, convergencia y solidaridad. Con el frenazo a la Constitución europea y el repliegue de cada país sobre sí mismo, todas las actividades de la UE dan, más que nunca, la imagen de rutinarias, burocráticas y alejadas de los ciudadanos, que no ilusionan ni entusiasman a los países que la componen, a sus empresas y a sus individuos.

Frente al fenómeno de posibles nuevas potencias mundiales como China, India, Sudáfrica o Brasil y al de desplazamiento de la acción mundial a otras zonas del planeta, Europa debería recapacitar. Y para hacer de la UE uno de los polos mundiales de evolución y desarrollo, los europeos deben hacer muchas cosas, entre ellas la de cerrar las brechas tecnológicas abiertas en diversos frentes. Como, por ejemplo, actuar sobre el retraso cada vez mayor en la sociedad de la información y del conocimiento, especialmente en lo relativo a considerar internet como la fuente más poderosa en nuestros días de avances tecnológicos, actividad económica, creación de nuevas empresas y emprendimiento en general. Europa también debe ser consciente del retraso en tecnología de defensa militar y de protección contra el terrorismo, en tecnología de control aéreo por satélite y en tecnología satelital en general, con áreas sensibles en este terreno como la observación terrestre. Y debe ser realista del retraso existente en el terreno de las nuevas revoluciones científicas y tecnológicas que representan las llamadas NBIC (nanotecnología-biotecnología-infotecnología-cognotecnología).

El desarrollo tecnológico de Europa es, por tanto, un proyecto urgente, que debería ser, en gran manera, un proyecto político. El movimiento europeo alrededor de la llamada soberanía tecnológica de Europa, en el que algunos españoles, junto con algunos franceses, alemanes y otros ciudadanos europeos, estamos implicados, es un proyecto surgido de la sociedad civil con pretensiones de transformarse en un proyecto paneuropeo de gran envergadura. Es un proyecto en el que se sabe muy bien que los indicadores y datos de I+D+i a los que se ha hecho referencia anteriormente son resultados y no pueden interpretarse ni como causas ni como objetivos. Las actuaciones necesarias no pueden ser nunca las de hacer que las empresas españolas gasten más en I+D+i, ya que dichas empresas seguramente gastan lo que necesitan y no pueden gastar más. La solución pasa por crear una cultura emprendedora en el terreno de las nuevas tecnologías y en el de las nuevas revoluciones científicas y tecnológicas que cree un substrato científico y tecnológico avanzado sobre el que se construya nuestro nuevo desarrollo económico.


Luis Solana, No a las corridas de toros, Periodista Digital.

Hay que empezar a luchar contra esa llamada fiesta nacional: las corridas de toros. Hay que conseguir que se supriman esas ferias de muchachos corriendo delante de unos toros y esos circos donde otros jóvenes se juegan la vida delante de un toro mientras lo torturan siguiendo un reglamento.

No puede ser que miles de personas asistan sin sentir vergüenza a la muerte de un animal entre torturas y voces.

...nadie se atreve a decir que la mayor barbaridad contra animales de nuestro entorno se produce en las plazas de toros.


Juan Manuel de Prada, La firma del hombre, XL Semanal.

Siempre me ha llamado la atención la rotundidad con que se suele negar la intervención del misterio cuando se trata de explicar el origen del hombre; pero lo cierto es que, si existe un momento en la historia del universo en que parece más que probable la intervención del misterio, es precisamente el momento en que el hombre irrumpe en el mundo.

Chesterton nos invita a entrar, para mejor entender ese momento, en alguna de las cavernas que habitaron nuestros antepasados, allá en la noche remota de los tiempos. Lo que encontramos en dichas cavernas -unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista- rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad. Aunque hubiésemos sido adoctrinados en las más ortodoxas teorías evolutivas, llegaríamos a la conclusión de que esas mismas pinturas nunca las habría podido concebir ni realizar un animal.

Existe una clara desproporción, una barrera insalvable entre hombres y animales…

El arte es la firma del hombre, el rasgo exclusivo de su personalidad.

Ésta es la sencilla y escueta verdad que debería dejarse bien clara en cualquier intento mínimamente honesto de dilucidar los inicios de la humanidad. Si el autor de las pinturas rupestres hubiera sido tan animal como el mono que pintó, sería increíble que fuera capaz de hacer lo que al resto de animales les estaba vedado. Tampoco me sirve esa hipótesis que afirma que el hombre llegó a dibujar al final de un proceso evolutivo: las pinturas rupestres no fueron comenzadas por monos y terminadas por hombres. Los animales no dibujan mejor a medida que se produce su evolución: el rudo chimpancé prehistórico no pintaba de forma más rudimentaria que el refinado chimpancé contemporáneo. El hombre no puede ser considerado sino como una criatura absolutamente independiente y singular respecto a las demás criaturas. La señal más evidente de su independencia y misteriosa singularidad, la prueba de que no es el producto de un mero continuo evolutivo, es el impulso artístico. El hombre es único y diferente del resto de animales porque es creador además de criatura.

La aparición de la inteligencia humana -afirma Chesterton- no fue el fruto de una evolución, sino de una revolución. Sostener que una criatura se convierte repentinamente en creador mediante un puro proceso de agregaciones y síntesis químicas se me antoja reduccionista. Lo cierto es que la inteligencia humana no existía; y que comenzó a existir. No sabemos en qué momento o en qué infinidad de años. Algo misterioso sucedió, y tiene toda la apariencia de una acción que trasciende los límites del tiempo, quizá también los límites de nuestra comprensión. Explicarlo como un mero continuo no me parece, sinceramente, una hipótesis satisfactoria.


Tatiana Díez Lobo, Por qué es importante el desarrollo sostenible, Cinco Días.

La apuesta del entorno empresarial por conceptos como calidad, medio ambiente, responsabilidad social, etcétera, encuentra su primera base en la Cumbre de Río de 1992.

...el daño ecológico causado por la actividad industrial y humana atraviesa los límites nacionales. En la memoria de todos siguen presentes la marea negra del Prestige, Chernóbil o el cambio climático del planeta, causado fundamentalmente por la deforestación de la Amazonia. Todas y cada una de estas catástrofes ponen de manifiesto el riesgo en que se encuentra nuestro ecosistema.

Si la imagen se ve dañada, la cadena de valor también y por ende se producirán unas consecuencias nefastas en la evolución del ente empresarial.

Para evitar que se produzca una situación de este tipo las empresas deben diseñar estrategias y políticas de prevención encaminadas hacia el desarrollo sostenible. Políticas que han de surgir no solamente como iniciativas privadas, encaminadas hacia la rentabilidad, sino que el Estado, como iniciativa pública, tiene la obligación de apoyar dichas políticas y crear las condiciones óptimas para dirigir las actuaciones en términos de prevención. Y de forma paralela a la aplicación de nuevas estrategias, éstas deben ser comunicadas a la opinión pública para su evaluación y comentario, ya que esta transmisión de actuaciones tiene un efecto dominó muy deseado para el resto de empresas.

Todo este proceso, apoyado en el desarrollo de una cultura corporativa, junto con las inversiones inducidas por la aplicación de la sostenibilidad, debe dar como resultado que el desarrollo sostenible y perdurable sea un elemento clave en la organización y gestión de las compañías.


Federico Durán López, Verano y huelgas, Cinco Días.

El modelo tradicional de huelga, que es el que inspira la regulación de 1977, es el propio de una sociedad industrial, cuyo desarrollo vio crecer y madurar a la mayoría de las instituciones laborales. En él hay dos partes enfrentadas, el empresario y los trabajadores. Éstos, cuando ejercen el derecho de huelga, se abstienen de trabajar y dejan de percibir los salarios. El empresario no abona salarios, pero pierde la producción. Los ciudadanos se mantienen ajenos al conflicto, la presión se ejerce sobre el empresario y la distribución de sacrificios entre éste y los huelguistas es equilibrada. La ley sólo debe regular los formalismos que han de respetarse, las garantías que han de existir para el mantenimiento de las instalaciones productivas y la evitación de daños a las mismas, y la tutela de los huelguistas, para que no resulten perjudicados (más allá de la pérdida del salario) por su participación en la huelga.

Las nuevas huelgas han de regularse con criterios distintos de los tradicionales, asegurando un adecuado equilibrio entre los intereses afectados por las mismas.

 

 

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