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Francisco Capella |
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Aprende a pensarErroresOctubre 2006
Tony Blair parece querer hacer de la lucha contra el cambio climático su caballo de batalla político para sus últimos meses al frente del Gobierno británico. Tras el fichaje como asesor al ex vicepresidente norteamericano y activista ecologista Al Gore, Blair ha echado mano del diario sensacionalista The Sun para amplificar un informe que se conocerá hoy y que advierte de que descuidar la lucha contra esta amenaza podría provocar una recesión económica similar a la de los años 30. El líder laborista dijo que la perspectiva sobre la que alerta el informe es "aterradora" y agregó que los datos científicos sobre la contribución de las emisiones de CO2 al calentamiento no dejan lugar a dudas. El autor del informe, Nicholas Stern, asegura que la inacción total costará a la economía global entre el 5% y el 20% de su crecimiento en los próximos años. Por el contrario, tomar medidas urgentes para atajar el problema tendría para el PIB mundial un costo de sólo un 1 por ciento. Stern ha recibido el encargo de presionar a políticos y empresarios estadounidenses para que tomen medidas contra el cambio climático. Además, el ministro británico de Medio Ambiente, David Miliband, ha desvelado que el Gobierno se plantea crear un impuesto que ayude a recortar las emisiones contaminantes a la atmósfera. Las consecuencias de no tomar medidas contra el cambio climático no son meramente económicas. Según el informe, hasta 100 millones de personas se convertirán en refugiados por culpa de inundaciones o por la subida del nivel del mar. El deshielo de los glaciares provocará que a una de cada seis personas en el mundo les falte agua. Además, hasta un 40% de las especies naturales podría extinguirse. Londres confía aún en que Estados Unidos, principal emisor del llamado gas de efecto invernadero, se convenza de la racionalidad económica de esa lucha y colabore con el resto del mundo en la lucha contra el calentamiento del planeta. Londres insiste en que es preciso acelerar las negociaciones internacionales sobre un documento que sustituya al protocolo de Kioto para la reducción del efecto invernadero, negociaciones que comenzarán el próximo mes en Nairobi bajo los auspicios de la ONU. El Gobierno británico estudia introducir una serie de "impuestos verdes" sobre el uso de vehículos o líneas aéreas para combatir el cambio climático, confirmó hoy el ministro de Medio Ambiente, David Miliband. Miliband reconoció que hay que tomar "medidas urgentes" para reducir los efectos del calentamiento del planeta después de que un periódico británico publicara hoy una carta suya al ministro de Economía, Gordon Brown, en la que le pedía que considerara esa iniciativa fiscal en su próximo presupuesto. Según el documento filtrado a la prensa, el ministerio de Medio Ambiente propone introducir un impuesto sobre la propiedad y uso de automóviles, sobre el grado de polución y uso de carreteras y por la posesión de electrodomésticos de consumo energético poco eficiente. El Ministerio de Medio Ambiente propondrá que se establezcan diferentes tramos en la tarifa del agua y que se grave el consumo cuando sea superior a 60 litros por persona y día, con el fin de incentivar la utilización eficiente de este recurso. Eduardo Pedreño, Acabar con Internet, Libertad Digital. La destrucción de la neutralidad cambia hasta tal punto las reglas del juego de la Red que acaba de facto con la Internet que fundaron Vinton Cerf y los pioneros de la Red (o Tim Berners-Lee con la web), y la convierte en un espacio ultrarregulado por un puñado de empresas oligopolísticas que, ante la perspectiva de un negocio que se comoditiza, buscan vías de recaudación alternativas. Esas vías rompen la filosofía con la que se construyó la Red y se acercan más a lo que AOL creó en los noventa: una red controlada y cada vez menos universal. Ante estas pretensiones, la confrontación está servida. Las grandes empresas de Internet (Google , EBay...) y los usuarios se oponen por completo (su web, salvad internet, lo dice todo), mientras las telecos apelan al liberalismo (no toquéis Internet) para pedir que el gobierno no regule la neutralidad de Internet. Ambas posturas tienen argumentos de peso, pero hay una diferencia fundamental que invalida el argumento liberal: la neutralidad de Internet es el modelo sobre el que se construyó la Red y eliminarla es una amenaza para la propia libertad, al poner en manos de empresas el control de los movimientos de terceras empresas o usuarios. La perversión de la causa no se puede enmascarar bajo argumentos liberales: las telecos americanas pretenden tener en sus manos la posibilidad de acabar con Internet, sin más. No permitírselo puede estar en manos del gobierno o de los usuarios, pero a estas alturas cualquier medida para impedirlo parece una medida inteligente. Norman Birnbaum, profesor emérito en la Facultad de Derecho de Georgetown, ¿Más allá de Irak?, El País. Estados Unidos es una democracia muy imperfecta. La mitad de su ciudadanía no puede o no quiere votar en las elecciones presidenciales y menos de la mitad va a votar en las inminentes elecciones al Congreso. Los procesos de formación de opinión se han visto sustituidos, en gran medida, por la manipulación. La ciudadanía soberana de la filosofía liberal está más presente en los textos académicos que en la práctica política, sobre todo por lo que respecta a la política exterior y militar. En ese terreno lo que vemos es una usurpación presidencial del poder, una belicosidad popular y un chovinismo que anulan el debate, la creación deliberada de una atmósfera de miedo y una conciencia nacional tranquila y segura de estar cumpliendo la voluntad de Dios. Los intelectuales suministran figuras dispuestas a justificar y funcionarios dispuestos a administrar un imperio aparentemente democrático pero que, en realidad, se basa en el plebiscito. Los dirigentes empresariales y financieros del país son quienes tienen el dinero y, por consiguiente, el poder supremo. El historiador Tony Judt ha sido denunciado por comentar que, con una gran minoría árabe y una población árabe sometida, el nacionalismo étnico de Israel es insostenible. Tiene razón -y muchos israelíes lo reconocen- al poner en tela de juicio el futuro de un Estado que sólo encuentra justificación en un enfrentamiento permanente con sus enemigos. Ana Pastor Julián, secretaria ejecutiva de Política Social y Bienestar del Partido Popular, Enhorabuena, UNICEF, El País. Nos despertamos cada mañana escuchando las noticias de atentados terroristas, inmigración ilegal, catástrofes naturales, muertes por el SIDA, malos tratos, brotes de racismo y xenofobia y conflictos en África. Las amenazas globales del siglo XXI no sólo afectan a los más desfavorecidos, nos afectan a todos, y su solución es responsabilidad de todos. ¿Hay solución para todos estos males del presente? Yo creo que la respuesta nos la da UNICEF: la solución está en los niños. El futuro son los niños. Al Gore, ex vicepresidente de EE UU, entrevista en El País. Según muchos científicos, si no se hace nada, en 10 años ya no podremos invertir el proceso de calentamiento. Los estudios muestran que es necesario iniciar de inmediato una fuerte reducción de la emisión de gases contaminantes. El primer objetivo sería estabilizar la cantidad de contaminantes de la atmósfera, y luego, cinco años después, empezar a reducir la cantidad de CO2 del planeta. P. ¿Ya ha empezado a cambiar su propio estilo de vida? R. Hace dos años decidí llevar una vida sin emisión de dióxido carbono. Todo lo que hacemos mi familia y yo va destinado a emitir la menor cantidad posible de dióxido de carbono. Utilizamos energía verde, evitamos el agua caliente y apagamos nuestros electrodomésticos cuando no se están utilizando. Por supuesto, todavía cojo aviones comerciales, pero mis emisiones personales de dióxido de carbono en los viajes se ven compensadas por la promoción que hago del tema. P. Actualmente, ¿cuál es la mayor amenaza para el planeta? R. Yo no veo una única amenaza, sino una combinación de factores. El exceso de población es uno de ellos. La buena noticia es que el tamaño de las familias en países en los que hay educación está disminuyendo de un modo que era inimaginable. P. ¿Algún día el agua valdrá más que el petróleo? R. Dentro de unos años, el agua será un problema grave en muchos países. Esto se debe tanto al aumento de la población como a las estrategias ignorantes de algunos países. En mi opinión, ya vale más que el petróleo. Una botella de agua mineral es más cara que su equivalente en gasolina. P. ¿Cree que la energía nuclear es una buena alternativa a los combustibles fósiles? R. No. Es una opción complicada por los elevados costes, y por el riesgo que conlleva su posible uso bélico. P. ¿Cree que la experiencia brasileña en el uso de alcohol combustible, como el etanol, puede reproducirse a escala global? R. El alcohol es el sustituto más importante que tenemos. Creo que es una solución a la amenaza del calentamiento. P. La ecología puede ser un gran negocio. R. Excelente. Toyota ha multiplicado sus beneficios con su coche ecológico. General Electric decidió hace poco convertirse en una empresa dedicada a la conservación del medio ambiente, y está ganando mucho dinero con ello. Ocurre lo mismo con DuPont, el gigante del sector químico. Las grandes empresas no ponen en marcha negocios para perder dinero. P. ¿Cómo evaluaría la política medioambiental del presidente de Estados Unidos? R. Yo he perdido la objetividad con Bush. Todas sus políticas me dan miedo. Sus acciones son extremadamente peligrosas para el mundo entero. Censuró la mayoría de las obras científicas que tratan sobre el medio ambiente. Catorce senadores acaban de abrir una investigación sobre el tema. Espero que el Congreso logre castigar al presidente por esto. Por supuesto, el terrorismo también es un elemento importante. Los políticos deben tratar ambas cosas de manera inteligente. La guerra en Irak convirtió al terrorismo en una amenaza todavía mayor de lo que ya era. Pero el calentamiento global es la peor crisis a la que hayamos hecho frente. Confianza en Bolivia, editorial de El País. Las empresas tienen la obligación ineludible de cumplir las leyes de los países en los que operan y los Estados la obligación no menos ineludible de ofrecer condiciones jurídicas conocidas y transparentes que permitan tales operaciones. Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer, ex presidente de la SEPI y consejero de Copisa, ¿Granjas solares o centrales eléctricas?, Cinco Días. Es cierto que, tal y como ocurre con el resto de energías renovables, en los últimos años el apoyo de las políticas públicas a la energía solar fotovoltaica ha sido intenso y ha estado correctamente enfocado. Además del lógico incentivo fiscal que se materializó en la correspondiente deducción en el impuesto sobre sociedades -10% del volumen de la inversión-, el conjunto de disposiciones normativas sectoriales ha diseñado un marco regulatorio que favorece claramente la inversión en energía fotovoltaica. Como es sabido, la producción de energía solar fotovoltaica es una actividad industrial caracterizada por sus altos costes de producción, y por corresponder éstos en una gran proporción a los costes de construcción de las instalaciones. Por ello, para acometer una gran inversión en el momento cero resulta imprescindible disponer de una prima en el precio de venta -que haga atractivos los márgenes esperables de la actividad- y una garantía a futuro sobre su mantenimiento -que proporcione seguridad y estabilidad a las expectativas de márgenes-. Afortunadamente ambas cuestiones quedaron perfectamente definidas en el decreto de 2004… Ferran Blassi, doctor en Filosofía, Debate sobre el Crucifijo, La Gaceta de los Negocios. ...el Crucifijo concierne a todo el mundo: todos los hombres intervinieron de alguna manera en la muerte de Cristo —tanto los gentiles: los romanos y sus mercenarios— que la decretaron y la ejecutaron- como los judíos que la habían pedido. Y a todos, sin excepción, el condenado perdonaba, y a todos, el Dios hecho hombre destinaba los frutos de su sacrificio redentor. No todos sabrán ver en Cristo su divinidad, pero todos encontrarán en él su humanidad. Allí está aquel hombre que sufre, a quien Pilatos había señalado diciendo: “Ecce Homo!” —he aquí el Hombre— y que puede ser contemplado como el Hombre por excelencia, el modelo de todos los valores y de todas las virtudes humanas, que en la cruz sufre, ama, perdona. ¿No es apropiada su imagen para una escuela donde se han de formar los hombres y las mujeres? El Cristo clavado en la cruz es el resultado de una sentencia injusta, culminación de un juicio inicuo. ¿Por ventura no es oportuno que en un lugar donde han de actuar no solamente los jueces sino que en él tienen también su papel acusadores, defensores y testigos, este recuerdo plástico de un hecho histórico sea un grito de atención para que no se vuelvan a repetir injusticias parecidas? Andreu Missé, El País. La historia económica reciente ha desvanecido los supuestos beneficios de la sacrosanta liberalización comercial. Juan Manuel de Prada, Una historia con futuro, ABC. Entre los muchos e impagables servicios que la Iglesia presta a la sociedad española ocupa un lugar primordial su ingente labor educativa. No se trata tan sólo de ponderar las cantidades abultadísimas que la escuela católica ahorra al erario público, sino sobre todo el beneficio no estrictamente material, y por lo tanto no computable mediante cifras, que la escuela católica brinda a la sociedad, actuando como depositaria y transmisora de unos valores que -hoy más que nunca, cuando fuerzas poderosas anhelan arrojar a las nuevas generaciones a la intemperie- sostienen los cimientos del entramado social. Nunca han faltado los ataques de ciertos obcecados que tratan de negar los palmarios beneficios que la escuela católica rinde a la sociedad. Pero la mera elocuencia de las cifras basta para refutarlos: para no abundar en fatigosos ejemplos diremos que, sin ir más lejos, en la Comunidad de Madrid, durante el último proceso de admisión, siete de cada diez padres demandaron para sus hijos una plaza en la escuela católica; no todos, sin embargo, vieron atendida una legítima aspiración amparada constitucionalmente. Claudio Magris, escritor, entrevista en El País. Insisto, todos los chinos tienen derecho a ver el Prado o los Uffizi, pero si todos los chinos vienen al Prado, ¿qué hacemos? Rafael Montes Barrio, El cambio horario y el ahorro de energía, carta al director de El País. Si de verdad quisieran ahorrar energía -y lo necesitamos- prohibirían las bombillas incandescentes y las halógenas, generalizando las de alta eficiencia, que consumen hasta cinco veces menos; eliminarían la iluminación de las carreteras interurbanas; penalizarían los letreros publicitarios luminosos; exigirían diseñar la ciudad para otras formas de transportes (peatones, ciclistas...), mejorando la calidad del transporte público; informarían de que hay un tipo de arquitectura que permite ahorrar hasta el 80% del consumo energético durante toda la vida del edificio construido (arquitectura bioclimática) y exigirían su aplicación; enseñarían a la población cómo consumir la energía de forma racional, pues su abuso actual está destrozando el planeta. Si de verdad quisieran, nuestro país, y Europa en su conjunto, podría obtener ahorros de hasta el 40% del consumo actual sin merma en nuestra calidad de vida, con lo que cada ciudadano ahorraría dinero, nuestro país reduciría el déficit comercial y nuestro planeta recibiría menos veneno. Hay formas serias y contrastadas de ahorrar energía. Pedro Serrano Martínez, Muros, carta al director de El País. Demasiados kilómetros de muros y fronteras nos separan a los humanos. Los muros físicos son un obstáculo, pero no un imposible, pues siempre serán vencidos o burlados por la imperiosa necesidad; pero una vez superados éstos, quedan por derribar las fortificaciones más inexpugnables: las que están en nuestras mentes. Obsérvese el racismo, la xenofobia y el rechazo a los emigrantes en todos los países ricos; pues aunque ya convivan con nosotros, un muro infranqueable nos sigue separando. Los muros son monumentos a la ignorancia, al egoísmo, a la insolidaridad, al malogro de la convivencia y la concordia; en definitiva, son monumentos al fracaso humano en el intento de civilizarse y humanizarse. Alejandro Sanz, El País. Fidel y Bush, en el fondo, son exactamente iguales. Joan Clos, ministro de Industria, en la Comisión de Industria del Congreso. No ponemos limitación a las energías renovables; cuantas más energías renovables puedan originarse en nuestro país mejor porque de esta forma diversificamos nuestro origen de energía y disminuimos nuestra dependencia del exterior. En cuanto al marco tarifario y las primas consiguientes, puedo decirles que no vamos a disminuir la tarifa de nada, lo que queremos es aumentar las primas de aquellas energías renovables que aún no son atractivas porque no hay la suficiente capacidad de remuneración. Celia Amorós, escritora feminista, entrevista en El País. Tenemos un Gobierno paritario, cada vez hay más cargos académicos de los que son responsables mujeres... Hemos mejorado. Yo creo que si un grupo humano puede ejercer dominio sobre otro, lo ejerce. Los varones, hasta ahora, han podido hacerlo; un grupo humano puede dominar, sobre todo, si tiene la ventaja de actuar reunido y formando pactos. Los varones, en función de la división sexual del trabajo, han ocupado espacios donde por mucho tiempo han estado separados de las mujeres y se han constituido en grupos tramados en función de pactos muy sólidos... Las mujeres, por el contrario, han estado atomizadas, para que no construyamos grupos sólidos entre nosotras. En el ámbito económico, la mujer sigue totalmente infrarrepresentada. Quienes insisten en que la filosofía es diálogo se equivocan: el pensamiento es polémico, nace de un gran cabreo. Mi cabreo nace de que la relación entre varón y mujer es injusta. P. Celia, ¿cuál sería hoy su mejor definición del feminismo? R. La única salida viable al caos. Sería lo único que podría civilizar el conflicto de civilizaciones, o al menos colaborar de una manera significativa. Yvonne Ruwaida, diputada del Partido de los Verdes de Suecia, presidenta del Centro contra el Racismo. El trabajo contra el racismo se apoya en el interés de la sociedad y no es algo que deba ser dirigido por el mercado. Tony Albà, humorista catalán, en una entrevista concedida a City FM, ha declarado que "Losantos tendría que estar limpiando calles con su lengua" porque "es gente infecta, un genocida cultural al que hay que encarcelar". Sobre Aznar, ha dicho que es "un ser infecto, un fascista que tiene el cerebro corrompido por los gusanos que comieron a Franco". Y sobre la COPE, cree que "si en un país normal se tiene una radio como ésta, se cierra en dos días. Una cosa es la libertad de expresión y otra cosa, el insulto". Carmen Calvo, ministra de cultura, afirma en una entrevista a la agencia EFE que va a prohibir la competencia entre librerías para ofrecer descuentos a los lectores. El Ministerio impondrá "el precio único de los libros (no fijo, porque los precios cambian con el tiempo)". Calvo justifica la prohibición de la competencia en que con ello se quiere "proteger al libro y no tratarlo como una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda"; "cualquier decisión que adopte el Gobierno en la Ley, tendrá que pasar por la percepción clara de que no se aumenta el coste de lo que le llega al ciudadano. Yo no puedo tomar decisiones que signifiquen que el libro va a costar más caro". Calvo entiende que "la producción de cine independiente tiene que convivir con las televisiones. Nadie puede impedir que los operadores de televisión produzcan cine español y que, como negocio, tengan sus propias productoras. Pero tampoco se puede negar que, de la mano del productor independiente, se ha hecho el mejor cine español, pues ellos arriesgan en el formato artístico y cultural". El objetivo de esta ley es "lograr que el cine español sea una industria más estable y más grande", para que "la inversión en cine sea rentable y maneje cada día más cifras de negocio, que consiga mejores presupuestos para nuestras películas". Enrique Serbeto, Multinacionales humanitarias, ABC. El concepto de «comercio justo» es un afortunado hallazgo. Oxfam, por ejemplo, que se había ganado una reputación colocando sistemas de agua potable en campos de refugiados africanos, ha entrado como una apisonadora en este negocio, que consiste en hacer de intermediarios entre los pequeños productores de los países pobres y los mercados en los países ricos, Ahora se pueden encontrar más de dos docenas de productos de marca Oxfam, lo cual es muy interesante como fenómeno, y además ha forzado a las grandes marcas que manejan desde siempre el mercado mundial, como Lipton en el caso del te o Starboocks en el del café, a prometer a sus clientes que sus prácticas no son abusivas con los campesinos del tercer mundo. Y luego dicen que el capitalismo es malo. Urbanismo y política, editorial de El País. En el origen de este urbanismo que ha venido sirviendo de refugio a la corrupción se encuentra la declaración de la totalidad del suelo como potencialmente urbanizable, una medida adoptada por Rodrigo Rato bajo el influjo de unos prejuicios ideológicos, extendidos en la derecha y en la izquierda, que confunden desregulación con liberalización. La pretensión de incidir por esta vía en los precios de la vivienda se ha revelado ilusoria. Las vastísimas extensiones de terreno a disposición de los ayuntamientos han convertido a éstos en presa preferente de la especulación, puesto que, ateniéndose a la normativa vigente, nada impide que las plusvalías generadas por la recalificación de las fincas rústicas acabe indirectamente en manos privadas. …más allá de la respuesta judicial, es necesaria una respuesta política. La gravísima situación del urbanismo afecta a elementos tan dispares y esenciales como la destrucción del medio ambiente o la estabilidad del sistema financiero, atrapado por un endeudamiento familiar destinado a sufragar no sólo el valor de la vivienda, sino la espesa red de oscuros intereses tejida en torno a ella. José Barea, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, El nuevo modelo de crecimiento en España, Cinco Días. Mantenga el Estado lo que debe constituir su función, financiar la educación para lograr equidad y fijar los objetivos de calidad... En el nuevo sistema todo el mundo pagaría su educación, excepto el porcentaje que se fijara por las externalidades positivas que la educación universitaria genera, que se estima en el 30% del coste. Guy Verhofstadt, primer ministro belga, entrevista en El País. ...somos incapaces de tomar una decisión sobre si queremos una Europa verdaderamente federal o sólo un mercado común. Lo que hay que hacer es ir hacia una Europa federal y política. Para mí, más importante que la Constitución es abolir la regla de la unanimidad. Hay que continuar con el proceso de ratificación de la Constitución, porque todos han de tener derecho a expresarse sobre esta cuestión. ...no creo que sea una buena idea ir hacia una Constitución limitada, porque entonces nos pondríamos a pensar qué parte deberíamos salvar de la Constitución. Unos países dirían que una parte, otros que otra... Podríamos tardar otros cinco años y al final tendríamos otra vez todo el texto sobre la mesa. Enrique Costas Lombardía, Trasplantes: contestación, carta al director de El País. No niega que se paga por trasplante, un verdadero incentivo financiero a la producción insólito e injusto en la sanidad pública, agobiada por graves necesidades mal atendidas; …el modelo español compra, de hecho, órganos, cosifica el cuerpo humano (nunca me referí, como tergiversa el director del milagro, a "compraventa" por los médicos que trasplantan, qué disparate). En resumen, no hay magia, sólo dinero al margen de la ética. Éxito fácil. Los "países más poderosos científica y económicamente no han conseguido imitarnos ni de lejos" porque no quieren. Porque no engañan a la sociedad, fomentan el altruismo y se ajustan a la ética aunque sus tasas de donaciones sean bajas. Luis Fernando Crespo Zorita, Escuela pública y mestiza, carta al director de El País. Los mecanismos de disuasión para que los alumnos inmigrantes no acudan a los centros concertados son de lo más diverso, desde el ideario confesional de la organización que los gestiona, pasando por el precio del comedor hasta las actividades extraescolares obligatorias y muy costosas. Pero el principal obstáculo para la distribución equilibrada del alumnado inmigrante es la alta ratio de ocupación en las aulas de centros privados, que les permite establecer limitaciones en el proceso de admisión al haber siempre plazas insuficientes en relación a las peticiones. Como mecanismo de control sobre estas prácticas perversas, habría que establecer una reserva de plazas en todos los colegios sostenidos con fondos públicos, a principio de cada curso, y garantizar plazas suficientes para que los alumnos, autóctonos o inmigrantes, que se incorporan a lo largo del año escolar, puedan acceder a cualquier centro, público o concer-tado, el que mas convenga, aplicando los criterios de esco-larización vigentes en cada momento. Maribel Martínez Alvarez (Integrante de la Red Aragonesa de la Tierra), La amenaza de la especulación urbanística, carta al director de El País. El pasado fin de semana se reunieron en Marbella los integrantes de la Coordinadora Ciudadana en Defensa del Territorio. El lugar de la cita no es casual, dada la situación que atraviesa ese Ayuntamiento. Participaron grupos de afectados de Murcia, Marbella, Málaga, Valencia, Almería, Madrid y su área de influencia, etcétera. Gentes gravemente preocupadas y "en pie de guerra" contra la especulación. Es adecuado recordar que el artículo 47 de nuestra Constitución recoge el derecho de los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y la obligación de los poderes públicos a garantizar ese derecho. En las conclusiones de esta asamblea se reclama al Gobierno la aplicación de las leyes existentes; la persecución de la especulación; la creación de "una ley rápida" que persiga los abusos urbanísticos y medioambientales; la derogación de la actual ley del suelo; la elaboración de una nueva ley de financiación municipal y toda una batería de medidas que contribuyan a frenar esta locura. Estas medidas nos deben hacer reflexionar sobre este país, abocado si no se le pone freno, a un desarrollo urbanístico desaforado, con una nefasta política municipal y con la amenaza de graves problemas medioambientales (urbanización salvaje del territorio), y culturales (destrucción de los valores y señas de identidad de nuestra cultura). Hagamos votos para que nuestros políticos sean sensibles a estos problemas, que afectan por igual a los jóvenes demandantes de la primera vivienda, y a los "curritos de a pie", que ven cómo suben las hipotecas, constatan que el modelo de vida se deshumaniza cada vez más, y comprueban que el paisaje que forma nuestro entorno se transforma en un mar de urbanizaciones, muy alejado de un modelo medioambientalmente sostenible. Clive W. Dennis, Humanity's Worst Invention: Agriculture, The Ecologist. By radically changing the way we acquire our food, the development of agriculture has condemned us to live worse than ever before. Not only that, agriculture has led to the first significant instances of large-scale war, inequality, poverty, crime, famine and human induced climate change and mass extinction. Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y director del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la UAB, Alegato municipalista, El País. ...los niveles de presión inmobiliaria han alcanzado cotas absolutamente insospechadas, fruto de esa combinación diabólica de dinero negro en busca de refugio, desgravación fiscal por vivienda y política agresiva de las instituciones financieras para situar las hipotecas a los niveles de los alquileres aunque sea a costa de alargar las mismas más allá de la esperanza de vida. Si algo queda claro es que el bienestar individual y colectivo de los ciudadanos depende cada vez más de la capacidad de servicio y de la capacidad de gestionar servicios y recursos desde la proximidad de los gobiernos locales. Sin los ayuntamientos no hay bienestar ciudadano. María Calvo, profesora Titular de Derecho Administrativo, La educación en España, La Gaceta de los Negocios. Una sociedad plural y democrática exige asimismo una pluralidad de opciones educativas. Los padres saben mejor que nadie qué tipo de educación quieren para sus hijos. Cada familia debería poder ver satisfechas sus preferencias con independencia de su nivel económico. La Administración no sólo no puede decidir por ellos sino que, por el contrario, tiene la obligación de favorecer el ejercicio de este derecho por parte de los padres, abriendo el abanico de opciones educativas al máximo posible. La educación no es un monopolio del Estado, es un derecho fundamental. Por lo que no se puede imponer un modelo u otro, sino que se deben ofertar todos en igualdad de condiciones. Es obligación de los poderes públicos hacer posibles todas las ofertas educativas, concediendo a quien lo desee la oportunidad de realizar al máximo sus posibilidades dentro de la opción libremente escogida. Miguel Ángel Aguilar, Por la senda de la demolición, Cinco Días. Acabamos de leer la lista de demoliciones que van a llevarse a cabo por sentencia del Tribunal Supremo en diversas localidades de Cantabria. Es una lista muy estimulante que debería continuar en esa misma comunidad y en las restantes. Imaginemos que se creara un espíritu de abierta competencia, de modo que las demoliciones de los abusos urbanísticos se convirtieran en un timbre de gloria, en un prestigio ambicionado que todos los Gobiernos autonómicos se afanaran en alcanzar. Esa es la clave: la ejemplaridad de los derribos, demoliciones y voladuras. Estamos muy conformes con la supresión de la pena de muerte, cuya ejecución durante tanto tiempo constituyó un espectáculo muy popular. Pero ahora, las demoliciones deberían anunciarse como una fiesta. Estoy seguro que llegarían autobuses de otras localidades afectadas por el mismo problema con gentes deseosas de ver caer los abusos. El escarmiento tendría efectos salutíferos y todos antes de comprar verificarían la estricta legalidad de lo que les ofrecen. Si se formara la ONG Demoliciones sin Fronteras es seguro que sobrarían voluntarios para enrolarse. Atentos. M. Torreiro, reportaje en El País. Una verdad incómoda, de Davis Guggenheim, en la que un apasionado Al Gore muestra, con una voluntad didáctica nada reñida con la claridad y la eficacia, las desastrosas consecuencias ya constatables del cambio climático global que llevamos años padeciendo. ...las bondades de la propuesta, que existen, y no son pocas, están en otro lado. Ante todo, en la capacidad didáctica de Gore, que se demuestra un sorprendente showman, entretenido y brillante, que igual llama en su auxilio a los Simpson que a las sesudas opiniones de los científicos especialistas en climatología, y que en sus manos se terminan convirtiendo en claras, rotundas explicaciones de un desbarajuste ambiental que nos afecta a todos. Es, por tanto, una película necesaria, a pesar de su pobreza conceptual. Y es también la ocasión para el descubrimiento de un excelente actor, al que tal vez si George Bush Jr. no le hubiera birlado la cartera hace seis años, no hubiéramos visto jamás en estas lides. David Ignatius, The Paradox Behind the Paralysis on Security, The Washington Post. Iraqis know they would all be better off if they could agree on a national compact that would subordinate sectarian differences to the larger national interests of stability and prosperity. Their leaders keep pledging support for this goal, but it doesn’t happen. Why? Mancur Olson, who taught at the University of Maryland until he died in 1998, explained the underlying problem this way: “Unless the number of individuals in a group is quite small, or unless there is coercion or some other special device to make individuals act in their common interest, rational, self-interested individuals will not act to achieve their common or group interests.” The problem, he said, is that although everyone would benefit from the collective good of, say, greater security, it’s irrational for any individual to make voluntary sacrifices to achieve it. …to get this collective benefit every Iranian wants, the country’s leaders will have to limit a nuclear program that some Iranians want. Olson would tell us that, absent compulsion, it isn’t going to happen: Powerful pressure groups will prevent the collective good. Olson’s escape from this conundrum was his recognition that it’s necessary to compel the collective behavior that is in everyone’s interest. Workers must be compelled to join a union; otherwise, they’ll freeload. Citizens must be required by law to pay taxes; otherwise, they won’t do it. Sectarian groups must be forced to obey the national government; otherwise they will create anarchy. And individual nations must be compelled to obey rules limiting the spread of nuclear technology and other threats to common security. Otherwise, we will have unending wars. In the international arena, the appropriate instrument of compulsion is not, as the Bush administration has believed, the United States. It is the United Nations. Making the United Nations effective enough that it can compel the common good is the right answer to Olson’s paradox. Los sindicatos proponen retrasar la entrada de rumanos y búlgaros al mercado de trabajo; temen "fuertes movimientos" por la incorporación de ambos países a la UE el 1 de enero. José María Fidalgo, de CCOO: "El día 1 de enero, cientos de miles de rumanos que viven aquí, digamos que pueden dejar de ser, entre comillas, sin papeles. Yo creo que hay que discutir seriamente esto y posiblemente habría que establecer un periodo transitorio como han establecido otros países para ese colectivo. No podemos dejar pasivamente que sea un modelo de contratación barata para empresarios que no son muy competitivos, cuyos costes los paga un sector público que está muy debilitado en forma de políticas educativas, políticas sanitarias, porque ni se producirá entonces la integración laboral correcta ni se producirá la integración social." Julio Ruiz, secretario de migraciones de CCOO: "Consideramos prudente el periodo transitorio, en línea con otros países, porque tememos que, si no se hace, podría producirse un movimiento cuantitativamente importante que genere desequilibrios en el mercado laboral español. Todos estos ciudadanos tendrán permiso de residencia automáticamente, ya no serán irregulares. Lo único que estamos pidiendo es que necesiten un permiso de trabajo. No queremos condenar a nadie a trabajar irregularmente, los que ya están aquí podrán volver a su país para buscar la contratación en origen, donde tendrán preferencia como miembros de la Unión Europea." Cadenas hipotecarias, editorial de El País. Una aproximación racional a la vivienda plantea sobre todo desacelerar el crecimiento de los precios de los pisos, que debería conseguirse limitando la especulación del suelo, construyendo más viviendas protegidas y estimulando el mercado de alquiler. Otro objetivo es evitar que una gran parte de quienes compran vivienda -jóvenes sobre todo- tenga que recurrir a préstamos hipotecarios a plazos disparatados de hasta 30 años, con amortizaciones que apenas reducen el principal en el primer tercio del plazo. Son pesadas losas financieras que ahogan a las familias, limitan la movilidad laboral y colocan a las entidades financieras con riesgos de impago durante decenios. Si se quiere de verdad favorecer a los consumidores deben explorarse fórmulas para agilizar la subrogación hipotecaria, para reducir los tipos en las hipotecas a interés fijo -las menos vulnerables al encarecimiento del dinero- o para rebajar los plazos de los créditos sin elevar de forma abrumadora las amortizaciones. Los pisos a cualquier precio y a cualquier plazo no siempre son un buen negocio. Darío Valcárcel, Putin, ni un gramo de honor, ABC. ...todo gobernante obtiene la raíz de su legitimidad de la capacidad para defender la vida de los gobernados. En 1991, Boris Yeltsin, un tipo mercurial, mutó su personalidad a poco de ocupar la presidencia para convertirse en un borracho y un ladrón. Aceleró el paso desde la total centralización del sistema soviético al capitalismo más descontrolado y salvaje. Como resultado, el desorden reina hoy en Rusia. Rafael Simancas, secretario general del Partido Socialista de Madrid, No somos iguales, El País. Las últimas noticias sobre escándalos por corrupción urbanística han causado perplejidad e irritación entre los ciudadanos. Lo entiendo perfectamente. Yo mismo he sentido bochorno y vergüenza por el cúmulo de "pelotazos" que alcanzan en su responsabilidad a las más altas instituciones de la Comunidad de Madrid y a todos los partidos, incluido el mío. Los ciudadanos tienen todo el derecho a sentirse defraudados, porque las consecuencias del urbanismo especulativo y corrupto no acaban en el enriquecimiento ilegítimo e ilegal de unos pocos, sino que suponen una grave amenaza para el desarrollo de nuestra región y para el propio bienestar de sus habitantes: encarece el precio de la vivienda, colapsa los servicios públicos, agrava el problema del tráfico y deteriora el medio ambiente. Comprendo que muchos ciudadanos sientan la tentación de valorar el comportamiento de todos los políticos por igual. Es lógico. Pero, con toda humildad, también tengo que sostener que la generalización es injusta. Hay una responsabilidad compartida en las instituciones y en los partidos que gobernamos en distintos ámbitos de esta región. Pero no todos tenemos la misma responsabilidad, ni el mismo comportamiento y no afrontamos el problema del urbanismo especulativo de la misma manera. Los responsables políticos honrados, que somos la mayoría, también somos víctimas de los casos de corrupción: como ciudadanos y como políticos, al vernos sumidos en el riesgo del desprestigio a causa del comportamiento delictivo de unos cuantos. Todos los madrileños recuerdan los acontecimientos del verano de 2003, y saben que he sufrido en mi propia piel las consecuencias de un compromiso firme contra la especulación y los "pelotazos" urbanísticos. Pero no pretendo eludir responsabilidades. Todo lo contrario. Me reafirmo en la convicción de que podemos y debemos vencer a la corrupción urbanística, por muy poderosos que sean sus protagonistas. Desde la política y desde la ética podemos y debemos acabar con el sumidero de las irregularidades y hacer del urbanismo una herramienta al servicio de la calidad de vida de los ciudadanos. Decididamente, no somos iguales. El PSOE actúa en defensa de un urbanismo decente. Los casos de corrupción que han surgido en nuestras filas, siendo graves, son limitados y excepcionales. Y siempre respondemos de manera contundente y expeditiva, expulsando de nuestras filas a los autores y requiriendo la actuación de la Justicia. De Aldea del Fresno a Ciempozuelos. Así lo haremos siempre. El urbanismo intensivo, que antepone el negocio de las recalificaciones al interés de la mayoría, forma parte estructural del discurso y la acción del Partido Popular en la Comunidad de Madrid y en muchos de los ayuntamientos donde gobierna. Los casos de irregularidades y de corruptelas en el PP son extraordinarios por su número y dimensión. Y la respuesta del partido que preside Esperanza Aguirre es siempre la de negar, tapar, amparar y facilitar el "pelotazo". De Majadahonda a Villanueva de la Cañada, pasando por Boadilla, Brunete, Torrelodones, Las Rozas, Moralzarzal, Moraleja de Enmedio y un larguísimo etcétera constatado en medios de comunicación y tribunales varios. Cuando el PSOE comprueba que alguno de sus militantes mantiene comportamientos contrarios a la ley y a la ética, actúa con determinación e higiene democrática. Mientras tanto, el PP mantiene en cargos institucionales y orgánicos a personas de comportamiento tan reprochable y probado como el ex secretario general Ricardo Romero de Tejada -miembro del Consejo de Administración de Caja Madrid-, el ex director general de Urbanismo Enrique Porto -aún responsable territorial del PP madrileño- o el alcalde de Villanueva de la Cañada, Luis Partida, -todavía presidente de la Federación de Municipios de Madrid-. La planificación y ordenación del territorio en la Comunidad de Madrid, sin embargo, requiere de un tratamiento que ha de ir más allá de la respuesta rápida y eficaz a la corrupción urbanística. Hemos de trascender el inevitable juego de los reproches entre partidos y la simple lógica electoralista. El urbanismo madrileño necesita de un cambio de rumbo. Un modelo de desarrollo sólido, sostenible y justo requiere de una política territorial pensada y aplicada para afrontar importantes necesidades de nuestra sociedad: facilitar el acceso a la vivienda de los más jóvenes; garantizar servicios públicos de calidad en los nuevos barrios; asegurar la movilidad y tiempos de desplazamiento razonables; impulsar la actividad económica y el empleo; y preservar el entorno natural, entre otros. Éste es el objetivo: un urbanismo al servicio del desarrollo sano de Madrid, del bienestar de su gente y del equilibrio medioambiental. Y para alcanzarlo, cinco medidas: una nueva Ley del Suelo de la Comunidad de Madrid que combata la especulación y promueva la vivienda protegida; un Plan de Estrategia Territorial que determine los usos del suelo en función del interés colectivo y más allá de las presiones de propietarios y promotores de suelo; un Código Ético exigente que garantice transparencia y limpieza en las tramitaciones urbanísticas; un servicio de inspección y disciplina urbanística bien dotado y eficaz; y una estrecha colaboración de las instituciones autonómicas y locales con la Justicia para castigar la corrupción. Ésta es mi propuesta. Porque no somos iguales. David Roberts, redactor jefe de Grist, un webzine ecologista, propone que los escépticos del calentamiento global sean juzgados como criminales de guerra nazis. "Cuando por fin nos pongamos serios con el calentamiento global deberíamos celebrar juicios por crímenes de guerra contra esos bastardos; una especie de Nueremberg del clima". El escritor ecologista Mark Lynas coloca la disidencia en materia del cambio climático "en una categoría moral similar a la negación del holocausto, quitando que en este caso el holocausto aún está por llegar y tenemos tiempo para evitarlo. Aquellos que intentan que no lo hagamos tendrán que responder algún día por sus crímenes". El ex vicepresidente Al Gore ataca vehementemente a "los negacionistas del calentamiento global", algunos de los cuales son científicos eminentes, equiparándolos con "el 15% de la población [que] está segura de que el aterrizaje en la luna fue en realidad escenificado en un plató de Arizona" y aquellos que "creen aún que la Tierra es plana". Hundreds of Economists Say: Raise the Minimum Wage. Henry Aaron, The Brookings Institution The minimum wage has been an important part of our nation’s economy for 68 years. It is based on the principle of valuing work by establishing an hourly wage floor beneath which employers cannot pay their workers. In so doing, the minimum wage helps to equalize the imbalance in bargaining power that low-wage workers face in the labor market. The minimum wage is also an important tool in fighting poverty. The value of the 1997 increase in the federal minimum wage has been fully eroded. The real value of today’s federal minimum wage is less than it has been since 1951. Moreover, the ratio of the minimum wage to the average hourly wage of non-supervisory workers is 31%, its lowest level since World War II. This decline is causing hardship for low-wage workers and their families. We believe that a modest increase in the minimum wage would improve the well-being of low-wage workers and would not have the adverse effects that critics have claimed. In particular, we share the view the Council of Economic Advisors expressed in the 1999 Economic Report of the President that "the weight of the evidence suggests that modest increases in the minimum wage have had very little or no effect on employment." While controversy about the precise employment effects of the minimum wage continues, research has shown that most of the beneficiaries are adults, most are female, and the vast majority are members of low-income working families. As economists who are concerned about the problems facing low-wage workers, we believe the Fair Minimum Wage Act of 2005’s proposed phased-in increase in the federal minimum wage to $7.25 falls well within the range of options where the benefits to the labor market, workers, and the overall economy would be positive. Twenty-two states and the District of Columbia have set their minimum wages above the federal level. Arizona, Colorado, Missouri, Montana, Nevada and Ohio, are considering similar measures. As with a federal increase, modest increases in state minimum wages in the range of $1.00 to $2.50 and indexing to protect against inflation can significantly improve the lives of low-income workers and their families, without the adverse effects that critics have claimed. José Luis Restán, La ciencia sorda y el mito de Ícaro, suplemento Iglesia de Libertad Digital. Una de las constantes en las intervenciones de Benedicto XVI, que se ha intensificado desde su reciente viaje a Baviera, es el reclamo a la ciencia para que salvaguarde la integridad de lo humano, lo que implica no disminuir, y menos aún amputar, la tensión hacia el bien y la verdad auténticos. El Papa insiste en la maravilla que supone el desarrollo de la ciencia y sus desarrollos tecnológicos, pero también advierte frente a un aislamiento creciente de las ciencias experimentales, presas de un endiosamiento que ha cortado los vínculos con la filosofía y la teología, desalojando así de su ámbito la pregunta por el significado de las cosas. Es urgente recuperar un diálogo fecundo que abra la perspectiva de la propia ciencia, rompiendo así el monopolio destructivo de una racionalidad técnica que se erige como única forma válida de conocimiento, al tiempo que deserta de la búsqueda de la verdad que ha sido el motor de toda civilización. Durante su célebre lección de Ratisbona, Benedicto XVI afirmó que la razón propia de las ciencias naturales lleva consigo un interrogante que trasciende las posibilidades de su propio método. Es decir, la pregunta nace en el propio ámbito de trabajo de las ciencias, pero éstas deben plantearla a otros niveles y formas de pensar, porque de otro modo se corta el propio impulso de la razón. Ese es el meollo de la incomprensión actual frente a la postura de la Iglesia en temas como la clonación o la experimentación de embriones, de triste actualidad en nuestro país. Hace pocos días, durante el gran encuentro de la Iglesia italiana en Verona, el Papa retomó este asunto recordando la afirmación de Galileo Galilei según la cual, "el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático". La matemática es una creación de la inteligencia humana, por tanto la correspondencia entre sus estructuras y las estructuras reales del universo suscita nuestra admiración y plantea la cuestión inevitable de "si no debe existir una única inteligencia originaria que sea la fuente común de una y de otra". Benedicto XVI arranca de Galileo (uno de los grandes iconos de la ciencia moderna) el desafío a una razón científica que se ha hecho sorda y ciega frente a las grandes preguntas de la vida humana. Sobre esta base, ha dicho el Papa, es posible alargar los espacios de nuestra racionalidad, y reabrirla a las grandes cuestiones de la verdad y del bien. El último paso (que seguramente no será el último) lo ha formulado el Papa durante su visita a la Pontificia Universidad Lateranense. Allí ha dibujado ante alumnos y profesores un contexto cultural que "parece otorgar la primacía a una inteligencia artificial cada vez más sometida a la técnica experimental, olvidando que toda ciencia debe salvaguardar al ser humano y promover su tensión hacia el bien auténtico". Y en este punto, Benedicto XVI ha planteado la más dramática advertencia a un modo de enfocar la investigación científica que por desgracia parece dominar hoy el campo: si no se salvaguardan los criterios que proceden de una visión más profunda (la que procede de una apertura a las grandes preguntas sobre el sentido y el valor de la vida humana) "será fácil caer en el drama del que hablaba en antiguo mito de Ícaro: preso del gusto por volar hacia la libertad absoluta, se acerca cada vez más al sol, olvidando que las alas con las que se ha alzado son de cera". El Papa concluye que la caída y la muerte son el precio que el protagonista paga por esta ilusión, y subraya que esta fábula contiene una lección de valor perenne. Algo más que una advertencia, cuando se abre en España el debate sobre la ley de investigación biomédica. Tom Bethell, Doubting Dada Physics, American Spectator Special Relativity, as opposed to the General Theory (1916), is considered by experts to be above criticism, because it has been confirmed “over and over again.” But several dissident physicists believe that there is a simpler way of looking at the facts, a way that avoids the mind-bending complications of Relativity. Their arguments can be understood by laymen. I wrote about one of these dissidents, Peter Beckmann, over five years ago (TAS, August 1993, and Correspondence, TAS, October 1993). The present article introduces new people and arguments. The subject is important because if Special Relativity is supplanted, much of twentieth-century physics, including quantum theory, will have to be reconsidered in that light. The article in Physics Letters A was written by Tom Van Flandern, a research associate in the physics department at the University of Maryland. He also publishes Meta Research Bulletin which supports “promising but unpopular alternative ideas in astronomy.” In the 1990’s, he worked as a special consultant to the Global Positioning System (GPS), a set of satellites whose atomic clocks allow ground observers to determine their position to within about a foot. Van Flandern reports that an intriguing controversy arose before GPS was even launched. Special Relativity gave Einsteinians reason to doubt whether it would work at all. In fact, it works fine (But more on that later). The publication of his article is a breakthrough of sorts. For years, most editors of mainstream physics journals have automatically rejected articles arguing against Special Relativity. This policy was informally adopted in the wake of the Herbert Dingle controversy. A professor of science at the University of London, Dingle had written a book popularizing Special Relativity, but by the 1960’s he had become convinced that it couldn’t be true. So he wrote another book, Science at the Crossroads (1972), contradicting the first. Scientific journals, especially Nature, were bombarded with his (and others’) letters. An editor of Physics Letters A promised Van Flandern that reviewers would not be allowed to reject his article simply because it conflicted with received wisdom. Van Flandern begins with the “most amazing thing” he learned as a graduate student of celestial mechanics at Yale: that all gravitational interactions must be taken as instantaneous. At the same time, students were also taught that Einstein’s Special Relativity proved that nothing could propagate faster than light in a vacuum. The disagreement “sat there like an irritant,” Van Flandern told me. He determined that one day he would find its resolution. Today, he thinks that a new interpretation of Relativity may be needed. The argument that gravity must travel faster than light goes like this. If its speed limit is that of light, there must be an appreciable delay in its action. By the time the Sun’s “pull” reaches us, the Earth will have “moved on” for another 8.3 minutes (the time of light travel). But by then the Sun’s pull on the Earth will not be in the same straight line as the Earth’s pull on the Sun. The effect of these misaligned forces “would be to double the Earth’s distance from the Sun in 1200 years.” Obviously, this is not happening. The stability of planetary orbits tells us that gravity must propagate much faster than light. Accepting this reasoning, Isaac Newton assumed that the force of gravity must be instantaneous. Astronomical data support this conclusion. We know, for example, that the Earth accelerates toward a point 20 arc-seconds in front of the visible Sun -- that is, toward the true, instantaneous direction of the Sun. Its light comes to us from one direction, its “pull” from a slightly different direction. This implies different propagation speeds for light and gravity. It might seem strange that something so fundamental to our understanding of physics can still be a matter of debate. But that in itself should encourage us to wonder how much we really know about the physical world. In certain Internet discussion groups, “the most frequently asked question and debated topic is ‘What is the speed of gravity?,’” Van Flandern writes. It is heard less often in the classroom, but only “because many teachers and most textbooks head off the question.” They understand the argument that it must go very fast indeed, but they also have been trained not to let anything exceed Einstein’s speed limit. So maybe there is something wrong with Special Relativity after all. In The ABC of Relativity (1925), Bertrand Russell said that just as the Copernican system once seemed impossible and now seems obvious, so, one day, Einstein’s Relativity theory “will seem easy.” But it remains as “difficult” as ever, not because the math is easy or difficult (Special Relativity requires only high-school math, General Relativity really is difficult), but because elementary logic must be abandoned. “Easy Einstein” books remain baffling to almost all. The sun-centered solar system, on the other hand, has all along been easy to grasp. Nonetheless, Special Relativity (which deals with motion in a straight line) is thought to be beyond reproach. General Relativity (which deals with gravity, and accelerated motion in general) is not regarded with the same awe. Stanford’s Francis Everitt, the director of an experimental test of General Relativity due for space-launch next year, has summarized the standing of the two theories in this way: “I would not be at all surprised if Einstein’s General Theory of Relativity were to break down,” he wrote. “Einstein himself recognized some serious shortcomings in it, and we know on general grounds that it is very difficult to reconcile with other parts of modern physics. With regard to Special Relativity, on the other hand, I would be much more surprised. The experimental foundations do seem to be much more compelling.” This is the consensus view. Dissent from Special Relativity is small and scattered. But it is there, and it is growing. Van Flandern’s article is only the latest manifestation. In 1987, Peter Beckmann, who taught at the University of Colorado, published Einstein Plus Two, pointing out that the observations that led to Relativity can be more simply reinterpreted in a way that preserves universal time. The journal he founded, Galilean Electrodynamics was taken over by Howard Hayden of the University of Connecticut (Physics), and is now edited by Cynthia Kolb Whitney of the Electro-Optics Technology Center at Tufts. Hayden held colloquia on Beckmann’s ideas at several New England universities, but could find no physicist who even tried to put up an argument. A brief note on Einstein’s most famous contribution to physics -- the formula that everyone knows. When they hear that heresy is in the air, some people come to the defense of Relativity with this question: “Atom bombs work, don’t they?” They reason as follows: The equation E = mc2 was discovered as a byproduct of Einstein’s Special Theory of Relativity (True). Relativity, they conclude, is indispensable to our understanding of the way the world works. But that does not follow. Alternative derivations of the famous equation dispense with Relativity. One such was provided by Einstein himself in 1946. And it is simpler than the relativistic rigmarole. But few Einstein books or biographies mention the alternative. They admire complexity, and cling to it. Consider Clifford M. Will of Washington University, a leading proponent of Relativity today. “It is difficult to imagine life without Special Relativity,” he says in Was Einstein Right? “Just think of all the phenomena or features of our world in which Special Relativity plays a role. Atomic energy, both the explosive and the controlled kind. The famous equation E = mc2 tells how mass can be converted into extraordinary amounts of energy.” Note the misleading predicate, “plays a role.” He knows that the stronger claim, “is indispensable,” would be pounced on as inaccurate. Is there an alternative way of looking at all the facts that supposedly would be orphaned without Relativity? Is there a simpler way? A criterion of simplicity has frequently been used as a court of appeal in deciding between theories. If it is made complex enough, the Ptolemaic system can predict planetary positions correctly. But the Sun-centered system is much simpler, and ultimately we prefer it for that reason. Tom Van Flandern says the problem is that the Einstein experts who have grown accustomed to “Minkowski diagrams and real relativistic thinking” find the alternative of universal time and “Galilean space” actually more puzzling than their own mathematical ingenuities. Once relativists have been thoroughly trained, he says, it’s as difficult for them to rethink the subject in classical terms as it is for laymen to grasp time dilation and space contraction. For laymen, however, and for those physicists who have not specialized in Relativity, which is to say the vast majority of physicists, there’s no doubt that the Galilean way is far simpler than the Einsteinian. Special Relativity was first proposed as a way of sidestepping the great difficulty that arose in physics as a result of the Michelson-Morley experiment (1887). Clerk Maxwell had shown that light and radio waves share the same electromagnetic spectrum, differing only in wave length. Sea waves require water, sound waves air, so, it was argued, electromagnetic waves must have their own medium to travel in. It was called the ether. “There can be no doubt that the interplanetary and interstellar spaces are not empty,” Maxwell wrote, “but are occupied by a material substance or body, which is certainly the largest, and probably the most uniform body of which we have any knowledge.” As today’s dissidents see things, it was Maxwell’s assumption of uniformity that was misleading. The experiment of Michelson and Morley tried to detect this ether. Since the Earth in its orbital motion must plow through it, an “ether wind” should be detectable, just as a breeze can be felt outside the window of a moving car. Despite repeated attempts, however, no ethereal breeze could be felt. A pattern of interference fringes was supposed to shift when Michelson’s instrument was rotated. But there was no fringe shift. Einstein explained this result in radical fashion. There is no need of an ether, he said. And there was no fringe shift because the speed of an approaching light wave is unaffected by the observer’s motion. But if the speed of light always remains the same, time itself would have to slow down, and space contract to just the amount needed to ensure that the one divided by the other -- space divided by time -- always gave the same value: the unvarying speed of light. The formula that achieved this result was quite simple, and mathematically everything worked out nicely and agreed with observation. The skeptical, meanwhile, were placated with this formula: “I know it seems odd that time slows down and space contracts when things move, but don’t worry, a measurable effect only occurs at high velocities -- much higher than anything we find in everyday life. So for all practical purposes we can go on thinking in the same old way.” (Meanwhile, space and time have been subordinated to velocity. Get used to it.) Now we come to some modern experimental findings. Today we have very accurate clocks, accurate to a billionth of a second a day. The tiny differentials predicted by Einstein are now measurable. And the interesting thing is this: Experiments have shown that atomic clocks really do slow down when they move, and atomic particles really do live longer. Does this mean that time itself slows down? Or is there a simpler explanation? The dissident physicists I have mentioned disagree about various things, but they are beginning to unite behind this proposition: There really is an ether, in which electromagnetic waves travel, but it is not the all-encompassing, uniform ether proposed by Maxwell. Instead, it corresponds to the gravitational field that all celestial bodies carry about with them. Close to the surface (of sun, planet, or star) the field, or ether, is relatively more dense. As you move out into space it becomes more attenuated. Beckmann’s Einstein Plus Two introduces this hypothesis, I believe for the first time, and he told me it was first suggested to him in the 1950’s by one of his graduate students, Jiri Pokorny, at the Institute of Radio Engineering and Electronics in Prague. Pokorny later joined the department of physics at Prague’s Charles University, and today is retired. I believe that all the facts that seem to require special or General Relativity can be more simply explained by assuming an ether that corresponds to the local gravitational field. Michelson found no “ether wind,” or fringe shift, because of course the Earth’s gravitational field moves forward with the Earth. As for the bending of starlight near the Sun, the confirmation of General Relativity that made Einstein world-famous, it is easily explained given a non-uniform light medium. It is a well known law of physics that wave fronts do change direction when they enter a denser medium. According to Howard Hayden, refracted starlight can be derived this way “with a few lines of high school algebra.?” And derived exactly. The tensor calculus and Riemannian geometry of General Relativity gives only an approximation. Likewise the “Shapiro Time-Delay,” observed when radar beams pass close to the Sun and bounce back from Mercury. Some may prefer to try to understand all this in terms of the “curvature of Space-Time,” to use the Einstein formulation (unintelligible to laymen, I believe). But they should know that a far simpler alternative exists. The advance of the perihelion of Mercury’s orbit, another famous confirmation of General Relativity, is worth a closer look (the perihelion is the point in the orbit closest to a sun). Graduate theses may one day be written about this peculiar episode in the history of science. In his book, Subtle Is the Lord, Abraham Pais reports that when Einstein saw that his calculations agreed with Mercury’s orbit, “he had the feeling that something actually snapped in him ... This experience was, I believe, by far the strongest emotional experience in Einstein’s scientific life, perhaps in all his life. Nature had spoken to him.” Fact: The equation that accounted for Mercury’s orbit had been published 17 years earlier, before Relativity was invented. The author, Paul Gerber, used the assumption that gravity is not instantaneous, but propagates with the speed of light. After Einstein published his General Relativity derivation, arriving at the same equation, Gerber’s article was reprinted in *Annalen der Physik* (the journal that had published Einstein’s Relativity papers). The editors felt that Einstein should have acknowledged Gerber’s priority. Although Einstein said he had been in the dark, it was pointed out that Gerber’s formula had been published in Mach’s Science of Mechanics, a book that Einstein was known to have studied. So how did they both arrive at the same formula? Tom Van Flandern was convinced that Gerber’s assumption (gravity propagates with the speed of light) was wrong. So he studied the question. He points out that the formula in question is well known in celestial mechanics. Consequently, it could be used as a “target” for calculations that were intended to arrive at it. He saw that Gerber’s method “made no sense, in terms of the principles of celestial mechanics.” Einstein had also said (in a 1920 newspaper article) that Gerber’s derivation was “wrong through and through.” So how did Einstein get the same formula? Van Flandern went through his calculations, and found to his amazement that they had “three separate contributions to the perihelion; two of which add, and one of which cancels part of the other two; and you wind up with just the right multiplier.” So he asked a colleague at the University of Maryland, who as a young man had overlapped with Einstein at Princeton’s Institute for Advanced Study, how in his opinion Einstein had arrived at the correct multiplier. This man said it was his impression that, “knowing the answer,” Einstein had “jiggered the arguments until they came out with the right value.” If the General Relativity method is correct, it ought to apply everywhere, not just in the solar system. But Van Flandern points to a conflict outside it: binary stars with highly unequal masses. Their orbits behave in ways that the Einstein formula did not predict. “Physicists know about it and shrug their shoulders,” Van Flandern says. They say there must be “something peculiar about these stars, such as an oblateness, or tidal effects.” Another possibility is that Einstein saw to it that he got the result needed to “explain” Mercury’s orbit, but that it doesn’t apply elsewhere. The simplest way to understand all this “without going crazy,” Van Flandern says, is to discard Einsteinian Relativity and to assume that “there is a light-carrying medium.” When a clock moves through this medium “it takes longer for each electron in the atomic clock to complete its orbit.” Therefore, it makes fewer “ticks” in a given time than a stationary clock. Moving clocks slow down, in short, because they are “ploughing through this medium and working more slowly.” It’s not time that slows down. It’s the clocks. All the experiments that supposedly “confirm” Special Relativity do so because all have been conducted in laboratories on the Earth’s surface, where every single moving particle, or moving atomic clock, is in fact “ploughing through” the Earth’s gravitational field, and therefore slowing down. Both theories, Einsteinian and local field, would yield the same results. So far. Now let’s turn back to the Global Positioning System. At high altitude, where the GPS clocks orbit the Earth, it is known that the clocks run roughly 46,000 nanoseconds (one-billionth of a second) a day faster than at ground level, because the gravitational field is thinner 20,000 kilometers above the Earth. The orbiting clocks also pass through that field at a rate of three kilometers per second -- their orbital speed. For that reason, they tick 7,000 nanoseconds a day slower than stationary clocks. To offset these two effects, the GPS engineers reset the clock rates, slowing them down before launch by 39,000 nanoseconds a day. They then proceed to tick in orbit at the same rate as ground clocks, and the system "works." Ground observers can indeed pin-point their position to a high degree of precision. In (Einstein) theory, however, it was expected that because the orbiting clocks all move rapidly and with varying speeds relative to any ground observer (who may be anywhere on the Earth’s surface), and since in Einstein’s theory the relevant speed is always speed relative to the observer, it was expected that continuously varying relativistic corrections would have to be made to clock rates. This in turn would have introduced an unworkable complexity into the GPS. But these corrections were not made. Yet “the system manages to work, even though they use no relativistic corrections after launch,” Van Flandern said. “They have basically blown off Einstein.” The latest findings are not in agreement with relativistic expectations. To accommodate these findings, Einsteinians are proving adept at arguing that if you look at things from a different “reference frame,” everything still works out fine. But they have to do the equivalent of standing on their heads, and it’s not convincing. A simpler theory that accounts for all the facts will sooner or later supplant one that looks increasingly Rube Goldberg-like. I believe that is now beginning to happen. Dingle’s Question: University of London Professor Herbert Dingle showed why Special Relativity will always conflict with logic, no matter when we first learn it. According to the theory, if two observers are equipped with clocks, and one moves in relation to the other, the moving clock runs slower than the non-moving clock. But the Relativity principle itself (an integral part of the theory) makes the claim that if one thing is moving in a straight line in relation to another, either one is entitled to be regarded as moving. It follows that if there are two clocks, A and B, and one of them is moved, clock A runs slower than B, and clock B runs slower than A. Which is absurd. Dingle’s Question was this: Which clock runs slow? Physicists could not agree on an answer. As the debate raged on, a Canadian physicist wrote to Nature in July 1973: “Maybe the time has come for all of those who want to answer to get together and to come up with one official answer. Otherwise the plain man, when he hears of this matter, may exercise his right to remark that when the experts disagree they cannot all be right, but they can all be wrong.” The problem has not gone away. Alan Lightman of MIT offers an unsatisfactory solution in his Great Ideas in Physics (1992). “The fact that each observer sees the other clock ticking more slowly than his own clock does not lead to a contradiction. A contradiction could arise only if the two clocks could be put back together side by side at two different times.” But clocks in constant relative motion in a straight line “can be brought together only once, at the moment they pass.” So the theory is protected from its own internal logic by the impossibility of putting it to a test. Can such a theory be said to be scientific? Jonathan Freedland, When it comes to global warming, market rule poses a mortal danger, The Guardian. But we should be careful: climate change is too big a problem to be solved simply by virtuous individuals hopping on a bus instead of taking the car, or disconnecting the tumble dryer, valuable though those moves are. This is one responsibility that can’t be saddled solely on activists and consumers. This is a job for government. It should be obvious that climate change is not a discrete policy problem but an across-the-board threat to every aspect of our lives, if not our very survival. Confronted with a planetary emergency, it takes a special kind of bureaucratic myopia to allocate it to a single government ministry. …a useful speech by Margaret Beckett. She flew to Berlin to give it (thereby adding to a carbon dioxide cloud of nearly 1,000 tonnes in 2005-2006 alone, thanks to the 6.5m air miles racked up by travelling British cabinet ministers and their entourages), but we’ll put that particular inconvenient truth to one side. Significantly, this was a speech about climate change delivered not by an environment minister but by the foreign secretary. “This is not just an environmental problem,” she said. “It is a defence problem. It is a problem for those who deal with economics and development, conflict prevention, agriculture, finance, housing, transport, innovation, trade and health.” She’s right, with economics the obvious example. Next Monday, Sir Nicholas Stern will deliver his report on the economics of climate change, and I’m told his message will be stark. He believes that climate change represents the biggest market failure ever, bigger than the two world wars and the Depression put together. To combat it will cost a huge amount. But Stern will say that it is affordable, if only because a refusal to act will end up costing a whole lot more. Still, if global warming is inseparable from economics, it casts a similar shadow over foreign policy. John Ashton, who sits as the UK’s special representative for climate change within the Foreign Office, reckons that the fires that diplomats spend their lives putting out will only proliferate as the planet heats up. He cites Darfur, where a main cause of conflict has been a shift in rainfall, pitting nomadic herders against settled pastoralists. “And there will be more Darfurs,” he says, the more the climate changes. As Beckett put it yesterday: “Wars fought over limited resources - land, fresh water, fuel - are as old as history itself.” And climate change threatens to reduce the supply of each one of those resources in some of the most unstable places on Earth, with Africa and the Middle East first in line. More straightforward still, if we remain dependent on fossil fuels, then we remain dependent on the countries that produce them. That leaves us held to ransom by Russia for its gas, and the Gulf states for oil. Even if global warming did not matter, that would be a hard-headed, realpolitik reason to wean ourselves off fossil fuels. Still, more hearteningly, if climate change is a foreign policy problem, foreign policy can surely be part of the climate change solution. It’s a truism that carbon dioxide does not recognise borders, and that any effort to tackle it will have to be supranational. Ideally, that would mean global treaties, accepted by everyone, which would see the entire human race come together to deal with a threat that is choking the planet we all share. But that’s hardly likely, not when the world’s biggest polluter, the US, is still led by an administration barely emerging from official denial that there is a problem at all. That means interim action, starting with the EU. Heaven knows there are ample reasons to be sceptical about the EU, but when it comes to tackling climate change, we should fall to our knees and give thanks that such a body exists. It has more clout, over a larger area, than any single country could ever hope to wield. With its mighty €120bn budget, it can encourage the technological innovations, from alternative energies to more efficient gadgets, that might get us out of this mess. And it can regulate out of existence those that make our troubles worse. Why doesn’t the EU go further, constructing a low-carbon free trade area with China, a single market for low-carbon technology? Europeans might design, say, an ultra-efficient fridge; China could build it and, with the resulting economies of scale, they could end up selling them all over the world. All these ideas are fizzing away among those who have come to realise that no area of life is left untouched by this danger. Very smart people in government ministries across the globe are trying to think of the right blend of taxes, regulation, incentives and trading schemes that might stop the world emitting too much carbon. They acknowledge that most of the $17 trillion (£9 trillion) that will be spent in the energy sector between now and 2030 will be spent by private companies - and that, therefore, public servants are limited to prodding and pushing them, hoping they move in the right direction. But a heretical thought nags. Governments are limited in what they can do because they no longer control the key economic levers: if they did, they could act swiftly. Instead, they are left hoping that market mechanisms will work their magic and that the polluters’ behaviour will change. But that can take time and time is the one commodity we don’t have. As John Ashton says: “We don’t set the deadlines, nature sets the deadlines.” It’s true that we cannot go back to the days of state ownership and the command economy. (True, too, that state-run industries polluted as badly as private ones, and were often achingly slow to change). Yet if ever there was a time when the sovereignty of the market posed a mortal danger, it is surely now. Miguel Sebastián, coordinador del programa económico del PSOE y candidato a la alcaldía de Madrid, entrevista en El País. Nuestro objetivo es triplicar la productividad... Aceptamos el déficit cero, pero a lo largo del ciclo. No asumimos el dogma del déficit cero año a año. No lo compartimos ideológicamente, pero es que además en términos económicos es un disparate. La diferencia es que mientras para el PP el déficit cero es un fin, para nosotros es una restricción razonable. Nuestro objetivo es aumentar el crecimiento y el bienestar social. P. ¿Y cómo van a adivinar lo que dura un ciclo? R. No es cuestión de intuiciones, sino de modular año a año. Sí se puede hacer una previsión económica bastante acertada para ajustar la política presupuestaria. El superávit de los años buenos te permite compensar el déficit de los malos. Como ya no tenemos política monetaria y cambiaria para buscar esas compensaciones, tenemos que utilizar la política presupuestaria. Con un déficit cero obligatorio cada año lo que se logra es agravar el ciclo, porque en los años buenos, te empuja a gastar más y en los periodos de recesión, cumplir el déficit exige cortar gastos o subir impuestos. Lo bueno del déficit cero a lo largo del ciclo es no acumular deuda en términos nominales. Así, la deuda que está ahora en torno al 50% del PIB la reduciremos en 30 años al 10%. Como entonces tendremos el máximo problema de coste social asociado al envejecimiento demográfico, dispondremos de un enorme colchón para afrontar el aumento de gastos en sanidad y pensiones. Y eso es justicia intergeneracional. No sería el objetivo, pero la agencia pública de alquiler podría incluso ganar dinero. Tom Bethell, Don’t Fear the Designer, National Review Online. If we discount trivial examples like bacterial resistance or "change over time" or small changes in beak size among the finches of the Galapagos Islands, we don't know very much about evolution at all. We don't see it happening around us, or in the rocks. The creatures that evolution purports to explain are fantastically complex. The cell, thought at the time of Darwin to be a "simple little lump of protoplasm," is as complicated as a high-tech factory. We have no actual evidence that it evolved — and yet we are asked, indeed obliged, to believe that it did. In the human body, there are 300 trillion cells, and each "knows" what part it must play in the growing organism. To this day, embryologists have no idea how this happens — even though they have been trying to figure it out for 150 years. That phrase — "it was selected for" — is regarded as a sufficient explanation for . . . everything. The same mundane phrase is given as the explanation for everything under the sun. How did the bats get sonar? "It arose by an accidental mutation of the genes and was selected for. Next question?" How did the eye develop? "Piecemeal. There was a random mutation and it conferred an advantage so it was selected for. Then the same thing happened over and over again. Next question?" How did the camel get its hump? "Random mutations conferred some advantage and so they were selected for. Next question?" To believe that the feeble tautology of natural selection — laissez-faire political economy from the 1830s imported into biology — constitutes a sufficient explanation of the marvels of nature is to display a credulity that makes our fundamentalists seem sagacious by comparison. Darwin's theory of evolution by natural selection is not falsifiable... Darwin's claim to fame was his discovery of a mechanism of evolution; he accepted "survival of the fittest" as a good summary of his natural-selection theory. But which ones are the fittest? The ones that survive. There is no criterion of fitness that is independent of survival. Whatever happens, it is the "fittest" that survive — by definition. This, just like intelligent design, is not a testable hypothesis. As the eminent philosopher of science Karl Popper said, after discussing this problem that natural selection cannot escape: "There is hardly any possibility of testing a theory as feeble as this." Popper was the first to propose falsification as the line of demarcation between theories that are scientific and those that are not; both intelligent design and natural selection fall by this standard. The underlying problem, rarely discussed, is that the conclusions of evolutionism are based not on science, but on a philosophy: the philosophy of materialism, or naturalism. Living creatures, including human beings, are here on Earth, and we got here somehow. If atoms and molecules in motion are all that exist, then their random interactions must account for everything that exists, including us. That is the true underpinning of Darwinism. What needs to be examined in detail is not so much the religion behind intelligent design as the philosophy behind evolution. But that is a sermon for another day. Enrique Costas Lombardía, España, Suiza y los trasplantes, carta al director de El País. España es la primera en trasplantes porque emplea un medio no ético, el dinero, que el fin no puede justificar y las restantes naciones civilizadas rechazan. José-Luis Portero Navío, La banalización de la pobreza, carta al director de El País. La pobreza existe no porque no funcione en plenitud el liberalismo económico, sino porque ése es el modo en que funciona. Lo demás es silencio. Raúl Mayoral Benito, abogado, Europa: religión y libertad, La Gaceta de los Negocios. La libertad religiosa es uno de los tres derechos fundamentales, junto con el derecho a la vida y a la libertad de expresión, considerados como pilares para la paz. Así lo ha proclamado el pasado septiembre ante la Asamblea General de la ONU, el arzobispo Giovanni Lajolo, representante de el Vaticano en dicho organismo. ...se suceden casos aislados de limitación de este derecho. Días atrás, la compañía aérea British Airways suspendía a una empleada por su negativa a quitarse un crucifijo. Más cercano a nosotros, en un colegio público de Valladolid algunos padres de alumnos pedían la retirada de los crucifijos en las aulas. Con todo, lo grave no son las posibles agresiones a la libertad de creencias, sino la falta de reacción cívica ante aquéllas, incluso por parte de los propios agredidos. Los europeos no podemos asistir de nuevo a la estrepitosa quiebra de la conciencia de toda una sociedad. La suerte de las creencias no puede estar en manos de los gobernantes, porque lo que empieza como secularización termina desembocando en totalitarismo. Europa no se libró de Hitler ni de Stalin y sus herederos, para caer al final en manos de una vana y materialista fraternidad de estados en la que triunfe una falsa tolerancia con tendencia a juzgar el hecho religioso como una manifestación de necesidades íntimas del hombre, admitiéndose el valor relativo de todas las religiones. ...en nombre de la democracia, se cometen de forma más sutil anulaciones de la libertad religiosa, pretendiendo arrancar de la vida de la sociedad y del individuo la raíz de la religión y de todo lo sobrenatural. El resultado es una concepción de la ley por encima de la justicia y los derechos del hombre que convierte a aquella en la norma única y suprema de la conducta ciudadana. La veterana Europa, corazón y cerebro de la historia, debiera ser en el mundo un factor indispensable para el equilibrio de las relaciones internacionales y la prosperidad y el bienestar del género humano. Europa debiera abrigar una concepción democrática serena, sin relativismo jacobino ni laicismo decimonónico, capaz de unir los dogmas de la libertad individual con las exigencias de la economía moderna y las concepciones sociales de nuestro tiempo. Sin embargo, la Europa de hoy se siente morir y busca ansiosamente la solución que le salve del caos en que se hunde más cada día y cree encontrarla en la fracasada fórmula del relativismo democrático. Detener el actual proceso de descomposición europea exige fijar la condición de la persona humana esclareciendo cuáles son sus derechos y determinar correlativamente los deberes de una acción común en una sociedad que garantice la realización de los fines éticos y materiales del hombre. El problema prioritario de Europa es redefinir un sistema de valores para delimitar nítidamente los milenarios conceptos del Bien y el Mal. Hoy, en el revuelto y desorientado vivir europeo resulta indispensable un mínimo soporte moral. Las desventuras de Europa son hijas, en último término, de dolencias morales. Y ese rearme moral debe reencontrarlo Europa en la robusta y sólida fe cristiana, la única que puede encauzar al mundo y a los hombres a una paz sin matanzas y sin rencores. El hilo central de lo europeo es precisamente lo cristiano. Sin en el cristianismo no puede haber una Europa. Lo único que une, que enlaza y que perpetúa lo que llamamos en su esencia lo europeo es la tradición cristiana. Y de eso, precisamente, muy pocos hablan y los que se atreven son tildados de intolerantes y fanáticos. Religión y libertad era el lema vivo y luminoso a lo largo de toda la obra de un europeo universal como Chateaubriand. Decía el escritor francés que se volvería a la incredulidad sólo con que se le demostrase que el cristianismo es incompatible con la libertad. Es, pues, el cristianismo el pensamiento del porvenir y de la libertad humana es una religión de libertad, es la mía, afirmaba Chateaubriand. Ignacio Sánchez Cámara, El cristiano y la tribu, La Gaceta de los Negocios. Un cristiano no puede olvidar los horrores que los nacionalismos han infligido a la humanidad, y no sólo en el siglo pasado. En ese sentido, es correcto afirmar que la unidad de España constituye un bien moral, porque de ella dependen no sólo la supervivencia histórica de una gran nación, que se ha distinguido por la defensa y difusión del cristianismo, sino también la libertad, el bienestar y los derechos constitucionales de los que disfrutamos los españoles. Gregorio Peces-Barba Martínez, catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universidad Carlos III de Madrid, Perfil del ciudadano, El País. Recientemente en una emisora de radio me pidieron que formulase una síntesis del concepto de ciudadano. Les dije lo siguiente: "El ciudadano es la persona que vive en una sociedad abierta y democrática. En las sociedades cerradas y autoritarias viven súbditos. Acepta los valores, los principios, la dignidad de todos y los derechos humanos, y participa de la vida política y social. Rechaza el odio y la dialéctica amigo-enemigo y se relaciona con los demás desde la amistad cívica. Distingue la ética privada de la pública, que es la propia de la acción política y que fija los objetivos del poder y de su Derecho y la libre acción social. Puede ser creyente o no creyente y defiende la Iglesia libre, separada del Estado libre. Es respetuoso con la ley, tolerante, libre de discrepar desde las reglas de juego de la Constitución y desde la aceptación del principio de las mayorías. La condición de ciudadano se fortalece con la educación y es una responsabilidad central del Estado y de la sociedad". Los valores de libertad e igualdad, o de libertad igualitaria, facilitaron la acción del individuo en la sociedad y en el Estado y el resultado fue el ciudadano, legitimado en la generalización del sufragio y en el consentimiento de todos, exigencia del contrato social. Superados los planteamientos del socialismo leninista y asentado el socialismo reformista, el concepto de ciudadano se fortaleció con la dimensión social, que impulsó su solidaridad y su participación en la satisfacción de las necesidades básicas de los menos favorecidos, que no pueden hacerlo por sí mismos. Por otra parte, la enorme injusticia en el disfrute de los bienes y de los recursos, con el empobrecimiento progresivo del tercer y del cuarto mundo… La llamada globalización no puede tener sólo dimensiones económicas, comerciales, técnicas y de comunicación. Debe tener también dimensiones humanas, sociales y políticas. Por eso prefiero el término universalización que carece de las connotaciones economicistas, egoístas y reduccionistas de la globalización. El horizonte último conduce al ciudadano del mundo, hoy una utopía, pero que puede ser una verdad prematura, como decía Lamartine. Iñaki Rodríguez. No pedimos nada. Exigimos lo que es nuestro. No queremos que hagan más viviendas de protección oficial (VPO). No queremos parches de ese tipo que terminan sucumbiendo también a las leyes del mercado. Lo que queremos son cambios estructurales que acaben con la mercantilización de derechos fundamentales. Que la Administración intervenga y no deje esto en manos y bajo las reglas del mercado. La realidad es que estamos condenados a sueldos míseros pese a estar altamente cualificados y que eso, junto a la especulación inmobiliaria que encarece el precio de las viviendas año a año, nos impide tener un proyecto de vida. Estado de alerta, editorial de El País. La avalancha de casos de corrupción urbanística empieza a provocar una indisimulada alarma social entre los españoles. No se acabará con esta repugnante amenaza contra el sistema democrático mientras no se enfoque como un problema de Estado con todas las consecuencias. Las recetas contra la corrupción se conocen. Hay que evitar, mediante fórmulas conocidas de gestión municipal, la multiplicación de intermediarios parásitos que encarecen sucesivamente el precio del suelo; hay que recuperar la figura de los interventores municipales, adscribiéndolos a instancias independientes de los propios ayuntamientos; hay que imponer mecanismos inmediatos de control y de veto sobre los planes urbanísticos; hay que aplicar las reformas legales necesarias para controlar la financiación de los partidos y de los ayuntamientos; y hay que exigir la restitución del dinero obtenido mediante el soborno y la compra de voluntades. En este estado de alerta urbanística, el Gobierno debería encargarse de organizar con urgencia éstas y otras medidas para defender a los ciudadanos de este latrocinio organizado. Joaquín Estefanía, Lo desigual asesina la globalización, El País. Uno de los mayores consensos entre los estudiosos de la globalización -que no es unánime- es el crecimiento de las desigualdades. Uno de los más ilustres antecesores de Milanovic en el Banco Mundial, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, también tiene libro nuevo y libro mayor (Cómo hacer que funcione la globalización. Editorial Taurus). Tercera parte de El malestar en la globalización o Los felices noventa, Stiglitz se dedica al noble arte de la paradoja: salvar a la globalización de sus defensores más torpes o cegatos. Stiglitz analiza los efectos nocivos de la desigualdad y las tesis de quienes entienden que la misma es sólo un problema político y no económico (los que llama "fundamentalistas del mercado"). Aunque la defensa de ese fundamentalismo se ha quedado sin base intelectual, algunos columnistas (economistas) aún invocan en ocasiones la "ciencia económica" en defensa de una postura que, una vez tras otra, choca con la realidad. Las investigaciones en economía de la información han demostrado que si la información es imperfecta, sobre todo cuando existen asimetrías en la misma -donde hay individuos que saben algo que otros no saben (es decir, siempre)- la razón de que la mano invisible parezca invisible es que no existe. Sin regulación e intervenciones estatales apropiadas, los mercados no conducen a la eficiencia económica, sino a la desigualdad. Aunque las investigaciones económicas (no sólo las políticas) minen sus fundamentos, los economistas más conservadores siguen atribuyendo menos importancia a la reducción de la desigualdad porque entienden que las acciones que el Estado puede emprender para conseguirla son demasiado costosas cuando no directamente contraproducentes. Pascal Lamy, director general de la OMC, entrevista en El País. P: Algunos líderes nada sospechosos, como el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben S. Bernanke, o más decididamente el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, reconocen que la globalización también ocasiona daños colaterales. R: Es cierto, Stiglitz de una manera más académica y Bernanke en el simposio económico de Jackson Hole, en el fondo lo que dicen, y en lo que yo estoy de acuerdo, es que no hay garantía de que la globalización aporte automáticamente beneficios correctamente a todos. Los grandes autores de las teorías económicas dicen que el comercio internacional es como la tecnología; se modifican las ventajas comparativas y entonces se crean ganadores y perdedores. Y eso precisa políticas públicas. Karl Marx fue también librecambista. Pensaba que la apertura de los mercados y el aumento de intercambios era una condición necesaria para el desarrollo económico. Enrique Barón Crespo, eurodiputado y presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, y Carlos Brú Purón, ex eurodiputado por el Partido Socialista, Nuestro ’sí’ a la Constitución europea, El País. Tras haber leído y debatido el artículo de José Vidal Beneyto (Un ‘no’ con vocación de ’sí’, El País, 16 de septiembre), hemos preferido contestar conjuntamente a nuestro viejo compañero de fatigas y conspiraciones. Llevamos casi medio siglo de encuentros y desencuentros en nuestra perseverante, más que obstinada, lucha por la libertad y la democracia primero en España y luego en Europa, como tres “socialistas a fuer de liberales” que somos, por retomar la gran definición de Indalecio Prieto. ...se trata de un compromiso común firmado y en vías de ratificación con unos gananciales importantes (democracia, modelo social, además del mercado único y el euro) por lo que no es aceptable el derecho de veto. Su vigencia posibilitaría pasar del chalaneo a la hora de establecer las perspectivas financieras a un sistema de ingresos más democrático, una regulación de la libertad de servicios que tuviera más en cuenta los servicios públicos... Una Unión Europea que precisamente trata de incluir entre sus objetivos el desarrollo sostenible con preservación del medio ambiente, la economía social de mercado competitiva, la igualdad de género, la cohesión económica, social y territorial y, de cara al mundo, la adhesión a la ONU, al multilateralismo, al comercio libre y justo, la paz y la seguridad en el planeta. Forges, viñeta en El País. -¿Pobreza cero? ¿Están locos? ¿De qué íbamos a forrarnos nosotros? Roger Penrose, físico. La conciencia sólo podrá entenderse -y potencialmente ser replicada por una máquina- cuando tengamos una nueva teoría física que vaya más allá de la mecánica cuántica. Artistas españoles defienden ante la UE el canon por copia privada. Paloma San Basilio: "El artista pierde el control sobre su obra. Es una expropiación de sus derechos naturales". Los creadores alegan que no están dispuestos a renunciar a estos ingresos porque se trata de un derecho de propiedad intelectual. "Sería como si un trabajador renunciara a su derecho a tener vacaciones pagadas", ilustra el director de Relaciones Institucionales y Corporativas de la SGAE, Pedro Farré. Sebastián Iribarren Diarasarri, especialista en Medicina Intensiva y experto en Bioética Clínica, ¿Cuándo podremos elegir libremente?, El País. Difícilmente se puede cuestionar que causar la muerte de una persona es un acto éticamente reprobable. Siempre supone un daño. Carlos Fuentes, escritor mexicano, México poselectoral, El País. ...no es otro el mensaje de Bill Clinton, cuando, en el centro mismo de la Iniciativa Global que lleva su nombre, sostiene que la pobreza extrema puede ser eliminada mundialmente en un par de décadas. Bastaría una contribución del 0,5% del producto interno bruto de los países ricos en un mundo donde sólo el 20% de la población mundial recibe el 80% del ingreso mundial y tres mil millones de seres humanos -la mitad de la población de la tierra- vive en grados diversos de pobreza. La asignatura pendiente, editorial de El País. Resulta urgente definir una estrategia energética europea, que tenga en cuenta factores como la necesidad de medidas de ahorro y eficiencia para recortar el consumo de energía sin dañar el bienestar social. O el desarrollo y la implantación de las energías renovables, que deben suponer una parte cada vez mayor en el menú energético, pero que no están recibiendo el apoyo que merecerían. El abogado José Antonio Sanz Grasa, que ejerce la acusación particular en el caso del 11-M, ha presentado un escrito en el que solicita al tribunal que devuelva las actuaciones al juzgado para tomar declaración en calidad de imputados al ex presidente del Gobierno José María Aznar, al ex ministro de Defensa Federico Trillo y al ex ministro del Interior Ángel Acebes por considerar que pudieron incurrir en un delito de imprudencia temeraria con resultado de 192 muertos. El escrito señala que el Gobierno de Aznar pudo cometer una "falta in vigilando", es decir, que tenía la obligación de prevenir el ataque terrorista islamista contra los trenes de la muerte y que no adoptó las medidas oportunas para ello; el documento precisa que del contenido del sumario y de las "informaciones aparecidas en los distintos medios de comunicación sobre la falta de previsión del Gobierno de la nación en el momento en que ocurrieron los tristes sucesos de aquel fatídico 11 de marzo de 2004, sobre las medidas de seguridad a adoptar por parte de los miembros adscritos a la Seguridad del Estado contra un posible ataque de los extremistas islámicos, máxime después de haber intervenido activamente en la invasión de un país, esta representación entiende que dicha falta in vigilando es constitutiva, cuando menos, de un delito de imprudencia temeraria con resultado de 192 muertos". Ignacio Sánchez-Cuenca, Respuesta a Cosidó, carta al director de El País. ...el medio ultraderechista Libertad Digital. José Villaverde Castro, Competitividad y bienestar, La Gaceta de los Negocios. ...en los diferentes rankings internacionales que se elaboran sobre la materia, sucede que, de forma sistemática, los países nórdicos se sitúan en las primeras posiciones. Sucede, también, que estos países son los que suelen contar con una mayor presencia del sector público en los asuntos económicos y los que cuentan con un mejor y más desarrollado Estado del Bienestar. Acostumbrados a escuchar que para ganar competitividad es necesario reducir el tamaño del mencionado Estado del Bienestar y la participación de los gobiernos en la economía, parece que todos los países nórdicos constituyen un contraejemplo que, cuando menos, deberíamos tomar en consideración. Protección social y competitividad no son en absoluto incompatibles, tal y como quieren hacer creer en determinados ámbitos. Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer, ex director general de la Agencia Tributaria (1998-2001), presidente del Consejo Asesor de PAP-Tecnos y de EDG-Escuela de Negocios y ex presidente de la SEPI, Asignación tributaria, modernidad y democracia, Cinco Días. Hace unos días el Gobierno, a través de su vicepresidenta primera, anunció la consecución de un acuerdo con la jerarquía de la Conferencia Episcopal para modificar el sistema de financiación de la Iglesia católica española a través del sistema de asignación tributaria. En el plano social o sociopolítico es importante por ser la católica la Iglesia que, con mucha diferencia, tiene más seguidores en España. Por ello, cualquier acuerdo entre su jerarquía y el Gobierno es indudablemente positivo. Pues bien, en la actualidad, dados los medios tecnológicos de la Agencia Tributaria y la eficacia mostrada en su uso, es frustrante que la reforma no vaya más lejos. No se trata tanto de pretender que satisfechas las necesidades básicas del Estado -defensa, justicia y seguridad, según la visión reduccionista de Adam Smith- cada contribuyente decida el destino de sus impuestos. Sin duda hay muchas más necesidades colectivas que deben financiarse por la vía impositiva. Jeffrey D. Sachs, director of the Earth Institute at Columbia University, The Social Welfare State, beyond Ideology, Scientific American. One of the great challenges of sustainable development is to combine society's desires for economic prosperity and social security. For decades economists and politicians have debated how to reconcile the undoubted power of markets with the reassuring protections of social insurance. …there is by now a rich empirical record to judge these issues scientifically. The evidence may be found by comparing a group of relatively free-market economies that have low to moderate rates of taxation and social outlays with a group of social-welfare states that have high rates of taxation and social outlays. Not coincidentally, the low-tax, high-income countries are mostly English-speaking ones that share a direct historical lineage with 19th-century Britain and its theories of economic laissez-faire. These countries include Australia, Canada, Ireland, New Zealand, the U.K. and the U.S. The high-tax, high-income states are the Nordic social democracies, notably Denmark, Finland, Norway and Sweden, which have been governed by left-of-center social democratic parties for much or all of the post–World War II era. They combine a healthy respect for market forces with a strong commitment to antipoverty programs. Budgetary outlays for social purposes average around 27 percent of gross domestic product (GDP) in the Nordic countries and just 17 percent of GDP in the English-speaking countries. On average, the Nordic countries outperform the Anglo-Saxon ones on most measures of economic performance. Poverty rates are much lower there, and national income per working-age population is on average higher. Unemployment rates are roughly the same in both groups, just slightly higher in the Nordic countries. The budget situation is stronger in the Nordic group, with larger surpluses as a share of GDP. The Nordic countries maintain their dynamism despite high taxation in several ways. Most important, they spend lavishly on research and development and higher education. All of them, but especially Sweden and Finland, have taken to the sweeping revolution in information and communications technology and leveraged it to gain global competitiveness. Sweden now spends nearly 4 percent of GDP on R&D, the highest ratio in the world today. On average, the Nordic nations spend 3 percent of GDP on R&D, compared with around 2 percent in the English-speaking nations. The Nordic states have also worked to keep social expenditures compatible with an open, competitive, market-based economic system. Von Hayek was wrong. In strong and vibrant democracies, a generous social-welfare state is not a road to serfdom but rather to fairness, economic equality and international competitiveness. Joan Herrera i Torres, portavoz del grupo IU-ICV en el Congreso de los Diputados, Inmigración, más pedagogía, menos alarmismo, El País. ...no basta con un proceso extraordinario de regularización. La política debe ir por otro lado: incrementar significativamente los medios de la inspección de trabajo para detectar la explotación de trabajadores extranjeros y evitar el efecto llamada que supone que es posible trabajar en España sin papeles. Además, hay que crear un marco estable de regularización que no se sustente exclusivamente sobre criterios laborables, sino de arraigo. La mejor política migratoria es aquella que define un Estado de bienestar potente, que permite hacer políticas educativas, sanitarias o de vivienda para los sectores más vulnerables de la sociedad, entre los que está la nueva inmigración; una política que les devuelve, como mínimo, parte de lo que están aportando, que sume a las obligaciones la igualdad de oportunidades. Cristina de la Cruz y Peru Sasia Santos, aula de Técnica Ética, Universidad de Deusto, Con mi dinero no, El Correo Digital. Las decisiones propias de la actividad crediticia e inversora (a quién prestar y a quién no, en qué empresas, sectores y áreas geográficas invertir, qué destinos elegir en la obra social) suponen un momento de elección que en ningún caso puede ser relegado únicamente a la esfera de los intereses particulares y privados de cada cual. No puede ser relegado a su condición de ‘valor propio’ desde el momento en el que esas decisiones afectan de manera concreta a la vida real de las personas, a su bienestar y desarrollo. El dinero instrumentaliza el bienestar. Es un medio convertido en condición de posibilidad, no único pero sí decisivo, de los fines de la vida de una persona, y cuando esos fines apuntan a necesidades básicas o garantía de derechos fundamentales como el acceso a la vivienda, la integración en una nueva comunidad o la posibilidad de tener un empleo, no puede depender solo de criterios particulares lo que con él se haga. El bien intrínseco de la intermediación financiera no puede, por tanto, estar únicamente definido por objetivos centrados en el interés del círculo ‘cliente-accionista-entidad’. Por ello, conviene pensar en qué, cómo y para qué se está utilizando nuestro dinero a cambio de obtener por él una mayor rentabilidad. Desde nuestra condición de ciudadanos, no podemos dejar de preguntarnos si queremos tener alguna responsabilidad respecto a lo que estas entidades hacen con nuestro dinero o, en el caso de los accionistas, con nuestro ‘permiso’. Es bien cierto que, sin entrar en esas aventuras que prometen jugosos beneficios con curiosos productos y que suelen acabar en escándalos, nuestras opciones financieras habituales no sólo son legales, sino que están socialmente normalizadas. En lo que a finanzas respecta, casi todos hacemos parecidas cosas. Pero… ¿son justas esas opciones? ¿Sé lo que hace mi banco o caja con mi dinero? ¿Debo conocer en qué y dónde está invirtiendo, o en qué y cómo está revirtiendo la obra social? ¿Quiero (y puedo) saber además si realmente están cumpliendo con su objetivo de construir sociedades más justas? ¿Estoy dispuesto, en definitiva, a cerrar los ojos con tal de que se maximice el interés por mi depósito, el dividendo anual, el valor de mis acciones? A fin de cuentas, el dinero es mío. Si decido invertirlo y esto me genera unos beneficios, ¿qué daño estoy causando con ello? En realidad, nadie puede juzgarme por cómo decida utilizar mi dinero, ¿o sí? Es cierto que, ante la evidencia de flagrantes injusticias, a menudo estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad cívica de una manera convencida. Pero aun así, es difícil ponerse de acuerdo en la aportación de cada uno para cumplir con ese ‘deber’. Las dudas empañan el proceso de asunción de nuestra responsabilidad hacia los demás, tanto desde la percepción de la esterilidad de la acción individual, como desde el escepticismo ante la falta de alternativas: ¿Se nos puede atribuir alguna responsabilidad por aquellas circunstancias y hechos que, como consecuencia del proceso propio de la intermediación financiera, afectan muy negativamente en la vida de algunas personas? ¿Acaso soy yo responsable de la pobreza? ¿Aunque quiera, además, puedo hacer algo? Hay distintos niveles posibles para responder afirmativamente a esta última pregunta. En un primer nivel, deberíamos saber como ‘consumidores’ que nuestras decisiones en el ámbito de la intermediación financiera no son decisiones inocentes. Que aquello que nosotros decidimos hacer con nuestro dinero tiene alcance y calado más allá de los beneficios particulares que nos pueda suponer. Plantearse la cuestión de qué se hace con nuestro dinero, en qué se invierte, cuál es el impacto que tiene, es ya hacer algo. Supone, al menos, pensar que nuestras decisiones en la esfera financiera tienen un alcance social, público. Y, por esto mismo precisamente, puede depender de nosotros, de nuestra responsabilidad asumida y convencida, plantear hacer las cosas ‘de otro modo’. Podemos empezar diciendo, por ejemplo ‘con mi dinero, no’. Podemos decir ‘no’ no sólo a aquello a lo que apuntan esas pantallas negativas que cubren los criterios de decisión de algunas iniciativas financieras a las que se les asigna la etiqueta de ‘éticas’ o ’solidarias’, sino ‘no’ a todo aquello que no suponga un impacto social positivo en términos de superación de la desigualdad, ‘no’ a todo lo que no genere condiciones de justicia para las personas, ‘no’ a esa red de intercambio que sólo se centra en la rentabilidad y da la espalda a la ‘projimidad’. Pero, junto a esa ‘necesidad de saber’, hay niveles más profundos de respuesta a la pregunta sobre si podemos hacer algo. Existen hoy en día alternativas financieras reales y elegibles que están ya presentes en la esfera de lo económico y que invitan a pensar que la desigualdad económica es un problema que también se puede resolver desde el ámbito de la intermediación financiera. Son alternativas que pretenden compatibilizar el mecanismo del mercado con las exigencias de justicia. Alternativas que se asientan sobre tres pilares: poner el crédito al servicio de la regeneración de nuestras sociedades injustas, dar poder y capacidad de decisión a los ciudadanos y apoyarse en las redes de solidaridad que, en otros ámbitos de la esfera de lo económico, están ya en marcha, como el comercio justo, la economía solidaria, la inserción social de colectivos excluidos o la cooperación al desarrollo del Sur empobrecido. Alternativas que podemos escoger y que ofrecen buena parte de los productos y servicios financieros que normalmente demandamos los ciudadanos, pero que lo hacen de una forma diferente, ‘compartiendo tu interés’ al servicio de una sociedad más justa. Estas iniciativas financieras alternativas no son únicamente alternativas solidarias. La solidaridad, en este caso, es una condición al servicio de la justicia. Estas iniciativas son propuestas para el ámbito de la intermediación financiera inclusivas y responsables, con toda la carga que dicho juicio de valor implica (a saber, que el actual sistema financiero no lo es: no es ni justo ni inclusivo, y no siempre es responsable, al menos desde un posicionamiento ético que apela a la justicia distributiva y a la responsabilidad). Son alternativas que confieren un valor preeminente a la dimensión cívica en la esfera de la intermediación financiera: una ciudadanía a la que, como venimos diciendo, no le da lo mismo lo que se haga con su dinero, dónde se invierta y para qué, sino que decide hacerse cargo de las consecuencias que se derivan de la intermediación financiera (de la que es cómplice o, al menos, colaborador necesario) e interviene para canalizar esas consecuencias a favor de medidas que permitan superar las desigualdades que genera. Quienes proveemos el dinero necesario para que las entidades financieras desarrollen su actividad tenemos derecho a conocer e influir en el modo en el que esa actividad se lleva a cabo. En el lenguaje de las entidades financieras, ‘pasivo’ es el ahorro, condición que no ha de trasladarse necesariamente a los sujetos ahorradores. ¿No va siendo ya hora de decir: ‘con mi dinero, no’? Entrevista de Xavier Sala i Martín a Artur Mas, La Vanguardia. P: ¿por qué los contribuyentes tienen que subsidiar a las familias para que éstas tengan más hijos? R: Por dos razones muy sencillas. Primero, porque un país puede pasar de dos a siete millones de habitantes, pero no se puede pasar de seis a uno. P: ¿Por qué? R: Hombre, porque pierde vitalidad por todas partes.Y pasa otra cosa, que es la segunda razón de interés general. Si para que funcione la economía y el Estado de bienestar se tiene que importar gente de fuera, como está pasando, uno puede acabar teniendo problemas de convivencia, de cohesión social y de reforzamiento de la personalidad del país. En este caso, en lugar de atraer gente de fuera, es mejor que la gente de aquí tenga más hijos. Luis de Sebastián, profesor honorario de Evade, Premios Nobel, carta al director de El País. No estoy de acuerdo con la concesión del Premio Nobel de la Paz a Mohamed Yunus. Tenían que haberle dado el Premio Nobel de Economía. Porque, ¿qué ha hecho el profesor Edmund Phelps, el premiado este año, para mejorar la suerte de la humanidad? Una cosa es ser profesor de economía, y pasar abstrusas -y en general inútiles- teorías de generación en generación, y otra muy diferente es la aplicación de conceptos e instituciones económicas para aliviar el sufrimiento de millones de personas pobres. La economía no es lógica formal, ni matemática, ni menos teología; es una ciencia social cuyo fin último es mejorar la suerte de los mortales, encontrando y dando a conocer los medios más eficaces y eficientes para usar bien los recursos naturales y el dinero. Lo que ha hecho Mohamed Yunus, desde que dejó de ser profesor y enseñar teorías, corresponde mejor a lo que es la economía que lo que han hecho Phelps y toda la serie de teóricos que lo precedieron en el Premio de Economía. Marina Bocigas Sanz, Un halo de esperanza, carta al director de El País. Los cambios sociales en nuestros días han provocado un dramático panorama de soledad en nuestros ancianos. Muchas de estas personas no pueden acceder a una plaza en una residencia pública debido, en gran medida, a las enormes listas de espera existentes por la ausencia de residencias para cubrir esta demanda y por la pesada maquinaria burocrática a la que las familias deben enfrentarse. Además, la carestía actual de las residencias privadas amparadas en la economía de mercado las convierten en un artículo de lujo, demasiado precio para |