Inteligencia y Libertad

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Francisco Capella

 

ERRORES

Aprende a pensar

Errores

Noviembre 2006

 

 


Mikimoss.

Como he explicado, nadie vende un órgano propio de manera voluntaria, sino por acuciante necesidad. Voluntariamente sólo hacemos lo que nuestra inteligencia dictamina como bueno o correcto en relación a cumplir cierto proyecto vital, y el desprendimiento de un órgano sano no es una decisión de este tipo, sino un "mal menor" que en determinada circunstancia puede ser la única salida. Sin ánimo de ser pedante, pero ya dijo Sartre que estamos obligados a elegir. La cuestión es ¿qué? y ¿bajo qué presiones?

Como sociedad que se da las normas de manera democrática, lo que debemos decidir es si impulsamos medidas que fomenten la autonomía de las personas -(aún a costa de reducir el abanico de opciones escogibles) para que no tengan que plantearse desprenderse de un riñón por necesidad o fomentamos lo contrario liberalizando ese mercado y dando así carta de naturaleza a la obtención de salud de las castas más poderosas a expensas del empeoramiento de la calidad de vida de las más desfavorecidas.

No creo que sea Vd. tan ingenuo como para ver coacción únicamente en la violencia física directa de un sujeto hacia otro. El pobre no es libre para negarse voluntariamente a vender sus órganos. Se puede negar, sí, pero porque se rinda a un mal mayor. Puede escoger, sí, pero sólo una opción mala (quizás el hambre de su familia). Eso no es libertad.


Lawrence H. Summers, university professor of economics at Harvard, The Great Liberator, The New York Times.

I believe that some of the great challenges we face today, like rising inequality and global climate change, require that the free market be tempered instead of venerated.


De Kioto a Nairobi, Editorial de El País.

La cumbre del clima celebrada en Nairobi se ha visto marcada por tres elementos clave. Uno es el reconocimiento ya casi general de la enorme gravedad del calentamiento global acelerado del planeta. Otro es la envergadura del precio del riesgo que conlleva, tal como ha sido cuantificado en el reciente informe Stern, muy superior al de las medidas imprescindibles para evitar las peores consecuencias. Y el tercero, la constatación, en contra de todo escepticismo, de que el Protocolo de Kioto está funcionando.

Los países desarrollados vienen intentando cumplir los compromisos de reducción de emisiones, aunque con resultados muy modestos.

Los acuerdos adoptados ahora, por los que los países desarrollados aceptan un marco de referencia ambicioso (reducción de las emisiones de un 50%), acompañado de un programa para ir detallando todas las condiciones, plazos y cantidades, eran esenciales para mantener y reforzar el impulso de un proceso que sigue avanzando, pese a los juicios escépticos o incluso cínicos que suscita.

Los países en vías de desarrollo juegan un doble protagonismo en este esfuerzo de coordinación internacional para hacer frente al cambio climático: recibirán probablemente la peor parte de los impactos del calentamiento y necesitan ayuda para afrontarlos. El peso de China ha sido decisivo para impedir cláusulas más estrictas para estos países que necesitan ayuda, y para afrontar en ellos un desarrollo que eluda las catástrofes ecológicas que la industrialización trajo consigo en los países desarrollados en los dos siglos pasados. La repetición de tales modelos en las actuales dimensiones planetarias tendrían consecuencias desastrosas e irreversibles.

Aunque se acepte la obligación moral de ayudar a los países en desarrollo y la responsabilidad histórica de los países desarrollados por el CO2 excesivo que ya está en la atmósfera, todos los datos indican que el clima de la Tierra no admite el actual crecimiento desenfrenado de las emisiones de países con economías en rápido crecimiento. Por eso, hay que lograr que los países en desarrollo puedan sumarse al esfuerzo de contención de emisiones lo antes posible.

EE UU sigue rechazando el Protocolo de Kioto, pero la victoria demócrata en las últimas elecciones y el creciente movimiento en ese país han renovado las esperanzas de que algún día se sume a los 166 que ya han firmado el compromiso de reducción de emisiones.


Felipe Calderón, el presidente electo de México, envía una carta a los partidarios de López Obrador para ofrecerles un acuerdo de programas políticos. Calderón dice coincidir en "el rechazo a la privatización del petróleo y la energía eléctrica" y en "la necesidad de fortalecer las empresas públicas, especialmente Pemex (Petróleos Mexicanos) y CFE (Comisión Federal de Electricidad)". Destaca la necesidad de mejorar la recaudación para poner en práctica "una política social con proyección transformadora", avanzar hacia "un sistema único de protección de la salud", fortalecer el sistema de pensiones y jubilaciones, crear un sistema nacional de becas para todos los alumnos en el sistema educativo público, "que es y seguirá siendo laico", ampliar los programas nacionales de vivienda, fortalecer y transparentar los programas sociales de combate a la pobreza, y considerar un programa nacional de pensiones para los más viejos en situación de pobreza extrema.

La respuesta no se ha hecho esperar. "Olvida que hay una diferencia fundamental, que es nuestra certeza de que él no ganó la Presidencia y que por consiguiente no merece consideración o respeto alguno", señala Gerardo Fernández Noroña, portavoz del Partido de la Revolución Democrática (PRD). El intercambio de mensajes se produce en vísperas del acto convocado en la plaza del Zócalo de la Ciudad de México, donde López Obrador tiene previsto presentarse mañana como "presidente legítimo" con un gabinete en la sombra, rechazando al presidente electo, calificado de "usurpador y pelele". "Si un poco de vergüenza y dignidad tuviera, simplemente renunciaría al cargo de presidente electo que ilegítimamente ostenta".


Salarios y beneficios, editorial de El País.

Hacía tiempo que las empresas no gozaban de un clima tan favorable a su actividad y a la generación de excedentes.
Pero bueno sería también que, para completar estos excelentes resultados, la distribución de los ingentes beneficios encontrara cauces y facilidades para tener una repercusión más generalizada. Y producir así, mediante la actividad de la Hacienda pública, inversiones modernizadoras de la economía, de forma destacada en la educación.

Se trataría ahora de aprovechar esta gran bonanza general para dar un salto en la cualificación y en la calidad. Difícil será encontrar mejor ocasión que la que refleja el comportamiento excepcional de los beneficios empresariales.


David Luque Navarro, Ley de deuda: ¿oportunidad perdida?, carta al director de El País.

La deuda externa que los países más empobrecidos se ven obligados a pagar año tras año es una deuda ilegítima, pues en gran parte fue contraída por gobiernos dictatoriales y corruptos que no usaron estos recursos en beneficio de sus poblaciones; los créditos fueron concedidos sin tener en cuenta cuál iba a ser el destino de estos fondos.

El Estado español es acreedor de 10.000 millones de euros; esta deuda se ha generado por la concesión de créditos a los países empobrecidos para promover la expansión de las empresas españolas (los llamados créditos FAD, incluidos en la Ayuda Oficial al Desarrollo española -AOD-) y por la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (CESCE). En ambos casos se utilizan recursos públicos para proteger la inversión española en el exterior sin ninguna protección de las condiciones medioambientales y sociales y sin cuidar su impacto sobre la deuda externa de estos países.

El Gobierno del PSOE plantea la inminente aprobación en el Congreso español de una ley de deuda que en sus disposiciones transitorias cuarta y quinta aumenta en 526 millones de euros los créditos FAD que generarán más deuda; la condicionalidad en beneficio de intereses de transnacionales españolas es también un aspecto insolidario de esta ley.

La sociedad civil está exigiendo mayores dosis de solidaridad internacional, a lo que los gobiernos han de responder en las leyes y medidas que aprueban. Entre los Estados europeos destaca Noruega que recientemente ha cancelado las deudas de cinco países empobrecidos (Ecuador, Perú, Jamaica, Egipto y Sierra Leona); la razón expuesta por el Gobierno noruego para esta cancelación ha sido clara: "una política de desarrollo fallida". Lejos de esta postura, el Gobierno español, que no repara en sacar beneficio de las poblaciones más empobrecidas, que sigue sin controlar los daños medioambientales y sociales de sus transnacionales en el exterior y que se extraña y reacciona violentamente ante las oleadas de inmigrantes que llegan a nuestras costas, no está respondiendo a una pregunta que nos hacemos muchas personas de nuestro Estado: ¿quién debe a quién?


José Nuño, ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, carta al director de El País.

En relación con el artículo de Fernando Trías de Bes ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, publicado el día 17, creo que para que la vivienda tenga un coste razonable existe un mecanismo simple que se aplica en muchos países de la Unión Europea, consistente en lo siguiente: la autoridad pública compra terrenos y después los recalifica como urbanizables; seguidamente esa propia autoridad pública es la que urbaniza y vende los pisos. Si un propietario de terrenos rurales no quiere venderlos, no se recalifican y punto.

Esto hace que la plusvalía revierta en el público y que el precio de la vivienda sea razonable.


Ramón Sala Gasset, Desvelos medioambientales, carta al director de El País.

Últimamente Telefónica parece que está muy preocupada por el impacto ambiental que tienen las facturas que emite en soporte de papel y nos invita a los clientes a compartir esta preocupación renunciando al formato tradicional y optando por el formato de factura electrónica.

Lo que no acabo de entender es lo que va a hacer con el dinero que se ahorre por no emitir las facturas de papel (costes de impresión, correo...), ya que en ningún lugar de la publicidad que ya empieza a ser machacona, se indica que estos costes ahorrados repercutan en una rebaja de la factura a aquellos clientes que opten por la factura electrónica. ¿Los va a donar para causas medioambientales? sería lo lógico. Porque si fueran a engrosar la cuenta de beneficios de la empresa por la vía de reducir costes no sería muy ético. ¿No?

Mientras Telefónica no me aclare las dudas, seguiré con el formato clásico. Mientras tanto les sugiero que se ahorren toda la cantidad de papeleo publicitario que también envían con cada factura.

Ese montón de papeles sí que es perfectamente evitable y ecológicamente discutible.


Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, entrevista en El País. De inspiración marxista, fundó el Ejército Guerrillero Tupac Katari y pasó cinco años en la cárcel. Junto a Evo Morales impulsa desde el Gobierno varias reformas, como la de la tierra, los recursos naturales (el gas y el petróleo suponen cerca del 25% del PIB del país latinoamericano) y la descentralización administrativa.

…garantizamos la seguridad jurídica a los inversores españoles y extranjeros.

He visitado a la vicepresidenta para preparar un encuentro en enero que será punto de arranque para un convenio económico. Negociamos una serie de donaciones en áreas productivas y servicios básicos (agua potable, luz, alcantarillado, ambulancias, tractores...), de microcréditos a pequeños productores, de temas de seguridad en emigración. También queremos consolidar la condonación de la deuda que tenemos con España y que se eleva a 110 millones de dólares con intereses. Fue una promesa de Rodríguez Zapatero.

Además de Repsol, hay más inversión de España. Está en el campo de los medios de comunicación, en electricidad, servicios..., y no tienen ningún problema, sus inversiones nunca han sido objeto de suspicacia. Las firmas que se mueven en la legalidad, que generan empleo y pagan impuestos son bien recibidas.

El Gobierno se propuso cambiar la propiedad y el control del gas y petróleo. Se trata de una nacionalización del siglo XXI porque no expropia ni expulsa a las empresas, pone unas nuevas reglas de juego en las que el Estado asume el control de toda la cadena. Significa que recupera la propiedad de los hidrocarburos cuando están bajo tierra y en boca del pozo y asume la responsabilidad y control de la comercialización y precios. Falta que lo refrende el Parlamento, adonde se lleva por primera vez. Lo hemos hecho porque queremos mostrar a la gente cómo trabajamos, que no hay cláusulas secretas, y que haya seguridad jurídica con las empresas. Fue un mensaje claro para que las empresas negociaran una por una y no como coalición sindical como intentaron. Había que hacerse fuerte para que las empresas negociaran.

A las empresas extranjeras que inviertan en Bolivia se les respetará la propiedad de las instalaciones y se negocia un mecanismo de retorno de sus inversiones y de rentabilidad. En cierta medida es un acuerdo en el que a las empresas se les retribuye por un servicio en recuperación de inversión y en ganancia. El resto es de los bolivianos.

El 50% de la producción bruta es del Estado. Eso no se discute.

P. ¿Hay conflicto en el reparto de la tierra?

R. Hay conflicto, pero no demasiado. Hemos propuesto que la persona que tenga tierras, que las produzca y si no que las tome el Estado para que las reparta entre la gente que no tiene. No es un proceso de expropiación generalizado, es garantizar la seguridad jurídica de las tierras, que cumplan una función económica, social. Si se usan para especular, pasan al Estado y se reparten entre pequeños productores.


Cayetana Álvarez de Toledo, “hija de Hayek y Keynes”.

Dilema que, más adelante, en sus declaraciones, se desliza y pervierte al oponer socialdemocracia y capitalismo. Ojo con esta falacia: la socialdemocracia moderna, la que defiende la economía de mercado hasta donde es razonable, la que aspira a una justicia social que entorpezca lo menos posible la libertad individual, la que exige igualdad de oportunidades, es una variante (una herejía para algunos) del pensamiento liberal. No demos la satisfacción intelectual a quienes no lo merecen de aceptar que el Estado de Bienestar es tributario del marxismo. La redistribución de la riqueza mediante un régimen impositivo y un sistema de prestaciones sociales no tiene absolutamente nada que ver con la negación de la propiedad privada. Otra cosa es que la lucha de aquellos que defendieron el marxismo haya ayudado a despertar conciencias, desembocando en un compromiso razonable: histórico y social, pero no intelectual.


Andrés Trapiello, escritor, afirma que "mira uno con nostalgia imposible aquella época en que los hombres cambiaban entre sí cosas bien reales". Una vez que actúa el dinero en los intercambios, "el mercado no garantiza la calidad, sino la circulación y abastecimiento de las mercancías, fundamentando la desigualdad... cada día hay más coches, pero el mercado no garantiza que haya menos accidentes".


Domingo Jiménez Beltrán, asesor del Observatorio de Sostenibilidad en España, y Joaquín Nieto, secretario confederal de Comisiones Obreras y presidente de Sustainlabour, El País.

¿Por qué no tomar el desafío del cambio climático como oportunidad para un cambio radical en el desarrollo, a fin de hacerlo sostenible? Sabemos lo que está pasando e incluso lo que va a pasar con el calentamiento del planeta como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Después del Informe Stern nadie podrá decir que no estaba advertido: además de las tremendas consecuencias ambientales y sociales -sobre todo en los países más pobres y vulnerables, pero también en los más ricos, como mostró el Katrina en Nueva Orleans-, el cambio climático puede desencadenar un colapso económico desconocido, sólo comparable al provocado por las grandes guerras mundiales, con caídas del PIB que pueden alcanzar el 20%.

Pero también sabemos cómo evitarlo: invirtiendo anualmente el 1% del PIB (el 0,6% para la UE según cálculos de la Agencia Europea de Medio Ambiente) en la transformación de nuestros sistemas productivos y energéticos para hacerlos más eficientes energéticamente y reducir drásticamente el uso de combustibles y carburantes fósiles. Y sin olvidar que la suma de beneficios directos e indirectos resultantes puede hacer que dichas medidas tengan coste cero y hasta beneficios.

Esta reducción no sólo es viable y hasta saludable económica y ambientalmente, sino que además habría que hacerlo aunque no hubiera el riesgo del cambio climático, tanto por los otros muchos efectos ambientales adversos que tiene su uso, como por el hecho de que se trata de materias primas muy valiosas, pero finitas.

¿Qué podemos hacer para transformar el desafío del cambio climático en oportunidad? Lo primero es reconocer y aceptar la magnitud y urgencia del desafío y adoptar medidas proporcionadas con la gravedad de los impactos. Para no entrar en una situación catastrófica debemos evitar un incremento de la temperatura media global superior a dos grados centígrados en este siglo y estabilizar los gases de invernadero en la atmósfera en una proporción de entre 450 y 550 partes por millón. Lo que implica una reducción para 2050 del 25% de las emisiones globales y del 60/80% por parte de los países industrializados, como se ha propuesto en el Consejo de Primavera de la Unión Europea. Estamos por tanto hablando de llegar hasta un factor 5 en la descarbonización de la economía para dentro de cuatro o cinco décadas. ¿Y cómo podemos conseguir esto?

Es posible imaginar un escenario de contracción y convergencia en el consumo de energía, es decir, una reducción en los países industrializados que permita un aumento convergente en los países en desarrollo, y simultáneamente la descarbonización progresiva de las economías, recurriendo fundamentalmente a las energías de fuentes renovables, cuyo potencial en España es enorme. Las energías renovables son las únicas que en el estado actual de la tecnología pueden considerarse fuentes masivas sostenibles. Ya que la posibilidad de seguir usando masivamente el carbón está aún pendiente de la viabilidad de tecnologías de carbón limpio, en particular de gasificación y captura de CO2; y la energía nuclear de fisión, dependiente de un combustible también agotable, no ha resuelto el problema de los residuos, y la investigación centrada en la fusión no dará eventuales resultados hasta dentro de unas cuantas décadas.

El informe de la comisión sueca para la Independencia del Petróleo de julio de 2006 se propone reducir su consumo energético en 20% para 2020 y hasta en el 50% para 2050, basar su sistema energético en las energías renovables y abandonar progresivamente la nuclear, convirtiendo dichos logros en ventajas tecnológicas y de mercado que convertirían la economía sueca en una de las más dinámicas y competitivas del mundo. Los mandatarios europeos ya han planteado la reducción del 20% en el consumo energético para el 2020, logrando así mejorar la ventaja competitiva con Estados Unidos, que necesita hoy un 70% más de energía por unidad de producto que la UE-15.

Estos objetivos son viables y saludables, tanto en términos ambientales como económicos y laborales. Pero esta gestión de la demanda requiere forzosamente no sólo medidas normativas que regulen la eficiencia energética de productos, servicios y procesos industriales y de transporte, sino también de medidas fiscales, que redistribuyan los costes reales de tales productos y procesos, incluyendo las externalidades, e incentiven los cambios.

La Conferencia sobre Cambio Climático celebrada estos días en Nairobi ha adoptado acuerdos que refuerzan la decisión de Montreal de dar continuidad al proceso, estableciendo un segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kioto después de 2012. Hacer realidad los nuevos compromisos es la única manera de responder globalmente al desafío global del cambio climático.

En Nairobi, Kofi Annan ha denunciado certeramente la falta de liderazgo político para acometer las transformaciones necesarias. Así es: hace falta voluntad política y compromiso cierto -y no sólo declarativo- por parte de los mandatarios y de los responsables políticos para reconducir la economía hacia objetivos socialmente más justos, ambientalmente más responsables y económicamente más viables. El desafío del cambio climático puede ser también una oportunidad irrepetible, en particular para España.


Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, Los que contaminan deben pagar la factura, El País.

El Gobierno británico ha publicado recientemente el estudio más exhaustivo hasta la fecha sobre los costes y riesgos económicos del calentamiento global y las medidas que podrían reducir las emisiones de gases invernadero, con la esperanza de prevenir en parte las peores consecuencias. El informe, redactado bajo la dirección de sir Nicholas Stern, de la London School of Economics -que fue mi sucesor como economista jefe del Banco Mundial-, expone con claridad que ya no se trata de si podemos permitirnos el lujo de hacer algo para remediar el calentamiento global, sino de si podemos permitirnos el lujo de no hacer nada.

El documento propone un orden de prioridades cuyo coste equivaldría al 1% del consumo anual y ahorraría al mundo unos costes de riesgo equivalentes a cinco veces más. Los costes que se atribuyen al calentamiento global son superiores a los de estudios anteriores porque el informe tiene en cuenta las pruebas, cada vez mayores, de que el proceso de calentamiento global es muy complejo y no lineal, y de que es verdaderamente posible que avance a mucha más velocidad y se extienda mucho más de lo que antes se pensaba.

En realidad, es muy posible que el cálculo de los costes que hace el estudio se quede muy corto: por ejemplo, el cambio climático puede provocar una mayor variabilidad del tiempo, la posible desaparición o transformación de la corriente del Golfo -que interesa especialmente a Europa- y el florecimiento de diversas enfermedades.

Cuando trabajé en el Equipo Intergubernamental sobre Cambio Climático, el grupo científico que evalúa de forma periódica las bases científicas del calentamiento global, existían pruebas aplastantes, ya en 1995, de que la concentración de gases invernadero en la atmósfera había aumentado notablemente desde los comienzos de la revolución industrial, de que la actividad humana había contribuido de forma significativa a dicho aumento y de que eso iba a tener profundas repercusiones en el clima y el nivel del mar. Pero pocos sabían, por ejemplo, que el casquete ártico iba a derretirse con tanta rapidez como se ve hoy.

Aun así, algunos sugieren que, dado que no sabemos hasta qué punto va a ser nocivo el calentamiento global, lo mejor sería que no hiciéramos nada o prácticamente nada. En mi opinión, la incertidumbre debería empujarnos a lo contrario, a actuar ya, no con menos decisión sino con más. Como dice un amigo mío científico: si estás conduciendo por una carretera de montaña, cerca de un precipicio, en un coche cuyos frenos pueden estar mal, y aparecen bancos de niebla, ¿conduces con más o con menos cuidado? El calentamiento global es uno de esos casos infrecuentes en los que la comunidad científica tiene más miedo que la población general de lo que puede ocurrir. Los científicos han vislumbrado lo que puede depararnos el futuro.

El informe Stern destaca que, como de costumbre, los pobres son los más vulnerables. La tercera parte de Bangladesh estará sumergida bajo el agua a finales de este siglo. Las Maldivas y un montón de Estados situados en islas del Pacífico desaparecerán: una Atlántida del siglo XXI.

Para un economista, el problema es evidente: los que contaminan no están pagando plenamente los daños que causan. La contaminación es un efecto externo de alcance mundial y de proporciones inmensas. Los países avanzados no querrán hacer daño a Bangladesh ni a las islas que van a desaparecer, pero ninguna guerra podría tener efectos más destructores.

Al parecer, Exxon ha financiado supuestos grupos de estudios para minar la confianza en la ciencia que se ocupa del calentamiento global, del mismo modo que la industria del tabaco financió “investigaciones” para poner en duda los datos estadísticos que mostraban la relación entre tabaco y cáncer. Algunas empresas incluso parecen celebrar que el casquete polar se derrita, porque disminuirá los costes de extraer el petróleo existente bajo el océano Ártico.

Por fortuna, existen muchas maneras de que unos incentivos mejorados ayuden a reducir las emisiones. Eso puede conseguirse, en parte, eliminando todos los subsidios destinados a usos ineficaces. En el sistema impositivo de Estados Unidos se encuentran, ocultos, miles de millones de dólares en subsidios a las industrias del gas y el petróleo. Y en cambio, ese país impone aranceles al etanol obtenido del azúcar.

Lo más importante es que unos precios que muestren los auténticos costes sociales de la energía derivada de los combustibles fósiles fomentarán la innovación y la conservación. Alterar mínimamente las costumbres, cuando lo hacen cientos de millones de personas, puede suponer una tremenda diferencia. Por ejemplo, cambiar el color de los tejados en los climas cálidos para que reflejen la luz solar y plantar árboles alrededor de las casas son medidas que pueden permitir un gran ahorro de la energía que se dedica al aire acondicionado.

Tenemos un solo planeta, y debemos valorarlo como merece. El calentamiento global es un riesgo que ya no podemos permitirnos el lujo de ignorar.


Ana M. Correas, doctora en Biología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, La fallida igualdad, El País.

...el pasado mes de julio la revista Nature publicó un artículo firmado por Ben A. Barres, profesor de neurobiología en la Universidad de Stanford. En el artículo, Barres denunciaba las declaraciones realizadas por diferentes hombres de gran prestigio social, incluido el presidente de la Universidad de Harvard, Larry Summers. Summers aseguró en 2005 que la menor representación femenina en altos cargos en el ámbito de la ciencia se debía a una falta en las capacidades de las mujeres para ello, y no a casos de discriminación. A estas declaraciones vinieron a sumarse las de Steven Pinker -profesor en Harvard y autor de libros de divulgación- y Peter Lawrence -bioquímico y autor de un artículo del cual se hizo eco este diario...

Con el fin de rebatir las opiniones de estos tres caballeros, el profesor Barres presentó conclusiones aparecidas en otros trabajos en las cuales se demostraba, por ejemplo, que la capacidad para las matemáticas en niños y niñas de entre 4 y 18 años no es significativamente diferente.


Manuel Toharia, El clima (El calentamiento global y el futuro del planeta).

...por mucho que nos falte por saber, ha de quedar claro... que aunque no sepamos muchas cosas y temamos muchas otras, parece imprescindible adoptar medidas que incidan en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.


Richard Adams, The deflation of Friedman, The Guardian.

The death of Milton Friedman has provoked an outpouring of tributes to one of the modern era’s most controversial economists. But given how little success he had in translating his ideas into practice, it is worth asking just what his legacy is. Thanks to his status as a hate figure for the left, many assume that Friedman’s agenda was cemented by the Reagan and Thatcher regimes of the 1980s - especially his famous view that inflation is solely influenced by changes in money supply. But few of his most cherished proposals were ever put to the test. Of those that where, such as monetarism, almost all dissolved into failure.

This is not to say that Friedman was not respected as an academic economist. He was a deserved winner of the Nobel prize for economics - even if he reacted churlishly, saying: “I would not want a professional judgment of my scientific work to be those seven people who selected me for the award.” But even Friedman’s academic influence is less than might be expected from his profile; no mainstream academic economist today is an avowed monetarist.

In terms of the policies he inspired, the report card is not glowing. His great claim that “inflation is always and everywhere a monetary phenomenon” may have set off the monetarist v Keynesian “econ-wars” of the late 70s and 80s. But Friedman’s ideas of directly targeting the money supply were tried and rejected, and Friedman later backed away from these positions. It is significant that no major central bank now directly targets money-supply data in setting monetary policy - they are far too pragmatic. Even Friedman’s great admirer Alan Greenspan never tied himself to the monetarist mast.

Friedman clamoured for school vouchers to be adopted, to little avail; his libertarian leanings led him to call for recreational drugs and prostitution to be legalised; and the bulk of his lobbying against environmental protection and regulations of all kinds was happily ignored. Even the economic reforms in Pinochet’s Chile that he is said to have inspired have run into trouble.

In 1964 Friedman got his first big role as a policy adviser to Barry Goldwater - the least successful Republican presidential candidate in the past 100 years. His next gig was for Richard Nixon - unsuccessful in a different way - who ignored him except when he could use Friedman as cover for politically difficult decisions, such as ending military service. Friedman argued against the draft, yet it was Vietnam that triggered the end to conscription in the US.

It could be argued that Friedman’s greater success was as a figurehead and champion of free markets and floating currencies - although those ideas were not new, merely unfashionable. Yet even then his role is debatable. In his own tribute to Friedman, Sir Samuel Brittan wrote: “Friedman’s direct influence on Margaret Thatcher was much less than often supposed.” It was Friedrich Hayek, rather than Friedman, who inspired Thatcher and Thatcherism.

The irony for Friedman’s fans is that the one piece of public policy he was responsible for that was widely successful and internationally adopted greatly increased the ability of governments to collect tax. In 1942 Friedman worked for the US government and helped to design the payroll tax known in Britain as pay as you earn, which allows governments to take income tax directly from salaries. It was the best thing that Keynesian-style government could have hoped for, and Friedman bitterly regretted it. Years later he wrote: “It never occurred to me … that I was helping to develop machinery that would make possible a government that I would come to criticise severely as too large, too intrusive, too destructive of freedom.”

RIP Milton Friedman, big government’s best friend.


Kandi Ibarrondo y María Cruz Alonso, Cambio climático, carta al director de El País.

Desde hace más de 40 años se han oído insistentemente las voces de ecologistas y defensores de la naturaleza que denunciaban, entre otras cosas, las consecuencias catastróficas de la emisión masiva de gases contaminantes a la atmósfera, tales como el efecto invernadero y el cambio climático. Sin embargo, los poderes tanto económicos como políticos, bajo la influencia de grandes intereses, se han negado a aceptar estas teorías tachándolas de alarmistas y faltas de rigor científico, en el convencimiento de que la introducción de medidas correctoras supondría un freno a los beneficios y a la creación de riqueza. Sólo cuando sir Nicholas Stern ha demostrado, en su informe encargado por el Gobierno británico, que los efectos de la contaminación atmosférica se relacionan con inmensas pérdidas económicas, parece que han saltado todas las alarmas a escala planetaria. Pero sólo aparentemente, porque a pesar de este informe, las poderosas fuerzas que rigen el mundo siguen, como siempre, perdiendo el tiempo en cumbres, debates y complicadas negociaciones, en lugar de abordar actuaciones urgentes que reviertan el proceso destructivo en el que nos encontramos.

En esta tesitura, ¿realmente llegaremos a tiempo de evitar los desastres pronosticados por los ilusos ecologistas y ahora confirmados por las más altas instancias? Visto como funciona el sistema, creemos que sólo se actuará si se demuestra que las medidas a implantar generan cuantiosas ganancias en los mercados mundiales; en caso contrario, pongámonos en lo peor.


Ulrich Beck, profesor de Sociología en la Universidad de Múnich Una nueva izquierda, El País.

Estoy horrorizado ante la falta absoluta de análisis sobre la situación de Europa en el mundo y de nuevas ideas que exploren lo político.

¿Dónde está la izquierda? Callada. ¿Qué dicen los sindicatos? Han enmudecido. ¿Qué proponen los intelectuales? Nadie responde. Si realmente hay algo por cosechar, son las contradicciones podridas del árbol de la ciencia de la derecha.

El pensamiento ha perdido su capacidad política respecto a todos aquellos problemas que mueven el mundo, desde la protección del medio ambiente, pasando por la interdependencia de la economía mundial, hasta los movimientos migratorios y las cuestiones regionales y globales referentes a cómo alcanzar la paz. Todo aquello que da fuerzas al nacionalismo en Europa es, irónicamente, de ámbito internacional: el desempleo masivo, la afluencia de refugiados, las guerras y el terrorismo.

En todas partes se reclama “flexibilidad”, lo que al fin y al cabo quiere decir que un patrón tiene el poder de despedir a su empleado con más facilidad. Los empleos serán más fácilmente rescindibles, lo que significa “renovables”. La consecuencia es que cuantas más relaciones de trabajo sean “desregularizadas” y “flexibilizadas”, más rápidamente se transformará la sociedad de trabajo en una sociedad del riesgo, en la que ni el modo de vida, para los individuos, ni las medidas, para el Estado y la política, serán previsibles.

Los reformadores neoliberales del Estado social pueden buscar con razón la comprensión y la aprobación para esta “necesidad patriótica” de ser obligatoriamente injustos. Sin embargo, fracasan en el hecho de que el margen de maniobra de los Estados se ve reducido al dilema entre financiar un menor nivel de pobreza a cambio de un alto nivel de paro (como ocurre en la mayoría de países europeos) o bien aceptar una pobreza evidente con un nivel de paro algo menor (como en Estados Unidos).

La renuncia a la utopía significa la renuncia al poder. La renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quien es capaz de entusiasmarse, gana apoyos y conquista el poder.

Todos los Gobiernos y todos los partidos políticos se plantean la cuestión clave de cómo limitar políticamente los riesgos desenfrenados del flujo de capital mundial. ¿Por qué no hacer entonces ambas cosas? ¿Ahorrar al máximo y desarrollar y explorar de nuevo la política en el ámbito transnacional, para así crear las condiciones para poder organizar los mercados globales y las soluciones a los problemas clave nacionales?

La respuesta a la globalización consiste en una mejor coordinación internacional de las políticas nacionales; en controles supranacionales de los bancos y de las instituciones financieras más fuertes; en una reducción de la competencia fiscal desleal entre los Estados, y en una colaboración más estrecha entre las organizaciones transnacionales y la consolidación de éstas conforme a una mayor flexibilidad política y legitimidad democrática. Éstas son vías, quizás las únicas, para recuperar el margen de maniobra nacional de la política. El camino para alcanzarlo es el método del realismo cosmopolita. Un toma y daca multilateral con el que, al final, cada uno pueda solucionar mejor sus problemas nacionales.

El vacío de legitimidad de las empresas transnacionales es evidente y temen la fragilidad de sus mercados. A largo plazo, no pagar impuestos y reducir o deslocalizar puestos de trabajo no debería ser suficiente para recuperar la confianza y estabilizar mercados. ¿Por qué entonces no seguir la estrategia política combinada? Por un lado, reducir los costes de trabajo y, por el otro, plantear abiertamente la pregunta de con qué contribuyen a la democracia en Europa las empresas que obtienen cada vez más beneficios con cada vez menos trabajo.

¿Por qué no reconocer la diversidad de trabajos autónomos precarios y hacer que esta autonomía precaria sea previsible para los individuos, gracias a una política social de protección básica (prestaciones de salud y pensiones independientes de las ganancias, financiadas por todos)? ¿Y por qué no hacer posible que las personas tengan por un lado mayor independencia, allanarles el camino y crear un marco de condiciones para ello, y por el otro reforzar las competencias del Estado y fundar de nuevo la cultura democrática y la igualdad social?

Éstos son los trabajos de Hércules con los que una izquierda cosmopolita puede desarrollar su perfil y su autoconciencia, y probar su eficacia.

La recuperación del poder y de la utopía son dos caras de la misma moneda. Cuanto más pequeña sea la política, cuanto más dependiente se haga de la propia adaptación a las presuntas leyes del mercado, tanto más débil será, hasta que acabe con ella misma y se entierre. También vale lo contrario.

Cuanto más imaginativa, más creíble y grande en su entusiasmo se convierta la pretensión de hacer política, tanto más fuerte será, porque reactivará su propia lógica interna y su independencia frente a la dinámica de la economía mundial.


Emilio Ontiveros, director de AFI, sostiene que la talla como economista de Milton Friedman queda en un plano menor que el de Keynes, 'el número uno incontrovertible'; sitúa a Friedman en el escalón siguiente, junto a autores como Schumpeter, Samuelson o Solow.


Mikimoss, comentarios a Dinero en abundancia en la donación de órganos, artículo de Daniel Rodríguez Herrera en el Instituto Juan de Mariana.

El autor entiende la libertad como la posibilidad de hacer algo, de manera que legalizar el mercado de órganos aumentaría tanto la libertad de los potenciales enfermos como la de los potenciales vendedores. Es decir, confunde aumento de la libertad con aumento del espectro de elección, en lugar de identificarla con disminución de las coacciones que limitan nuestra voluntad.

Y digo que ese concepto erróneo de libertad es peligroso porque la aplicación de los mecanismos que la desarrollan repercuten en una "selvatización" de las relaciones sociales. Así, en este caso, la legalización de la compra-venta de órganos lo que hace es dar carta de naturaleza al abuso del débil por parte del poderoso, que al tener más recursos tendrá más capacidad para adquirir aquellos órganos de los que el vendedor no se desprendería (por repercutir negativamente en su calidad y esperanza de vida) de manera voluntaria, sino únicamente por la tremenda coacción que le impone su precaria situación económica.

En definitiva, se amplía el abaníco de posibilidades de elección pero se reduce la capacidad del débil para escoger las correctas.

yo no he dicho que toda coacción sea perjudicial. Los proyectos nos imponen deberes para su cumplimiento y la regulación del tráfico de órganos no es más que un deber concreto para que sea posible cumplir con el proyecto de una sociedad justa. Otro asunto distinto es el de la legitimidad del agente coactor, que en este caso es el gobierno elegido democráticamente por la comunidad.

Así pues, podemos hablar de coacciones justas, porque ayudan a la consecución del proyecto de justicia que la sociedad en cuestión está construyendo, o de coacciones injustas, por ser limitaciones contrarias a ese fin.

...las coacciones económicas las ejecutan en primera persona tus acreedores embargándote tu vivienda, tus cuentas, tus tierras, etc. En casos más extremos la coacción te la causa el hambre, la frustración de la penuria de tus hijos, etc.

...la comunidad y el establecimiento de mecanismos de solidaridad mancomunada. En nuestro mundo, el Estado democrático.

Gracias a la solidaridad social, al renunciar a la posibilidad de vender el órgano consigue conservar su salud manteniendo así su bienestar físico y posibilitándolo para efectuar en mejores condiciones una actividad laboral que repercuta positivamente en su nivel económico.

¿Es que no podemos ponernos de acuedo que tener un dos riñones es mejor que poseer sólo uno? Me parece que el criterio de autoridad de cualquier médico zanja el asunto a mi favor.


David M. Graber, review of Bill McKibben’s The End of Nature, Los Angeles Times Book Review.

This [man’s “remaking the earth by degrees”] makes what is happening no less tragic for those of us who value wildness for its own sake, not for what value it confers upon mankind. I, for one, cannot wish upon either my children or the rest of Earth’s biota a tame planet, be it monstrous or—however unlikely—benign. McKibben is a biocentrist, and so am I. We are not interested in the utility of a particular species or free-flowing river, or ecosystem, to mankind. They have intrinsic value, more value—to me—than another human body, or a billion of them.

Human happiness, and certainly human fecundity, are not as important as a wild and healthy planet. I know social scientists who remind me that people are part of nature, but it isn’t true. Somewhere along the line—at about a billion years ago, maybe half that—we quit the contract and became a cancer. We have become a plague upon ourselves and upon the Earth.

It is cosmically unlikely that the developed world will choose to end its orgy of fossil-energy consumption, and the Third World its suicidal consumption of landscape. Until such time as Homo sapiens should decide to rejoin nature, some of us can only hope for the right virus to come along.


Xavier Sala i Martín, Fundació Umbele, Columbia University y UPF Un gran sentido del humor, La Vanguardia.

El debate no es sobre si pública o privada, sino si la universidad se enfrenta a un sistema de incentivos que la lleva a buscar la excelencia.


César Nombela, Del fraude en la clonación humana a la clonación encubierta, ABC.

...es objetable éticamente la generación de embriones humanos in vitro con propósitos experimentales, o cualquier otro que no sea la procreación. El Convenio de Oviedo, así lo establece.

...se logrará, yo estoy convencido, facilitar el discernimiento ético sobre estas prácticas. En esta línea, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó, por mayoría en 2005, una «Declaración sobre la Clonación Humana», en la que se insta a los estados miembros a prohibir las formas de clonación de seres humanos en la medida en que sean incompatibles con la dignidad humana.


Manuel Rodríguez Rivero, Un problema XXL, ABC.

Como todo el mundo sabe, no todas las hamburguesas son iguales. Las que sirven los emporios de comida rápida han sido puestas a menudo en entredicho por dietólogos y nutricionistas, lo que ha redundado en un mayor control de la oferta. Que la ingesta habitual y descompensada de ese tipo de comida tiene mucho que ver con el rampante aumento de la obesidad entre niños y adolescentes (clientes habituales de esos restaurantes) es algo que ofrece pocas dudas. Basta echar un vistazo (en las páginas web de las propias empresas) a la composición de los «menús» más populares, para comprobar la escasa salubridad de una dieta hipercalórica en la que abundan las grasas (incluyendo las saturadas e hidrogenadas) y escasean las verduras. El problema aumenta cuando, en la lucha por incrementar su cuota de mercado, esos restaurantes deciden ofrecer «más por su dinero». Y agigantan sus raciones, publicitándolas por medio de una agresiva campaña defendida con argumentos como «los gustos de nuestros clientes priman por encima de todo». Son sus clientes quienes deciden, por tanto: los niños.

A la luz de lo que vemos en las calles y en las aulas ya es hora de que se endurezcan los controles sobre la publicidad de los alimentos que consumen los niños, algo que debe ir en paralelo a un esfuerzo cada vez mayor de información a padres y educadores. Uno de los procedimientos más adecuados -y en eso parece estar la AESA- es por medio de los compromisos de autorregulación de las empresas, tal como se viene haciendo en países en los que la obesidad infantil ya es una epidemia y es frecuente el espectáculo de jóvenes montañas de carne moviéndose con dificultad en medio del rechazo social. No se trata de regular arbitrariamente, sino de controlar qué se les ofrece a quienes no pueden defenderse. En alimentación, las tallas extragrandes de los países ricos tienden a provocar problemas sanitarios del mismo tamaño.


José Aranda, economista y estadístico, El difícil equilibrio de la vivienda, Cinco Días.

...mantener este difícil equilibrio en un bien de naturaleza social como es la vivienda no deja de tener un coste importante para un Gobierno de izquierdas.

...el Gobierno, además de la nueva Ley del Suelo que todavía no ha podido surtir efecto, se ha visto obligado a una política tan modesta como la de suavizar las subidas de precios, lo que parece estarse consiguiendo al haberse reducido a la mitad los aumentos de precios que se registraban en 2004...

Por lo que se refiere a los aspectos medioambientales, tal y como resalta el Informe sobre Sostenibilidad en España 2006, la ocupación de lo que denominan zonas artificiales, como por ejemplo el primer kilómetro de franja litoral, ha crecido desde 1987 hasta 2000 un 34,1%, estimándose en el informe un incremento acelerado entre 2000 y 2005.

El impacto ambiental de estas acciones es tremendamente negativo y un buen ejemplo de las consecuencias que puede acarrear la ocupación de suelo artificial lo ha ofrecido el municipio de Cee en La Coruña, donde se han juntado los efectos de los incendios de este verano con la construcción en espacios ganados al mar y a la ría, provocando inundaciones y la ruina marisquera.


Romeu, viñeta en El País.

-Construir debería ser considerado un agravante.
-Y recalificar, terrorismo ecológico.


Entre los aplausos a la petición del ministerio para que Burger King retire la publicidad de sus hamburguesas XXL se contaron los de las asociaciones de consumidores y las sociedades de nutrición, que apoyaron al Ministerio y le pidieron que las normas acordadas para combatir la obesidad sean de obligado cumplimiento. La Federación de Consumidores en Acción pidió además que las hamburguesas XXL fueran retiradas del mercado, no sólo las de Burger King, sino también las equivalentes de McDonald's.


Fernando Trías de Bes, profesor de ESADE, economista y escritor, ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, El País.

La Ley del Suelo vigente, la del "todo urbanizable", tenía como objetivo abaratar los precios de la vivienda y dar mayor autonomía a las administraciones locales sobre el destino del suelo de su municipio. Han pasado varios años y el efecto ha sido el contrario.

Es cierto que en Europa también han aumentado los precios y que otros factores lo explican: tipos de interés, baby boom de los sesenta, inmigración, demanda extranjera de segundas residencias, y, no lo olvidemos, la especulación. En cualquier mercado, cuando la demanda aumenta, suben los precios. Por tanto, imputar el aumento de precios de los pisos a la Ley del Suelo diseñada por el PP sería injusto. Pero sí es cierto que la Ley del Suelo se diseñó para aumentar la oferta, y que más suelo urbanizable no ha servido de nada.

La Ley del Suelo no sólo no ha corregido los precios, sino que, ante la pasividad de los gobiernos autonómicos, ha traído corrupción urbanística, mafias y especulación, amén de un desastre ecológico y medioambiental en determinadas zonas del litoral español.

…el mercado de segundas residencias, más cercano al turístico, motor de la economía española, ha de responder a un modelo sostenible económico y medioambiental. ¿Están los gobiernos autonómicos capacitados para ello si se autorizan urbanizaciones en zonas donde ya hoy se sabe que no hay recursos hídricos suficientes?


Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Los católicos en la vida pública, La Gaceta de los Negocios.

¿Qué son los católicos? Somos ciudadanos como los demás. Tenemos las mismas capacidades y las mismas necesidades que los demás. Los mismos derechos y las mismas obligaciones. Dentro de la sociedad democrática formamos un grupo humano, grande o pequeño, que tiene derecho y obligación de contribuir, como los demás, al bien de la sociedad, no imponiendo sino ofreciendo, difundiendo lo que cree que es bueno para todos. Y somos un grupo que tiene también derecho a defender sus legítimos intereses mediante el ejercicio del voto.

La fe cristiana, iluminando la condición humana como criaturas de Dios destinados a la vida eterna, clarifica y fortalece muchos elementos de la antropología y de la ética racional, que fundamentan una acción política.

...la política cristiana, o mejor dicho quizás, la presencia y la acción de los cristianos en la política no puede entenderse como un deseo de agrupar a los católicos en defensa de sus propios intereses, al margen de los intereses comunes de la sociedad, sino como un deseo de movilizar a los cristianos para que sirvan fielmente al bien común de todos, cristianos y no cristianos. Y es muy importante afirmar que la irreligión, el agnosticismo, el relativismo, no son un postulado necesario para la democracia, ni mejora la condición del hombre. Más bien, la negación o el olvido de Dios debilita el respeto de la vida humana y el esfuerzo por la creciente dignificación de la vida y de la convivencia.

Mucho menos se puede confundir un régimen de libertades con una política sin referencias morales. Sin un bagaje moral no puede haber vida democrática.


Jim Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, El planeta en peligro, El País.

La amenaza que representa el calentamiento global del planeta es clara e inequívoca.

Por fortuna, también lo son las soluciones. Pese a lo que sostienen las voces pesimistas -que los hábitos y esquemas relativos al uso de la energía no pueden modificarse sustancialmente-, el cambio es posible siempre y cuando haya voluntad política de ponerlo en práctica. Ahora bien, si no existe tal voluntad, las profecías pesimistas se convierten en profecías que por su propia naturaleza tienden a cumplirse, sobre todo en un contexto político dominado por gobiernos habituados a la concesión de subsidios a determinados sectores y por grupos de intereses decididos a impedir el progreso de una sociedad consciente y bien informada.

En realidad, es factible y viable un escenario diferente.

Y Estados Unidos debería tomar la iniciativa al respecto.

En respuesta a la escasez de petróleo y alza de los precios en los años setenta, Estados Unidos moderó sus hábitos energéticos regulando la relación coste-eficiencia de los vehículos (pasando de 13 a 24 millas por galón). El crecimiento económico se disoció conceptualmente del mayor uso de combustibles fósiles, factor que permitió alcanzar mayores niveles de eficiencia.

El aumento global de emisiones de CO2 descendió desde un porcentaje superior a un 4% anual a un 1-2% anual.

Estados Unidos mantuvo los niveles menores de crecimiento pese a inferiores precios de la energía. Sin embargo, la eficiencia energética de Estados Unidos es un 50% inferior a la de Europa occidental, que fomenta la actitud eficiente merced a la presión fiscal sobre los carburantes fósiles. China e India, que emplean tecnologías más obsoletas, son menos eficientes que Estados Unidos y producen niveles superiores de emisiones de CO2.

Las tecnologías actuales podrían aumentar la eficiencia energética, incluso en Europa. Los economistas comparten el punto de vista según el cual los objetivos en cuestión podrían alcanzarse mediante impuestos sobre las citadas emisiones, si bien tal propósito precisaría de una política decidida y firme que supiera persuadir debidamente a los agentes sociales de la conveniencia y necesidad de tal esfuerzo. Podría introducirse un impuesto independiente de la renta del ciudadano; saldrían ganando los ciudadanos más interesados en el ahorro energético en tanto que pagarían más los entusiastas del todo terreno.

El objetivo de lograr la disminución de emisiones de CO2 topa con dos obstáculos: el enorme número de vehículos ineficientes en su consumo de combustible y las continuas emisiones de las centrales eléctricas. Los fabricantes de automóviles se muestran renuentes a la eficiencia de los vehículos y siguen insistiendo en un tipo de publicidad que exalta las virtudes y prestaciones de los vehículos más potentes. Las centrales que funcionan con carbón tratan de acelerar la construcción de nuevas instalaciones a fin de garantizar los beneficios a largo plazo.

Los legisladores californianos han aprobado nuevas normas según las cuales los automóviles deberán reducir un 30% sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2016. En caso de aplicarse tal legislación en todo el país, la medida supondría un ahorro de más de 150.000 millones de dólares anuales en importaciones de petróleo. Tanto los fabricantes como la Administración Bush han bloqueado la ley en los tribunales en tanto muchos otros estados se aprestan a aplicarla en cuanto sea posible.

El mundo debe demorar la construcción de nuevas centrales a base de carbón en tanto pueda ponerse a punto la tecnología necesaria para reducir las emisiones de CO2. Mientras, las nuevas exigencias en materia de energía deberán atenderse mediante el recurso a las energías renovables. La mejora de la eficiencia energética en edificios y electrodomésticos constituiría un factor de primera importancia en el esfuerzo por reducir las emisiones. Tales mejoras, se mire como se mire, son viables pero exigen una política resuelta, decidida y firme.

El protocolo de Kioto incitó a los países desarrollados a reducir paulatinamente sus emisiones durante los primeros años de este siglo previendo ayudas a los países en vías de desarrollo para el uso de tecnologías energéticas limpias susceptibles de limitar el incremento de sus emisiones. No obstante, los retrasos a la hora de aplicar tal perspectiva -concretados, sobre todo, en el rechazo estadounidense a participar en Kioto y mejorar el grado de eficiencia de vehículos y centrales eléctricas- en unión del rápido aumento del uso de tecnologías sucias han motivado un aumento de un 2% anual de las emisiones globales de CO2 durante el último decenio. Si este ritmo se prolonga un decenio más, las emisiones en el 2015 serán un 35% superiores a las del año 2000.

Todo cálculo responsable del impacto medioambiental de lo que antecede debe concluir que un calentamiento global que supere 1,11 grados centígrados es peligroso. Pero, dado que todo parece indicar que el calentamiento global efectivamente se producirá (por los efectos a largo plazo de las emisiones de gases de efecto invernadero y los sistemas energéticos actualmente en uso), el mundo traspasará el umbral señalado a menos que este mismo decenio se inicie un cambio de rumbo.

En tales condiciones, la ciudadanía puede hacer las veces de vigilante de nuestro planeta. La primera situación de crisis de nuestra atmósfera derivada de la acción humana surgió en 1974, cuando los químicos informaron de que los cloroflorocarbonos (CFC) podrían destruir la capa de ozono que protege a la Tierra de los rayos ultravioleta. Nos salvamos por los pelos, pero no nos dimos cuenta de ello hasta años más tarde.

El hecho es que durante decenios aumentó la fabricación de aerosoles, extintores y líquidos refrigerantes a razón de un 10% anual. De haber proseguido tal aumento de CFC un decenio más, habría provocado un efecto invernadero mayor que el derivado del CO2. Gracias a la difusión mediática de la voz de alarma de los científicos y del boicot de los consumidores contra el empleo de lacas y desodorantes basados en CFC, el aumento anual del uso de CFC cayó a nivel cero y el fabricante principal de estas sustancias químicas ideó alternativas. Cuando se comprobó que aumentaba su empleo en la refrigeración y la actitud social no era eficaz, Estados Unidos y la UE negociaron el protocolo de Montreal para controlar la fabricación de CFC. Los países en vías de desarrollo recibieron ayuda económica para construir plantas químicas alternativas. En consecuencia, el empleo de CFC disminuyó dando paso a una recuperación de la capa de ozono.

Sin embargo, los mismos científicos y políticos que lograron atajar la amenaza que se cernía sobre la capa de ozono no consiguen ahora controlar la crisis derivada del calentamiento global del planeta. Los científicos alertan del problema con asepsia casi clínica, sin poner el necesario énfasis en la circunstancia de que la filosofía del negocio por el negocio transformará la faz de la Tierra. Los medios de comunicación, pese al consenso científico sobre el calentamiento global, ofrecen espacios compensatorios a las opiniones contrarias propiciadas por los grupos de presión del sector de combustibles fósiles, que organizan campañas de desinformación y siembran la duda. Y los gobiernos, débiles, no marcan la pauta.

Los líderes con visión a largo plazo deberían valorar y fomentar las tecnologías energéticas eficientes y promover las fuentes de energía limpias. En lugar de subsidiar los combustibles fósiles, los gobiernos deberían incentivar la investigación empresarial de fuentes alternativas de energía. Pero los políticos fomentan el beneficio empresarial a corto plazo por considerar que favorecen la creación de empleo, sin tomar en consideración los costes crecientes del daño medioambiental o los costes futuros de seguir utilizando combustibles fósiles. Los líderes actuales no pagarán las consecuencias de los trágicos y desastrosos efectos del calentamiento global. Si traspasamos el umbral, la historia juzgará duramente a los científicos, periodistas, grupos de interés y políticos que fracasaron a la hora de proteger nuestro planeta. Pero nuestros hijos pagarán las consecuencias.

Estados Unidos posee gran responsabilidad legal y moral en materia del calentamiento global, y no puede alegar ignorancia de las consecuencias. Estados Unidos es responsable de, al menos, un 30% de las emisiones de CO2 derivadas del empleo de combustibles fósiles hasta la fecha. Los segundos de la lista, China y Rusia, son responsables cada uno de menos del 8%.

Estados Unidos, al rechazar participar en el protocolo de Kioto, demoró su aplicación y debilitó su eficacia, perjudicando los esfuerzos internacionales por disminuir las emisiones de los países desarrollados.

Aún hay tiempo. El mundo dispone como máximo de un decenio para modificar la trayectoria de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si proseguimos con nuestras políticas actuales en materia de prospección y extracción de petróleo sin reducir las emisiones de CO2, los desastres climáticos serán inevitables.

Los economistas están de acuerdo a la hora de afirmar que una buena política energética es viable. Los impuestos sobre el consumo de los combustibles fósiles podrían propiciar mejores niveles de conservación del medio ambiente. Por otra parte, si su coste sube, y sube de manera gradual, el consumo energético disminuirá sin lesionar la economía. La calidad de vida no tiene por qué mermar necesariamente.

El mundo necesita políticos con los arrestos y la valentía necesarios para explicar lo que debe ser explicado. De hecho, Al Gore, con su película y libro del mismo título Una verdad molesta, fue clarividente. Ha sostenido, durante decenios, que la Tierra se tambalea. Su obra puede haber representado lo que significó Primavera silenciosa, de Rachel Carson, en el caso de los pesticidas. Le atacan, pero la sociedad posee ahora la información necesaria para discernir las diferencias que median entre el bienestar a largo plazo y los intereses a corto plazo.

Tal vez nuestro país, Estados Unidos, llegó a rozar con los dedos el liderazgo necesario para afrontar una importante amenaza para el planeta, pero no se percató de ello.


Juan Carlos Girauta, diálogo en Libertad Digital.

P: ¿Qué grado de "Papá Estado" debe haber para compaginar liberalismo y seguridad social?

R: En eso hay opiniones. La mía, que creo que es también la de la mayoría de los liberales de "la eclosión" es que el Estado debe contener su vis expansiva, y que luego debe reducirse sin afectar a servicios públicos consolidados y relacionados con la igualación de oportunidades (que no de resultados), algo perfectamente asumido por el liberalismo tal como hoy lo entendemos. Me refiero a la irrenunciabilidad de la sanidad pública y a la instrucción pública gratuita y obligatoria. Ah, y ni un céntimo para el cine.

P: ¿Qué significa hoy libertad? ¿Que tiene que ver con la libertad del Empecinado?

R: Como no estoy muy seguro de lo que realmente quiere decir con la segunda pregunta, me centraré en la primera. La libertad es, para los liberales, básicamente las libertades. Las de las constituciones, pero de verdad. También es el estatus de los ciudadanos, dotados de una esfera de privacidad que es sagrada. Por otra parte, y en un sentido moral, es el valor más importante. Por encima de todos los demás.


Ramón Tamames, Otro aviso sobre el futuro del planeta y IV. ¿Últimos días de Pompeya?, Periodista Digital.

...creo que será bueno ponernos hipotéticamente en lo peor, para de esa forma asumir un cambio que per se será bueno para la calidad de vida.

En ese sentido, y como precedente, voy a referirme a la polémica que se desencadenó en 1983 a raíz del Congreso Mundial de Científicos de Washington, cuando expertos estadounidenses, soviéticos, etc, se reunieron para estimar cuáles podrían los efectos de una guerra nuclear. La conclusión, para no hacer larga la historia, fue que lo peor de ella no sería ni el efecto explosivo, ni el térmico, ni tampoco la ulterior lluvia radiactiva. Lo más brutal estaría en el invierno nuclear, el largo oscurecimiento del sol que podría cambiar la vida en el planeta con amplias áreas de extinción de la misma.

Pero ante la simulación a que nos referimos, hubo toda clase de escépticos: “el mundo lo aguanta todo y no se acabará: sigamos armándonos nuclearmente …”. Y es que para los recalcitrantes alentadores del armamentismo, la única verificación del peligro del invierno nuclear no habría sido otra que la III Guerra mundial. Pero afortunadamente, ésta no llegó, entre otras cosas, porque Reagan y Gorvachov iniciaron el desarme de las ojivas letales.

Ahora pasa algo parecido con el cambio climático por el calentamiento global: siempre se encuentran explicaciones o excusas para continuar sin mayores alarmas. Porque no se ve más allá del corto círculo local, y porque a causa de intereses inmediatos no se aprecia la necesidad de cambiar nada.

Lo que ahora planteamos no es un descargo de conciencia, para luego, en medio de la catástrofe, decir “ya lo dije yo”. Se trata, en realidad, de una constatación para detener de la más temeraria actitud: adelante con los faroles, porque aquí no pasa nada. Sólo es un grano de arena. Pero como hay cientos, millares, millones de granos de arena, el resultado es el deterioro progresivo. Ante el cual, algunos ser preguntan: ¿vamos a empezar aquí y ahora el cambio a otro modelo de desarrollo, unilateralmente, sin tener en cuenta lo que hagan los demás? No parece que vaya a ser fácil proceder de manera tan altruista; o como se diría por otros, completamente necia. Más bien va a mantenerse la tendencia crecimentista de mientras el cuerpo aguante. Porque no acabamos de darnos cuenta de que tal vez estemos en las últimas generaciones que pueden disfrutar del planeta. En otras palabras, el escenario que nos ha tocado vivir recuerda un tanto aquel de los últimos días de Pompeya. Cuando el Vesubio ya roncaba y retumbaba en sus preparativos para las explosiones finales que sepultarían a todos en su derredor. That is the question.


España y sus socios comunitarios están dispuestos a continuar reduciendo sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera para combatir el cambio climático "pase lo que pase" en la Conferencia sobre Cambio Climático que se celebra en Nairobi. Así lo aseguró la ministra española de Medio Ambiente, Cristina Narbona, quien defendió ratificó el compromiso "firme" de la UE en la lucha contra el cambio climático y defendió la posición de liderazgo que a su juicio está desempeñando. La ministra consideró que el momento actual es "extraordinariamente interesante" y dijo que "nunca antes se habían puesto de manifiesto de forma tan clara las consecuencias económicas que tendría no tener en cuenta el cambio climático" y el drama humano que este fenómeno causará en los países más pobres y vulnerables.


Olegario González de Cardenal, Educación ciudadana, ABC.

Educa quien da saber, sentido, responsabilidad y esperanza a otro ser humano para que él asuma su propia existencia como realidad, don y tarea, en cuanto persona ante sí mismo, como prójimo ante el otro, como ciudadano ante la sociedad y como creyente ante Dios… Es necesario el conocimiento de las ciencias positivas, de la historia, de las propuestas éticas fundamentales que han orientado la humanidad, de las grandes creaciones artísticas y literarias, de las experiencias religiosas que han abierto el hombre a la Transcendencia.

Ahora aparecen con especial gravedad el desinterés ético y democrático de las generaciones más jóvenes, expresado en su apatía política y social, en la ausencia de participación en los proyectos comunes. Es el resultado de un individualismo exacerbado que se desinteresa de los demás, suscitando a su vez como reacción contraria un incremento de los grupos cerrados, que se enfrentan a la sociedad con violencia. Lo que en decenios anteriores era preocupación por la justicia, el sentido de responsabilidad por los proyectos sociales, la pasión por el asociacionismo y la participación política ha cedido el paso a una retirada a la privaticidad, con desinterés por la convivencia y la ciudadanía.

Ante esta pérdida de conciencia para las responsabilidades colectivas, de atonía política, de enfrentamientos humanos, de rechazo de la diferencia y del surgimiento de grupos violentos, la Unión Europea indica a los Estados el deber de ofrecer una educación para la ciudadanía, como forma de alumbrar una conciencia nueva que supere la tentación del individualismo, de la insolidaridad social, de la atonía política y positivamente provea a la abertura a los demás, al acogimiento del prójimo diverso, al interés por las situaciones que desbordan la existencia individual. En este sentido educar para la ciudadanía es evidente y urgente. La persona se realiza plenamente cuando se descubre afectada por la sociedad de la que viene, en la que está y a la que se debe. La educación abre la persona a todas sus dimensiones: biológica, social, moral, política, religiosa. La ciudadanía no es separable de la vida personal y cada uno de nosotros la vive desde lo que son sus convicciones primordiales, a la vez que desde lo que son valores definitivamente adquiridos y están ya inscritos, de manera normativa, tanto en las Declaraciones universales de derechos humanos como en la Constitución española.

…tal asignatura tendría la ventaja de ser un lugar de encuentro y de reconocimiento de todos en los valores comunes, sería forjadora de una conciencia de identidad ciudadana, en su dimensión personal (la dignidad fundadora de la persona humana); social y política (participación y respeto a las leyes), cultural (respeto a la diversidad de grupos, tradiciones y orientación religiosa), social y económica (conciencia de la función social de la riqueza, de los grupos y personas marginadas), local (responsabilidad por lo que nos atañe en cercanía) y universal (abertura de nuestro mundo a las necesidades y responsabilidades de los países en pobreza, guerra, carencia de derechos humanos).

Abrir a la compleja realidad europea, preparar para responder al pluralismo que la inmigración y la comunicación universal de ideas y de productos crean, forjar personas conscientes de sus responsabilidades cívicas en medio de su entorno y más allá de él, abrirles vías para la participación y solidaridad, superando el individualismo, egocentrismo y falta de conciencia comunitaria a la que invitan la lógica del mercado y en parte grupos políticos y mediáticos, es una tarea necesaria. Entre todos debemos superar las dificultades, encontrando soluciones fecundas y reconciliadoras.


Luis C. Corchón, Incentivos y universidad: visión desde la economía, ABC.

La universidad pública tiene un amplio campo de acción en las economías de mercado. Cualquier persona con talento, pero sin los medios para obtener una buena educación privada tiene derecho a realizar su potencial intelectual. Y la mejor garantía de una movilidad social regida por la valía y el esfuerzo personal, y no por el azar o la pertenencia a ciertos grupos de amigos, es una universidad pública que persiga la excelencia.

Pero en el caso de España hay otra razón. Hemos conquistado un lugar entre las naciones más desarrolladas, entre otras cosas, exportando bienes de calidad aceptable a buenos precios. Esta función está siendo tomada por países como China, India o Vietnam ¿Qué vamos a producir entonces? Si deseamos seguir siendo un país rico, sólo podremos producir bienes intensos en tecnología, y esto sólo será posible teniendo una universidad de calidad comparable a la de los países más desarrollados.


José Luis Lizcano, director gerente y coordinador de la Comisión de Responsabilidad Social Corporativa de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA), La responsabilidad y el 'interés social', Cinco Días.

…vamos a pensar y defender que la responsabilidad social corporativa genera beneficios y que puede garantizar mejor que otros enfoques la solvencia y supervivencia de la empresa, al mismo tiempo que genera valor para el accionista y demás partes implicadas en su marcha, incluyendo la sociedad y las personas que la componen. Preguntemos entonces a los accionistas si están de acuerdo con esto o si por el contrario les parecería oportuno renunciar a un sistema que en su fundamento lleva aparejada la reducción de riesgos y conflictos de tipo social, medioambiental y económico. Es más, ¿no sería legítimo intentar implantar un enfoque innovador que persigue la mejora de la gestión, como en su día el sistema de calidad total, por ejemplo?

En definitiva, no veamos a la responsabilidad social como un monstruo de siete cabezas que pretende destruir el sistema de libre mercado y que condiciona la acción de la empresa, sino todo lo contrario. Demos una oportunidad a la responsabilidad social corporativa, que surge de la propia esencia humana de las organizaciones, y tiempo para demostrar que resuelve problemas, estimula la generación de riqueza colectiva, potencia la creatividad y refuerza la competencia, el mercado y sus partícipes.


Martín Sagrera, La corrupción inmobiliaria, carta al director de El País.

¿Quiénes son los verdaderos antisistema? ¿Los miles de manifestantes en Barcelona que quisieran pagar por su vivienda, pero que ya no pueden, al haber subido ésta tres y hasta cinco veces? ¿O los intereses inmobiliarios internacionales allí reunidos que, sin producir materias primas, industrias o servicios, por puras maniobras especulativas sobre el suelo y otros elementos, han llevado a esa situación límite?

¿Cómo puede funcionar correctamente la agricultura, los productos industriales, los servicios todos, con ese tremendo e injusto acaparamiento de los especuladores inmobiliarios?

Cada día se descubren nuevos y enormes casos de corrupción de funcionarios y políticos de los distintos partidos, que han dejado pudrir la situación hasta estos extremos, que hacen inviable el sistema, víctima de su terrorismo inmobiliario. Ni la economía ni la democracia podrán funcionar medianamente bien hasta que no solucionemos este cáncer que corroe ya nuestra entera vida social.


Juan Carlos Araujo Boyd, Kioto y los españoles, carta al director de El País.

Parece mentira que, a estas alturas, todavía estemos a la cabeza en la lista de los europeos menos cumplidores con los compromisos de Kioto, y que no hagamos nada por evitarlo a corto plazo. En una época en la que nuestros gobernantes nos machacan todos los meses con los últimos datos sobre el paro, el IPC, el Euríbor y otras cifras a las que nos tienen acostumbrados, no estaría de más que nos publicasen, con la misma regularidad, las toneladas de CO2 que todos los meses emitimos a la atmósfera. Al fin y al cabo, ya hay quien lleva la cuenta, sólo se trata de informarnos y también de mentalizarnos. Ya llegará el día en que, cuando lleguen las consabidas navidades, nos demos cuenta de que el engalanamiento de nuestras calles y comercios no es compatible con los acuerdos de Kioto, y que nuestro derroche energético no es sostenible ni a corto plazo.


Cristina Narbona, ministra española de Medio Ambiente.

Tenemos la responsabilidad no sólo de mitigar el cambio climático sino también de ayudar a los países en desarrollo.


José Luis Restán, Zapatero no estuvo en Ratisbona, suplemento Iglesia de Libertad Digital.

Si se trata de "acercar Occidente y el Islam", como repica la trompetería laica de los telediarios, habría que empezar por curar nuestra cultura occidental de su enfermizo desprecio antirreligioso, y para eso Zapatero no es el mejor galeno.

...esperamos la llegada de Benedicto XVI a tierras turcas, para profundizar en el verdadero diálogo que nuestros tiempos necesitan y esperan.


Alfonso García Nuño, Genes para el autoengaño, suplemento Iglesia de Libertad Digital.

Es evidente que algo ha de haber en la biología humana que tenga que ver con la fe, si no nos sería algo totalmente ajeno, como la luz a los animales avidentes, pues es el hombre el que cree y no somos espíritus puros como los ángeles, sino que somos uno en cuerpo y alma, somos materia y espíritu. Muchos me dirán que lo del alma no se puede demostrar científicamente, pero tampoco se puede negar su existencia por esta misma vía y francamente, si somos sólo materia, tiene muy difícil explicación, por no decir imposible, algo como la libertad, por ejemplo.

Por otra parte, ni qué decir tiene, que el conocimiento humano no es sinónimo de ciencia y menos de formulación matemática. Pero lo que nos interesa ahora es lo del cuerpo. Si es el hombre el que cree, lo hace corporalmente, como todo lo que hace en su vida, es decir, el cuerpo, todo el hombre, determina cómo cree: humanamente. Lo que no quiere decir que sea el cuerpo el que determine qué crea. Una cosa, por tanto, es que haya un elemento genético relacionado con la religiosidad y otra el que un gen determine que se crea o no, es más, incluso habría que decir que en lo humano, junto al factor biológico, hay otros muchos y, por supuesto, siempre la libertad de decidir en una dirección o en otra. Más allá de lo fiducial, la cuestión es si hay esferas de la vida humana en las que lo biológico, en lugar de determinar, como ocurre en otros campos, solamente capacite, condicione, facilite, etc.

Si todo en el hombre, incluso lo espiritual, se reduce a instinto, la diferencia con los demás animales está únicamente en el tipo de instintos y, entonces, las categorías de persona y libertad, entre otras, dejan de tener sentido, pues todos estaríamos sumidos en el determinismo.
Si se trata de un instinto, en este caso, da igual que Dios exista o que no. Sería prescindible porque, entonces, la espiritualidad no sería desde el punto de vista biológico la apertura previa a una posible autocomunicación de Dios, sino que sería la capacidad del hombre para autoengañarse y hacerse creer que la vida tiene sentido, pues si solamente hay materia, la vida bien poca cosa valdría; acabaría en el anonadamiento total. Y si la vida no vale nada, ¿qué vale un libro de divulgación científica?


Jonathan Martínez, miembro de la Secretaría de Medio Ambiente de Ezker Batua Berdeak, Neoliberalismo y cambio climático, Órdago Digital.

Los resultados del último informe sobre el cambio climático elaborado por el economista Nicholas Stern a petición del gobierno británico ha alborotado a la opinión pública. Dice Stern que la tierra se calienta a una velocidad inverosímil y que nos aguarda un futuro ruinoso, de catástrofes, en el que no faltarán los deshielos de glaciares, las sequías y los huracanes. Ante estos augurios, todos los titulares de prensa se han encargado de arrojar informaciones más o menos apocalípticas sobre el calentamiento global, pero siempre con un mensaje común: que el cambio climático no es tanto un desastre medioambiental como un desastre económico. Porque, según el informe de Stern, se avecina un cataclismo financiero similar al de la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial.

La economía es el nuevo becerro de oro de la posmodernidad y todo parece estar sometido a la disciplina del mercado. El informe del gobierno británico habla de doscientos millones de refugiados medioambientales y, sin embargo, todo el debate se centrará en cuestiones puramente monetarias. Los pueblos más desfavorecidos serán las primeras víctimas de un sistema neoliberal que ha cedido el gobierno de nuestras vidas a los grandes poderes económicos en detrimento de las instituciones públicas. Han secuestrado la política. Ahora más que nunca existe una colisión de intereses entre una ciudadanía que exige una gestión inteligente y justa de los recursos naturales y un sistema económico dispuesto a apurar nuestro planeta hasta los posos en el nombre del progreso.

Ahora es un buen momento para pegar un volantazo y orientar el rumbo de las políticas energéticas. En 2012 caducarán los compromisos adquiridos en Kyoto y será necesario afrontar un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático que, sin duda, estará marcado por la carestía del petróleo y por el afán de protagonismo de los promotores nucleares. Por eso es necesario mantener la vigilancia y no perder de vista el verdadero origen del desequilibrio climático. El timón del planeta debe recaer en las energías sostenibles y en programas de eficiencia energética, pero mientras no hagamos temblar los cimientos del neoliberalismo, cualquier hoja de ruta que diseñemos para nuestro planeta estará condenada al fracaso más estrepitoso.


Blanca Sánchez-Robles, Proyectos de altos vuelos, La Gaceta de los Negocios.

Desde el punto de vista estrictamente económico, los proyectos de infraestructura presentan rasgos de bienes públicos: son no rivales ya que el uso por un agente no excluye el uso por otro, por lo que no tiene sentido, normalmente, duplicar las redes de carreteras, puertos o aeropuertos. Por otra parte, sus costes fijos son muy elevados en relación con los variables: por eso se han considerado tradicionalmente monopolios naturales y su provisión, en la mayor parte del S. XX, ha correspondido al sector público.


Jesse Mugambi, del Consejo Mundial de Iglesias, resaltó que el cambio climático "borrará todos los esfuerzos hechos hasta ahora en la erradicación de la pobreza".


Catherine Pearce, Amigos de la Tierra.

Necesitamos que los ministros muestren al mundo que son serios sobre la continuidad del Protocolo de Kioto y envíen una señal a los mercados internacionales en el sentido de que el mercado de carbono va a seguir en pie.


Manuel Pimentel, España, geriátrico de Europa, Cinco Días.

Sin duda alguna, España reúne muchos atractivos para convertirse en el geriátrico de Europa. ¿Es esto bueno, es malo? Sobre todo será inevitable, por lo que debemos prepararnos y, en lo posible, beneficiarnos de ello. Dado que es un fenómeno europeo, comunitaria debería ser la legislación que homologara las instalaciones de atención a esos mayores.


José C. Díez, Economista jefe de Intermoney, ¿Por qué nos equivocamos los economistas con España?, Cinco Días.

Cuando el mercado no resuelva los problemas, auditemos que la intervención pública es eficiente.

El Gobierno alcanza un superávit superior al 1% del PIB y, los que eran cruzados de las bondades del déficit cero, le dicen ahora que no es suficiente, pero no dicen que si el Gobierno deja de invertir en infraestructuras y gasto social, la relación capital/trabajo disminuirá y eso sí llevará a un desplome de la productividad a medio plazo.


El primer ministro francés, Dominique de Villepin, anunció que va a proponer a los miembros la UE que se establezca un impuesto sobre las importaciones de los países que después de 2012 no se adhieran a los tratados sobre control de las emisiones de CO2.


Sami Naïr, profesor invitado de la Universidad Carlos III de Madrid, El fracaso de Sarkozy, El País.

Pensó, como buen ultraliberal, que era posible resolver un problema social mediante la represión, cuando la represión no es más que un aspecto del malestar social.


Ramón Tamames, Otro aviso sobre el futuro del planeta, Periodista Digital.

...hemos excedido la capacidad de la Tierra para sostener la forma de vida que llevamos los humanos de un tiempo a esta parte. Y si no queremos llegar al colapso, necesitaremos frenar nuestras prácticas depredatorias, adaptando el consumo a la capacidad del planeta en cuanto a absorber y regenerar los múltiples desechos que producimos por tierra, mar y aire.

Por lo demás, al compararse la huella ecológica con el mucho más célebre índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, en el informe de WWF se muestra claramente que el alto nivel de vida en algunos países, está muy lejos de asumir el verdadero desarrollo sostenible. De forma y manera que cuando los países van mejorando en el bienestar de sus poblaciones, se desvían más y más de la meta de la sostenibilidad.

...la humanidad está cayendo en el exceso, en la utilización de más recursos de los que el planeta puede proveerle anualmente …finalmente ha llegado la hora de tomar decisiones cruciales. Porque, si continuamos en la trayectoria actual, incluso con las proyecciones más optimistas de las Naciones Unidas (de incrementos moderados en población, consumo de alimentos, y emisiones de CO2), está claro que para el 2050 la humanidad demandaría, en el límite, recursos equivalentes al doble de lo que la Tierra podría generar. Aunque tal cosa resultará imposible, desde el punto y hora en que el capital natural que está utilizándose para alimentar el exceso, va mermando de forma continua las propias bases de extracción.

En cualquier caso, lo que está claro es que el exceso en curso va a poner en riesgo no sólo la biodiversidad, sino todos los ecosistemas en su capacidad de proveer recursos y servicios de los que dependemos para vivir, por lo menos con nuestro actual way of life.

La eliminación del exceso implica, en definitiva, cerrar la brecha entre la huella ecológica con que pisa la humanidad al planeta y la biocapacidad de éste. Para lo cual resulta indispensable que la comunidad mundial llegue a un acuerdo, sobre cómo compartir esfuerzos, con estrategias de compromisos por cuotas, y asignación de derechos de emisión durante algún tiempo, con un mercado mundial a tales efectos.


Antonio Argandoña, profesor del IESE, Todos somos responsables, El País.

...todos somos responsables de todos los problemas. Y las empresas están en una situación única para asumir la responsabilidad de recordarnos a todos nuestras múltiples y polifacéticas responsabilidades.

¿Nos preocupa el medio ambiente? Bien: las empresas deben hacer algo. Mucho. Porque contaminan mucho. Pero nosotros también contaminamos como consumidores. Y como trabajadores.

Está claro que las empresas deben dar el primer paso, pero también que deben involucrar a todos: a sus propietarios y directivos, a sus trabajadores, a sus clientes y proveedores. El buen trato laboral lo dan las personas, no sólo la organización. Contaminamos todos, no sólo las empresas. Abusamos del trabajo de niños en el Tercer Mundo todos los que compramos con la sospecha de que este producto no puede ser tan barato… pero, en fin, ya que lo es, aprovechémonos y no preguntemos…

Lo mismo pasa con las grandes necesidades del mundo: las empresas pueden contribuir a solucionarlas, porque tienen los medios: la capacidad de organización y dirección, y la mano de obra para llevarlo a cabo, y sobre todo, el dinero (¿recuerdan lo de aquel ladrón al que preguntaron por qué robaba en los bancos y contestó que porque era en ellos donde estaba el dinero?). Pero, en definitiva, todos somos responsables, en mayor o menor medida, de las desgracias ajenas. Si paso al lado de un canal y veo a un niño al que se lleva la corriente, y los bomberos ya se acercan con una barca, puedo marcharme tranquilo. Pero si no hay bomberos ni barca, me parece que tengo que considerar seriamente la conveniencia de tirarme yo al agua para salvarlo.

Muy bien lo de la responsabilidad social de las empresas. Pero recordemos que todos tenemos la responsabilidad social de ayudar a las necesidades ajenas con nuestro patrimonio, grande o pequeño. Al lado de la responsabilidad social de la empresa, me gustaría recordar la responsabilidad social de la propiedad. O sea, de todos. O al menos de casi todos. Porque casi todos tenemos alguna propiedad.


Máximo Cajal, embajador de España, Una propuesta ética, El País.

...esta Alianza tiene ante todo una dimensión ética cuyo alcance a nadie debe escapar. Porque está presidida por un puñado de consideraciones morales que son las que deberán imponerse ante el escenario que comienza a asomar en el horizonte del siglo XXI. El del mundo multipolar que ya se vislumbra. El de una nueva relación de fuerzas que llevará aparejado el paulatino debilitamiento de la por ahora incontestada hegemonía unipolar. A esta mutación se suma el impulso de un creciente clamor universal por la moralización del clima internacional imperante.

Para ser viable, entre las muchas asechanzas que lo esperan, es preciso que el nuevo orden mundial esté sujeto a unos principios rectores que hoy están en entredicho. Son, en particular, el multilateralismo eficaz bajo la égida de unas Naciones Unidas decididamente respaldadas por todos sus miembros en su papel de actor decisivo en la escena mundial; el acatamiento, sin fisuras ni atajos leguleyos, de la legalidad internacional, y la primacía de un valor superior que todo lo resume, la dignidad humana.


Luis Sepúlveda, escritor, ¿Energía nuclear? No, gracias, El Mundo.

Durante la década de los 80, una bandera verde con un simpático sol sonriente en el centro y la leyenda ¿Energía atómica? No, gracias, simbolizaba algo más que una movilización ecologista o la reivindicación de un grupo de alucinados amantes de la naturaleza. Se trataba -especialmente en el caso de países como Alemania- de una propuesta política que exigía al Estado de Bienestar, esa conquista socialdemócrata hoy agónica: planificar y desarrollar políticas energéticas de largo alcance, seguras y que no legaran a las futuras generaciones miles de toneladas de basura radiactiva, de residuos altamente peligrosos cuyo destino final es un misterio, puesto que hasta ahora nadie sabe qué hacer con ellos.

Se trataba pues de una respuesta política a un problema político y moral: es evidente que precisamos energía para mover máquinas y calentarnos, pero no a cualquier precio. Además, las alternativas energéticas, eólicas o solares ya han demostrado ser eficaces y países como Dinamarca generan más de la mitad de su energía de manera segura y libre de residuos altamente peligrosos. La moratoria, que significaba cerrar, disminuir gradualmente la dependencia energética nuclear y dejar de construir plantas nucleares, fue un primer paso de responsabilidad política que debió ser seguido de otros conducentes a investigar y desarrollar alternativas que no eran desconocidas. Pero aquí faltó evidentemente voluntad política para evitar que los estados, en lo que a producción de energía se refiere, dejaran de ser rehenes de los grandes grupos multinacionales cuyo único motivo es el lucro, ajenos a cualquier consideración moral.

…todavía no hay un depósito definido, ningún ayuntamiento quiere recibir esa patata caliente, por muchas que sean las ventajas económicas que reciban si aceptan convertirse en basurero nuclear.

¿Dónde están la seguridad y las innovaciones tecnológicas que permitirán recibir esos residuos? Los accionistas de las empresas energéticas dueñas de esos residuos, ¿han invertido un miserable euro para asegurar su depósito en suelo español?

Las iniciativas ciudadanas de defensa del futuro se generan en la observación de los hechos que afectan directamente al conjunto de la sociedad. Ésta es la base humana del movimiento ecologista y en materia energética las lecciones aprendidas de la llamada crisis del petróleo de 1973 condujeron a plantear la urgente necesidad de investigar y descubrir fuentes alternativas de energía.

En las naciones centroeuropeas, durante la segunda mitad de los años 60, durante los 70 y hasta finales de los 80, era posible ejercer el derecho ciudadano a un mundo mejor, menos contaminado y más seguro. Conservadores como Ludwig Erhard plantearon la necesidad de un capitalismo humano y socialdemócratas como Olof Palme y Willy Brandt sostuvieron que el Estado de Bienestar creaba una red de relaciones sociales horizontales en una sociedad en donde la voz de las patronales, de los sindicatos, de las iniciativas ciudadanas (gérmenes de las ONG) y de los estados buscaban acuerdos para mantener, profundizar y ampliar las garantías creadas por el bienestar. Ése fue el sueño más democrático de Europa y en él la cuestión energética era parte fundamental del debate.

Pero a partir de 1989, cuando la revolución económica neoliberal empieza a generar lo que Fukuyama llamará «fin de la Historia», los ciudadanos empiezan a quedar cada vez más marginados de todos los debates trascendentes que atañen a su presente y futuro, y los estados ceden terreno a una liberalización del mercado que terminará por usurpar la supremacía estatal a la hora de decidir sobre temas que afectan a la vida de todos los ciudadanos. La libertad de mercado pasa a ser sinónimo de democracia, pero de una democracia de la que sólo se benefician los accionistas de las grandes empresas, los inversores de una economía globalizada.

En el campo energético se impone el todo vale con tal de generar ganancias; Chernóbil pasa a ser una anécdota desagradable, se atenta contra asentamientos humanos y el medio ambiente para construir centrales hidroeléctricas en Chile, se difama y conspira abiertamente contra cualquier gobernante del Tercer Mundo empeñado en resguardar o nacionalizar sus recursos energéticos o simplemente se viola la legalidad internacional y se invaden países como Irak para que no los Estados Unidos sino un grupo de empresas multinacionales se apropien de la riqueza energética de ese país.

En un panorama de cinismo que es la característica del siglo XXI, el director de estudios de Repsol-YPF, Antonio Merino, critica la vuelta al nacionalismo de los recursos energéticos porque dificulta la inversión. Es decir, que los estados, representativos de sus ciudadanos, no pueden fijar el valor de las riquezas energéticas. Eso está reservado única y exclusivamente al mercado, lo que equivale a decir «vengo, pago lo que quiero y me lo llevo». ¿Esto es la libertad de mercado?

La obvia, indiscutible alteración climática que se observa en el planeta obliga a un debate responsable porque no hay nada más serio que la supervivencia, y más obvio todavía es que el futuro depende de una independencia energética que solamente es posible investigando y desarrollando alternativas seguras, sostenibles.

Antes de revisar o replantearse la producción de energía nuclear en España, sería conveniente conocer el estado y el destino de los residuos radiactivos (posiblemente se enviarán a algún país africano convertido en basurero atómico bajo el eufemismo de ayuda al desarrollo) y, para que el debate sea serio, saber qué porcentaje del PIB español se destina a la investigación científica encaminada a encontrar fuentes energéticas alternativas.


Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, entrevista en Cinco Días.

…si los países europeos no quieren ser meros espectadores de una nueva bipolaridad, EE UU-China, tienen que avanzar mucho más deprisa en su unión para resistir la globalización. Y eso, que nadie lo discute en la teoría, se topa con dificultades porque las opiniones públicas no son conscientes de nuestra dependencia ni del bache demográfico que sufrimos.

Lo que necesitamos ahora con urgencia es una reforma institucional para adaptar Europa a sus nuevas dimensiones. No se puede seguir, por ejemplo, con la regla de la unanimidad. Y esos cambios debemos conseguirlos a corto plazo. De lo contrario, el sistema perderá velocidad y dinamismo.

No estoy en contra de proyectos específicos en campos como energía o investigación. Europa debe demostrar su utilidad de forma práctica, pero eso no es nuevo. Siempre ha tenido que hacerlo. Pero si es un proyecto político, Europea no puede reducirse a acciones coyunturales.

Es verdad que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional se están planteando su razón de ser y su utilidad está puesta en cuestión. Pero la UE es totalmente distinta. No es un Estado, pero tampoco es exactamente un organismo internacional. Y creo que hoy más que nunca, Europa debe aparecer como un agente político capaz de actuar sobre la globalización.

Europa se ha construido hasta ahora sin la participación activa de los ciudadanos. Y eso se ha acabado, porque estamos tocando ya aspectos sustantivos de la soberanía y de la forma de organizar una sociedad. A partir de ahora, si Europa es un proyecto político tendrá que ser mucho más participativo. En consecuencia, el Parlamento europeo tendrá que jugar un papel más importante.

…el crecimiento y la creación de empleo que se habían anunciado con la instauración del mercado interior y del euro no se han materializado. Y en parte ha sido culpa de los Estados, que no han sido capaces de federar sus recursos ni de coordinar sus políticas económicas. El euro nos ha protegido de los errores de algunos Gobiernos, pero no actúa todavía como un motor de crecimiento.

Puedo decir que hoy todo el mundo reconoce que el Parlamento es más conocido, más respetado y más influyente que hace dos años y medio.


Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona, Nueva situación en el mundo, La Gaceta de los Negocios.

…las sociedades cultas y democráticas reconocen que dentro de la democracia tiene que existir el respeto profundo hacia la libertad religiosa de los ciudadanos. Las instituciones civiles se van convenciendo de que el ejercicio de la libertad religiosa —y en consecuencia, el ejercicio libre de las propia religión por parte de los ciudadanos— es una parte importante del bien común que el Estado tiene que proteger y garantizar, del cual se siguen muchos bienes para las personas y para la consistencia de la sociedad entera. En nuestro caso, podemos decir: ¿quién mejor que la Iglesia educa para la convivencia, para el trabajo, para la justicia y la solidaridad?

Y en buena parte, nueva también para la Iglesia, porque poco a poco vamos aprendiendo a vivir en libertad y en pluralismo, aprendemos a convivir con otros que viven de otra manera, sin que eso signifique ni conflicto ni sometimiento. Quien diga que la Iglesia no sabe vivir en democracia no dice verdad. No añoramos ningún poder político, no pretendemos imponer a nadie nuestra fe ni nuestra moral mediante el poder o las instituciones políticas. Pretendemos simplemente poder vivir en libertad, sin restricciones, y poder anunciar libremente nuestro mensaje y nuestros puntos de vista sobre la vida personal, familiar y social. Todo perfectamente admisible en una concepción democrática de la sociedad. Si en algo pecamos es en vivir demasiado cohibidos, sin atrevernos a marcar las diferencias con el resto de la población, a ejercer nuestros derechos civiles y políticos de acuerdo con nuestras propias creencias y nuestros intereses de grupo.

…queremos más democracia, menos intervencionismo del Estado en materias religiosas y morales, más neutralidad de las autoridades políticas ante las manifestaciones y el ejercicio de la libertad religiosa de los ciudadanos.

En concreto, los obispos hacemos a la Administración dos tipos de crítica. Una, pidiendo que las decisiones de la autoridad se sometan como actividad humana a las normas morales vigentes en la sociedad, fundadas en la recta razón y en la historia cultural y religiosa de la población. No es querer imponer, es defender la libertad de la sociedad y los límites de la autoridad. Quienes gobiernan no están autorizados a gobernarnos y dirigirnos como les parezca mejor, sin tener en cuenta las normas de la moral natural y de la moral histórica de nuestra sociedad.

…el pecado y la idolatría llevan dentro el germen de su destrucción. La gente más sensata comienza a darse cuenta de que una sociedad sin religión ni moral es una sociedad sin alma, sin fuerza interior, amenazada de disolución por los conflictos de las pasiones y de las ambiciones.


Antxón Sarasqueta, El proyecto liberal de España, La Gaceta de los Negocios.

Defender un proyecto liberal de España y al mismo tiempo defender la autonomía como un todo frente al Estado es una contradicción. Lo mismo cabe decir de los ayuntamientos o de cualquier otro poder del Estado.


Ignacio Sánchez Cámara, La mala educación, La Gaceta de los Negocios.

...no se encuentra entre las funciones del Estado la de enseñar, sino sólo la de garantizar el ejercicio del derecho a la enseñanza. El Estado debe fomentar una escuela pública excelente, pero no única.


Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, No habrá justicia para las víctimas, El País.

Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte, porque es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante y una violación del derecho a la vida, que debe respetarse siempre, incluso la de aquellos que pueden haber cometido crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, como el ex dictador iraquí. La pena de muerte nunca ha tenido utilidad para prevenir futuros crímenes, y cuando no sirve se convierte en un acto de venganza.

Sadam Husein ha cometido gravísimas violaciones de derechos humanos, pero la solución no es la horca, ni por principio ni en la práctica. Se requiere justicia sin venganza.


Subdesarrollo humano, editorial de El País.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora Naciones Unidas con datos sobre ingresos, alfabetización y esperanza de vida de los distintos países constituye una radiografía bastante fiel de la situación económica y social del mundo. Según el último informe, difundido estos días, en 2004 el país más desarrollado del mundo era Noruega, seguido de Islandia y Australia. Obsérvese que las tres cimas de desarrollo mundial no están organizadas económicamente según el único criterio del mercado, sino que combina las exigencias de la libertad empresarial con políticas públicas muy desarrolladas.

Si algo queda claro en el informe es que los poderes mundiales -llámense ONU, países desarrollados, Unión económica y monetaria o cualquier otro- están obligados perentoriamente a organizar estructuras económicas en los países de la zona para frenar la caída libre hacia el horror de la miseria.


Energía más inteligente, Editorial de El País.

De seguir el aumento del consumo de petróleo al ritmo actual, especialmente por parte de países como China e India, habrá un crecimiento insostenible de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. De ahí que sea imprescindible una estrategia para prolongar los acuerdos de Kioto más allá de 2012 con objetivos más ambiciosos y con la participación de estos países, hoy no obligados por dicho acuerdo.

...sólo con una decidida intervención de los poderes públicos en los países más consumidores de energía podrá conseguirse una alternativa energética de futuro que sea "limpia, inteligente y competitiva" frente a la simple prolongación de las tendencias actuales, que nos conducen a un escenario "sucio, inseguro y caro".

La primera línea de actuación consiste en impulsar políticas de eficiencia y ahorro energético que permitan invertir a partir de 2015 la tendencia al aumento de la contaminación. Los cálculos del informe demuestran la rentabilidad de dichas políticas, ya que por cada euro invertido en aumentar la eficiencia energética se ahorran dos euros en generación, transformación y distribución de energía. Pero ocurre que el ahorro energético sólo puede ser significativo en los países más ricos mientras que el consumo seguirá creciendo en los más pobres, lo que implica que hay que complementar las políticas de ahorro con las de generación limpia de energía.

En este sentido, el impulso a las energías renovables es una necesidad perentoria, tanto en la generación de electricidad como en los combustibles líquidos para el transporte.


Caroline Lucas, parlamentaria británica.

Todos estos productos se podían haber fabricado perfectamente en Europa. Todos lo sectores del comercio mundial están siendo dominados por China. El coste real de las mercancías transportadas por el Emma Maersk debería incluir el medio ambiente, la destrucción de los mercados en los países en vías de desarrollo y la pérdida de puestos de trabajo.


Fragmento de pedagogía libertaria en el libro “La Escuela de la Anarquía” de Josefa Martín Luengo, “Colectivo Paideia”. Los puntos fundamentales que debemos tratar en una educación basada en una ética de la anarquía, son:

1. Frente a la coacción paterno-materno sobre la dependencia de los niños y niñas, por la satisfacción de los deseos primarios de éstos a cambio de la sumisión. La coacción de la autonomía, evitando la satisfacción inmediata de estos deseos, y el impulso a conseguir lo que se desea desde una toma de independencia individual y grupal.

2. Frente a la coacción social de la competitividad libresca y titular, la introyección de la cultura autónoma, autodeterminada e igual para todos y todas según sus capacidades, intereses y aptitudes.

3. Frente a la coacción social de la violencia como forma de conseguir el éxito y el dominio social, el diálogo razonado y el acuerdo grupal.

4. Frente a la coacción social del consumo y adquisición de objetos para delimitar las clases sociales y crear la falacia de la libertad, la autogestión como reparto equitativo y austero de los bienes que pertenecen a un colectivo.

5. Frente a la división del trabajo como forma de perpetuar las diferencias y luchas de clases, el reparto equitativo del trabajo en todas sus modalidades para establecer un colectivo equitativo justo.

6. Frente a la coacción moral que la sociedad hace en la aceptación o infracción de sus normas y leyes convivenciales y discriminativas. La ética de la solidaridad, la tolerancia en los errores, la aceptación de los abusos y el rechazo de la hipocresía, la mentira y la manipulación.

7. Frente a la coacción moral que la sociedad hace con el adoctrinamiento del bien y el mal, acomodaticio a unas normas estatales y rentabilizadoras de una estructura social, la coacción del desarrollo de la razón, la inteligencia y la cultura como liberación.

8. Frente a la coacción moral que la sociedad introyecta del individualismo y el egoísmo, con su defensa de la propiedad privada, la coacción moral del colectivismo, el reparto de bienes y el derecho de todos y todas a gozar equitativamente de todos los bienes que la naturaleza ofrece para poder vivir con placer.

9. Frente a la coacción moral que la sociedad impone de la represión sexual. La coacción moral de una sexualidad libre, carente de tabúes sin más limitaciones que la libertad de las demás personas.

10. Frente a la coacción moral de la división de los sexos en roles predeterminados, la coacción moral de la igualdad, como personas que, cada una según sus peculiaridades, aporta a una colectividad para mantener la justicia, la equidad y la creatividad.

11. Frente a la coacción moral de una cultura de la imagen manipuladora en exceso, la coacción de una cultura del libro, las ideas y la ciencia.

12. Frente a una coacción moral pública de la división de la sociedad en pobres y ricos, listos y tontos, elegidos y masa. Una coacción moral de la igualdad y de la diversidad en una sociedad sin privilegios.

13. Frente a una coacción moral del embrutecimiento de la sensibilidad, por el pragmatismo, la satisfacción de los instintos primarios y el embrutecimiento de la imagen, el sonido y la productividad. Una coacción moral del desarrollo de la sensibilidad, el afecto y la generación de los productos necesarios para mantener una vida digna.

14. Frente a la coacción moral pública del individualismo egoísta y de la familia generadora y reproductora de todos los males sociales, la coacción hacia el grupo natural, las relaciones libres y la generosidad.

15. Frente a la coacción moral del establecimiento de roles sexuales fomentadores y perpetuadores de la familia. La coacción moral de la libre relación sexual sin apelativos, marginaciones o permisividades según los deseos de las personas sin ninguna finalidad estructurada, como base de la generación de una sociedad diferente donde los lazos de unión son solidarios y libres y no estereotipados y sujetos a coacciones conservadoras propias de una sociedad inmovilista y no anárquica.

16. Frente a la coacción moral pública de la norma, la ley y la moral burguesa que requiere y demanda el Estado. La moral natural libre de prejuicios, ataduras y reglas de sometimiento.

Por lo que: “Es necesario absolutamente e indispensable una conciencia social y una politización de la vida personal diaria” (Reich, W., La revolución sexual).

Y en eso debe incidir la Escuela de la Anarquía, en recrear una conciencia social y política personal que sea diametralmente opuesta a la establecida en esta sociedad, para evitar su perpetuación y poder tener la posibilidad de establecer las bases de una nueva sociedad humanamente responsable, social y personalmente.


Federico Mayor Zaragoza, copresidente del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza de Civilizaciones creado por la ONU, ha denunciado que Occidente ha permitido durante mucho tiempo que la mujer fuera discriminada en el mundo musulmán porque éste era un "buen cliente". En su opinión, Occidente debe ser "muy cuidadoso" cuando dé lecciones al Islam y debería mirarse al espejo cuando lo haga porque en la prensa generalista española aparecen anuncios de contactos. "Mire usted allí y verá unas vergüenzas tremendas, accesibles a los niños, en donde hay unas imágenes y dibujos que se podrían obviar, y unos comentarios que son realmente vejatorios para la dignidad de la mujer en su conjunto".

"Estamos todos asustados de ver cómo Israel lanza bombas de racimo y después dice que ha sido un error técnico. ¡Ya está bien de errores técnicos, ya está bien de utilizar la fuerza! Y que lo sepan los productores de armamento, porque se gastan 2.680 millones de dólares en armas al día". "No puede ser sigamos con una ONU sometida prácticamente a los países más poderosos y, muy concretamente, a Estados Unidos".

Mayor Zaragoza dijo que el GAN propondrá que se incremente el hermanamiento de ciudades; una mayor interacción entre universidades de Oriente y Occidente, con un Erasmus a nivel mundial y el fomento del acceso a Internet mediante un programa mundial, "puesto que la red de redes constituye uno de los medios de intercambio e interacción más importantes hoy en día". Igualmente, se abogará porque se revisen los libros de texto con objeto de que no haya "imágenes, estereotipos o clichés que generan ideas de las otras culturas con una preeminencia de la nuestra (la occidental)".

Se refirió a un "gran programa de solidaridad juvenil a escala mundial", que ya cuenta con más de 400 asociaciones juveniles de unos 125 países. "Es una de las fórmulas más aptas para favorecer el conocimiento recíproco y que la juventud no herede las percepciones injustas y los estilos de rechazo que pueden haber caracterizado a generaciones precedentes".

Preguntado por la posibilidad de que los Veinticinco no estén preparados para integrar a Turquía, ha dicho que la clave del proceso reside en que la Unión fundamente el proceso sobre "el sistema democrático europeo" y "los principios democráticos", en lugar de sobre la "economía de mercado", a la que atribuyó "asimetrías y desgarros sociales". "Lo que no podemos hacer es llevar esta teoría de que es el mercado el que tiene que mandarnos. A ver si somos capaces de dejarlo a un lado y que nos manden otra vez los principios democráticos de justicia, libertad, igualdad y solidaridad. Ya está bien de mercado".


Josep A. Durán Lleida, presidente de Unió Democrática de Cataluña, 75 años de Unió, ABC.

…la nueva formación reclamaba para sí la condición de partido humanista y con un alto compromiso social. Crítico por igual contra el capitalismo y contra cualquier totalitarismo de derecha o de izquierda, el ideario de Unió Democràtica de Catalunya se centraba en los valores que hoy denominaríamos «socialcristianos», defendía la persona humana como referencia de toda actuación política y reivindicaba la plenitud de derechos de las familias y de las naciones. Sus principios inspiradores coincidían con una incipiente doctrina social de la Iglesia y con las formulaciones políticas que en los años siguientes caracterizarían los partidos demócrata-cristianos europeos. Junto a dichos partidos, Unió ha impulsado siempre el proyecto común Europeo.
Unió Democrática nacía también como un partido profundamente catalanista, que no necesariamente independentista, y que aspiraba a una nueva construcción de España basada en el entendimiento, la libertad y el consenso de sus distintos territorios. Asimismo, el catalanismo de Unió Democrática, al igual que su reivindicación de los derechos de cualquier otra nación, se inspiraba en la defensa de ésta como comunidad natural y de máximo espacio de libertad y desarrollo humano.

…seguimos asumiendo que el objetivo de la política es el pleno servicio al ser humano y a la sociedad, y que todo ello debe inspirarse dentro de los principios democráticos y humanistas que hemos defendido desde nuestra fundación, en los escenarios más diversos y entre todo tipo de circunstancias. La defensa de la familia a partir del principio de que la sociedad será más fuerte, cuanto más fuerte sean las familias; su valor como motor y garantía del bienestar social; la libertad en mayúsculas; la libertad fundamental de los padres de elegir la escuela de sus hijos son hoy valores que más que nunca nuestra sociedad requiere y que Unió se propone fortalecer. El personalismo comunitario como respuesta al fenómeno de la inmigración, al reconocimiento de sus derechos como personas y la obligación de sus deberes con la comunidad de acogida, la seguridad como garantía de libertad, como el principio de subsidiariedad, la economía social de mercado, la justicia social, la educación en valores más allá de la instrucción en conocimientos eran y siguen siendo componentes del modelo de sociedad que Unió defiende.

Como suele afirmarse, una trayectoria insigne tiene valor por sí misma, pero constituye el acicate más poderoso para continuar avanzando hacia nuevas metas. Hoy, al igual que en noviembre de 1931, Unió Democrática dirige sus ojos al futuro, comprometida en la lucha por una sociedad más justa, más humana, más solidaria y más libre.


Jesús Gago Dávila, arquitecto urbanista, premio Nacional de Urbanismo, Cortar por lo sano, El País.

…lo peor es que en las más recientes iniciativas, en las que surgen desde la segunda mitad de los noventa, tras una famosa sentencia del Constitucional, y bajo el eco de una célebre homilía pronunciada desde el Tribunal de Defensa de la Competencia, el legislador se ha instalado en un dogma renovado: la liberalización del mercado, que tan buenos resultados estaba rindiendo en la organización de la economía, tenía que extenderse al suelo en forma de desregulación.

Aplicada al campo inmobiliario y sobre todo al del suelo, esa nueva fe consiguió convertirse, a partir de 1998, en ley de leyes y al mismo tiempo, paradójicamente, en la derogación sin más de toda la legis