Inteligencia y Libertad |
Francisco Capella |
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ERRORES |
Aprende a pensarErroresNoviembre 2006
Mikimoss. Como he explicado, nadie vende un órgano propio de manera voluntaria, sino por acuciante necesidad. Voluntariamente sólo hacemos lo que nuestra inteligencia dictamina como bueno o correcto en relación a cumplir cierto proyecto vital, y el desprendimiento de un órgano sano no es una decisión de este tipo, sino un "mal menor" que en determinada circunstancia puede ser la única salida. Sin ánimo de ser pedante, pero ya dijo Sartre que estamos obligados a elegir. La cuestión es ¿qué? y ¿bajo qué presiones? Como sociedad que se da las normas de manera democrática, lo que debemos decidir es si impulsamos medidas que fomenten la autonomía de las personas -(aún a costa de reducir el abanico de opciones escogibles) para que no tengan que plantearse desprenderse de un riñón por necesidad o fomentamos lo contrario liberalizando ese mercado y dando así carta de naturaleza a la obtención de salud de las castas más poderosas a expensas del empeoramiento de la calidad de vida de las más desfavorecidas. No creo que sea Vd. tan ingenuo como para ver coacción únicamente en la violencia física directa de un sujeto hacia otro. El pobre no es libre para negarse voluntariamente a vender sus órganos. Se puede negar, sí, pero porque se rinda a un mal mayor. Puede escoger, sí, pero sólo una opción mala (quizás el hambre de su familia). Eso no es libertad. Lawrence H. Summers, university professor of economics at Harvard, The Great Liberator, The New York Times. I believe that some of the great challenges we face today, like rising inequality and global climate change, require that the free market be tempered instead of venerated. De Kioto a Nairobi, Editorial de El País. La cumbre del clima celebrada en Nairobi se ha visto marcada por tres elementos clave. Uno es el reconocimiento ya casi general de la enorme gravedad del calentamiento global acelerado del planeta. Otro es la envergadura del precio del riesgo que conlleva, tal como ha sido cuantificado en el reciente informe Stern, muy superior al de las medidas imprescindibles para evitar las peores consecuencias. Y el tercero, la constatación, en contra de todo escepticismo, de que el Protocolo de Kioto está funcionando. Los países desarrollados vienen intentando cumplir los compromisos de reducción de emisiones, aunque con resultados muy modestos. Los acuerdos adoptados ahora, por los que los países desarrollados aceptan un marco de referencia ambicioso (reducción de las emisiones de un 50%), acompañado de un programa para ir detallando todas las condiciones, plazos y cantidades, eran esenciales para mantener y reforzar el impulso de un proceso que sigue avanzando, pese a los juicios escépticos o incluso cínicos que suscita. Los países en vías de desarrollo juegan un doble protagonismo en este esfuerzo de coordinación internacional para hacer frente al cambio climático: recibirán probablemente la peor parte de los impactos del calentamiento y necesitan ayuda para afrontarlos. El peso de China ha sido decisivo para impedir cláusulas más estrictas para estos países que necesitan ayuda, y para afrontar en ellos un desarrollo que eluda las catástrofes ecológicas que la industrialización trajo consigo en los países desarrollados en los dos siglos pasados. La repetición de tales modelos en las actuales dimensiones planetarias tendrían consecuencias desastrosas e irreversibles. Aunque se acepte la obligación moral de ayudar a los países en desarrollo y la responsabilidad histórica de los países desarrollados por el CO2 excesivo que ya está en la atmósfera, todos los datos indican que el clima de la Tierra no admite el actual crecimiento desenfrenado de las emisiones de países con economías en rápido crecimiento. Por eso, hay que lograr que los países en desarrollo puedan sumarse al esfuerzo de contención de emisiones lo antes posible. EE UU sigue rechazando el Protocolo de Kioto, pero la victoria demócrata en las últimas elecciones y el creciente movimiento en ese país han renovado las esperanzas de que algún día se sume a los 166 que ya han firmado el compromiso de reducción de emisiones. Felipe Calderón, el presidente electo de México, envía una carta a los partidarios de López Obrador para ofrecerles un acuerdo de programas políticos. Calderón dice coincidir en "el rechazo a la privatización del petróleo y la energía eléctrica" y en "la necesidad de fortalecer las empresas públicas, especialmente Pemex (Petróleos Mexicanos) y CFE (Comisión Federal de Electricidad)". Destaca la necesidad de mejorar la recaudación para poner en práctica "una política social con proyección transformadora", avanzar hacia "un sistema único de protección de la salud", fortalecer el sistema de pensiones y jubilaciones, crear un sistema nacional de becas para todos los alumnos en el sistema educativo público, "que es y seguirá siendo laico", ampliar los programas nacionales de vivienda, fortalecer y transparentar los programas sociales de combate a la pobreza, y considerar un programa nacional de pensiones para los más viejos en situación de pobreza extrema. La respuesta no se ha hecho esperar. "Olvida que hay una diferencia fundamental, que es nuestra certeza de que él no ganó la Presidencia y que por consiguiente no merece consideración o respeto alguno", señala Gerardo Fernández Noroña, portavoz del Partido de la Revolución Democrática (PRD). El intercambio de mensajes se produce en vísperas del acto convocado en la plaza del Zócalo de la Ciudad de México, donde López Obrador tiene previsto presentarse mañana como "presidente legítimo" con un gabinete en la sombra, rechazando al presidente electo, calificado de "usurpador y pelele". "Si un poco de vergüenza y dignidad tuviera, simplemente renunciaría al cargo de presidente electo que ilegítimamente ostenta". Salarios y beneficios, editorial de El País. Se trataría ahora de aprovechar esta gran bonanza general para dar un salto en la cualificación y en la calidad. Difícil será encontrar mejor ocasión que la que refleja el comportamiento excepcional de los beneficios empresariales. David Luque Navarro, Ley de deuda: ¿oportunidad perdida?, carta al director de El País. La deuda externa que los países más empobrecidos se ven obligados a pagar año tras año es una deuda ilegítima, pues en gran parte fue contraída por gobiernos dictatoriales y corruptos que no usaron estos recursos en beneficio de sus poblaciones; los créditos fueron concedidos sin tener en cuenta cuál iba a ser el destino de estos fondos. La sociedad civil está exigiendo mayores dosis de solidaridad internacional, a lo que los gobiernos han de responder en las leyes y medidas que aprueban. Entre los Estados europeos destaca Noruega que recientemente ha cancelado las deudas de cinco países empobrecidos (Ecuador, Perú, Jamaica, Egipto y Sierra Leona); la razón expuesta por el Gobierno noruego para esta cancelación ha sido clara: "una política de desarrollo fallida". Lejos de esta postura, el Gobierno español, que no repara en sacar beneficio de las poblaciones más empobrecidas, que sigue sin controlar los daños medioambientales y sociales de sus transnacionales en el exterior y que se extraña y reacciona violentamente ante las oleadas de inmigrantes que llegan a nuestras costas, no está respondiendo a una pregunta que nos hacemos muchas personas de nuestro Estado: ¿quién debe a quién? José Nuño, ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, carta al director de El País. En relación con el artículo de Fernando Trías de Bes ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, publicado el día 17, creo que para que la vivienda tenga un coste razonable existe un mecanismo simple que se aplica en muchos países de la Unión Europea, consistente en lo siguiente: la autoridad pública compra terrenos y después los recalifica como urbanizables; seguidamente esa propia autoridad pública es la que urbaniza y vende los pisos. Si un propietario de terrenos rurales no quiere venderlos, no se recalifican y punto. Esto hace que la plusvalía revierta en el público y que el precio de la vivienda sea razonable. Ramón Sala Gasset, Desvelos medioambientales, carta al director de El País. Últimamente Telefónica parece que está muy preocupada por el impacto ambiental que tienen las facturas que emite en soporte de papel y nos invita a los clientes a compartir esta preocupación renunciando al formato tradicional y optando por el formato de factura electrónica. Lo que no acabo de entender es lo que va a hacer con el dinero que se ahorre por no emitir las facturas de papel (costes de impresión, correo...), ya que en ningún lugar de la publicidad que ya empieza a ser machacona, se indica que estos costes ahorrados repercutan en una rebaja de la factura a aquellos clientes que opten por la factura electrónica. ¿Los va a donar para causas medioambientales? sería lo lógico. Porque si fueran a engrosar la cuenta de beneficios de la empresa por la vía de reducir costes no sería muy ético. ¿No? Mientras Telefónica no me aclare las dudas, seguiré con el formato clásico. Mientras tanto les sugiero que se ahorren toda la cantidad de papeleo publicitario que también envían con cada factura. Ese montón de papeles sí que es perfectamente evitable y ecológicamente discutible. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, entrevista en El País. De inspiración marxista, fundó el Ejército Guerrillero Tupac Katari y pasó cinco años en la cárcel. Junto a Evo Morales impulsa desde el Gobierno varias reformas, como la de la tierra, los recursos naturales (el gas y el petróleo suponen cerca del 25% del PIB del país latinoamericano) y la descentralización administrativa. …garantizamos la seguridad jurídica a los inversores españoles y extranjeros. He visitado a la vicepresidenta para preparar un encuentro en enero que será punto de arranque para un convenio económico. Negociamos una serie de donaciones en áreas productivas y servicios básicos (agua potable, luz, alcantarillado, ambulancias, tractores...), de microcréditos a pequeños productores, de temas de seguridad en emigración. También queremos consolidar la condonación de la deuda que tenemos con España y que se eleva a 110 millones de dólares con intereses. Fue una promesa de Rodríguez Zapatero. Además de Repsol, hay más inversión de España. Está en el campo de los medios de comunicación, en electricidad, servicios..., y no tienen ningún problema, sus inversiones nunca han sido objeto de suspicacia. Las firmas que se mueven en la legalidad, que generan empleo y pagan impuestos son bien recibidas. El Gobierno se propuso cambiar la propiedad y el control del gas y petróleo. Se trata de una nacionalización del siglo XXI porque no expropia ni expulsa a las empresas, pone unas nuevas reglas de juego en las que el Estado asume el control de toda la cadena. Significa que recupera la propiedad de los hidrocarburos cuando están bajo tierra y en boca del pozo y asume la responsabilidad y control de la comercialización y precios. Falta que lo refrende el Parlamento, adonde se lleva por primera vez. Lo hemos hecho porque queremos mostrar a la gente cómo trabajamos, que no hay cláusulas secretas, y que haya seguridad jurídica con las empresas. Fue un mensaje claro para que las empresas negociaran una por una y no como coalición sindical como intentaron. Había que hacerse fuerte para que las empresas negociaran. A las empresas extranjeras que inviertan en Bolivia se les respetará la propiedad de las instalaciones y se negocia un mecanismo de retorno de sus inversiones y de rentabilidad. En cierta medida es un acuerdo en el que a las empresas se les retribuye por un servicio en recuperación de inversión y en ganancia. El resto es de los bolivianos. El 50% de la producción bruta es del Estado. Eso no se discute. P. ¿Hay conflicto en el reparto de la tierra? R. Hay conflicto, pero no demasiado. Hemos propuesto que la persona que tenga tierras, que las produzca y si no que las tome el Estado para que las reparta entre la gente que no tiene. No es un proceso de expropiación generalizado, es garantizar la seguridad jurídica de las tierras, que cumplan una función económica, social. Si se usan para especular, pasan al Estado y se reparten entre pequeños productores. Cayetana Álvarez de Toledo, “hija de Hayek y Keynes”. Dilema que, más adelante, en sus declaraciones, se desliza y pervierte al oponer socialdemocracia y capitalismo. Ojo con esta falacia: la socialdemocracia moderna, la que defiende la economía de mercado hasta donde es razonable, la que aspira a una justicia social que entorpezca lo menos posible la libertad individual, la que exige igualdad de oportunidades, es una variante (una herejía para algunos) del pensamiento liberal. No demos la satisfacción intelectual a quienes no lo merecen de aceptar que el Estado de Bienestar es tributario del marxismo. La redistribución de la riqueza mediante un régimen impositivo y un sistema de prestaciones sociales no tiene absolutamente nada que ver con la negación de la propiedad privada. Otra cosa es que la lucha de aquellos que defendieron el marxismo haya ayudado a despertar conciencias, desembocando en un compromiso razonable: histórico y social, pero no intelectual. Andrés Trapiello, escritor, afirma que "mira uno con nostalgia imposible aquella época en que los hombres cambiaban entre sí cosas bien reales". Una vez que actúa el dinero en los intercambios, "el mercado no garantiza la calidad, sino la circulación y abastecimiento de las mercancías, fundamentando la desigualdad... cada día hay más coches, pero el mercado no garantiza que haya menos accidentes". Domingo Jiménez Beltrán, asesor del Observatorio de Sostenibilidad en España, y Joaquín Nieto, secretario confederal de Comisiones Obreras y presidente de Sustainlabour, El País. ¿Por qué no tomar el desafío del cambio climático como oportunidad para un cambio radical en el desarrollo, a fin de hacerlo sostenible? Sabemos lo que está pasando e incluso lo que va a pasar con el calentamiento del planeta como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Después del Informe Stern nadie podrá decir que no estaba advertido: además de las tremendas consecuencias ambientales y sociales -sobre todo en los países más pobres y vulnerables, pero también en los más ricos, como mostró el Katrina en Nueva Orleans-, el cambio climático puede desencadenar un colapso económico desconocido, sólo comparable al provocado por las grandes guerras mundiales, con caídas del PIB que pueden alcanzar el 20%. Pero también sabemos cómo evitarlo: invirtiendo anualmente el 1% del PIB (el 0,6% para la UE según cálculos de la Agencia Europea de Medio Ambiente) en la transformación de nuestros sistemas productivos y energéticos para hacerlos más eficientes energéticamente y reducir drásticamente el uso de combustibles y carburantes fósiles. Y sin olvidar que la suma de beneficios directos e indirectos resultantes puede hacer que dichas medidas tengan coste cero y hasta beneficios. Esta reducción no sólo es viable y hasta saludable económica y ambientalmente, sino que además habría que hacerlo aunque no hubiera el riesgo del cambio climático, tanto por los otros muchos efectos ambientales adversos que tiene su uso, como por el hecho de que se trata de materias primas muy valiosas, pero finitas. ¿Qué podemos hacer para transformar el desafío del cambio climático en oportunidad? Lo primero es reconocer y aceptar la magnitud y urgencia del desafío y adoptar medidas proporcionadas con la gravedad de los impactos. Para no entrar en una situación catastrófica debemos evitar un incremento de la temperatura media global superior a dos grados centígrados en este siglo y estabilizar los gases de invernadero en la atmósfera en una proporción de entre 450 y 550 partes por millón. Lo que implica una reducción para 2050 del 25% de las emisiones globales y del 60/80% por parte de los países industrializados, como se ha propuesto en el Consejo de Primavera de la Unión Europea. Estamos por tanto hablando de llegar hasta un factor 5 en la descarbonización de la economía para dentro de cuatro o cinco décadas. ¿Y cómo podemos conseguir esto? Es posible imaginar un escenario de contracción y convergencia en el consumo de energía, es decir, una reducción en los países industrializados que permita un aumento convergente en los países en desarrollo, y simultáneamente la descarbonización progresiva de las economías, recurriendo fundamentalmente a las energías de fuentes renovables, cuyo potencial en España es enorme. Las energías renovables son las únicas que en el estado actual de la tecnología pueden considerarse fuentes masivas sostenibles. Ya que la posibilidad de seguir usando masivamente el carbón está aún pendiente de la viabilidad de tecnologías de carbón limpio, en particular de gasificación y captura de CO2; y la energía nuclear de fisión, dependiente de un combustible también agotable, no ha resuelto el problema de los residuos, y la investigación centrada en la fusión no dará eventuales resultados hasta dentro de unas cuantas décadas. El informe de la comisión sueca para la Independencia del Petróleo de julio de 2006 se propone reducir su consumo energético en 20% para 2020 y hasta en el 50% para 2050, basar su sistema energético en las energías renovables y abandonar progresivamente la nuclear, convirtiendo dichos logros en ventajas tecnológicas y de mercado que convertirían la economía sueca en una de las más dinámicas y competitivas del mundo. Los mandatarios europeos ya han planteado la reducción del 20% en el consumo energético para el 2020, logrando así mejorar la ventaja competitiva con Estados Unidos, que necesita hoy un 70% más de energía por unidad de producto que la UE-15. Estos objetivos son viables y saludables, tanto en términos ambientales como económicos y laborales. Pero esta gestión de la demanda requiere forzosamente no sólo medidas normativas que regulen la eficiencia energética de productos, servicios y procesos industriales y de transporte, sino también de medidas fiscales, que redistribuyan los costes reales de tales productos y procesos, incluyendo las externalidades, e incentiven los cambios. La Conferencia sobre Cambio Climático celebrada estos días en Nairobi ha adoptado acuerdos que refuerzan la decisión de Montreal de dar continuidad al proceso, estableciendo un segundo periodo de compromisos del Protocolo de Kioto después de 2012. Hacer realidad los nuevos compromisos es la única manera de responder globalmente al desafío global del cambio climático. En Nairobi, Kofi Annan ha denunciado certeramente la falta de liderazgo político para acometer las transformaciones necesarias. Así es: hace falta voluntad política y compromiso cierto -y no sólo declarativo- por parte de los mandatarios y de los responsables políticos para reconducir la economía hacia objetivos socialmente más justos, ambientalmente más responsables y económicamente más viables. El desafío del cambio climático puede ser también una oportunidad irrepetible, en particular para España. Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, Los que contaminan deben pagar la factura, El País. El Gobierno británico ha publicado recientemente el estudio más exhaustivo hasta la fecha sobre los costes y riesgos económicos del calentamiento global y las medidas que podrían reducir las emisiones de gases invernadero, con la esperanza de prevenir en parte las peores consecuencias. El informe, redactado bajo la dirección de sir Nicholas Stern, de la London School of Economics -que fue mi sucesor como economista jefe del Banco Mundial-, expone con claridad que ya no se trata de si podemos permitirnos el lujo de hacer algo para remediar el calentamiento global, sino de si podemos permitirnos el lujo de no hacer nada. El documento propone un orden de prioridades cuyo coste equivaldría al 1% del consumo anual y ahorraría al mundo unos costes de riesgo equivalentes a cinco veces más. Los costes que se atribuyen al calentamiento global son superiores a los de estudios anteriores porque el informe tiene en cuenta las pruebas, cada vez mayores, de que el proceso de calentamiento global es muy complejo y no lineal, y de que es verdaderamente posible que avance a mucha más velocidad y se extienda mucho más de lo que antes se pensaba. En realidad, es muy posible que el cálculo de los costes que hace el estudio se quede muy corto: por ejemplo, el cambio climático puede provocar una mayor variabilidad del tiempo, la posible desaparición o transformación de la corriente del Golfo -que interesa especialmente a Europa- y el florecimiento de diversas enfermedades. Cuando trabajé en el Equipo Intergubernamental sobre Cambio Climático, el grupo científico que evalúa de forma periódica las bases científicas del calentamiento global, existían pruebas aplastantes, ya en 1995, de que la concentración de gases invernadero en la atmósfera había aumentado notablemente desde los comienzos de la revolución industrial, de que la actividad humana había contribuido de forma significativa a dicho aumento y de que eso iba a tener profundas repercusiones en el clima y el nivel del mar. Pero pocos sabían, por ejemplo, que el casquete ártico iba a derretirse con tanta rapidez como se ve hoy. Aun así, algunos sugieren que, dado que no sabemos hasta qué punto va a ser nocivo el calentamiento global, lo mejor sería que no hiciéramos nada o prácticamente nada. En mi opinión, la incertidumbre debería empujarnos a lo contrario, a actuar ya, no con menos decisión sino con más. Como dice un amigo mío científico: si estás conduciendo por una carretera de montaña, cerca de un precipicio, en un coche cuyos frenos pueden estar mal, y aparecen bancos de niebla, ¿conduces con más o con menos cuidado? El calentamiento global es uno de esos casos infrecuentes en los que la comunidad científica tiene más miedo que la población general de lo que puede ocurrir. Los científicos han vislumbrado lo que puede depararnos el futuro. El informe Stern destaca que, como de costumbre, los pobres son los más vulnerables. La tercera parte de Bangladesh estará sumergida bajo el agua a finales de este siglo. Las Maldivas y un montón de Estados situados en islas del Pacífico desaparecerán: una Atlántida del siglo XXI. Para un economista, el problema es evidente: los que contaminan no están pagando plenamente los daños que causan. La contaminación es un efecto externo de alcance mundial y de proporciones inmensas. Los países avanzados no querrán hacer daño a Bangladesh ni a las islas que van a desaparecer, pero ninguna guerra podría tener efectos más destructores. Al parecer, Exxon ha financiado supuestos grupos de estudios para minar la confianza en la ciencia que se ocupa del calentamiento global, del mismo modo que la industria del tabaco financió “investigaciones” para poner en duda los datos estadísticos que mostraban la relación entre tabaco y cáncer. Algunas empresas incluso parecen celebrar que el casquete polar se derrita, porque disminuirá los costes de extraer el petróleo existente bajo el océano Ártico. Por fortuna, existen muchas maneras de que unos incentivos mejorados ayuden a reducir las emisiones. Eso puede conseguirse, en parte, eliminando todos los subsidios destinados a usos ineficaces. En el sistema impositivo de Estados Unidos se encuentran, ocultos, miles de millones de dólares en subsidios a las industrias del gas y el petróleo. Y en cambio, ese país impone aranceles al etanol obtenido del azúcar. Lo más importante es que unos precios que muestren los auténticos costes sociales de la energía derivada de los combustibles fósiles fomentarán la innovación y la conservación. Alterar mínimamente las costumbres, cuando lo hacen cientos de millones de personas, puede suponer una tremenda diferencia. Por ejemplo, cambiar el color de los tejados en los climas cálidos para que reflejen la luz solar y plantar árboles alrededor de las casas son medidas que pueden permitir un gran ahorro de la energía que se dedica al aire acondicionado. Tenemos un solo planeta, y debemos valorarlo como merece. El calentamiento global es un riesgo que ya no podemos permitirnos el lujo de ignorar. Ana M. Correas, doctora en Biología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, La fallida igualdad, El País. ...el pasado mes de julio la revista Nature publicó un artículo firmado por Ben A. Barres, profesor de neurobiología en la Universidad de Stanford. En el artículo, Barres denunciaba las declaraciones realizadas por diferentes hombres de gran prestigio social, incluido el presidente de la Universidad de Harvard, Larry Summers. Summers aseguró en 2005 que la menor representación femenina en altos cargos en el ámbito de la ciencia se debía a una falta en las capacidades de las mujeres para ello, y no a casos de discriminación. A estas declaraciones vinieron a sumarse las de Steven Pinker -profesor en Harvard y autor de libros de divulgación- y Peter Lawrence -bioquímico y autor de un artículo del cual se hizo eco este diario... Con el fin de rebatir las opiniones de estos tres caballeros, el profesor Barres presentó conclusiones aparecidas en otros trabajos en las cuales se demostraba, por ejemplo, que la capacidad para las matemáticas en niños y niñas de entre 4 y 18 años no es significativamente diferente. Manuel Toharia, El clima (El calentamiento global y el futuro del planeta). ...por mucho que nos falte por saber, ha de quedar claro... que aunque no sepamos muchas cosas y temamos muchas otras, parece imprescindible adoptar medidas que incidan en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Richard Adams, The deflation of Friedman, The Guardian. The death of Milton Friedman has provoked an outpouring of tributes to one of the modern era’s most controversial economists. But given how little success he had in translating his ideas into practice, it is worth asking just what his legacy is. Thanks to his status as a hate figure for the left, many assume that Friedman’s agenda was cemented by the Reagan and Thatcher regimes of the 1980s - especially his famous view that inflation is solely influenced by changes in money supply. But few of his most cherished proposals were ever put to the test. Of those that where, such as monetarism, almost all dissolved into failure. This is not to say that Friedman was not respected as an academic economist. He was a deserved winner of the Nobel prize for economics - even if he reacted churlishly, saying: “I would not want a professional judgment of my scientific work to be those seven people who selected me for the award.” But even Friedman’s academic influence is less than might be expected from his profile; no mainstream academic economist today is an avowed monetarist. In terms of the policies he inspired, the report card is not glowing. His great claim that “inflation is always and everywhere a monetary phenomenon” may have set off the monetarist v Keynesian “econ-wars” of the late 70s and 80s. But Friedman’s ideas of directly targeting the money supply were tried and rejected, and Friedman later backed away from these positions. It is significant that no major central bank now directly targets money-supply data in setting monetary policy - they are far too pragmatic. Even Friedman’s great admirer Alan Greenspan never tied himself to the monetarist mast. Friedman clamoured for school vouchers to be adopted, to little avail; his libertarian leanings led him to call for recreational drugs and prostitution to be legalised; and the bulk of his lobbying against environmental protection and regulations of all kinds was happily ignored. Even the economic reforms in Pinochet’s Chile that he is said to have inspired have run into trouble. In 1964 Friedman got his first big role as a policy adviser to Barry Goldwater - the least successful Republican presidential candidate in the past 100 years. His next gig was for Richard Nixon - unsuccessful in a different way - who ignored him except when he could use Friedman as cover for politically difficult decisions, such as ending military service. Friedman argued against the draft, yet it was Vietnam that triggered the end to conscription in the US. It could be argued that Friedman’s greater success was as a figurehead and champion of free markets and floating currencies - although those ideas were not new, merely unfashionable. Yet even then his role is debatable. In his own tribute to Friedman, Sir Samuel Brittan wrote: “Friedman’s direct influence on Margaret Thatcher was much less than often supposed.” It was Friedrich Hayek, rather than Friedman, who inspired Thatcher and Thatcherism. The irony for Friedman’s fans is that the one piece of public policy he was responsible for that was widely successful and internationally adopted greatly increased the ability of governments to collect tax. In 1942 Friedman worked for the US government and helped to design the payroll tax known in Britain as pay as you earn, which allows governments to take income tax directly from salaries. It was the best thing that Keynesian-style government could have hoped for, and Friedman bitterly regretted it. Years later he wrote: “It never occurred to me … that I was helping to develop machinery that would make possible a government that I would come to criticise severely as too large, too intrusive, too destructive of freedom.” RIP Milton Friedman, big government’s best friend. Kandi Ibarrondo y María Cruz Alonso, Cambio climático, carta al director de El País. Desde hace más de 40 años se han oído insistentemente las voces de ecologistas y defensores de la naturaleza que denunciaban, entre otras cosas, las consecuencias catastróficas de la emisión masiva de gases contaminantes a la atmósfera, tales como el efecto invernadero y el cambio climático. Sin embargo, los poderes tanto económicos como políticos, bajo la influencia de grandes intereses, se han negado a aceptar estas teorías tachándolas de alarmistas y faltas de rigor científico, en el convencimiento de que la introducción de medidas correctoras supondría un freno a los beneficios y a la creación de riqueza. Sólo cuando sir Nicholas Stern ha demostrado, en su informe encargado por el Gobierno británico, que los efectos de la contaminación atmosférica se relacionan con inmensas pérdidas económicas, parece que han saltado todas las alarmas a escala planetaria. Pero sólo aparentemente, porque a pesar de este informe, las poderosas fuerzas que rigen el mundo siguen, como siempre, perdiendo el tiempo en cumbres, debates y complicadas negociaciones, en lugar de abordar actuaciones urgentes que reviertan el proceso destructivo en el que nos encontramos. En esta tesitura, ¿realmente llegaremos a tiempo de evitar los desastres pronosticados por los ilusos ecologistas y ahora confirmados por las más altas instancias? Visto como funciona el sistema, creemos que sólo se actuará si se demuestra que las medidas a implantar generan cuantiosas ganancias en los mercados mundiales; en caso contrario, pongámonos en lo peor. Ulrich Beck, profesor de Sociología en la Universidad de Múnich Una nueva izquierda, El País. Estoy horrorizado ante la falta absoluta de análisis sobre la situación de Europa en el mundo y de nuevas ideas que exploren lo político. ¿Dónde está la izquierda? Callada. ¿Qué dicen los sindicatos? Han enmudecido. ¿Qué proponen los intelectuales? Nadie responde. Si realmente hay algo por cosechar, son las contradicciones podridas del árbol de la ciencia de la derecha. El pensamiento ha perdido su capacidad política respecto a todos aquellos problemas que mueven el mundo, desde la protección del medio ambiente, pasando por la interdependencia de la economía mundial, hasta los movimientos migratorios y las cuestiones regionales y globales referentes a cómo alcanzar la paz. Todo aquello que da fuerzas al nacionalismo en Europa es, irónicamente, de ámbito internacional: el desempleo masivo, la afluencia de refugiados, las guerras y el terrorismo. En todas partes se reclama “flexibilidad”, lo que al fin y al cabo quiere decir que un patrón tiene el poder de despedir a su empleado con más facilidad. Los empleos serán más fácilmente rescindibles, lo que significa “renovables”. La consecuencia es que cuantas más relaciones de trabajo sean “desregularizadas” y “flexibilizadas”, más rápidamente se transformará la sociedad de trabajo en una sociedad del riesgo, en la que ni el modo de vida, para los individuos, ni las medidas, para el Estado y la política, serán previsibles. Los reformadores neoliberales del Estado social pueden buscar con razón la comprensión y la aprobación para esta “necesidad patriótica” de ser obligatoriamente injustos. Sin embargo, fracasan en el hecho de que el margen de maniobra de los Estados se ve reducido al dilema entre financiar un menor nivel de pobreza a cambio de un alto nivel de paro (como ocurre en la mayoría de países europeos) o bien aceptar una pobreza evidente con un nivel de paro algo menor (como en Estados Unidos). La renuncia a la utopía significa la renuncia al poder. La renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quien es capaz de entusiasmarse, gana apoyos y conquista el poder. Todos los Gobiernos y todos los partidos políticos se plantean la cuestión clave de cómo limitar políticamente los riesgos desenfrenados del flujo de capital mundial. ¿Por qué no hacer entonces ambas cosas? ¿Ahorrar al máximo y desarrollar y explorar de nuevo la política en el ámbito transnacional, para así crear las condiciones para poder organizar los mercados globales y las soluciones a los problemas clave nacionales? La respuesta a la globalización consiste en una mejor coordinación internacional de las políticas nacionales; en controles supranacionales de los bancos y de las instituciones financieras más fuertes; en una reducción de la competencia fiscal desleal entre los Estados, y en una colaboración más estrecha entre las organizaciones transnacionales y la consolidación de éstas conforme a una mayor flexibilidad política y legitimidad democrática. Éstas son vías, quizás las únicas, para recuperar el margen de maniobra nacional de la política. El camino para alcanzarlo es el método del realismo cosmopolita. Un toma y daca multilateral con el que, al final, cada uno pueda solucionar mejor sus problemas nacionales. El vacío de legitimidad de las empresas transnacionales es evidente y temen la fragilidad de sus mercados. A largo plazo, no pagar impuestos y reducir o deslocalizar puestos de trabajo no debería ser suficiente para recuperar la confianza y estabilizar mercados. ¿Por qué entonces no seguir la estrategia política combinada? Por un lado, reducir los costes de trabajo y, por el otro, plantear abiertamente la pregunta de con qué contribuyen a la democracia en Europa las empresas que obtienen cada vez más beneficios con cada vez menos trabajo. ¿Por qué no reconocer la diversidad de trabajos autónomos precarios y hacer que esta autonomía precaria sea previsible para los individuos, gracias a una política social de protección básica (prestaciones de salud y pensiones independientes de las ganancias, financiadas por todos)? ¿Y por qué no hacer posible que las personas tengan por un lado mayor independencia, allanarles el camino y crear un marco de condiciones para ello, y por el otro reforzar las competencias del Estado y fundar de nuevo la cultura democrática y la igualdad social? Éstos son los trabajos de Hércules con los que una izquierda cosmopolita puede desarrollar su perfil y su autoconciencia, y probar su eficacia. La recuperación del poder y de la utopía son dos caras de la misma moneda. Cuanto más pequeña sea la política, cuanto más dependiente se haga de la propia adaptación a las presuntas leyes del mercado, tanto más débil será, hasta que acabe con ella misma y se entierre. También vale lo contrario. Cuanto más imaginativa, más creíble y grande en su entusiasmo se convierta la pretensión de hacer política, tanto más fuerte será, porque reactivará su propia lógica interna y su independencia frente a la dinámica de la economía mundial. Emilio Ontiveros, director de AFI, sostiene que la talla como economista de Milton Friedman queda en un plano menor que el de Keynes, 'el número uno incontrovertible'; sitúa a Friedman en el escalón siguiente, junto a autores como Schumpeter, Samuelson o Solow. Mikimoss, comentarios a Dinero en abundancia en la donación de órganos, artículo de Daniel Rodríguez Herrera en el Instituto Juan de Mariana. El autor entiende la libertad como la posibilidad de hacer algo, de manera que legalizar el mercado de órganos aumentaría tanto la libertad de los potenciales enfermos como la de los potenciales vendedores. Es decir, confunde aumento de la libertad con aumento del espectro de elección, en lugar de identificarla con disminución de las coacciones que limitan nuestra voluntad. Y digo que ese concepto erróneo de libertad es peligroso porque la aplicación de los mecanismos que la desarrollan repercuten en una "selvatización" de las relaciones sociales. Así, en este caso, la legalización de la compra-venta de órganos lo que hace es dar carta de naturaleza al abuso del débil por parte del poderoso, que al tener más recursos tendrá más capacidad para adquirir aquellos órganos de los que el vendedor no se desprendería (por repercutir negativamente en su calidad y esperanza de vida) de manera voluntaria, sino únicamente por la tremenda coacción que le impone su precaria situación económica. En definitiva, se amplía el abaníco de posibilidades de elección pero se reduce la capacidad del débil para escoger las correctas. yo no he dicho que toda coacción sea perjudicial. Los proyectos nos imponen deberes para su cumplimiento y la regulación del tráfico de órganos no es más que un deber concreto para que sea posible cumplir con el proyecto de una sociedad justa. Otro asunto distinto es el de la legitimidad del agente coactor, que en este caso es el gobierno elegido democráticamente por la comunidad. Así pues, podemos hablar de coacciones justas, porque ayudan a la consecución del proyecto de justicia que la sociedad en cuestión está construyendo, o de coacciones injustas, por ser limitaciones contrarias a ese fin. ...las coacciones económicas las ejecutan en primera persona tus acreedores embargándote tu vivienda, tus cuentas, tus tierras, etc. En casos más extremos la coacción te la causa el hambre, la frustración de la penuria de tus hijos, etc. ...la comunidad y el establecimiento de mecanismos de solidaridad mancomunada. En nuestro mundo, el Estado democrático. Gracias a la solidaridad social, al renunciar a la posibilidad de vender el órgano consigue conservar su salud manteniendo así su bienestar físico y posibilitándolo para efectuar en mejores condiciones una actividad laboral que repercuta positivamente en su nivel económico. ¿Es que no podemos ponernos de acuedo que tener un dos riñones es mejor que poseer sólo uno? Me parece que el criterio de autoridad de cualquier médico zanja el asunto a mi favor. David M. Graber, review of Bill McKibben’s The End of Nature, Los Angeles Times Book Review. This [man’s “remaking the earth by degrees”] makes what is happening no less tragic for those of us who value wildness for its own sake, not for what value it confers upon mankind. I, for one, cannot wish upon either my children or the rest of Earth’s biota a tame planet, be it monstrous or—however unlikely—benign. McKibben is a biocentrist, and so am I. We are not interested in the utility of a particular species or free-flowing river, or ecosystem, to mankind. They have intrinsic value, more value—to me—than another human body, or a billion of them. Human happiness, and certainly human fecundity, are not as important as a wild and healthy planet. I know social scientists who remind me that people are part of nature, but it isn’t true. Somewhere along the line—at about a billion years ago, maybe half that—we quit the contract and became a cancer. We have become a plague upon ourselves and upon the Earth. It is cosmically unlikely that the developed world will choose to end its orgy of fossil-energy consumption, and the Third World its suicidal consumption of landscape. Until such time as Homo sapiens should decide to rejoin nature, some of us can only hope for the right virus to come along. Xavier Sala i Martín, Fundació Umbele, Columbia University y UPF Un gran sentido del humor, La Vanguardia. El debate no es sobre si pública o privada, sino si la universidad se enfrenta a un sistema de incentivos que la lleva a buscar la excelencia. César Nombela, Del fraude en la clonación humana a la clonación encubierta, ABC. ...es objetable éticamente la generación de embriones humanos in vitro con propósitos experimentales, o cualquier otro que no sea la procreación. El Convenio de Oviedo, así lo establece. ...se logrará, yo estoy convencido, facilitar el discernimiento ético sobre estas prácticas. En esta línea, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó, por mayoría en 2005, una «Declaración sobre la Clonación Humana», en la que se insta a los estados miembros a prohibir las formas de clonación de seres humanos en la medida en que sean incompatibles con la dignidad humana. Manuel Rodríguez Rivero, Un problema XXL, ABC. Como todo el mundo sabe, no todas las hamburguesas son iguales. Las que sirven los emporios de comida rápida han sido puestas a menudo en entredicho por dietólogos y nutricionistas, lo que ha redundado en un mayor control de la oferta. Que la ingesta habitual y descompensada de ese tipo de comida tiene mucho que ver con el rampante aumento de la obesidad entre niños y adolescentes (clientes habituales de esos restaurantes) es algo que ofrece pocas dudas. Basta echar un vistazo (en las páginas web de las propias empresas) a la composición de los «menús» más populares, para comprobar la escasa salubridad de una dieta hipercalórica en la que abundan las grasas (incluyendo las saturadas e hidrogenadas) y escasean las verduras. El problema aumenta cuando, en la lucha por incrementar su cuota de mercado, esos restaurantes deciden ofrecer «más por su dinero». Y agigantan sus raciones, publicitándolas por medio de una agresiva campaña defendida con argumentos como «los gustos de nuestros clientes priman por encima de todo». Son sus clientes quienes deciden, por tanto: los niños. A la luz de lo que vemos en las calles y en las aulas ya es hora de que se endurezcan los controles sobre la publicidad de los alimentos que consumen los niños, algo que debe ir en paralelo a un esfuerzo cada vez mayor de información a padres y educadores. Uno de los procedimientos más adecuados -y en eso parece estar la AESA- es por medio de los compromisos de autorregulación de las empresas, tal como se viene haciendo en países en los que la obesidad infantil ya es una epidemia y es frecuente el espectáculo de jóvenes montañas de carne moviéndose con dificultad en medio del rechazo social. No se trata de regular arbitrariamente, sino de controlar qué se les ofrece a quienes no pueden defenderse. En alimentación, las tallas extragrandes de los países ricos tienden a provocar problemas sanitarios del mismo tamaño. José Aranda, economista y estadístico, El difícil equilibrio de la vivienda, Cinco Días. ...mantener este difícil equilibrio en un bien de naturaleza social como es la vivienda no deja de tener un coste importante para un Gobierno de izquierdas. ...el Gobierno, además de la nueva Ley del Suelo que todavía no ha podido surtir efecto, se ha visto obligado a una política tan modesta como la de suavizar las subidas de precios, lo que parece estarse consiguiendo al haberse reducido a la mitad los aumentos de precios que se registraban en 2004... Por lo que se refiere a los aspectos medioambientales, tal y como resalta el Informe sobre Sostenibilidad en España 2006, la ocupación de lo que denominan zonas artificiales, como por ejemplo el primer kilómetro de franja litoral, ha crecido desde 1987 hasta 2000 un 34,1%, estimándose en el informe un incremento acelerado entre 2000 y 2005. El impacto ambiental de estas acciones es tremendamente negativo y un buen ejemplo de las consecuencias que puede acarrear la ocupación de suelo artificial lo ha ofrecido el municipio de Cee en La Coruña, donde se han juntado los efectos de los incendios de este verano con la construcción en espacios ganados al mar y a la ría, provocando inundaciones y la ruina marisquera. Romeu, viñeta en El País. -Construir debería ser considerado un agravante. Entre los aplausos a la petición del ministerio para que Burger King retire la publicidad de sus hamburguesas XXL se contaron los de las asociaciones de consumidores y las sociedades de nutrición, que apoyaron al Ministerio y le pidieron que las normas acordadas para combatir la obesidad sean de obligado cumplimiento. La Federación de Consumidores en Acción pidió además que las hamburguesas XXL fueran retiradas del mercado, no sólo las de Burger King, sino también las equivalentes de McDonald's. Fernando Trías de Bes, profesor de ESADE, economista y escritor, ¿Por qué siguen sin bajar los pisos?, El País. La Ley del Suelo vigente, la del "todo urbanizable", tenía como objetivo abaratar los precios de la vivienda y dar mayor autonomía a las administraciones locales sobre el destino del suelo de su municipio. Han pasado varios años y el efecto ha sido el contrario. Es cierto que en Europa también han aumentado los precios y que otros factores lo explican: tipos de interés, baby boom de los sesenta, inmigración, demanda extranjera de segundas residencias, y, no lo olvidemos, la especulación. En cualquier mercado, cuando la demanda aumenta, suben los precios. Por tanto, imputar el aumento de precios de los pisos a la Ley del Suelo diseñada por el PP sería injusto. Pero sí es cierto que la Ley del Suelo se diseñó para aumentar la oferta, y que más suelo urbanizable no ha servido de nada. La Ley del Suelo no sólo no ha corregido los precios, sino que, ante la pasividad de los gobiernos autonómicos, ha traído corrupción urbanística, mafias y especulación, amén de un desastre ecológico y medioambiental en determinadas zonas del litoral español. …el mercado de segundas residencias, más cercano al turístico, motor de la economía española, ha de responder a un modelo sostenible económico y medioambiental. ¿Están los gobiernos autonómicos capacitados para ello si se autorizan urbanizaciones en zonas donde ya hoy se sabe que no hay recursos hídricos suficientes? Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Los católicos en la vida pública, La Gaceta de los Negocios. ¿Qué son los católicos? Somos ciudadanos como los demás. Tenemos las mismas capacidades y las mismas necesidades que los demás. Los mismos derechos y las mismas obligaciones. Dentro de la sociedad democrática formamos un grupo humano, grande o pequeño, que tiene derecho y obligación de contribuir, como los demás, al bien de la sociedad, no imponiendo sino ofreciendo, difundiendo lo que cree que es bueno para todos. Y somos un grupo que tiene también derecho a defender sus legítimos intereses mediante el ejercicio del voto. La fe cristiana, iluminando la condición humana como criaturas de Dios destinados a la vida eterna, clarifica y fortalece muchos elementos de la antropología y de la ética racional, que fundamentan una acción política. ...la política cristiana, o mejor dicho quizás, la presencia y la acción de los cristianos en la política no puede entenderse como un deseo de agrupar a los católicos en defensa de sus propios intereses, al margen de los intereses comunes de la sociedad, sino como un deseo de movilizar a los cristianos para que sirvan fielmente al bien común de todos, cristianos y no cristianos. Y es muy importante afirmar que la irreligión, el agnosticismo, el relativismo, no son un postulado necesario para la democracia, ni mejora la condición del hombre. Más bien, la negación o el olvido de Dios debilita el respeto de la vida humana y el esfuerzo por la creciente dignificación de la vida y de la convivencia. Mucho menos se puede confundir un régimen de libertades con una política sin referencias morales. Sin un bagaje moral no puede haber vida democrática. Jim Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, El planeta en peligro, El País. La amenaza que representa el calentamiento global del planeta es clara e inequívoca. Por fortuna, también lo son las soluciones. Pese a lo que sostienen las voces pesimistas -que los hábitos y esquemas relativos al uso de la energía no pueden modificarse sustancialmente-, el cambio es posible siempre y cuando haya voluntad política de ponerlo en práctica. Ahora bien, si no existe tal voluntad, las profecías pesimistas se convierten en profecías que por su propia naturaleza tienden a cumplirse, sobre todo en un contexto político dominado por gobiernos habituados a la concesión de subsidios a determinados sectores y por grupos de intereses decididos a impedir el progreso de una sociedad consciente y bien informada. En realidad, es factible y viable un escenario diferente. Y Estados Unidos debería tomar la iniciativa al respecto. En respuesta a la escasez de petróleo y alza de los precios en los años setenta, Estados Unidos moderó sus hábitos energéticos regulando la relación coste-eficiencia de los vehículos (pasando de 13 a 24 millas por galón). El crecimiento económico se disoció conceptualmente del mayor uso de combustibles fósiles, factor que permitió alcanzar mayores niveles de eficiencia. El aumento global de emisiones de CO2 descendió desde un porcentaje superior a un 4% anual a un 1-2% anual. Estados Unidos mantuvo los niveles menores de crecimiento pese a inferiores precios de la energía. Sin embargo, la eficiencia energética de Estados Unidos es un 50% inferior a la de Europa occidental, que fomenta la actitud eficiente merced a la presión fiscal sobre los carburantes fósiles. China e India, que emplean tecnologías más obsoletas, son menos eficientes que Estados Unidos y producen niveles superiores de emisiones de CO2. Las tecnologías actuales podrían aumentar la eficiencia energética, incluso en Europa. Los economistas comparten el punto de vista según el cual los objetivos en cuestión podrían alcanzarse mediante impuestos sobre las citadas emisiones, si bien tal propósito precisaría de una política decidida y firme que supiera persuadir debidamente a los agentes sociales de la conveniencia y necesidad de tal esfuerzo. Podría introducirse un impuesto independiente de la renta del ciudadano; saldrían ganando los ciudadanos más interesados en el ahorro energético en tanto que pagarían más los entusiastas del todo terreno. El objetivo de lograr la disminución de emisiones de CO2 topa con dos obstáculos: el enorme número de vehículos ineficientes en su consumo de combustible y las continuas emisiones de las centrales eléctricas. Los fabricantes de automóviles se muestran renuentes a la eficiencia de los vehículos y siguen insistiendo en un tipo de publicidad que exalta las virtudes y prestaciones de los vehículos más potentes. Las centrales que funcionan con carbón tratan de acelerar la construcción de nuevas instalaciones a fin de garantizar los beneficios a largo plazo. Los legisladores californianos han aprobado nuevas normas según las cuales los automóviles deberán reducir un 30% sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2016. En caso de aplicarse tal legislación en todo el país, la medida supondría un ahorro de más de 150.000 millones de dólares anuales en importaciones de petróleo. Tanto los fabricantes como la Administración Bush han bloqueado la ley en los tribunales en tanto muchos otros estados se aprestan a aplicarla en cuanto sea posible. El mundo debe demorar la construcción de nuevas centrales a base de carbón en tanto pueda ponerse a punto la tecnología necesaria para reducir las emisiones de CO2. Mientras, las nuevas exigencias en materia de energía deberán atenderse mediante el recurso a las energías renovables. La mejora de la eficiencia energética en edificios y electrodomésticos constituiría un factor de primera importancia en el esfuerzo por reducir las emisiones. Tales mejoras, se mire como se mire, son viables pero exigen una política resuelta, decidida y firme. El protocolo de Kioto incitó a los países desarrollados a reducir paulatinamente sus emisiones durante los primeros años de este siglo previendo ayudas a los países en vías de desarrollo para el uso de tecnologías energéticas limpias susceptibles de limitar el incremento de sus emisiones. No obstante, los retrasos a la hora de aplicar tal perspectiva -concretados, sobre todo, en el rechazo estadounidense a participar en Kioto y mejorar el grado de eficiencia de vehículos y centrales eléctricas- en unión del rápido aumento del uso de tecnologías sucias han motivado un aumento de un 2% anual de las emisiones globales de CO2 durante el último decenio. Si este ritmo se prolonga un decenio más, las emisiones en el 2015 serán un 35% superiores a las del año 2000. Todo cálculo responsable del impacto medioambiental de lo que antecede debe concluir que un calentamiento global que supere 1,11 grados centígrados es peligroso. Pero, dado que todo parece indicar que el calentamiento global efectivamente se producirá (por los efectos a largo plazo de las emisiones de gases de efecto invernadero y los sistemas energéticos actualmente en uso), el mundo traspasará el umbral señalado a menos que este mismo decenio se inicie un cambio de rumbo. En tales condiciones, la ciudadanía puede hacer las veces de vigilante de nuestro planeta. La primera situación de crisis de nuestra atmósfera derivada de la acción humana surgió en 1974, cuando los químicos informaron de que los cloroflorocarbonos (CFC) podrían destruir la capa de ozono que protege a la Tierra de los rayos ultravioleta. Nos salvamos por los pelos, pero no nos dimos cuenta de ello hasta años más tarde. El hecho es que durante decenios aumentó la fabricación de aerosoles, extintores y líquidos refrigerantes a razón de un 10% anual. De haber proseguido tal aumento de CFC un decenio más, habría provocado un efecto invernadero mayor que el derivado del CO2. Gracias a la difusión mediática de la voz de alarma de los científicos y del boicot de los consumidores contra el empleo de lacas y desodorantes basados en CFC, el aumento anual del uso de CFC cayó a nivel cero y el fabricante principal de estas sustancias químicas ideó alternativas. Cuando se comprobó que aumentaba su empleo en la refrigeración y la actitud social no era eficaz, Estados Unidos y la UE negociaron el protocolo de Montreal para controlar la fabricación de CFC. Los países en vías de desarrollo recibieron ayuda económica para construir plantas químicas alternativas. En consecuencia, el empleo de CFC disminuyó dando paso a una recuperación de la capa de ozono. Sin embargo, los mismos científicos y políticos que lograron atajar la amenaza que se cernía sobre la capa de ozono no consiguen ahora controlar la crisis derivada del calentamiento global del planeta. Los científicos alertan del problema con asepsia casi clínica, sin poner el necesario énfasis en la circunstancia de que la filosofía del negocio por el negocio transformará la faz de la Tierra. Los medios de comunicación, pese al consenso científico sobre el calentamiento global, ofrecen espacios compensatorios a las opiniones contrarias propiciadas por los grupos de presión del sector de combustibles fósiles, que organizan campañas de desinformación y siembran la duda. Y los gobiernos, débiles, no marcan la pauta. Los líderes con visión a largo plazo deberían valorar y fomentar las tecnologías energéticas eficientes y promover las fuentes de energía limpias. En lugar de subsidiar los combustibles fósiles, los gobiernos deberían incentivar la investigación empresarial de fuentes alternativas de energía. Pero los políticos fomentan el beneficio empresarial a corto plazo por considerar que favorecen la creación de empleo, sin tomar en consideración los costes crecientes del daño medioambiental o los costes futuros de seguir utilizando combustibles fósiles. Los líderes actuales no pagarán las consecuencias de los trágicos y desastrosos efectos del calentamiento global. Si traspasamos el umbral, la historia juzgará duramente a los científicos, periodistas, grupos de interés y políticos que fracasaron a la hora de proteger nuestro planeta. Pero nuestros hijos pagarán las consecuencias. Estados Unidos posee gran responsabilidad legal y moral en materia del calentamiento global, y no puede alegar ignorancia de las consecuencias. Estados Unidos es responsable de, al menos, un 30% de las emisiones de CO2 derivadas del empleo de combustibles fósiles hasta la fecha. Los segundos de la lista, China y Rusia, son responsables cada uno de menos del 8%. Estados Unidos, al rechazar participar en el protocolo de Kioto, demoró su aplicación y debilitó su eficacia, perjudicando los esfuerzos internacionales por disminuir las emisiones de los países desarrollados. Aún hay tiempo. El mundo dispone como máximo de un decenio para modificar la trayectoria de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si proseguimos con nuestras políticas actuales en materia de prospección y extracción de petróleo sin reducir las emisiones de CO2, los desastres climáticos serán inevitables. Los economistas están de acuerdo a la hora de afirmar que una buena política energética es viable. Los impuestos sobre el consumo de los combustibles fósiles podrían propiciar mejores niveles de conservación del medio ambiente. Por otra parte, si su coste sube, y sube de manera gradual, el consumo energético disminuirá sin lesionar la economía. La calidad de vida no tiene por qué mermar necesariamente. El mundo necesita políticos con los arrestos y la valentía necesarios para explicar lo que debe ser explicado. De hecho, Al Gore, con su película y libro del mismo título Una verdad molesta, fue clarividente. Ha sostenido, durante decenios, que la Tierra se tambalea. Su obra puede haber representado lo que significó Primavera silenciosa, de Rachel Carson, en el caso de los pesticidas. Le atacan, pero la sociedad posee ahora la información necesaria para discernir las diferencias que median entre el bienestar a largo plazo y los intereses a corto plazo. Tal vez nuestro país, Estados Unidos, llegó a rozar con los dedos el liderazgo necesario para afrontar una importante amenaza para el planeta, pero no se percató de ello. Juan Carlos Girauta, diálogo en Libertad Digital. P: ¿Qué grado de "Papá Estado" debe haber para compaginar liberalismo y seguridad social? R: En eso hay opiniones. La mía, que creo que es también la de la mayoría de los liberales de "la eclosión" es que el Estado debe contener su vis expansiva, y que luego debe reducirse sin afectar a servicios públicos consolidados y relacionados con la igualación de oportunidades (que no de resultados), algo perfectamente asumido por el liberalismo tal como hoy lo entendemos. Me refiero a la irrenunciabilidad de la sanidad pública y a la instrucción pública gratuita y obligatoria. Ah, y ni un céntimo para el cine. P: ¿Qué significa hoy libertad? ¿Que tiene que ver con la libertad del Empecinado? R: Como no estoy muy seguro de lo que realmente quiere decir con la segunda pregunta, me centraré en la primera. La libertad es, para los liberales, básicamente las libertades. Las de las constituciones, pero de verdad. También es el estatus de los ciudadanos, dotados de una esfera de privacidad que es sagrada. Por otra parte, y en un sentido moral, es el valor más importante. Por encima de todos los demás. Ramón Tamames, Otro aviso sobre el futuro del planeta y IV. ¿Últimos días de Pompeya?, Periodista Digital. ...creo que será bueno ponernos hipotéticamente en lo peor, para de esa forma asumir un cambio que per se será bueno para la calidad de vida. En ese sentido, y como precedente, voy a referirme a la polémica que se desencadenó en 1983 a raíz del Congreso Mundial de Científicos de Washington, cuando expertos estadounidenses, soviéticos, etc, se reunieron para estimar cuáles podrían los efectos de una guerra nuclear. La conclusión, para no hacer larga la historia, fue que lo peor de ella no sería ni el efecto explosivo, ni el térmico, ni tampoco la ulterior lluvia radiactiva. Lo más brutal estaría en el invierno nuclear, el largo oscurecimiento del sol que podría cambiar la vida en el planeta con amplias áreas de extinción de la misma. Pero ante la simulación a que nos referimos, hubo toda clase de escépticos: “el mundo lo aguanta todo y no se acabará: sigamos armándonos nuclearmente …”. Y es que para los recalcitrantes alentadores del armamentismo, la única verificación del peligro del invierno nuclear no habría sido otra que la III Guerra mundial. Pero afortunadamente, ésta no llegó, entre otras cosas, porque Reagan y Gorvachov iniciaron el desarme de las ojivas letales. Ahora pasa algo parecido con el cambio climático por el calentamiento global: siempre se encuentran explicaciones o excusas para continuar sin mayores alarmas. Porque no se ve más allá del corto círculo local, y porque a causa de intereses inmediatos no se aprecia la necesidad de cambiar nada. Lo que ahora planteamos no es un descargo de conciencia, para luego, en medio de la catástrofe, decir “ya lo dije yo”. Se trata, en realidad, de una constatación para detener de la más temeraria actitud: adelante con los faroles, porque aquí no pasa nada. Sólo es un grano de arena. Pero como hay cientos, millares, millones de granos de arena, el resultado es el deterioro progresivo. Ante el cual, algunos ser preguntan: ¿vamos a empezar aquí y ahora el cambio a otro modelo de desarrollo, unilateralmente, sin tener en cuenta lo que hagan los demás? No parece que vaya a ser fácil proceder de manera tan altruista; o como se diría por otros, completamente necia. Más bien va a mantenerse la tendencia crecimentista de mientras el cuerpo aguante. Porque no acabamos de darnos cuenta de que tal vez estemos en las últimas generaciones que pueden disfrutar del planeta. En otras palabras, el escenario que nos ha tocado vivir recuerda un tanto aquel de los últimos días de Pompeya. Cuando el Vesubio ya roncaba y retumbaba en sus preparativos para las explosiones finales que sepultarían a todos en su derredor. That is the question. España y sus socios comunitarios están dispuestos a continuar reduciendo sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera para combatir el cambio climático "pase lo que pase" en la Conferencia sobre Cambio Climático que se celebra en Nairobi. Así lo aseguró la ministra española de Medio Ambiente, Cristina Narbona, quien defendió ratificó el compromiso "firme" de la UE en la lucha contra el cambio climático y defendió la posición de liderazgo que a su juicio está desempeñando. La ministra consideró que el momento actual es "extraordinariamente interesante" y dijo que "nunca antes se habían puesto de manifiesto de forma tan clara las consecuencias económicas que tendría no tener en cuenta el cambio climático" y el drama humano que este fenómeno causará en los países más pobres y vulnerables. Olegario González de Cardenal, Educación ciudadana, ABC. Educa quien da saber, sentido, responsabilidad y esperanza a otro ser humano para que él asuma su propia existencia como realidad, don y tarea, en cuanto persona ante sí mismo, como prójimo ante el otro, como ciudadano ante la sociedad y como creyente ante Dios… Es necesario el conocimiento de las ciencias positivas, de la historia, de las propuestas éticas fundamentales que han orientado la humanidad, de las grandes creaciones artísticas y literarias, de las experiencias religiosas que han abierto el hombre a la Transcendencia. Ahora aparecen con especial gravedad el desinterés ético y democrático de las generaciones más jóvenes, expresado en su apatía política y social, en la ausencia de participación en los proyectos comunes. Es el resultado de un individualismo exacerbado que se desinteresa de los demás, suscitando a su vez como reacción contraria un incremento de los grupos cerrados, que se enfrentan a la sociedad con violencia. Lo que en decenios anteriores era preocupación por la justicia, el sentido de responsabilidad por los proyectos sociales, la pasión por el asociacionismo y la participación política ha cedido el paso a una retirada a la privaticidad, con desinterés por la convivencia y la ciudadanía. Ante esta pérdida de conciencia para las responsabilidades colectivas, de atonía política, de enfrentamientos humanos, de rechazo de la diferencia y del surgimiento de grupos violentos, la Unión Europea indica a los Estados el deber de ofrecer una educación para la ciudadanía, como forma de alumbrar una conciencia nueva que supere la tentación del individualismo, de la insolidaridad social, de la atonía política y positivamente provea a la abertura a los demás, al acogimiento del prójimo diverso, al interés por las situaciones que desbordan la existencia individual. En este sentido educar para la ciudadanía es evidente y urgente. La persona se realiza plenamente cuando se descubre afectada por la sociedad de la que viene, en la que está y a la que se debe. La educación abre la persona a todas sus dimensiones: biológica, social, moral, política, religiosa. La ciudadanía no es separable de la vida personal y cada uno de nosotros la vive desde lo que son sus convicciones primordiales, a la vez que desde lo que son valores definitivamente adquiridos y están ya inscritos, de manera normativa, tanto en las Declaraciones universales de derechos humanos como en la Constitución española. …tal asignatura tendría la ventaja de ser un lugar de encuentro y de reconocimiento de todos en los valores comunes, sería forjadora de una conciencia de identidad ciudadana, en su dimensión personal (la dignidad fundadora de la persona humana); social y política (participación y respeto a las leyes), cultural (respeto a la diversidad de grupos, tradiciones y orientación religiosa), social y económica (conciencia de la función social de la riqueza, de los grupos y personas marginadas), local (responsabilidad por lo que nos atañe en cercanía) y universal (abertura de nuestro mundo a las necesidades y responsabilidades de los países en pobreza, guerra, carencia de derechos humanos). Abrir a la compleja realidad europea, preparar para responder al pluralismo que la inmigración y la comunicación universal de ideas y de productos crean, forjar personas conscientes de sus responsabilidades cívicas en medio de su entorno y más allá de él, abrirles vías para la participación y solidaridad, superando el individualismo, egocentrismo y falta de conciencia comunitaria a la que invitan la lógica del mercado y en parte grupos políticos y mediáticos, es una tarea necesaria. Entre todos debemos superar las dificultades, encontrando soluciones fecundas y reconciliadoras. Luis C. Corchón, Incentivos y universidad: visión desde la economía, ABC. La universidad pública tiene un amplio campo de acción en las economías de mercado. Cualquier persona con talento, pero sin los medios para obtener una buena educación privada tiene derecho a realizar su potencial intelectual. Y la mejor garantía de una movilidad social regida por la valía y el esfuerzo personal, y no por el azar o la pertenencia a ciertos grupos de amigos, es una universidad pública que persiga la excelencia. Pero en el caso de España hay otra razón. Hemos conquistado un lugar entre las naciones más desarrolladas, entre otras cosas, exportando bienes de calidad aceptable a buenos precios. Esta función está siendo tomada por países como China, India o Vietnam ¿Qué vamos a producir entonces? Si deseamos seguir siendo un país rico, sólo podremos producir bienes intensos en tecnología, y esto sólo será posible teniendo una universidad de calidad comparable a la de los países más desarrollados. José Luis Lizcano, director gerente y coordinador de la Comisión de Responsabilidad Social Corporativa de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA), La responsabilidad y el 'interés social', Cinco Días. …vamos a pensar y defender que la responsabilidad social corporativa genera beneficios y que puede garantizar mejor que otros enfoques la solvencia y supervivencia de la empresa, al mismo tiempo que genera valor para el accionista y demás partes implicadas en su marcha, incluyendo la sociedad y las personas que la componen. Preguntemos entonces a los accionistas si están de acuerdo con esto o si por el contrario les parecería oportuno renunciar a un sistema que en su fundamento lleva aparejada la reducción de riesgos y conflictos de tipo social, medioambiental y económico. Es más, ¿no sería legítimo intentar implantar un enfoque innovador que persigue la mejora de la gestión, como en su día el sistema de calidad total, por ejemplo? En definitiva, no veamos a la responsabilidad social como un monstruo de siete cabezas que pretende destruir el sistema de libre mercado y que condiciona la acción de la empresa, sino todo lo contrario. Demos una oportunidad a la responsabilidad social corporativa, que surge de la propia esencia humana de las organizaciones, y tiempo para demostrar que resuelve problemas, estimula la generación de riqueza colectiva, potencia la creatividad y refuerza la competencia, el mercado y sus partícipes. Martín Sagrera, La corrupción inmobiliaria, carta al director de El País. ¿Quiénes son los verdaderos antisistema? ¿Los miles de manifestantes en Barcelona que quisieran pagar por su vivienda, pero que ya no pueden, al haber subido ésta tres y hasta cinco veces? ¿O los intereses inmobiliarios internacionales allí reunidos que, sin producir materias primas, industrias o servicios, por puras maniobras especulativas sobre el suelo y otros elementos, han llevado a esa situación límite? ¿Cómo puede funcionar correctamente la agricultura, los productos industriales, los servicios todos, con ese tremendo e injusto acaparamiento de los especuladores inmobiliarios? Cada día se descubren nuevos y enormes casos de corrupción de funcionarios y políticos de los distintos partidos, que han dejado pudrir la situación hasta estos extremos, que hacen inviable el sistema, víctima de su terrorismo inmobiliario. Ni la economía ni la democracia podrán funcionar medianamente bien hasta que no solucionemos este cáncer que corroe ya nuestra entera vida social. Juan Carlos Araujo Boyd, Kioto y los españoles, carta al director de El País. Parece mentira que, a estas alturas, todavía estemos a la cabeza en la lista de los europeos menos cumplidores con los compromisos de Kioto, y que no hagamos nada por evitarlo a corto plazo. En una época en la que nuestros gobernantes nos machacan todos los meses con los últimos datos sobre el paro, el IPC, el Euríbor y otras cifras a las que nos tienen acostumbrados, no estaría de más que nos publicasen, con la misma regularidad, las toneladas de CO2 que todos los meses emitimos a la atmósfera. Al fin y al cabo, ya hay quien lleva la cuenta, sólo se trata de informarnos y también de mentalizarnos. Ya llegará el día en que, cuando lleguen las consabidas navidades, nos demos cuenta de que el engalanamiento de nuestras calles y comercios no es compatible con los acuerdos de Kioto, y que nuestro derroche energético no es sostenible ni a corto plazo. Cristina Narbona, ministra española de Medio Ambiente. Tenemos la responsabilidad no sólo de mitigar el cambio climático sino también de ayudar a los países en desarrollo. José Luis Restán, Zapatero no estuvo en Ratisbona, suplemento Iglesia de Libertad Digital. Si se trata de "acercar Occidente y el Islam", como repica la trompetería laica de los telediarios, habría que empezar por curar nuestra cultura occidental de su enfermizo desprecio antirreligioso, y para eso Zapatero no es el mejor galeno. ...esperamos la llegada de Benedicto XVI a tierras turcas, para profundizar en el verdadero diálogo que nuestros tiempos necesitan y esperan. Alfonso García Nuño, Genes para el autoengaño, suplemento Iglesia de Libertad Digital. Es evidente que algo ha de haber en la biología humana que tenga que ver con la fe, si no nos sería algo totalmente ajeno, como la luz a los animales avidentes, pues es el hombre el que cree y no somos espíritus puros como los ángeles, sino que somos uno en cuerpo y alma, somos materia y espíritu. Muchos me dirán que lo del alma no se puede demostrar científicamente, pero tampoco se puede negar su existencia por esta misma vía y francamente, si somos sólo materia, tiene muy difícil explicación, por no decir imposible, algo como la libertad, por ejemplo. Por otra parte, ni qué decir tiene, que el conocimiento humano no es sinónimo de ciencia y menos de formulación matemática. Pero lo que nos interesa ahora es lo del cuerpo. Si es el hombre el que cree, lo hace corporalmente, como todo lo que hace en su vida, es decir, el cuerpo, todo el hombre, determina cómo cree: humanamente. Lo que no quiere decir que sea el cuerpo el que determine qué crea. Una cosa, por tanto, es que haya un elemento genético relacionado con la religiosidad y otra el que un gen determine que se crea o no, es más, incluso habría que decir que en lo humano, junto al factor biológico, hay otros muchos y, por supuesto, siempre la libertad de decidir en una dirección o en otra. Más allá de lo fiducial, la cuestión es si hay esferas de la vida humana en las que lo biológico, en lugar de determinar, como ocurre en otros campos, solamente capacite, condicione, facilite, etc. Si todo en el hombre, incluso lo espiritual, se reduce a instinto, la diferencia con los demás animales está únicamente en el tipo de instintos y, entonces, las categorías de persona y libertad, entre otras, dejan de tener sentido, pues todos estaríamos sumidos en el determinismo. Jonathan Martínez, miembro de la Secretaría de Medio Ambiente de Ezker Batua Berdeak, Neoliberalismo y cambio climático, Órdago Digital. Los resultados del último informe sobre el cambio climático elaborado por el economista Nicholas Stern a petición del gobierno británico ha alborotado a la opinión pública. Dice Stern que la tierra se calienta a una velocidad inverosímil y que nos aguarda un futuro ruinoso, de catástrofes, en el que no faltarán los deshielos de glaciares, las sequías y los huracanes. Ante estos augurios, todos los titulares de prensa se han encargado de arrojar informaciones más o menos apocalípticas sobre el calentamiento global, pero siempre con un mensaje común: que el cambio climático no es tanto un desastre medioambiental como un desastre económico. Porque, según el informe de Stern, se avecina un cataclismo financiero similar al de la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial. La economía es el nuevo becerro de oro de la posmodernidad y todo parece estar sometido a la disciplina del mercado. El informe del gobierno británico habla de doscientos millones de refugiados medioambientales y, sin embargo, todo el debate se centrará en cuestiones puramente monetarias. Los pueblos más desfavorecidos serán las primeras víctimas de un sistema neoliberal que ha cedido el gobierno de nuestras vidas a los grandes poderes económicos en detrimento de las instituciones públicas. Han secuestrado la política. Ahora más que nunca existe una colisión de intereses entre una ciudadanía que exige una gestión inteligente y justa de los recursos naturales y un sistema económico dispuesto a apurar nuestro planeta hasta los posos en el nombre del progreso. Ahora es un buen momento para pegar un volantazo y orientar el rumbo de las políticas energéticas. En 2012 caducarán los compromisos adquiridos en Kyoto y será necesario afrontar un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático que, sin duda, estará marcado por la carestía del petróleo y por el afán de protagonismo de los promotores nucleares. Por eso es necesario mantener la vigilancia y no perder de vista el verdadero origen del desequilibrio climático. El timón del planeta debe recaer en las energías sostenibles y en programas de eficiencia energética, pero mientras no hagamos temblar los cimientos del neoliberalismo, cualquier hoja de ruta que diseñemos para nuestro planeta estará condenada al fracaso más estrepitoso. Blanca Sánchez-Robles, Proyectos de altos vuelos, La Gaceta de los Negocios. Desde el punto de vista estrictamente económico, los proyectos de infraestructura presentan rasgos de bienes públicos: son no rivales ya que el uso por un agente no excluye el uso por otro, por lo que no tiene sentido, normalmente, duplicar las redes de carreteras, puertos o aeropuertos. Por otra parte, sus costes fijos son muy elevados en relación con los variables: por eso se han considerado tradicionalmente monopolios naturales y su provisión, en la mayor parte del S. XX, ha correspondido al sector público. Jesse Mugambi, del Consejo Mundial de Iglesias, resaltó que el cambio climático "borrará todos los esfuerzos hechos hasta ahora en la erradicación de la pobreza". Catherine Pearce, Amigos de la Tierra. Necesitamos que los ministros muestren al mundo que son serios sobre la continuidad del Protocolo de Kioto y envíen una señal a los mercados internacionales en el sentido de que el mercado de carbono va a seguir en pie. Manuel Pimentel, España, geriátrico de Europa, Cinco Días. Sin duda alguna, España reúne muchos atractivos para convertirse en el geriátrico de Europa. ¿Es esto bueno, es malo? Sobre todo será inevitable, por lo que debemos prepararnos y, en lo posible, beneficiarnos de ello. Dado que es un fenómeno europeo, comunitaria debería ser la legislación que homologara las instalaciones de atención a esos mayores. José C. Díez, Economista jefe de Intermoney, ¿Por qué nos equivocamos los economistas con España?, Cinco Días. Cuando el mercado no resuelva los problemas, auditemos que la intervención pública es eficiente. El Gobierno alcanza un superávit superior al 1% del PIB y, los que eran cruzados de las bondades del déficit cero, le dicen ahora que no es suficiente, pero no dicen que si el Gobierno deja de invertir en infraestructuras y gasto social, la relación capital/trabajo disminuirá y eso sí llevará a un desplome de la productividad a medio plazo. El primer ministro francés, Dominique de Villepin, anunció que va a proponer a los miembros la UE que se establezca un impuesto sobre las importaciones de los países que después de 2012 no se adhieran a los tratados sobre control de las emisiones de CO2. Sami Naïr, profesor invitado de la Universidad Carlos III de Madrid, El fracaso de Sarkozy, El País. Pensó, como buen ultraliberal, que era posible resolver un problema social mediante la represión, cuando la represión no es más que un aspecto del malestar social. Ramón Tamames, Otro aviso sobre el futuro del planeta, Periodista Digital. ...hemos excedido la capacidad de la Tierra para sostener la forma de vida que llevamos los humanos de un tiempo a esta parte. Y si no queremos llegar al colapso, necesitaremos frenar nuestras prácticas depredatorias, adaptando el consumo a la capacidad del planeta en cuanto a absorber y regenerar los múltiples desechos que producimos por tierra, mar y aire. Por lo demás, al compararse la huella ecológica con el mucho más célebre índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, en el informe de WWF se muestra claramente que el alto nivel de vida en algunos países, está muy lejos de asumir el verdadero desarrollo sostenible. De forma y manera que cuando los países van mejorando en el bienestar de sus poblaciones, se desvían más y más de la meta de la sostenibilidad. ...la humanidad está cayendo en el exceso, en la utilización de más recursos de los que el planeta puede proveerle anualmente …finalmente ha llegado la hora de tomar decisiones cruciales. Porque, si continuamos en la trayectoria actual, incluso con las proyecciones más optimistas de las Naciones Unidas (de incrementos moderados en población, consumo de alimentos, y emisiones de CO2), está claro que para el 2050 la humanidad demandaría, en el límite, recursos equivalentes al doble de lo que la Tierra podría generar. Aunque tal cosa resultará imposible, desde el punto y hora en que el capital natural que está utilizándose para alimentar el exceso, va mermando de forma continua las propias bases de extracción. En cualquier caso, lo que está claro es que el exceso en curso va a poner en riesgo no sólo la biodiversidad, sino todos los ecosistemas en su capacidad de proveer recursos y servicios de los que dependemos para vivir, por lo menos con nuestro actual way of life. La eliminación del exceso implica, en definitiva, cerrar la brecha entre la huella ecológica con que pisa la humanidad al planeta y la biocapacidad de éste. Para lo cual resulta indispensable que la comunidad mundial llegue a un acuerdo, sobre cómo compartir esfuerzos, con estrategias de compromisos por cuotas, y asignación de derechos de emisión durante algún tiempo, con un mercado mundial a tales efectos. Antonio Argandoña, profesor del IESE, Todos somos responsables, El País. ...todos somos responsables de todos los problemas. Y las empresas están en una situación única para asumir la responsabilidad de recordarnos a todos nuestras múltiples y polifacéticas responsabilidades. ¿Nos preocupa el medio ambiente? Bien: las empresas deben hacer algo. Mucho. Porque contaminan mucho. Pero nosotros también contaminamos como consumidores. Y como trabajadores. Está claro que las empresas deben dar el primer paso, pero también que deben involucrar a todos: a sus propietarios y directivos, a sus trabajadores, a sus clientes y proveedores. El buen trato laboral lo dan las personas, no sólo la organización. Contaminamos todos, no sólo las empresas. Abusamos del trabajo de niños en el Tercer Mundo todos los que compramos con la sospecha de que este producto no puede ser tan barato… pero, en fin, ya que lo es, aprovechémonos y no preguntemos… Lo mismo pasa con las grandes necesidades del mundo: las empresas pueden contribuir a solucionarlas, porque tienen los medios: la capacidad de organización y dirección, y la mano de obra para llevarlo a cabo, y sobre todo, el dinero (¿recuerdan lo de aquel ladrón al que preguntaron por qué robaba en los bancos y contestó que porque era en ellos donde estaba el dinero?). Pero, en definitiva, todos somos responsables, en mayor o menor medida, de las desgracias ajenas. Si paso al lado de un canal y veo a un niño al que se lleva la corriente, y los bomberos ya se acercan con una barca, puedo marcharme tranquilo. Pero si no hay bomberos ni barca, me parece que tengo que considerar seriamente la conveniencia de tirarme yo al agua para salvarlo. Muy bien lo de la responsabilidad social de las empresas. Pero recordemos que todos tenemos la responsabilidad social de ayudar a las necesidades ajenas con nuestro patrimonio, grande o pequeño. Al lado de la responsabilidad social de la empresa, me gustaría recordar la responsabilidad social de la propiedad. O sea, de todos. O al menos de casi todos. Porque casi todos tenemos alguna propiedad. Máximo Cajal, embajador de España, Una propuesta ética, El País. ...esta Alianza tiene ante todo una dimensión ética cuyo alcance a nadie debe escapar. Porque está presidida por un puñado de consideraciones morales que son las que deberán imponerse ante el escenario que comienza a asomar en el horizonte del siglo XXI. El del mundo multipolar que ya se vislumbra. El de una nueva relación de fuerzas que llevará aparejado el paulatino debilitamiento de la por ahora incontestada hegemonía unipolar. A esta mutación se suma el impulso de un creciente clamor universal por la moralización del clima internacional imperante. Para ser viable, entre las muchas asechanzas que lo esperan, es preciso que el nuevo orden mundial esté sujeto a unos principios rectores que hoy están en entredicho. Son, en particular, el multilateralismo eficaz bajo la égida de unas Naciones Unidas decididamente respaldadas por todos sus miembros en su papel de actor decisivo en la escena mundial; el acatamiento, sin fisuras ni atajos leguleyos, de la legalidad internacional, y la primacía de un valor superior que todo lo resume, la dignidad humana. Luis Sepúlveda, escritor, ¿Energía nuclear? No, gracias, El Mundo. Durante la década de los 80, una bandera verde con un simpático sol sonriente en el centro y la leyenda ¿Energía atómica? No, gracias, simbolizaba algo más que una movilización ecologista o la reivindicación de un grupo de alucinados amantes de la naturaleza. Se trataba -especialmente en el caso de países como Alemania- de una propuesta política que exigía al Estado de Bienestar, esa conquista socialdemócrata hoy agónica: planificar y desarrollar políticas energéticas de largo alcance, seguras y que no legaran a las futuras generaciones miles de toneladas de basura radiactiva, de residuos altamente peligrosos cuyo destino final es un misterio, puesto que hasta ahora nadie sabe qué hacer con ellos. Se trataba pues de una respuesta política a un problema político y moral: es evidente que precisamos energía para mover máquinas y calentarnos, pero no a cualquier precio. Además, las alternativas energéticas, eólicas o solares ya han demostrado ser eficaces y países como Dinamarca generan más de la mitad de su energía de manera segura y libre de residuos altamente peligrosos. La moratoria, que significaba cerrar, disminuir gradualmente la dependencia energética nuclear y dejar de construir plantas nucleares, fue un primer paso de responsabilidad política que debió ser seguido de otros conducentes a investigar y desarrollar alternativas que no eran desconocidas. Pero aquí faltó evidentemente voluntad política para evitar que los estados, en lo que a producción de energía se refiere, dejaran de ser rehenes de los grandes grupos multinacionales cuyo único motivo es el lucro, ajenos a cualquier consideración moral. …todavía no hay un depósito definido, ningún ayuntamiento quiere recibir esa patata caliente, por muchas que sean las ventajas económicas que reciban si aceptan convertirse en basurero nuclear. ¿Dónde están la seguridad y las innovaciones tecnológicas que permitirán recibir esos residuos? Los accionistas de las empresas energéticas dueñas de esos residuos, ¿han invertido un miserable euro para asegurar su depósito en suelo español? Las iniciativas ciudadanas de defensa del futuro se generan en la observación de los hechos que afectan directamente al conjunto de la sociedad. Ésta es la base humana del movimiento ecologista y en materia energética las lecciones aprendidas de la llamada crisis del petróleo de 1973 condujeron a plantear la urgente necesidad de investigar y descubrir fuentes alternativas de energía. En las naciones centroeuropeas, durante la segunda mitad de los años 60, durante los 70 y hasta finales de los 80, era posible ejercer el derecho ciudadano a un mundo mejor, menos contaminado y más seguro. Conservadores como Ludwig Erhard plantearon la necesidad de un capitalismo humano y socialdemócratas como Olof Palme y Willy Brandt sostuvieron que el Estado de Bienestar creaba una red de relaciones sociales horizontales en una sociedad en donde la voz de las patronales, de los sindicatos, de las iniciativas ciudadanas (gérmenes de las ONG) y de los estados buscaban acuerdos para mantener, profundizar y ampliar las garantías creadas por el bienestar. Ése fue el sueño más democrático de Europa y en él la cuestión energética era parte fundamental del debate. Pero a partir de 1989, cuando la revolución económica neoliberal empieza a generar lo que Fukuyama llamará «fin de la Historia», los ciudadanos empiezan a quedar cada vez más marginados de todos los debates trascendentes que atañen a su presente y futuro, y los estados ceden terreno a una liberalización del mercado que terminará por usurpar la supremacía estatal a la hora de decidir sobre temas que afectan a la vida de todos los ciudadanos. La libertad de mercado pasa a ser sinónimo de democracia, pero de una democracia de la que sólo se benefician los accionistas de las grandes empresas, los inversores de una economía globalizada. En el campo energético se impone el todo vale con tal de generar ganancias; Chernóbil pasa a ser una anécdota desagradable, se atenta contra asentamientos humanos y el medio ambiente para construir centrales hidroeléctricas en Chile, se difama y conspira abiertamente contra cualquier gobernante del Tercer Mundo empeñado en resguardar o nacionalizar sus recursos energéticos o simplemente se viola la legalidad internacional y se invaden países como Irak para que no los Estados Unidos sino un grupo de empresas multinacionales se apropien de la riqueza energética de ese país. En un panorama de cinismo que es la característica del siglo XXI, el director de estudios de Repsol-YPF, Antonio Merino, critica la vuelta al nacionalismo de los recursos energéticos porque dificulta la inversión. Es decir, que los estados, representativos de sus ciudadanos, no pueden fijar el valor de las riquezas energéticas. Eso está reservado única y exclusivamente al mercado, lo que equivale a decir «vengo, pago lo que quiero y me lo llevo». ¿Esto es la libertad de mercado? La obvia, indiscutible alteración climática que se observa en el planeta obliga a un debate responsable porque no hay nada más serio que la supervivencia, y más obvio todavía es que el futuro depende de una independencia energética que solamente es posible investigando y desarrollando alternativas seguras, sostenibles. Antes de revisar o replantearse la producción de energía nuclear en España, sería conveniente conocer el estado y el destino de los residuos radiactivos (posiblemente se enviarán a algún país africano convertido en basurero atómico bajo el eufemismo de ayuda al desarrollo) y, para que el debate sea serio, saber qué porcentaje del PIB español se destina a la investigación científica encaminada a encontrar fuentes energéticas alternativas. Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, entrevista en Cinco Días. …si los países europeos no quieren ser meros espectadores de una nueva bipolaridad, EE UU-China, tienen que avanzar mucho más deprisa en su unión para resistir la globalización. Y eso, que nadie lo discute en la teoría, se topa con dificultades porque las opiniones públicas no son conscientes de nuestra dependencia ni del bache demográfico que sufrimos. Lo que necesitamos ahora con urgencia es una reforma institucional para adaptar Europa a sus nuevas dimensiones. No se puede seguir, por ejemplo, con la regla de la unanimidad. Y esos cambios debemos conseguirlos a corto plazo. De lo contrario, el sistema perderá velocidad y dinamismo. No estoy en contra de proyectos específicos en campos como energía o investigación. Europa debe demostrar su utilidad de forma práctica, pero eso no es nuevo. Siempre ha tenido que hacerlo. Pero si es un proyecto político, Europea no puede reducirse a acciones coyunturales. Es verdad que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional se están planteando su razón de ser y su utilidad está puesta en cuestión. Pero la UE es totalmente distinta. No es un Estado, pero tampoco es exactamente un organismo internacional. Y creo que hoy más que nunca, Europa debe aparecer como un agente político capaz de actuar sobre la globalización. Europa se ha construido hasta ahora sin la participación activa de los ciudadanos. Y eso se ha acabado, porque estamos tocando ya aspectos sustantivos de la soberanía y de la forma de organizar una sociedad. A partir de ahora, si Europa es un proyecto político tendrá que ser mucho más participativo. En consecuencia, el Parlamento europeo tendrá que jugar un papel más importante. …el crecimiento y la creación de empleo que se habían anunciado con la instauración del mercado interior y del euro no se han materializado. Y en parte ha sido culpa de los Estados, que no han sido capaces de federar sus recursos ni de coordinar sus políticas económicas. El euro nos ha protegido de los errores de algunos Gobiernos, pero no actúa todavía como un motor de crecimiento. Puedo decir que hoy todo el mundo reconoce que el Parlamento es más conocido, más respetado y más influyente que hace dos años y medio. Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona, Nueva situación en el mundo, La Gaceta de los Negocios. …las sociedades cultas y democráticas reconocen que dentro de la democracia tiene que existir el respeto profundo hacia la libertad religiosa de los ciudadanos. Las instituciones civiles se van convenciendo de que el ejercicio de la libertad religiosa —y en consecuencia, el ejercicio libre de las propia religión por parte de los ciudadanos— es una parte importante del bien común que el Estado tiene que proteger y garantizar, del cual se siguen muchos bienes para las personas y para la consistencia de la sociedad entera. En nuestro caso, podemos decir: ¿quién mejor que la Iglesia educa para la convivencia, para el trabajo, para la justicia y la solidaridad? Y en buena parte, nueva también para la Iglesia, porque poco a poco vamos aprendiendo a vivir en libertad y en pluralismo, aprendemos a convivir con otros que viven de otra manera, sin que eso signifique ni conflicto ni sometimiento. Quien diga que la Iglesia no sabe vivir en democracia no dice verdad. No añoramos ningún poder político, no pretendemos imponer a nadie nuestra fe ni nuestra moral mediante el poder o las instituciones políticas. Pretendemos simplemente poder vivir en libertad, sin restricciones, y poder anunciar libremente nuestro mensaje y nuestros puntos de vista sobre la vida personal, familiar y social. Todo perfectamente admisible en una concepción democrática de la sociedad. Si en algo pecamos es en vivir demasiado cohibidos, sin atrevernos a marcar las diferencias con el resto de la población, a ejercer nuestros derechos civiles y políticos de acuerdo con nuestras propias creencias y nuestros intereses de grupo. …queremos más democracia, menos intervencionismo del Estado en materias religiosas y morales, más neutralidad de las autoridades políticas ante las manifestaciones y el ejercicio de la libertad religiosa de los ciudadanos. En concreto, los obispos hacemos a la Administración dos tipos de crítica. Una, pidiendo que las decisiones de la autoridad se sometan como actividad humana a las normas morales vigentes en la sociedad, fundadas en la recta razón y en la historia cultural y religiosa de la población. No es querer imponer, es defender la libertad de la sociedad y los límites de la autoridad. Quienes gobiernan no están autorizados a gobernarnos y dirigirnos como les parezca mejor, sin tener en cuenta las normas de la moral natural y de la moral histórica de nuestra sociedad. …el pecado y la idolatría llevan dentro el germen de su destrucción. La gente más sensata comienza a darse cuenta de que una sociedad sin religión ni moral es una sociedad sin alma, sin fuerza interior, amenazada de disolución por los conflictos de las pasiones y de las ambiciones. Antxón Sarasqueta, El proyecto liberal de España, La Gaceta de los Negocios. Defender un proyecto liberal de España y al mismo tiempo defender la autonomía como un todo frente al Estado es una contradicción. Lo mismo cabe decir de los ayuntamientos o de cualquier otro poder del Estado. Ignacio Sánchez Cámara, La mala educación, La Gaceta de los Negocios. ...no se encuentra entre las funciones del Estado la de enseñar, sino sólo la de garantizar el ejercicio del derecho a la enseñanza. El Estado debe fomentar una escuela pública excelente, pero no única. Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, No habrá justicia para las víctimas, El País. Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte, porque es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante y una violación del derecho a la vida, que debe respetarse siempre, incluso la de aquellos que pueden haber cometido crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, como el ex dictador iraquí. La pena de muerte nunca ha tenido utilidad para prevenir futuros crímenes, y cuando no sirve se convierte en un acto de venganza. Sadam Husein ha cometido gravísimas violaciones de derechos humanos, pero la solución no es la horca, ni por principio ni en la práctica. Se requiere justicia sin venganza. Subdesarrollo humano, editorial de El País. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora Naciones Unidas con datos sobre ingresos, alfabetización y esperanza de vida de los distintos países constituye una radiografía bastante fiel de la situación económica y social del mundo. Según el último informe, difundido estos días, en 2004 el país más desarrollado del mundo era Noruega, seguido de Islandia y Australia. Obsérvese que las tres cimas de desarrollo mundial no están organizadas económicamente según el único criterio del mercado, sino que combina las exigencias de la libertad empresarial con políticas públicas muy desarrolladas. Si algo queda claro en el informe es que los poderes mundiales -llámense ONU, países desarrollados, Unión económica y monetaria o cualquier otro- están obligados perentoriamente a organizar estructuras económicas en los países de la zona para frenar la caída libre hacia el horror de la miseria. Energía más inteligente, Editorial de El País. De seguir el aumento del consumo de petróleo al ritmo actual, especialmente por parte de países como China e India, habrá un crecimiento insostenible de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. De ahí que sea imprescindible una estrategia para prolongar los acuerdos de Kioto más allá de 2012 con objetivos más ambiciosos y con la participación de estos países, hoy no obligados por dicho acuerdo. ...sólo con una decidida intervención de los poderes públicos en los países más consumidores de energía podrá conseguirse una alternativa energética de futuro que sea "limpia, inteligente y competitiva" frente a la simple prolongación de las tendencias actuales, que nos conducen a un escenario "sucio, inseguro y caro". La primera línea de actuación consiste en impulsar políticas de eficiencia y ahorro energético que permitan invertir a partir de 2015 la tendencia al aumento de la contaminación. Los cálculos del informe demuestran la rentabilidad de dichas políticas, ya que por cada euro invertido en aumentar la eficiencia energética se ahorran dos euros en generación, transformación y distribución de energía. Pero ocurre que el ahorro energético sólo puede ser significativo en los países más ricos mientras que el consumo seguirá creciendo en los más pobres, lo que implica que hay que complementar las políticas de ahorro con las de generación limpia de energía. En este sentido, el impulso a las energías renovables es una necesidad perentoria, tanto en la generación de electricidad como en los combustibles líquidos para el transporte. Caroline Lucas, parlamentaria británica. Todos estos productos se podían haber fabricado perfectamente en Europa. Todos lo sectores del comercio mundial están siendo dominados por China. El coste real de las mercancías transportadas por el Emma Maersk debería incluir el medio ambiente, la destrucción de los mercados en los países en vías de desarrollo y la pérdida de puestos de trabajo. Fragmento de pedagogía libertaria en el libro “La Escuela de la Anarquía” de Josefa Martín Luengo, “Colectivo Paideia”. Los puntos fundamentales que debemos tratar en una educación basada en una ética de la anarquía, son: 1. Frente a la coacción paterno-materno sobre la dependencia de los niños y niñas, por la satisfacción de los deseos primarios de éstos a cambio de la sumisión. La coacción de la autonomía, evitando la satisfacción inmediata de estos deseos, y el impulso a conseguir lo que se desea desde una toma de independencia individual y grupal. 2. Frente a la coacción social de la competitividad libresca y titular, la introyección de la cultura autónoma, autodeterminada e igual para todos y todas según sus capacidades, intereses y aptitudes. 3. Frente a la coacción social de la violencia como forma de conseguir el éxito y el dominio social, el diálogo razonado y el acuerdo grupal. 4. Frente a la coacción social del consumo y adquisición de objetos para delimitar las clases sociales y crear la falacia de la libertad, la autogestión como reparto equitativo y austero de los bienes que pertenecen a un colectivo. 5. Frente a la división del trabajo como forma de perpetuar las diferencias y luchas de clases, el reparto equitativo del trabajo en todas sus modalidades para establecer un colectivo equitativo justo. 6. Frente a la coacción moral que la sociedad hace en la aceptación o infracción de sus normas y leyes convivenciales y discriminativas. La ética de la solidaridad, la tolerancia en los errores, la aceptación de los abusos y el rechazo de la hipocresía, la mentira y la manipulación. 7. Frente a la coacción moral que la sociedad hace con el adoctrinamiento del bien y el mal, acomodaticio a unas normas estatales y rentabilizadoras de una estructura social, la coacción del desarrollo de la razón, la inteligencia y la cultura como liberación. 8. Frente a la coacción moral que la sociedad introyecta del individualismo y el egoísmo, con su defensa de la propiedad privada, la coacción moral del colectivismo, el reparto de bienes y el derecho de todos y todas a gozar equitativamente de todos los bienes que la naturaleza ofrece para poder vivir con placer. 9. Frente a la coacción moral que la sociedad impone de la represión sexual. La coacción moral de una sexualidad libre, carente de tabúes sin más limitaciones que la libertad de las demás personas. 10. Frente a la coacción moral de la división de los sexos en roles predeterminados, la coacción moral de la igualdad, como personas que, cada una según sus peculiaridades, aporta a una colectividad para mantener la justicia, la equidad y la creatividad. 11. Frente a la coacción moral de una cultura de la imagen manipuladora en exceso, la coacción de una cultura del libro, las ideas y la ciencia. 12. Frente a una coacción moral pública de la división de la sociedad en pobres y ricos, listos y tontos, elegidos y masa. Una coacción moral de la igualdad y de la diversidad en una sociedad sin privilegios. 13. Frente a una coacción moral del embrutecimiento de la sensibilidad, por el pragmatismo, la satisfacción de los instintos primarios y el embrutecimiento de la imagen, el sonido y la productividad. Una coacción moral del desarrollo de la sensibilidad, el afecto y la generación de los productos necesarios para mantener una vida digna. 14. Frente a la coacción moral pública del individualismo egoísta y de la familia generadora y reproductora de todos los males sociales, la coacción hacia el grupo natural, las relaciones libres y la generosidad. 15. Frente a la coacción moral del establecimiento de roles sexuales fomentadores y perpetuadores de la familia. La coacción moral de la libre relación sexual sin apelativos, marginaciones o permisividades según los deseos de las personas sin ninguna finalidad estructurada, como base de la generación de una sociedad diferente donde los lazos de unión son solidarios y libres y no estereotipados y sujetos a coacciones conservadoras propias de una sociedad inmovilista y no anárquica. 16. Frente a la coacción moral pública de la norma, la ley y la moral burguesa que requiere y demanda el Estado. La moral natural libre de prejuicios, ataduras y reglas de sometimiento. Por lo que: “Es necesario absolutamente e indispensable una conciencia social y una politización de la vida personal diaria” (Reich, W., La revolución sexual). Y en eso debe incidir la Escuela de la Anarquía, en recrear una conciencia social y política personal que sea diametralmente opuesta a la establecida en esta sociedad, para evitar su perpetuación y poder tener la posibilidad de establecer las bases de una nueva sociedad humanamente responsable, social y personalmente. Federico Mayor Zaragoza, copresidente del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza de Civilizaciones creado por la ONU, ha denunciado que Occidente ha permitido durante mucho tiempo que la mujer fuera discriminada en el mundo musulmán porque éste era un "buen cliente". En su opinión, Occidente debe ser "muy cuidadoso" cuando dé lecciones al Islam y debería mirarse al espejo cuando lo haga porque en la prensa generalista española aparecen anuncios de contactos. "Mire usted allí y verá unas vergüenzas tremendas, accesibles a los niños, en donde hay unas imágenes y dibujos que se podrían obviar, y unos comentarios que son realmente vejatorios para la dignidad de la mujer en su conjunto". "Estamos todos asustados de ver cómo Israel lanza bombas de racimo y después dice que ha sido un error técnico. ¡Ya está bien de errores técnicos, ya está bien de utilizar la fuerza! Y que lo sepan los productores de armamento, porque se gastan 2.680 millones de dólares en armas al día". "No puede ser sigamos con una ONU sometida prácticamente a los países más poderosos y, muy concretamente, a Estados Unidos". Mayor Zaragoza dijo que el GAN propondrá que se incremente el hermanamiento de ciudades; una mayor interacción entre universidades de Oriente y Occidente, con un Erasmus a nivel mundial y el fomento del acceso a Internet mediante un programa mundial, "puesto que la red de redes constituye uno de los medios de intercambio e interacción más importantes hoy en día". Igualmente, se abogará porque se revisen los libros de texto con objeto de que no haya "imágenes, estereotipos o clichés que generan ideas de las otras culturas con una preeminencia de la nuestra (la occidental)". Se refirió a un "gran programa de solidaridad juvenil a escala mundial", que ya cuenta con más de 400 asociaciones juveniles de unos 125 países. "Es una de las fórmulas más aptas para favorecer el conocimiento recíproco y que la juventud no herede las percepciones injustas y los estilos de rechazo que pueden haber caracterizado a generaciones precedentes". Preguntado por la posibilidad de que los Veinticinco no estén preparados para integrar a Turquía, ha dicho que la clave del proceso reside en que la Unión fundamente el proceso sobre "el sistema democrático europeo" y "los principios democráticos", en lugar de sobre la "economía de mercado", a la que atribuyó "asimetrías y desgarros sociales". "Lo que no podemos hacer es llevar esta teoría de que es el mercado el que tiene que mandarnos. A ver si somos capaces de dejarlo a un lado y que nos manden otra vez los principios democráticos de justicia, libertad, igualdad y solidaridad. Ya está bien de mercado". Josep A. Durán Lleida, presidente de Unió Democrática de Cataluña, 75 años de Unió, ABC. …la nueva formación reclamaba para sí la condición de partido humanista y con un alto compromiso social. Crítico por igual contra el capitalismo y contra cualquier totalitarismo de derecha o de izquierda, el ideario de Unió Democràtica de Catalunya se centraba en los valores que hoy denominaríamos «socialcristianos», defendía la persona humana como referencia de toda actuación política y reivindicaba la plenitud de derechos de las familias y de las naciones. Sus principios inspiradores coincidían con una incipiente doctrina social de la Iglesia y con las formulaciones políticas que en los años siguientes caracterizarían los partidos demócrata-cristianos europeos. Junto a dichos partidos, Unió ha impulsado siempre el proyecto común Europeo. …seguimos asumiendo que el objetivo de la política es el pleno servicio al ser humano y a la sociedad, y que todo ello debe inspirarse dentro de los principios democráticos y humanistas que hemos defendido desde nuestra fundación, en los escenarios más diversos y entre todo tipo de circunstancias. La defensa de la familia a partir del principio de que la sociedad será más fuerte, cuanto más fuerte sean las familias; su valor como motor y garantía del bienestar social; la libertad en mayúsculas; la libertad fundamental de los padres de elegir la escuela de sus hijos son hoy valores que más que nunca nuestra sociedad requiere y que Unió se propone fortalecer. El personalismo comunitario como respuesta al fenómeno de la inmigración, al reconocimiento de sus derechos como personas y la obligación de sus deberes con la comunidad de acogida, la seguridad como garantía de libertad, como el principio de subsidiariedad, la economía social de mercado, la justicia social, la educación en valores más allá de la instrucción en conocimientos eran y siguen siendo componentes del modelo de sociedad que Unió defiende. Como suele afirmarse, una trayectoria insigne tiene valor por sí misma, pero constituye el acicate más poderoso para continuar avanzando hacia nuevas metas. Hoy, al igual que en noviembre de 1931, Unió Democrática dirige sus ojos al futuro, comprometida en la lucha por una sociedad más justa, más humana, más solidaria y más libre. Jesús Gago Dávila, arquitecto urbanista, premio Nacional de Urbanismo, Cortar por lo sano, El País. …lo peor es que en las más recientes iniciativas, en las que surgen desde la segunda mitad de los noventa, tras una famosa sentencia del Constitucional, y bajo el eco de una célebre homilía pronunciada desde el Tribunal de Defensa de la Competencia, el legislador se ha instalado en un dogma renovado: la liberalización del mercado, que tan buenos resultados estaba rindiendo en la organización de la economía, tenía que extenderse al suelo en forma de desregulación. Aplicada al campo inmobiliario y sobre todo al del suelo, esa nueva fe consiguió convertirse, a partir de 1998, en ley de leyes y al mismo tiempo, paradójicamente, en la derogación sin más de toda la legislación urbanística propiamente dicha, al (re) implantar -”de derecho”- un modelo de crecimiento urbano expansivo y de ocupación del territorio a saturación, sin otra meta, “de hecho”, que la permanente generación de plusvalías para mayor gloria de toda clase de negocios, lícitos o llanamente delictivos. Y ello precisamente cuando estaba despertando con fuerza una nueva edición de boom inmobiliario. Confiando invariablemente en esa sencilla receta, no sólo se ha acabado por empeorar el mal que con su administración se decía querer erradicar, sino que se ha alimentado la especulación, provocando además una des-moralización generalizada. Algunas de las cuestiones que exigen ser abordadas con un cambio de rumbo más bien radical y que, aun estando -algunas de ellas- presentes en el Proyecto de Ley del Suelo Estatal, necesitan reforzarse tanto en su formulación como en su articulación, serían a mi juicio las siguientes: - El catálogo de bienes y derechos susceptibles de protección por el Estado ha de ampliarse. Más allá de los derechos de propiedad, deben estar comprendidos también en aquél, en pie de igualdad, el derecho a la preservación del medio ambiente, el derecho a la vivienda y el derecho a la participación pública. - La nueva ley estatal podría desempeñar una importante función didáctica: marcando la orientación a seguir, proclamando la necesidad de dar un giro radical en el modelo de urbanismo expansivo y estableciendo al respecto nuevos valores a preservar y nuevos principios a respetar. - A través de la ley, el Estado debe restablecer su autoridad para controlar el respeto a esos principios, contraponiéndolos e incluso “recurriendo” ante el Tribunal Constitucional la legislación autonómica que no los respete o ampare convenientemente. - Ha de partir del reconocimiento de la radical incapacidad e inadecuación del poder municipal para encauzar, dirigir y planificar y gobernar fenómenos como el turismo del litoral o el crecimiento metropolitano. - Es preciso reivindicar el ejercicio de competencias autonómicas sobre el gobierno del territorio; del cual, bajo el imperio del modelo anterior, se ha ido haciendo cada vez mayor dejación. - El Estado debería apoyar, promover e incluso forzar -invocando los bienes públicos que está obligado a preservar- la coordinación y cooperación, en sus actuaciones sectoriales y entre comunidades, para hacer frente a fenómenos de ocupación y transformación del espacio cuya lógica sobrepasa las fronteras territoriales del poder autonómico. - La ley no debería proponerse, una vez más, metas inalcanzables: en concreto, con respecto a la especulación bastante sería con tratar de desalentarla, pero eso sí de modo efectivo. - El proyecto de ley, en su intento -de nuevo y por enésima vez- de fundamentar sobre nuevas reglas de valoración expropiatoria una significativa acción pública en el mercado de suelo, carece de consistencia suficiente para aguantar las previsibles arremetidas que sufrirá antes y después de su promulgación. Arturo Gonzalo Azpiri, secretario general del Cambio Climático, del Ministerio de Medio Ambiente. Un estudio realizado por la Universidad de Castilla-La Mancha por 400 expertos para el Instituto Nacional de Meteorología concluye que a finales del siglo XXI la temperatura en Madrid podría subir entre cinco y siete grados en verano; y entre tres y cuatro en invierno. Son las cifras más altas de todas las previsiones que hay para Europa. Kenneth Rogoff, catedrático de Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, ex economista jefe del FMI, Los antiecologistas estadounidenses, suplemento Negocios de El País. Como estadounidense, me siento consternado y avergonzado por la falta de liderazgo de mi país a la hora de hacer frente al calentamiento global. Las pruebas científicas sobre los riesgos se acumulan a diario, como documentaba más recientemente el magistral Stern Report inglés. Sin embargo, a pesar de que Estados Unidos representa cerca del 25% de las emisiones globales de carbono provocadas por el hombre, sus ciudadanos muestran escasa voluntad o inclinación por moderar su frenético consumo. La primera Administración de George W. Bush probablemente tuviera razón al negarse a firmar el denominado Protocolo de Kioto, aunque por los motivos equivocados. Entre otros problemas, el Protocolo de Kioto no va lo suficientemente lejos en la redistribución de los derechos de las emisiones de carbono a los países en desarrollo. Muchos parecen creer que la Administración de Bush es el problema. Si ponen a un magnate del petróleo tejano y a sus colegas al mando, ¿qué esperan, conservación? Desgraciadamente, ésa es una excusa fácil. La renuencia de los ciudadanos estadounidenses a moderar el consumo energético por el bien del medio ambiente global está mucho más arraigada. Pongamos por caso al ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, cuyo documental sobre el calentamiento global, Una verdad incómoda, es alabado por su inquebrantable mirada a cómo el consumo de combustibles fósiles está llevando a la humanidad al borde de la catástrofe. La evidencia del calentamiento global es considerablemente más enrevesada de lo que la película de Gore da a entender, pero el problema básico es real. Como a muchos liberales, a los directores de The New York Times les preocupaba que unos impuestos sobre la energía más elevados repercutieran de forma desproporcionada en los pobres. El típico argumento que se oye es: "¿Y qué hay del pobre tipo que tiene un Chevy de 1980, que traga mucha gasolina, y no tiene otra forma de llegar al trabajo?". Es un argumento legítimo, pero si los niveles oceánicos empiezan a subir, como predice el Stern Report, muchos de nuestros hijos algún día irán al colegio a nado. Por desgracia, el giro de The New York Times no presagia un cambio radical de postura del electorado estadounidense. Mencionen la idea de un impuesto sobre la energía a cualquier candidato en potencia a las elecciones presidenciales de 2008 en EE UU, y verán cómo se queda pálido. Las pruebas científicas indican que las emisiones de carbono de cualquier lugar del mundo tienen aproximadamente el mismo impacto en el calentamiento global. Por este motivo, una amplia variedad de economistas defienden un impuesto global uniforme (armonizado) que grave equitativamente las emisiones de carbono procedentes de todo el mundo y de cualquier fuente, ya sea carbón, petróleo o gas, o de los consumidores o las empresas. Un impuesto así es el planteamiento más flexible y favorable al mercado, y tendría un impacto mínimo en el crecimiento económico. Por el contrario, el complejo sistema de cupos defendido por los europeos y plasmado en el Protocolo de Kioto probablemente provoque ineficacias y costes mucho mayores. Por esta razón, el Stern Report inglés seguramente sea demasiado optimista cuando calcula que una estrategia ecléctica para la reducción de las emisiones de carbono sólo costará al mundo un 1% anual de sus ingresos. Pero aun así, el Stern Report está en lo cierto al afirmar que los posibles riesgos de una falta de acción continuada son muy superiores. Puede que algún día la falta de voluntad de Estados Unidos para tomar la delantera en cuestiones medioambientales se considere uno de los fracasos políticos más profundos del país. Esperemos que pronto cambie de rumbo, antes de que todos nos veamos obligados a ir al trabajo en bañador. Pablo Ramos Duro (Coordinador de Ecologistas en Acción de Extremadura), Esperanza y desconfianza, carta al director de El País. La reciente noticia del Gobierno en relación con el consumo de agua de los ciudadanos, es en principio positiva y la recibimos con esperanza, pero nos asaltan algunas dudas importantes; por ejemplo: ¿se castigará con impuestos en la misma proporción a las empresas? Porque puestos a derrochar agua, los que lo hacen desmesuradamente son muchas de ellas. Por ejemplo, los campos de golf. ¿Desde cuándo tenemos tal afición a este deporte en España, para que a todas las inmobiliarias les haya dado por utilizarlos como reclamo? Omar Ragnarsson, Islandia. Nosotros no somos los dueños de esta isla, somos los custodios de un lugar que es un valioso patrimonio del mundo y que debemos defender y conservar intacto para futuras generaciones. Santiago Carrillo, La transición vista por Carrillo, suplemento Domingo de El País. Es la hora de igualar de verdad en derechos a mujeres y a hombres, y para ello, si es necesario mientras esta igualdad no sea verdaderamente real, promulgar leyes incluso discriminatorias a favor de la mujer. Es la hora de prestar una atención particular a la juventud amenazada de marginación, lo que, además de ser injusto, es un grave riesgo para la cohesión social. Es la hora de reconocer los derechos de las minorías sociales, discriminadas hasta aquí por diversas razones; de fomentar la libertad de investigación biológica para proteger la salud de los humanos, superando tabúes de origen ideológico o religioso. La hora de defender la paz y de sentirnos solidarios con todos los pueblos del planeta. La hora de defender y desarrollar el Estado de bienestar. ...el fracaso de una experiencia de transformación socialista tan importante mundialmente como la Revolución rusa de octubre de 1917 ha sido, objetivamente, con independencia de cuáles hayan sido las responsabilidades de sus promotores, una desgracia para el género humano. Desaparecida la URSS -a lo que desde luego no ha sido ajeno el cerco capitalista sufrido por ésta desde las primeras horas-, el capitalismo se ha liberado de todos los miedos y cautelas, y actúa como si todo el monte fuese orégano, como si ningún adversario consistente cuestionara su dominación sobre la sociedad y sus panegiristas cantan ya su inmortalidad como sistema social. De esta suerte, el Estado de bienestar ya no se considera como el seguro necesario frente al peligro comunista y comienza a ser desmontado en los Estados que lo habían adoptado cautelarmente. Los sindicatos sufren agresión tras agresión, combinadas con fenómenos de corrupción, para reducir su capacidad de movilización y de lucha contra la explotación capitalista. Javier Otaola, abogado y escritor, ¿Qué hacer con Caín?, El Correo Digital. Para el pensamiento jurídico-penal contemporáneo ha quedado superada, al menos en los países europeos, la idea de la justicia bíblica del ‘ojo por ojo y diente por diente’. Aunque no faltan predicadores hertzianos a los que se les adivina la nostalgia por la majestad de la pena de muerte al estilo sureño-americano. La pena, en contra de lo que piensan el común de los ciudadanos, no tiene ya una función retributiva o vindicativa. No se ingresa en prisión a un reo para que pague con su sufrimiento el sufrimiento causado a la víctima. La cárcel no es entonces un purgatorio donde el reo expía su culpa. No se castiga al reo para dar satisfacción a la víctima y saciar así la comprensible sed de venganza de ésta o de la sociedad. La Constitución española ha consagrado en su artículo 25. 2 una concepción más humanista del castigo: «Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados». Sin embargo, a pesar de que la Carta Magna no lo dice expresamente, esa finalidad reeducadora convive con otras de menor rango normativo que forman parte esencial e implícita de la pena: la intimidación y la disuasión del eventual delincuente, y además la neutralización del reo para que no pueda dañar de nuevo a la sociedad. La ’sharia’ musulmana sigue propugnado las penas de mutilación y aún se aplica la de muerte en países occidentales. Sin embargo existe un gran consenso sobre la necesidad de rebasar la mutilación y superar la pena capital, como fervor de penalidad impropio del nivel de desarrollo político e institucional de nuestro tiempo. Augusto Zamora R., profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid, La gran responsabilidad histórica del sandinismo, El Mundo. Habría, pues, condiciones propicias para que el nuevo gobierno sandinista se aplique a fondo a resolver los más acuciantes problemas que afligen a la población, como salud, educación, vivienda, energía y, sobre todo, empleo. Con el 70% de la población sumido en la pobreza, el analfabetismo alcanzando el 40% y la emigración masiva privando al país de su gente más dinámica, la inversión social adquiere características de sala de urgencias, para evitar que el país termine de hundirse. También será prioritario invertir en infraestructuras, un sector estratégico y vital, dejado a la mano de Dios por los gobiernos neoliberales desde 1990. La recuperación y viabilidad económica de Nicaragua pasa por la construcción y reconstrucción de carreteras, caminos, puertos y aeropuertos, sin los cuales no podría prosperar ningún plan económico. El país está reducido a dos carreteras principales, la única línea férrea fue desmantelada en 1990, y los caminos a las zonas productivas del interior son, prácticamente, inexistentes. La producción de granos se pudre y la población campesina terminaba pasando hambre, ante la indiferencia de las instituciones gubernamentales. Una visión integral del subdesarrollo de Nicaragua obligaría también a promover la elaboración de un Plan Nacional de Desarrollo que aborde, de manera integral, el agudo atraso del país. Este plan fijaría las líneas primordiales de inversión a corto, mediano y largo plazo, para dotar a Nicaragua, entre una extensa lista de necesidades, de industrias y empresas dedicadas a optimizar los recursos nacionales, en vez de entregarlos estúpidamente a empresas extranjeras. El reto es enorme, pero no puede ser obviado, pues ello comprometería gravemente el futuro de Nicaragua. Vivimos una época dominada por un fuerte nacionalismo económico, con el Estado renacido como gran protagonista, de manera que reconstruir las instituciones estatales y usarlas como instrumento para promover el desarrollo será otra tarea urgente a emprender. La corrupción es una lacra que lastra profundamente a Nicaragua y que tendría que ser combatida a muerte, en todas sus formas. Se debe empezar revisando las concesiones otorgadas a empresas extranjeras, que invierten poco y chupan cuanto pueden del famélico país. También deben ser revisados los salarios de los funcionarios, para ajustarlos a la realidad económica nacional. No es admisible que un ministro gane 8.000 dólares, en tanto un maestro percibe 100. Otra forma encubierta de corrupción es que los más ricos no paguen impuestos en Nicaragua. Por tal motivo, emprender una reforma tributaria será tarea urgente e insoslayable, y dará medida del compromiso del nuevo Gobierno con la búsqueda de una sociedad menos desigual y menos injusta. Debe, así mismo, haber conciencia de que Nicaragua, en los 16 años pasados, ha sufrido un desmantelamiento casi total. El país no tiene línea aérea, flota pesquera ni marina mercante. Volar a Managua se ha convertido en una odisea, dependiendo de los planes de las compañías extranjeras que usufructúan el espacio aéreo nacional. El abandono de los intereses nacionales ha llegado a tales niveles que, siendo Nicaragua un país bioceánico, debe usar puertos de Honduras y Costa Rica, porque los nacionales han quedado obsoletos, por falta de inversión. Esto ha hecho de Nicaragua un país más virtual que real, pues carece de la mayor parte de las estructuras básicas que hacen real a un Estado, como infraestructuras, medios de transporte propios y una industria mínima. El sandinismo puede asumir esas tareas, con decisión y valentía. Recordemos, para hacer memoria histórica, todo lo que fue capaz de hacer a partir del 19 de julio de 1979. Lleno de un entusiasmo sin límites, sumergió a la pequeña Nicaragua en una vorágine de cambios, que produjeron resultados asombrosos, sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de un país muy atrasado, sin petróleo ni recursos equivalentes. La campaña de alfabetización de 1980 redujo el analfabetismo del 50% al 12%. Los programas populares de salud erradicaron, en pocos meses, enfermedades crónicas que por siglos habían castigado a la población más pobre. La Editorial Nueva Nicaragua editó en dos años más libros que todos los que jamás se habían impreso en la historia nacional, a precios subsidiados. Se llegó a escolarizar a tres millones de personas, sobre una población de 3,8 millones. Se crearon líneas aéreas, empresas pesqueras, escuelas de arte, institutos de cine y cultura… Miles de nicaragüenses y una pléyade de extranjeros de múltiples procedencias se mudaron a Nicaragua, para sumarse a aquel prodigioso proceso de cambios sociales, económicos, políticos y culturales. Recordemos también que la guerra impuesta por EEUU destruyó aquel esfuerzo inmenso. Entre 1981 y 1989, el presidente Ronald Reagan dedicó 15.000 millones de dólares a destruir a los movimientos revolucionarios en Centroamérica y, con especial encono, a la Nicaragua sandinista. Invocó la seguridad de EEUU para aplicar un embargo económico atroz, que cerró su mercado a los productos nicaragüenses. Con fondos secretos y del Congreso, creó a la Contra, en territorio de Costa Rica y, sobre todo, en Honduras, desde donde lanzaron una guerra de aniquilamiento contra Nicaragua. Comandos especiales de la CIA minaron los puertos de Nicaragua en el Caribe y el Pacífico, atacaron el aeropuerto internacional de Managua, la terminal petrolera de Puerto Sandino y los depósitos de combustible de Puerto Corinto. La Contra se dedicó, dentro del país, a arrasar cuanto pudo de la infraestructura productiva y social. Centros de salud, escuelas, cooperativas agrícolas, autobuses de pasajeros, vehículos de carga, centrales eléctricas… La estructura productiva y social quedó devastada. El boicot y el embargo económico hicieron el resto. Para 1989, la economía de Nicaragua estaba en ruinas. Sus soldados habían ganado la guerra, pero EEUU había logrado destruir el país. A partir de enero de 2007, el FSLN y Daniel Ortega tendrán la oportunidad de gobernar de manera ejemplar, demostrando a todo el pueblo, sobre todo a ese 50% de nicaragüenses que no les votó y que les tiene una gran desconfianza, que el sandinismo es la mayor esperanza para Nicaragua. Que ningún otro partido lo hará mejor y que sabrá estar a la altura de los sueños y necesidades de la gente. Ése es el mayor reto, la responsabilidad histórica que asumirá en escasos tres meses el sandinismo. Una mayoría de nicaragüenses ha querido darle una segunda oportunidad pero, si falla, puede que no haya una tercera. Lo sabe el FSLN, lo sabe la población. La consigna para los próximos cinco años, por tanto, sólo puede ser una: no fallarle a Nicaragua. Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz, UAB, La virtud de la discreción en los procesos de paz, El País. En cualquier caso, y quizás es lo más importante, no hay proceso posible (y estamos hablando de un proceso donde al final ETA se autodisuelve, que no es poco) si no hay canales de comunicación, encuentros entre intermediarios, encuentros directos, papeles a enseñar, hojas de ruta, compromisos temporales y temas sustantivos, acompañantes en el proceso y proceso de verificación. Así se ha hecho siempre y se seguirá haciendo, porque no hay otro método posible. Lo más terrible no es tener que hablar con el enemigo, sino dejar de hacer cosas que con suerte y buenas dosis de inteligencia permitirán que ese enemigo deje de existir como resultado de un proceso de negociación. En nuestro caso, llegar al final del túnel es posible, pero será más probable llegar a este punto si el proceso se hace con la máxima discreción. No se trata de que la democracia exija luz y taquígrafos en un tema tan sensible, sino de que el Gobierno sepa lo que se trae entre manos y lo explique cuando sea oportuno, pero no antes ni después. Todos estamos de acuerdo en lo que queremos para el final de la historia, pero el método para llegar allí es responsabilidad exclusiva del Gobierno, y es muy torpe, además de inútil, pensar que el Gobierno no utilizará las herramientas habituales que en todas las partes del mundo se utilizan para resolver los conflictos. Norman Birnbaum, profesor emérito en la Facultad de Derecho de Georgetown, Después de la victoria, El País. En el plano económico, los demócratas están tan poco inspirados como los socialistas europeos. Apoyan nuestro limitado Estado del bienestar. Aumentarán el salario mínimo para potenciar el consumo y como un acto de decencia común. Invertirán más en educación, y rechazarán las limitaciones religiosas impuestas a la investigación con células madre. Intentarán restablecer la proporcionalidad en el sistema impositivo de Bush, que favorece flagrantemente a los ricos. Lo que no tienen es un gran proyecto para vencer al carácter destructivo de la internacionalización del capital. Ahora que los ciudadanos estadounidenses necesitan que su Estado les proteja, los demócratas se muestran ambivalentes respecto de los grandes logros del New Deal y la Gran Sociedad. Gracias a Gore (que es el candidato presidencial más plausible que tienen, pero que ahora no se presenta), son un poco responsables en lo que respecta al medioambiente. Irene Zoe Alameda, escritora, La discriminación invisible, El País. En realidad, la única forma de evitar que las futuras generaciones perpetúen el sexismo heredado es que socialicen con modelos distintos a los nuestros. Y en esto, la Ley de Igualdad se ha quedado corta. De hecho, esta ley debería haberse centrado no sólo en corregir las discriminaciones explícitas, sino que también debería haber profundizado en las fuentes de la discriminación invisible. Para ello, debería haber prestado atención a dos importantes fuentes de aprendizaje y de socialización, como son la publicidad y la enseñanza escolar, porque ambas son el caldo de cultivo del sexismo futuro. Una Ley de Igualdad que no pone límites a una publicidad marcadamente sexista, está pasando por alto el peligroso modelo de relación hombre-mujer que se está enseñando a las futuras generaciones. De nada sirve repetirles a los niños (-os + -as) que son iguales si, cuando van al supermercado, aprenden a identificar los alimentos que consume mamá, porque en sus envases se reproducen fotos de trozos de cuerpos femeninos (una caja de cereales Special K muestra un vientre plano de mujer; un cartón de leche desnatada Pascual se adorna con el torso y glúteos de una chica desprovista de cabeza…). Esto por no mencionar las machaconas campañas cosméticas y de corrección quirúrgica que se diseñan exclusivamente para su consumo por mujeres. ...una ampliación de la actual Ley, o la aprobación de nuevas medidas, resultará insuficiente si progresivamente no se van cambiando los comportamientos en la esfera privada. También en el área familiar los niños aprenden la discriminatoria diferencia. Si nuestros (-os + -as) niños (-os + -as) observan que los hombres llevan calzado cómodo mientras que las mujeres elegantes caminan literalmente de puntillas, sobre palitos; si perciben que las mujeres, al moverse, suelen hacer ruido por los tacones y por el tintineo de los adornos que lucen en orejas, cuellos, hombros, manos y cintura; si diariamente toman nota de que, en comparación con papá, mamá tarda mucho en arreglarse porque se colorea la piel de la cara, el pelo y las uñas… si todo esto es así, entonces eliminar la discriminación de las futuras generaciones va a requerir de una constante capacidad de auto-análisis de las propias familias, y de una voluntaria corrección de esas asimetrías tan visibles. Dado que el Estado no puede imponer reglas sobre los valores que los padres transmiten a sus hijos en la intimidad, es importante también que los padres sean conscientes de que pueden estar transmitiendo a las niñas unos modelos contradictorios de identidad. Pero mientras no se impongan límites a la publicidad sexista, ni se prohíban las segregaciones en la indumentaria y las normas en los colegios, nuestra sociedad seguirá produciendo generaciones de mujeres que emplearán gran parte de su vida en exigir la igualdad, en vez de vivirla de facto. Así pues, el lenguaje en sí no es sexista: lo son sus hablantes. El lenguaje, con sus usos, refleja el pensamiento y las necesidades expresivas de los que lo emplean. Para el día en que sea un delito excluir a una niña del equipo de fútbol del colegio, ya se habrá ocupado el lenguaje de reflejar unos usos lingüísticos igualitarios. Alberto Palomar, profesor de Derecho Administrativo en la Carlos III de Madrid, La Ley del Dopaje: un punto de partida, El País. La aprobación de la Ley Orgánica de Protección de la Salud y de lucha contra el dopaje en el deporte debe marcar una época en la posición y el papel de los poderes públicos en la materia. Su importancia, desde una perspectiva parcial, es tan relevante para éstos como, en su momento, lo fue la Ley del Deporte de 1990. Que la ley haya obtenido un fuerte consenso social y político nos da a todos la seguridad de que el objetivo es compartido y las soluciones mínimamente aceptables para todos. El hecho de que el dopaje se considere un problema social, y no sólo un problema deportivo, se convierte en un elemento significativo de la evolución de los valores sociales y de la necesidad de preservar aquellos que fomentan el propio esfuerzo. Jorge Benavides Solís, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, La especulación inmobiliaria impide el desarrollo sostenible, El País. La especulación inmobiliaria es legal porque en el capitalismo no puede ser tipificada como delito; sin embargo, es inconstitucional porque atenta contra el artículo 47 de la Constitución. Es inmoral, pero, sin duda, ha hecho posible la creación de puestos de trabajo, contribuyendo así al desarrollo económico. La realidad es paradójica. Debido a la globalización de la economía, todos los mundos, incluido el cuarto mundo, actualmente conviven. Las mayores miserias imaginables y las máximas conquistas humanas, en todos los aspectos, las encontramos tanto en Nueva York, Madrid o Buenos Aires, como en Lagos, capital de Nigeria o en Karachi. Las nuevas urbanizaciones dispersas, de pareados y adosados con campos de golf, han contribuido al enriquecimiento económico pero, ¿aumentan la calidad de vida o, solamente garantizan el lucro desmedido de las empresas inmobiliarias? Matemáticamente está demostrado que el desarrollo, como producto de la especulación inmobiliaria, es insostenible (huella ecológica) y por lo tanto es socialmente irresponsable frente al consumo de los recursos naturales no renovables. El suelo y los combustibles fósiles son dos de ellos. ...hay que adoptar como objetivo superior del desarrollo local, la calidad de vida y a partir de ello, no despilfarrar los recursos naturales, culturales y humanos; aprovechar la biodiversidad, es decir, poner en evidencia la singularidad local. Preventivamente, exigir ecoeficiencia a las empresas. Simultáneamente, evitar el urbanismo basura que esteriliza grandes extensiones de suelo con bajas densidades de población donde las inmobiliarias levantan las casas, recogen sus cuantiosos beneficios pero nunca se preocupan de los equipamientos ni de los servicios que en el futuro deberán solucionarse con inversiones públicas. En otras palabras, prohibir los antiestéticos vertederos urbanísticos. Ni siquiera en Estados Unidos donde hay grandes extensiones de suelo disponibles y el mal gusto campea a sus anchas, se continúa con la política del sprawl porque a corto plazo tiene una rentabilidad financiera (privada) muy alta pero, a largo plazo exige acciones medioambientales e inversiones públicas enormemente caras. Robert M. Solow, Nobel Prize economist 1987. James Mirrlees, Nobel Prize economist 1996. Amartya Sen, Nobel Prize economist 1998. Joseph Stiglitz, Nobel Prize economist 2001. Paul Wolfowitz, President of the World Bank. Prof. Jeffrey D. Sachs, Director of the Earth Institute at Columbia University, Special Advisor to UN Secretary General Kofi Annan. Claude Mandil, Executive Director of the International Energy Agency Kirit Parikh Member, Planning Commission, Government of India. Adair Turner, Former Director of UK Confederation of British Industry and Economic Advisor to Sustainable Development Commission. Cameron Hepburn, Oxford University. Sir Rod Eddington, Adviser to the UK Government on the long term links between transport and economic growth, and former Chief Executive of British Airways. Mario López Sánchez, Sistema del bienestar, carta al director de El País. El agua es un bien indispensable para la vida. De hecho, no somos otra cosa que un montón de agua en exuberante danza atómica. Sin agua morimos. Y por el agua moriremos. Sería atrevido hacer previsiones, pero las próximas guerras serán por el agua; el petróleo dejará de tener valor, y el agua convertirá a los países en superpotencias o en desgraciados territorios bombardeados. Ramón Pi, periodista, El progreso del cangrejo, La Gaceta de los Negocios. Paradójicamente, cuando la esclavitud ya no figura en las leyes de ningún país del mundo (aunque de hecho siga existiendo) y la abolición de la pena de muerte a los culpables de los peores crímenes avanza imparable, se extiende por todo el planeta una ola de ataques contra individuos inocentes de toda culpa, pero que por una u otra razón interesa eliminar, bien porque pueden servir de material de laboratorio, bien porque representan una complicación o, simplemente, una incomodidad o un engorro para sus familiares o para las arcas públicas. Los abortos provocados, la eutanasia, determinadas prácticas eugenésicas, la experimentación con embriones, son actividades que, para desarrollarse, necesitan fingir que no se aplican sobre seres humanos, sino sobre “proyectos”, “agregados de células” o, cínicamente, si esta ficción no es posible, se presentan como un favor que se hace a las víctimas; tremenda e intolerable actitud. Ramón Pueyo, economista de KPMG Global Sustainability Services, La economía del cambio climático, Cinco Días. Las conclusiones del Stern Review on the Economics of Climate Change dejan poco espacio a los escépticos: el cambio climático es un hecho. La evidencia científica que apoya tal afirmación es incontestable. Si nadie hace nada por impedirlo, el impacto del cambio climático sobre la economía mundial podría ser devastador. Podría provocar una reducción anual de entre el 5% y el 20% del PIB mundial. Un efecto, más pernicioso que el de las guerras mundiales. Por el contrario, el coste de reducir las emisiones de gases causantes del cambio climático, evitando así sus peores consecuencias, vendría a suponer un 1% del PIB mundial. Un impacto notable, pero que no impediría a la economía mundial continuar creciendo de modo saludable. El decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), Ricardo Aroca, considera una "lacra social" la corrupción urbanística y propone una moratoria de unos años en los que no se recalifique "absolutamente nada", y, "aprovechando la indignación pública, tomar unos años de reflexión". "Yo creo que no pasaría nada porque en unos años no se recalificara absolutamente nada. En el país hay suficiente terreno calificado para muchos años". Otra medida drástica que podría adoptarse para acabar con este tipo de corrupción, aunque reconoció que "es difícil de tomar", es la que se decidió en los años 20 ante una crisis especulativa semejante en Holanda: "que el derecho a construir no es de los propietarios del suelo, sino de la Administración". Tariq Ali, the author of ‘Pirates of the Caribbean: Axis of Hope’, A beacon of hope for the rebirth of Bolívar’s dream, The Guardian. This has offered a new hope to a world either deep in neoliberal torpor (the EU, the US, the Far East) or suffering from the military and economic depredations of the new order (Iraq, Palestine, Lebanon, Afghanistan, south Asia). Chávez was first elected president of Venezuela in February 1999, 10 years after a popular insurrection against the IMF readjustment programme had been brutally crushed by Carlos Andrés Peréz, whose party was once the largest affiliate of the Socialist International. In his election campaign Peréz had denounced the economists on the World Bank’s payroll as “genocide workers in the pay of economic totalitarianism” and the IMF as “a neutron bomb that killed people, but left buildings standing”. …the neoliberal policies then in force, which consisted of an assault on the poor in order to shore up a parasitical oligarchy and a corrupt civilian and trade-union bureaucracy. When it became clear that Chávez was determined to make modest changes to the country’s social structure, Washington sounded the tocsin. Nowhere has the embittered bigotry emanating from this quarter been more evident than in its actions and propaganda against Venezuela, with the Financial Times and the Economist in the forefront of a massive disinformation campaign. Joan Coscubiela, secretario general de CC. OO. de Catalunya, Nace el sindicato global, La Vanguardia. El mismo día que en Catalunya la ciudadanía decidía su futuro político en las urnas, en otro lugar de la vieja Europa se ponían los cimientos de lo que ha de ser el sindicalismo global del siglo XXI. En Viena se ha celebrado el proceso constituyente de la Confederación Sindical Internacional (CSI) que, después de varios años de trabajo, ha conseguido reunir a 1.600 representantes de 310 sindicatos, correspondientes a 165 países y con una afiliación de más de 180 millones de personas. Es una novedad positiva que este siglo comience con un esfuerzo para la unificación del sindicalismo internacional… La primera y más importante de estas ideas es la necesidad de construir contrapoderes sociales globales -que, no se olvide, son parte substancial de la democracia- frente a un modelo social imperante en la actualidad, basado en una globalización sin reglas ni derechos. Contrapoderes frente un mercado globalizado que opera como el gran regulador de la economía y la sociedad ante el vacío dejado por las instituciones y organizaciones sociales de ámbito estatal que encuentran grandes dificultades para cumplir su función social. Es oportuno resaltar la denuncia del Congreso a los intentos de hacer de la Responsabilidad Social Corporativa una alternativa de marketing de las multinacionales, con las que sustituir el papel de la regulación legal, nacional e internacional, los gobiernos e instituciones y las propias organizaciones sindicales. En cambio aparece una apuesta decidida por la reforma del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. El gran objetivo compartido es cambiar el modelo de globalización ultraliberal por otro basado en un desarrollo económico, social y ambientalmente sostenible, que garantice los derechos humanos, que genere trabajo decente, que ponga fin a la pobreza masiva y que promueva un crecimiento económico mediante la distribución equitativa de la riqueza. Una gran novedad supone incorporar la sostenibilidad ambiental en un proyecto sindical internacional, en una línea de futuro que el sindicalismo comparte con pensadores o políticos mundiales y que nos diferencia sin duda de los poderes económicos locales de nuestro país. Entre las tareas inmediatas de la nueva CSI están la necesidad de defender el ejercicio de los derechos humanos en todo el mundo, comenzando por países como Colombia donde se continúan asesinando a sindicalistas u otros como China donde la libertad sindical es inexistente. Sin olvidar prácticas antisindicales que se dan en democracias consolidadas, como las practicadas por Wal-Mart en EE.UU. o Ryanair en la Unión Europea. Sólo consiguiendo este reconocimiento a los derechos sindicales como derechos humanos se estará en condiciones de avanzar en los objetivos de trabajo decente para los trabajadores, especialmente los jóvenes, o poner fin al trabajo infantil en todas sus manifestaciones. En este sentido la naciente CSI es consciente de la importancia de colaborar con otros sujetos sociales globales como las ONG que trabajan en cooperación para el desarrollo o el Foro Social Mundial. The Economist, The Heat is On. The uncertainty surrounding climate change argues for action, not inaction. America should lead the way This uncertainty is central to the difficulty of tackling the problem. Since the costs of climate change are unknown, the benefits of trying to do anything to prevent it are, by definition, unclear. What's more, if they accrue at all, they will do so at some point in the future. So is it really worth using public resources now to avert an uncertain, distant risk, especially when the cash could be spent instead on goods and services that would have a measurable near-term benefit? If the risk is big enough, yes. Governments do it all the time. They spend a small slice of tax revenue on keeping standing armies not because they think their countries are in imminent danger of invasion but because, if it happened, the consequences would be catastrophic. Individuals do so too. They spend a little of their incomes on household insurance not because they think their homes are likely to be torched next week but because, if it happened, the results would be disastrous. Similarly, a growing body of scientific evidence suggests that the risk of a climatic catastrophe is high enough for the world to spend a small proportion of its income trying to prevent one from happening. Two measures are needed. One is an economic tool, which puts a price on emitting greenhouse gases. That could be a carbon tax or a cap-and-trade system, such as Europe's Emissions-Trading Scheme, which limits how much producers can emit, and lets them buy and sell emissions credits. Ideally, politicians would choose the more efficient carbon tax, which implies a relatively stable price that producers can build into their investment plans. The more volatile cap-and-trade system, however, is easier to sell to producers, who can get free allowances when the scheme is introduced. Either of these schemes should decrease the use of fossil fuels and increase the use of alternatives. In doing so, they are bound to raise energy prices. To keep down price rises, and thus ease the political process, governments should employ a second tool: spending to help promising new technologies get to market. Carbon sequestration, which offers the possibility of capturing carbon produced by dirty power stations and storing it underground, is a prime candidate. Jeffrey Herbener, Small States, Global Economy: Is Empire Necessary?, Mises.org. As Rodney Stark has argued, Christianity emphasizes the importance of human reason in unfolding God's will. Reason applies not only to understanding God Himself through scripture and creation — i.e., systematic theology — but to understanding the nature of creation itself. To discover how creation operates is not only to reveal the mind of God, but gives man the knowledge to obey God's command to exercise dominion over the world. Man is suited to this task because he is made in God's image, endowed with reason, motivation, imagination, and other such faculties. Moreover, Christianity teaches that God is transcendent, separate from and above creation, and therefore, the order man recognizes in the world is decreed by God and infused by Him into the nature of creation. The belief that God regulates creation by the operation of natural laws is the presupposition of both the natural and social sciences. Order in society is brought about by the operation of laws that God has built into human nature. Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, La Iglesia católica en España, La Gaceta de los Negocios. La reflexión tanto filosófica como teológica, el testimonio de la historia, demuestran que la fe cristiana no es contraria a estos valores, sino a una manera de entenderlos, en el marco de una visión deformada de la realidad en la cual el hombre sería el centro del universo y como el dueño último de su existencia. Si no hay Dios, si existimos por azar en un mundo meramente fáctico, sin más norma que la casualidad, entonces todos los valores son relativos. Vivimos acaparados por las ofertas del consumismo. La gente no tiene tiempo para pensar ni para hacerse preguntas existenciales, que además serían incómodas, que alteran el ritmo, que no tienen interés ni conducen a ninguna parte. El valor supremo, el verdadero dios que se adora en este mundo nuestro es el propio bienestar, el bienestar inmediato, el bienestar del dinero, de las diversiones, del sexo, de los viajes. Por debajo de esta crítica a la religión existe el desconocimiento del verdadero Dios, tal como ha sido revelado por Jesucristo, un Dios de Amor y de libertad, que es fuente de vida y horizonte de esperanza. La abundancia reinante hace que la Iglesia se haya quedado en esta sociedad sin poder ofrecer nada interesante. Todos los servicios están asumidos por el Estado. Esto no es así, los servicios del Estado de bienestar dejan muchas rendijas por donde se cuela el sufrimiento, un sufrimiento que sólo la caridad personal y el amor desinteresado pueden remediar. Pero esto no se reconoce. Todos, de derechas o de izquierdas, quieren un Estado que garantice enteramente su felicidad y le atienda en todas sus necesidades. Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho, La segunda muerte de Sócrates, La Gaceta de los Negocios. Por mi parte, no hay duda: el rechazo moral de la pena de muerte se sustenta en la idea de la dignidad de la persona, especialmente proclamada por su condición de hijo de Dios, creado a semejanza de Él. Naturalmente, existen otros argumentos en contra de la pena capital, pero todos ellos (el error judicial, la falta de valor preventivo y ejemplificador, la exigencia de la figura del verdugo, etc.) no son sino relativos y derivados. Sólo la afirmación de la dignidad de la persona y la negación de que nunca pueda ser lícito quitar la vida a un ser humano proporcionan una fundamentación absoluta contra la pena de muerte. Y una fundamentación relativa no es una genuina fundamentación. La dignidad de la persona y su libertad son el fundamento de la democracia; y ésta es la consecuencia de aquéllas. Nieves García-Santos, Economista, El papel de la mujer en la economía, Cinco Días. ...existe una relación empírica entre desigualdad de género y crecimiento económico: las desigualdades reducen el crecimiento y éste suele ir aparejado a menores desigualdades. No hay mucha literatura al respecto, y mucha de ella se basa en los efectos negativos sobre el desarrollo del menor acceso de la mujer a la educación o en el efecto positivo sobre el crecimiento de los menores salarios de la mujer. Sin embargo, existe cierta evidencia de que la presencia de la mujer eleva la productividad del trabajo. ...parece que aún se necesitan políticas que fomenten la participación femenina en la economía e incluso leyes de igualdad. Si las mujeres hubieran ocupado puestos directivos en las empresas y en los Gobiernos de forma histórica, seguramente no harían falta esas normas, porque de forma natural ya tendríamos la situación que ahora se pretende fomentar. Claudia Munaiz, Los hijos hambrientos de Guatemala, reportaje en El País. Gloria Esperanza, una niña guatemalteca de dos años, recibe incaparina —alimento sustitutivo de leche en polvo— para paliar la desnutrición severa que padece desde que nació. Hace sólo un mes agonizaba en brazos de su madre. Cuando miembros de Unicef la encontraron, la niña gemía de dolor, de escalofríos y sobre todo, de incomprensión. Estaba tan gravemente desnutrida que su cuerpo, incluida su lengua, estaba cubierto de llagas y su vientre, inflado de aire. Debajo del vestido, sus huesos se adherían como un guante a su piel envejecida. Ya no le quedaban defensas... Para atajar el problema, Unicef ha fortalecido las Oficinas Municipales de Planificación para incidir en el trabajo a favor de la niñez, la adolescencia y la mujer; y gracias a la creación de la Mancomunidad Copán Chortí todos los actores locales están involucrados en el proceso. El objetivo de esta unión descentralizada es promover el desarrollo sostenible de sus municipios con la formulación y ejecución de políticas públicas. Antonio Orozco, cantante, entrevista en El País. Los gobiernos deberían considerar que las tecnologías ya no son un lujo sino un derecho. La Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados ha dado luz verde al proyecto de ley que permitirá a las personas transexuales cambiar los datos que constan en su documento de identidad para que aparezca su nuevo nombre y sexo. La Ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, antes llamada Ley de Identidad de Género, permitirá a este colectivo llevar a cabo un cambio registral de nombre y sexo sin necesidad de una operación quirúrgica ni una resolución judicial. Asimismo, los menores no podrán recurrir al cambio de sexo hasta alcanzar la mayoría de edad, aunque lo pidan a través de un tutor, aunque sí podrán iniciar un tratamiento para solicitar la reasignación de sexo cuando alcancen los 18 años. El proyecto de Ley establece una serie de condiciones para proceder al cambio de identidad sexual, entre las que figuran, además de un diagnóstico médico, las pruebas que acrediten que la persona haya sido tratada médicamente, al menos dos años, para acomodar sus características físicas a las del sexo reclamado. El secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE, Pedro Zerolo, ha dicho que con esta nueva ley España se sitúa "como el país con la legislación más avanzada del mundo en el reconocimiento de la dignidad y los derechos de las personas transexuales". Zerolo ha explicado que, con esta norma, "el Gobierno socialista cumple, de nuevo, con la palabra dada, responde a una necesidad social y coloca a España, nuevamente, a la cabeza de los países que impulsan y profundizan en el reconocimiento de los derechos humanos". Zerolo ha criticado las enmiendas del PP, que ha calificado de "propuestas para que todo siga igual, y que persiguen mantener la situación de discriminación y estigmatización de las mujeres y hombres transexuales". Kofi Annan, secretary general of the United Nations, As Climate Changes, Can We? The Washington Post. If there were any remaining doubt about the urgent need to combat climate change, two reports issued last week should make the world sit up and take notice. First, according to the latest data submitted to the United Nations, the greenhouse gas emissions of the major industrialized countries continue to increase. Second, a study by a former chief economist of the World Bank, Sir Nicholas Stern of Britain, called climate change “the greatest and widest-ranging market failure ever seen,” with the potential to shrink the global economy by 20 percent and to cause economic and social disruption on par with the two world wars and the Great Depression. The scientific consensus, already clear and incontrovertible, is moving toward the more alarmed end of the spectrum. Many scientists long known for their caution are now saying that warming has reached dire levels, generating feedback loops that will take us perilously close to a point of no return. A similar shift may be taking place among economists, with some formerly circumspect analysts saying it would cost far less to cut emissions now than to adapt to the consequences later. Insurers, meanwhile, have been paying out more and more each year to compensate for extreme weather events. And growing numbers of corporate and industry leaders have been voicing concern about climate change as a business risk. The few skeptics who continue to try to sow doubt should be seen for what they are: out of step, out of arguments and just about out of time. A major U.N. climate change conference opened Monday in Nairobi. The stakes are high. Climate change has profound implications for virtually all aspects of human well-being, from jobs and health to food security and peace within and among nations. Yet too often climate change is seen as an environmental problem when it should be part of the broader development and economic agenda. Until we acknowledge the all-encompassing nature of the threat, our response will fall short. Environment ministers have been striving valiantly to mobilize international action. But too many of their counterparts — energy, finance, transport and industry ministers, and even defense and foreign secretaries — have been missing from the debate. Climate change should be their concern as well. The barriers that have kept them apart must be broken down so that they can, in an integrated way, think about how to “green” the massive investments in energy supply that will be needed to meet burgeoning global demand over the next 30 years. Doom-and-gloom scenarios meant to shock people into action often end up having the opposite effect, and so it has been at times with climate change. We must focus not only on the perils but also on the associated opportunities. Carbon markets have reached a volume of $30 billion this year, but their potential remains largely unexploited. The Kyoto Protocol is fully operational, including a Clean Development Mechanism that could generate $100 billion for developing countries. The Stern report suggests that markets for low-carbon energy products are likely to be worth at least $500 billion per year by 2050. Even today, it is baffling that readily available, energy-efficient technologies and know-how are not used more often — a win-win approach that produces less pollution, less warming, more electricity and more output. Low emissions need not mean low growth or stifling a country’s development aspirations. And the savings can buy time for solar, wind and other alternative energy sources to be developed and made more cost-effective. Efforts to prevent future emissions must not be allowed to obscure the need to adapt to climate change, which will be an enormous undertaking because of the massive carbon accumulations to date. The world’s poorest countries, many of them in Africa, are least able to cope with this burden — which they had little role in creating — and will need international help if they are not to be further thwarted in their efforts to reach the Millennium Development Goals. There is still time for all our societies to change course. We must not fear the voters or underestimate their willingness to make large investments and long-term changes. People are yearning to do what it takes to address this threat and move to a safer and sounder model of development. Growing numbers of businesses are eager to do more and await only the right incentives. The Nairobi conference can and must be part of this gathering critical mass. It must send a clear, credible signal that the world’s political echelon takes climate change seriously. The question is not whether climate change is happening but whether, in the face of this emergency, we ourselves can change fast enough. Enrique Gil Calvo, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Una generación hipotecada, El País. ...los jóvenes permanecen dependiendo de sus familias hasta que logran disponer de un empleo estable con cuyos ingresos poder sufragar un crédito hipotecario, lo que no resulta posible hasta los 30 años. ¿A qué se debe esta preferencia juvenil por la compra de vivienda en vez del alquiler? Hay tres explicaciones coincidentes. La primera es la escasez y carestía de los pisos en arriendo, dada la naturaleza especulativa de nuestro mercado inmobiliario. La segunda se debe a los factores culturales derivados del modelo latino-mediterráneo, dada la herencia histórica legada por la política social del fascismo, cuyo símbolo fue la vivienda familiar de protección oficial. Y la tercera se debe al clima de inseguridad laboral e incertidumbre de futuro que aconseja a los jóvenes protegerse frente al riesgo de despido y de divorcio mediante la compra de una vivienda en propiedad. Un riesgo que para las mujeres es mucho más elevado, dada su discriminación laboral y las carencias de nuestro Estado de bienestar, cuya escasez de servicios sociales impide conciliar el trabajo con la maternidad. De ahí que la propiedad de la vivienda actúe como un seguro de vida, destinado a proteger y garantizar el futuro adulto. ...esta hipotecación generalizada también tiene graves consecuencias sociales y políticas. Entre estas últimas cabe destacar el sesgo ideológico en sentido conservador que con sus hipotecas adquiere esta generación, dedicada el resto de su vida a defender y asegurar con uñas y dientes el valor de su apreciada propiedad privada. Ramón Jáuregui, portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, vocal de la Subcomisión para Potenciar la RSE (febrero 2005-junio 2006), La responsabilidad social y el Congreso, Cinco Días. Hace ya algunas semanas, en estas mismas páginas, Joaquín Trigo, director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional de Cataluña, comentaba el informe aprobado por el Congreso de los Diputados para potenciar y promover la responsabilidad social de las empresas (RSE). Ha pasado demasiado tiempo desde entonces y probablemente ninguno de los lectores recordará los comentarios, bastante despectivos, todo hay que decirlo, que el señor Trigo hacía sobre el desarrollo de las subcomisión parlamentaria y sobre sus conclusiones. No pretendo, pues, contestarlas ni puntualizarlas porque resultaría anacrónico hacerlo y porque, sinceramente, tampoco merecen una respuesta. …se trata de una cuestión estructural y que se inscribe en una renovación cultural de la naturaleza y de los fines de la empresa para con la sociedad. Se reitera la voluntariedad de la RSE, aunque se insiste en la necesidad de que se instrumenten políticas públicas de apoyo y fomento. El informe recomienda la autorregulación sectorial de la RSE para los diferentes sectores de actividad de ámbito supranacional. También exige que se mejore el reporte y la verificación de las memorias de sostenibilidad y pide al Gobierno que regule o fomente la inversión socialmente responsable. No se trata de hacer una ley sino de establecer una intervención pública, en diálogo con las empresas y stakeholders, para recorrer un camino hacia la excelencia en la gestión responsable y sostenible de las empresas que favorecerá su competitividad en la economía global y que favorecerá la extensión de los derechos humanos y la cohesión social en el mundo. Napoleón Pérez Farinós, Justicia y venganza, carta al director de El País. Si la recuperación de una justicia libre e independiente es un paso adelante en la reconstrucción de un país como Irak, la condena a muerte de Sadam Husein (o de quien sea) no puede entenderse más que como un grave retroceso. Por muy graves que hayan sido sus crímenes, la pena capital iguala al reo con sus jueces, convirtiéndolos en verdugos, y alimentando el odio. El deseo de justicia no debe ser confundido con el de venganza, y si Irak se guía por preceptos como la pena de muerte, su destino se prevé más negro aún de lo que ya se atisba. Apagón transeuropeo, editorial de El País. Tiene razón Romano Prodi, primer ministro italiano, que utilizó el apagón transeuropeo para exigir "una política energética común" en Europa. Con más precisión se puede asegurar que la UE necesita una política común de abastecimiento energético y un organismo regulador único que cumpla algunas delicadas tareas que hoy parecen quiméricas. Una de ellas podría ser la revisión de las inversiones aplicadas en el mantenimiento y mejora de la red; hay que suponer que el mallado no era lo suficientemente tupido si el corte en una línea sobrecargó las de alrededor, hasta llegar a Argelia. La deducción de que las empresas europeas no cumplen con el compromiso de suministrar calidad a sus clientes resulta bastante plausible. Otra función perentoria sería analizar los proyectos de interconexión eléctrica en Europa. También debería impedir la persistencia de sistemas eléctricos como el alemán, donde E.ON puede ser al mismo tiempo productor de electricidad y operador de la red. Tras subrayar que "el cristianismo no plantea un conflicto inevitable entre la fe sobrenatural y el progreso científico", Benedicto XVI recordó que Dios creó al ser humano, dotándole de razón y le confió el dominio sobre todas las criaturas, llegando a ser "un "colaborador" de Dios en la creación. (...) Podemos decir que el trabajo de predecir, controlar y gobernar la naturaleza, que la ciencia hace hoy más factible que en el pasado, forma parte del plan del Creador". "El ser humano no puede depositar en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e incondicional, como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicar todo y satisfacer plenamente sus necesidades existenciales y espirituales. La ciencia no puede sustituir a la filosofía y a la revelación, dando una respuesta exhaustiva a las cuestiones fundamentales del hombre, como las que conciernen al sentido de la vida y de la muerte, a los valores últimos y a la naturaleza del progreso". "Los científicos -recalcó- encontrarán ayuda en la Iglesia a la hora de afrontar estos temas porque ha recibido de su divino fundador la tarea de encaminar a las conciencias hacia el bien, la solidaridad y la paz". Benedicto XVI tocó otro de los temas discutidos por los académicos: las limitaciones inherentes del método científico que necesariamente restringen la predicción científica en determinados contextos y aspectos, por lo cual "la ciencia, no puede presumir de proporcionar una representación completa y determinista de nuestro futuro y del desarrollo de cada fenómeno que estudia". "La filosofía y la teología podrían aportar, en este sentido, una contribución importante a esta cuestión fundamentalmente epistemológica, ayudando por ejemplo a las ciencias empíricas a reconocer una diferencia entre la inhabilidad matemática de predecir ciertos acontecimientos y la validez del principio de causalidad, (...) o más radicalmente entre la evolución como el origen de una sucesión en el espacio y el tiempo, y la creación como el origen último de la participación del ser en el Ser esencial". "Al mismo tiempo, hay un nivel más alto que necesariamente supera todas las predicciones científicas: el mundo humano de la libertad y la historia. Mientras que el cosmos físico puede tener su propio desarrollo espacio-temporal, sólo la humanidad, en sentido estricto, tiene una historia, la historia de su libertad. La libertad, como la razón, es una parte preciosa de la imagen de Dios dentro de nosotros, y nunca se podrá reducir a un análisis determinista". Peter S. Jenkins, Historical Simulations - Motivational, Ethical and Legal Issues, Journal of Futures Studies. A future society will very likely have the technological ability and the motivation to create large numbers of completely realistic historical simulations and be able to overcome any ethical and legal obstacles to doing so. It is thus highly probable that we are a form of artificial intelligence inhabiting one of these simulations. To avoid stacking (i.e. simulations within simulations), the termination of these simulations is likely to be the point in history when the technology to create them first became widely available, (estimated to be 2050). Long range planning beyond this date would therefore be futile. Bruce Ackerman, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Yale, y Todd Gitlin, profesor de Sociología en la Universidad de Columbia. Firman también este manifiesto Robert Dahl, James K. Galbraith, Arthur Schlesinger y 40 personalidades más, Liberales contra Bush, traducción de Pilar Vázquez, El País. Nuestro deseo es reencauzar el debate hacia las cuestiones que preocupan al estadounidense medio: el derecho a la vivienda y a la sanidad, la igualdad de oportunidades en el empleo, los salarios justos y un entorno sostenible ecológicamente ahora y para las generaciones futuras. La negación de la realidad por parte de este Gobierno alcanza niveles alucinatorios cuando discute las afirmaciones de los científicos en relación con el cambio climático. Desoyendo los consejos de los expertos más serios, ha intentado continuamente echar por tierra los acuerdos de Kyoto y se ha negado a llevar a cabo programas de ahorro de energía. Nosotros insistimos en la necesidad de cortar por lo sano con esa escandalosa política medioambiental. Puesto que somos el país más contaminante del planeta, nuestro Gobierno debería ponerse a la cabeza en la lucha por reducir el efecto de los gases invernadero. Paco Rego, La semana que vivimos con 10 litros, suplemento Crónica de El Mundo. ¿Sesenta litros de agua? ¿Es posible vivir con esa ración al día? Sí. Depende si estamos o no dispuestos a renunciar a los excesos que a diario nos permitimos, la mayoría de las veces, sin darnos cuenta. Tal y como van las cosas (menos lluvias y más calor y contaminación) la medida no sólo me parece oportuna sino también solidaria. El dinero no puede ser un cheque en blanco para el despilfarro. «Yo, mientras pague, puedo gastar el agua que quiera», me espetó con arrogancia un vecino que se había enterado de nuestro modesto experimento. Es un error habitual. Hablamos de un bien indispensable para la vida, universal, pero cada vez más escaso. Y maltratado. No es tan difícil vivir con menos sin renunciar a la comodidad. A un habitante de un país desarrollado le bastaría con 50 litros de agua al día, sostiene la ONU, 10 por debajo de los propuestos por la ministra Narbona. La receta, por experiencia, consiste en administrar nuestros malos hábitos de otra manera. Los vecinos de la ciudad costera gallega son, según el Ministerio de Medio Ambiente, los más despilfarradores de España: gastan 393 litros de agua por habitante y día. Que el ahorro, como propone ahora Cristina Narbona, se tenga que hacer por las malas, o sea, pagando, debería empezar a aplicarse no sólo a los hogares. Despilfarradores los hay a montones: campos de golf por todas partes, piscinas, lavaderos de coches, jardines, cañerías urbanas en pésimo estado, depuradoras que no depuran, pozos ilegales... Desde el salón de nuestras casas el desierto puede parecernos lejano. Cosa de otros lugares menos afortunados. Pura irrealidad. Basta recordar el pronóstico que hacía, 18 meses atrás, el secretario de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. «El agua será en breve motivo de guerras entre países», sentenciaba el alemán Klaus Toeffer. Aquellas palabras, traídas delante de mi hijo de 10 años cuando vivíamos racionados, dejaron al chiquillo con el miedo en el cuerpo. «¿Tendré que ir yo también a esa guerra?», fue lo primero que le salió. «Tú no, pero muchos otros niños quizá sí», le respondió su madre. Roberto se quedó callado y en silencio se fue a su habitación. Antes de acostarse, dejó escrito en su particular diario de guerra: «Hoy me voy a la cama preocupado porque no sé qué será de mi hermano y de mí cuando seamos mayores. Si la gente tiene sed tendrá que robar el agua. Espero que no nos toque a nosotros...». Su desvelo casa desgraciadamente con lo que advierten algunos informes: el 66% del planeta se verá amenazado por fuertes restricciones de agua en 2025. José Antonio Marina, filósofo, La frase, "La asignatura de Educación para la Ciudadanía queda reducida a una hora semanal", suplemento Crónica de El Mundo. Este ha sido el parto de los montes. La «Educación para la ciudadanía» iba a ser la estrella de la LOE, y se ha convertido en un desecho de tienta, en una asignatura residual. Al mismo tiempo, el Ministerio acepta que la asignatura de religión confesional cuente para pasar de curso, y se obliga a los Centros a que se inventen algo para entretener a los alumnos que no quieran estudiarla. Dado que la jerarquía eclesiástica -o para ser justo, alguna parte de ella- ha criticado con encono la «Educación para la ciudadanía», no hay que ser malpensado para deducir que las dos noticias que comento están relacionadas. La jibarización de una asignatura y el auge de la otra van en el mismo paquete. Todo esto sucede la misma semana en que los periódicos cuentan tremendas historias sobre violencia escolar. Seamos sensatos, la «Educación para la ciudadanía» era un intento de ayudar desde la escuela a resolver serios problemas de convivencia. Tenía que ser una asignatura respetada y troncal. Bill Lockyer, Fiscal General de California, va a demandar a los seis principales fabricantes de automóviles por su supuesta contribución al "calentamiento global" y el daño resultante al Estado de California. "El calentamiento global está causando un daño significativo al medio ambiente, la economía, la agricultura y la salud pública de California (...) Las emisiones de los vehículos son la fuente más rápidamente creciente de emisiones de carbono que contribuyen al calentamiento global (...)". La demanda acusa a las compañías automovilísticas "de crear molestias públicas al fabricar millones de vehículos que descargan anualmente en conjunto 289 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono a la atmósfera". Juan Manuel de Prada, Mataderos infantiles, ABC. …son, simplemente, mujeres que abortan por irreflexión, por pura inhumanidad, algunas veces incitadas por motivos irracionales, por una enajenación de la voluntad que los aborteros barceloneses incitan y estimulan. Como María, una valenciana de cuarenta años que en el año 2000 acudió a este matadero, solicitando que le fuese practicado un aborto, porque el hijo que esperaba era varón, y ella deseaba tener una niña. No importó que tanto ella como el niño gestante estuviesen completamente sanos; en lugar de disuadirla de tan aberrante capricho, el abortero consumó el crimen, aprovechándose de la ofuscación de María, quien tras despertar de la anestesia cobró conciencia de la bestialidad que acababa de perpetrarse. Por supuesto, tan aberrantes crímenes poseen siempre un móvil crematístico. A la postre, se está demostrando que el aborto, amén de un repugnante delito contra la vida de los más indefensos (a quienes el Derecho debería ofrecer una protección reforzada), es también un muy lucrativo negocio en el que se arriesga la salud de las mujeres del modo más inescrupuloso. La plataforma ciudadana HazteOir.org acaba de presentar una denuncia ante la Fiscalía general del Estado, denunciando las prácticas del citado matadero, pero ya podemos imaginarnos que su destino será el sobreseimiento; y el matadero seguirá lucrándose sin impedimento, incluso es posible que se organicen manifestaciones de apoyo a los aborteros, como se han organizado para apoyar a quienes tan caritativamente mandaban al otro barrio a los enfermos del hospital de Leganés. Pero si la comisión a mansalva de abortos es un crimen abyecto, mucho más abyecta aún resulta la anuencia sorda de una sociedad capaz de convivir con ese oprobio. Llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a las fosas comunes del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos de horror ante las matanzas de los campos de exterminio. Sólo que las cifras del aborto serán, para entonces, mucho más abultadas y estremecedoras. Aquellas hecatombes del pasado fueron, además, perpetradas a espaldas de la sociedad; la hecatombe del aborto se perpetra con la complicidad tácita de la sociedad, que prefiere volver el rostro a otro lado cuando se trata de defender la vida más inerme, que incluso acepta el aborto como un remedio benéfico. Denunciar esta barbarie, genocida en el más puro sentido de la palabra, se ha convertido en motivo de proscripción y desprecio; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir cínicamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus efluvios malignos. Pero aquí los únicos efluvios que los progresistas persiguen son los del tabaco. Algún día nuestros hijos escupirán sobre nuestras tumbas, asqueados del tamaño de nuestra abyección. Mientras tanto, en los mataderos infantiles se sigue trabajando a destajo. José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo La tentación vive al lado, El País. La ley de 1992 se decantó por el sistema de libre desarrollo de la propiedad privada, olvidando su función social... la creación de una figura representativa de la más descarnada privatización de la vivienda, el agente urbanizador... En una carrera desenfrenada, los ayuntamientos pequeños se han lanzado a planificar miles de viviendas con el inevitable complemento de un campo de golf. Reconozco que esta oferta es seductora pero a la larga fantasiosa, insostenible y ruinosa. Los que de buena fe creen que van a revitalizar la precaria vida del pueblo deberían meditar sobre lo que se le viene encima. Mayores impuestos, servicios insuficientes y desolación durante gran parte del año. Pero no se le puede negar a ningún alcalde, de los miles que gobiernan en los pequeños municipios, tener las mismas ocurrencias que sus vecinos de al lado. El territorio debería ser la base del desarrollo urbanístico ordenado y el término municipal debería integrarse en su ámbito. Las políticas racionales pasan por la planificación de superficies mayores que las de un pequeño municipio. Ante la gravísima lesión a los intereses colectivos y la propia supervivencia del medio ambiente, ha llegado el momento de utilizar el derecho penal, si bien de forma serena y proporcional. Serena porque no se pueden llevar todas las actuaciones al campo del derecho penal, y proporcional porque las sanciones resultan ridículamente bajas ante la gravedad de estas conductas criminales. En los casos de prevaricación las penas que inhabilitan para volver a ser elegido o desempeñar cargos públicos deben ser acompañadas de unos cuantos años de prisión. El cohecho del que corrompe al funcionario y del funcionario que se deja corromper, merece una pena de prisión más dura. La cárcel, a pesar de opiniones respetables en contra, es un remedio disuasorio. Si además mejoramos los mecanismos de confiscación de los bienes adquiridos ilegalmente y los reintegramos a la comunidad, habremos conseguido un objetivo que puede enderezar las cosas. En cuanto a la nueva Ley del Suelo, aún estamos a tiempo de que abandone medidas que se han mostrado ineficaces y desastrosas. En mi opinión, no se puede desligar la regulación del suelo de las técnicas urbanísticas y de los procedimientos expropiatorios como si se tratase de compartimentos estancos. Me parece impecable el propósito de poner el territorio y el suelo al servicio del interés general, según el principio de desarrollo sostenible. Los desatinos de las leyes generan los monstruos como los de Cullera. El núcleo de la cuestión radica en someter las leyes sectoriales a estos principios. Es el momento de las políticas públicas de vivienda que, utilizando a fondo el derecho de superficie -como se ha hecho a la inversa con los aparcamientos de residentes- lo pongan al servicio de los objetivos constitucionales y legales. Si es que todavía queda algún terreno de propiedad municipal o pública. Javier Suárez, profesor del Centro de Estudios Monetarios y Financieros (Cemfi), La defensa de la competencia, Cinco Días. …el abuso de una posición de dominio en el mercado y las prácticas restrictivas de la competencia pueden causar importantes pérdidas de bienestar a los consumidores (o a los contribuyentes, en un sector regulado). Esto justifica la principal intervención de los poderes públicos frente una opa: la evaluación de si la operación perjudica a los consumidores y, en su caso, la propuesta de condiciones (incluida la prohibición total) que ayuden a limitar tales perjuicios. Ignacio Sánchez Cámara, Falsa neutralidad, La Gaceta de los Negocios. Entre los caracteres y condiciones del Estado liberal incluyen, algunos de sus teóricos, la exigencia de la neutralidad. El Estado debería ser neutral acerca de las concepciones del mundo y de la vida que profesen sus ciudadanos. Hay ámbitos en los que esta neutralidad es posible. Así, la aconfesionalidad del Estado entraña una especie de neutralidad hacia las religiones que, por otra parte, no sería incompatible con el mantenimiento de una relación especial, en su caso, con la mayoritaria. En sentido general y radical, la neutralidad absoluta es imposible, y, suponiendo que fuera posible, sería indeseable. Si gobernar es optar por unas políticas en detrimento de otras, por unos objetivos sobre otros, o por unas ideologías ante otras, la neutralidad no es posible. La única política neutral consistiría en no hacer nada; política acaso más saludable que otras muchas hiperactivas. El Estado debe promover el bien público y la justicia, y ni uno ni otra pueden ser neutrales. La Justicia tiene una venda sobre sus ojos no para ser neutral, sino para no hacer acepción de personas ni para ser neutral ante el bien y el mal. Una pretendida neutralidad liberal no puede conducir a otorgar un trato semejante, pongamos por caso, a un casino que a una sociedad filarmónica. El Estado debe promover el bien y la justicia, no ser neutral entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia. El Estrado liberal no se fundamenta en el relativismo moral. Lo mismo, y aún más, cabe decir de la educación. Una educación neutral es una imposibilidad, una contradicción en los términos. Ni siquiera puede ser neutral la instrucción, pues tiene que instruir sobre la verdad y no sobre lo falso. Si educar consiste, incluso etimológicamente, en conducir, en dirigir hacia una meta u objetivo, una educación neutral sería algo así como un camino hacia ninguna parte. Si la educación consiste en la formación de la persona, no es posible llevarla a cabo sin una idea acerca del bien del hombre. Una educación neutral no podría consistir en la formación de la persona. Entre los fines del Estado no se encuentra, si estoy en lo cierto, dirigir la educación. No es misión del Estado educar a los ciudadanos, sino garantizar el ejercicio libre y equitativo del derecho a la educación. No hay un derecho del Estado a educar, sino un deber de garantizar el derecho de los ciudadanos a la educación, especialmente el de los padres a educar a sus hijos, según sus criterios morales y religiosos y sus preferencias personales. Toda educación dirigida y controlada por el Estado entraña un totalitarismo larvado y gestante o real y efectivo. El Estado no debe, pues, educar, aunque pueda y deba contribuir a la formación de los ciudadanos. Pero, en cualquier caso, si educa, no puede ser neutral porque ninguna educación lo es. Y si de hecho determina el contenido moral de la educación, nunca podrá hacerlo con neutralidad. Impondrá una determinada concepción frente a otras. Puede legítimamente imponer el conocimiento de la Constitución y de sus valores, aunque no, desde luego, como si fuera un dogma moral intangible. La democracia no es el fundamento del bien y de los valores, sino que es ella la que se fundamenta en ellos. No es la fuente de la moralidad, sino una de sus consecuencias jurídicas y políticas. No es la mayoría el criterio de la verdad moral o de la bondad. El poder político descansa en la opinión, y no al revés. Lo decisivo es la formación moral de esa opinión, y ese proceso ni es político ni, por lo tanto, democrático. El Estado no puede erigirse en el poder espiritual, ya que es siervo y dependiente de él. La pretendida educación laicista impartida por el Estado no puede aspirar a la neutralidad, pues es una concepción particular. Tampoco puede aspirar legítimamente a ser común o general. “La neutralidad cosmovisiva del poder estatal, que garantiza las mismas libertades éticas para todos los ciudadanos, es incompatible con la generalización política de una visión del mundo laicista”. Estas últimas palabras pertenecen a Habermas, concretamente al discurso que pronunció en un diálogo mantenido con el entonces cardenal Ratzinger, en la Academia Católica de Baviera de Munich, en enero de 2004. Uno de los más celebrados representantes de la concepción secularizada y laicista refuta así la pretendida y falsa neutralidad de un Estado que impone una determinada visión del mundo. El mayor riesgo que representa la asignatura de Educación para la Ciudadanía, en la medida en que vaya más allá de la mera información sobre la Constitución y sus valores, es que, bajo la apariencia de una falsa e imposible neutralidad educativa, intente promover, como aséptica y neutral, una determinada concepción de la moral. En una sociedad democrática y liberal, todos los ciudadanos, sean creyentes o no, están llamados a participar en la cosa pública en condiciones, como mínimo, de estricta igualdad. Lo demás, es trampa y juego ventajista, es decir, algo nada moral. Rafael Simancas, candidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid, charla en El Mundo. Se da la paradoja de que en Madrid se construyen muchas más viviendas de las que se necesitan cada año, pero muchas de ellas se mantienen vacías a merced de la especulación. Yo propongo una Ley que impida la especulación con el suelo, que promueva la construcción de vivienda protegida, es decir, vivienda barata para la mayoría e incentivos para que salgan al mercado de alquiler los centenares de miles de viviendas vacías que tenemos en Madrid. ...creo que los partidos políticos deberían considerar su programa electoral como un contrato sagrado ante los ciudadanos. Un contrato que debe cumplirse a toda costa. Y deben ser no sólo los partidos de la oposición sino el conjunto de los ciudadanos los que valoren el grado de cumplimiento y traten a cada cual en función de ese cumplimiento en las siguientes elecciones. La precandidata socialista a la presidencia francesa, Sègolene Royal, ha hecho una propuesta interesante en el sentido de que los partidos en el gobierno se sometan a una especie de tribunales populares de manera periódica para testar el cumplimiento de sus programas. Debería estudiarse en España. Entre los políticos, como entre los integrantes de cualquier otra actividad, hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. No obstante, tengo que hacer una defensa justa de la inmensa mayoría de los responsables políticos en España, de todos los partidos. Actúan con un grado de vocación de servicio público y de dedicación a los demás muy encomiable. El comportamiento torticero de unos pocos no debe manchar el prestigio del conjunto. Yo he propuesto incrementar el presupuesto educativo en un 25% porque las necesidades de la sociedad madrileña en este ámbito así lo exigen y porque este es el esfuerzo que ha hecho el Gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero para el año 2007. Sin embargo, Esperanza Aguirre nos propone un incremento presupuestario por debajo del 7%, muy insuficiente. La sanidad ocupa el 38% del presupuesto global de la Comunidad de Madrid y el crecimiento para el año próximo también será insuficiente, por debajo del crecimiento global. De hecho, nuestra Comunidad es la penúltima de España en gasto sanitario por habitante. Y así nos va. El metro es una escuela de ciudadanía muy útil. Se aprende mucho sobre las verdaderas inquietudes y las ideas de la gente compartiendo el metro cada mañana. No estaría mal que periódicamente todos los políticos nos obligáramos a dejar al menos por un día el coche y bajáramos al metro. Yo lo practico y es útil, insisto. ...en un Estado de Derecho las leyes están para ser cumplidas. Me parece irresponsable que la presidenta de la Comunidad de Madrid se declare en rebeldía frente a una Ley aprobada en las Cortes Generales con el apoyo de su propio partido, además. Tengo la sensación de que Esperanza Aguirre utiliza la salud de los madrileños para intentar nuevamente el desgaste del Gobierno de España. Y esto no es sensato. De cualquier manera, creo que la aplicación de esta Ley de interés para la salud de todo el mundo debe hacerse de manera inteligente y acordada con todos los afectados, muy especialmente los hosteleros de Madrid, pero la salud es lo primero. Me gustaría que el Partido Popular tuviera la misma actitud de máxima exigencia ética y de higiene democrática y que echara de sus filas a los protagonistas de escándalos urbanísticos como los de Villanueva de la Cañada o Torrelodones o Majadahonda. Nos iría mejor a todos. ...habría que preguntarse cuáles las razones por las que las viviendas vacías no se incorporan al mercado de alquiler. Yo creo que muchos propietarios tienen miedo de que los inquilinos no paguen o de que les destrocen la casa. Por tanto, habría que darles seguridad y garantías. ¿Cómo? Con un seguro público frente al impago y al deterioro del inmueble. La verdad es que resulta una paradoja que la Comunidad se plantee como gran objetivo la estabilidad de los empleos en las empresas privadas de Madrid y sin embargo mantenga unos niveles intolerables de precariedad en la propia administración autonómica. Además de los perjuicios que esta situación ocasiona para los propios trabajadores, hemos de tener en cuenta sus consecuencias en la calidad de los servicios que se prestan. Por ejemplo, a mi se me pone la carne de gallina cada vez que pienso que buena parte de las guardias hospitalarias de fin de semana están siendo cubiertas por médicos que se contratan por horas y que no tienen continuidad en la atención a los pacientes. Un médico te diagnostica por la noche con un contrato de horas, otro médico te trata de madrugada con otro contrato diferente y un tercer médico te da el alta por la mañana con un tercer contrato. Es de locos. ...una parte del problema está en el lentísimo funcionamiento de la Justicia. Porque si las leyes están bien y no se cumplen resultan un tanto inútiles. Hay que mejorar el funcionamiento de la Justicia para que el que no paga pueda ser desalojado con celeridad. Pensemos también en la necesidad del inquilino de poder proyectar su futuro con un mínimo de estabilidad, no puede cambiarse de casa todos los años en función de la voluntad del propietario. Estoy seguro de que un inquilino que paga bien y que no causa problemas merece el derecho a una estabilidad y una continuidad razonable. Su problema lo comparten, por desgracia, muchas personas mayores y sin recursos en Madrid porque el precio de las viviendas en régimen libre es prohibitivo. Por eso es necesario construir más vivienda protegida, una vivienda a precio reducido para atender precisamente casos como el suyo de una especial necesidad social. Y esta situación no la viven solo las personas mayores, hay miles de jóvenes con contratos de trabajo inestables y con salarios muy bajos que no pueden acceder a una vivienda en condiciones normales y también necesitan vivienda protegida. Hoy se pueden construir viviendas dignas por 100.000 euros con iniciativa pública. Ése es el camino. Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, entrevista en suplemento Domingo de El País. P. ¿Es usted un hombre con una misión? R. Sin duda lo soy. La gravedad del problema es tal que para mí se ha convertido en una cuestión moral. Por eso hago lo que hago. Estamos ante una emergencia planetaria, y debemos hacer las transformaciones necesarias ya o no podremos revertir el proceso de calentamiento. Ésa es mi misión. Concienciar e incitar al cambio. P. ¿Cuánto tiempo nos queda antes de la catástrofe que vaticina Una verdad incómoda? R. Diez años. Después no habrá vuelta atrás. En los próximos diez años, el mundo sufrirá catástrofes de dimensiones descomunales que podrían hacer cambiar el sistema climático de nuestro planeta. Habrá inundaciones, sequías, desastres de dimensiones impresionantes. Si no se detiene el calentamiento de la Tierra, las nieves del Kilimanjaro podrían desaparecer en 2020. P. ¿Cuál es la mayor amenaza a la que se enfrenta el planeta? R. ¡Si sólo hubiera una! Hay muchas, hay una amplia combinación de factores. Se me ocurre el exceso de población si tuviera que citar sólo una... P. El escenario es aterrador, y usted, con su sonrisa, se dice optimista. R. ¡Y lo soy! No soy nada pesimista. Yo confío en el individuo y sé que es capaz de movilizar a los Gobiernos para que cambien sus políticas. Yo he estado muchos años en política y sé que es posible el cambio. Nos estamos jugando el futuro. Es una cuestión ética y moral. Cada persona que adopte un estilo de vida ecológico está animando al Gobierno a tomar decisiones en nombre del respeto al medio ambiente. P. En un momento de su película, usted advierte de que no se debe pasar de "la negación a la desesperación"... R. La crisis es muy grave. Pero no se soluciona nada al cambiar de un estado de postración y negación de la realidad a otro de pesimismo que te paralice. Hay que actuar, ser conscientes del problema y ponerse en marcha. Hay que marcarse objetivos. El primero sería estabilizar la cantidad de contaminantes de la atmósfera para luego empezar a reducir la cantidad de CO2 del planeta. P. Además de todo, el filme cuenta una historia humana, su historia. Sabrá que ha ganado en popularidad y que se habla a partes iguales tanto de su persona como de la película. Niega que sus motivos para realizarla sean políticos... ¿No teme que se preste más atención al mensajero que al mensaje? R. El mensaje es lo suficientemente grave e importante como para que no traspase mi figura. Y mis motivos no son en absoluto políticos. Son morales. P. Es imposible ver la película y no pensar en Bush. ¿Qué opinión le merece la política medioambiental del presidente de EE UU? R. Carezco de objetividad para con Bush. Todas y cada una de sus políticas me dan miedo. Sergio Ramírez, escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Pecados veniales, La tesis del sacerdote Houtart y el comandante nicaragüense Ortega, suplemento Domingo de El País. ...el sacerdote belga François Houtart, a quien conocí, y llegué a apreciar, a raíz de sus constantes visitas a este país en los años de la revolución. Sus aportes de entonces, desde la perspectiva de la teología de la liberación, fueron sobre todo éticos. Y es sobre la ética que mi viejo amigo de la izquierda católica escribe en su artículo. Dice que hay tres niveles de ética a tomar en cuenta, desde la perspectiva de la izquierda, a la hora de definir los respaldos a las fuerzas políticas: "La lucha contra el neoliberalismo es el imperativo moral más importante. Se trata del nivel ético que tiene que orientar los otros y que constituye la base de cualquier izquierda", afirma Houtart. Los otros dos quedan subordinados a ese primer nivel: la ética interna de los partidos y la ética personal de sus dirigentes. En consecuencia, se puede faltar a la ética interna y a la ética personal, mientras se esté en lucha contra el neoliberalismo, el imperativo moral más importante. Todo esto alega Houtart, en abono de su apoyo público al comandante Daniel Ortega, candidato del FSLN. Simon Jenkins, Save the planet: tax the poor back onto their bicycles, The Times, The Times. ...it now takes a perverse unreason to deny that something dramatic is occurring in the Earth’s temperature and that this has to do with human behaviour. Wise counsel is that this can and should be countered, but how? The admonition that we each change our lives to “save the planet” (or, rather, our lifestyle on it) is on a par with ancient monks advocating flagellation as the path to salvation. Personal choice and market forces left to their own devices will plainly not do the trick. It is therefore equally perverse to eschew the precautionary principle. Will the end and you must will the means, and that involves political action. The fringe must move into the mainstream and win the argument through reason. There is evidence that this is happening. Last week the economists rode to the rescue of the scientists in Sir Nicholas Stern’s review of climate change. It took science at its word and put forward measures to correct what Stern drily called “the greatest market failure the world has ever seen”. That failure is to the global equilibrium which James Lovelock called the “Gaia thesis”. This portrayed the Earth as a complex self-regulating mechanism of organisms constantly adjusting “so as always to be as favourable as possible to contemporary life”. This adjustment was nature’s equivalent of Adam Smith’s invisible hand and was a comforting riposte to ecological hysterics. Lovelock, too, has now decided that the equilibrium has broken down, leading Gaia helter-skelter towards disaster. Again adopting the precautionary principle, Stern regards this destination as avoidable. He accepts the evidence of change: shrinking glaciers, the loss of reflectivity (the albedo effect), methane leakage and soaring carbon emissions. But rather than crying panic and heading for the hills, he says that governments should tackle the prime cause — the inability of the world’s economy to impose on individuals or countries the external costs of their actions, their burning of carbon fuels especially in pursuit of mobility. Even a free market economist requires governments to correct market imperfections. As against the costs (and risks) of nuclear energy, the global disaster presaged by continued burning of carbons is now beyond sensible argument. Stern’s conclusion is that life on Earth can be stabilised over the next two decades without extreme measures and without abandoning growth. Salvation lies within the grasp of the chancellor of the exchequer. But this applies only if taxing carbon rich energy consumption leads to a genuine change in human behaviour and not just a shift between cars, buses, trains and planes, where the impact could be marginal. Last week politicians lined up to insist that carbon taxes should not curb the mobility of the poor. Yet it is the poor who, by growing richer and using more fuel, have precipitated this crisis. It is the availability of cheap petrol and aviation fuel that has enabled the Chinese and Indians as well as the Americans and Europeans to deluge the atmosphere with filth. If this policy is to mean anything there is no alternative, in the absence of fuel cells, to driving these people back into their homes and villages or onto their bicycles. Those of us who greeted this new apocalypse with scepticism cannot sensibly ignore it. But I wonder if those with their heads in the sand are not many of the same environmentalists who raised the hue and cry in the first place. If life on Earth really faces a moment of danger, it requires joined-up thought. It means urgent investment in nuclear power, a global curb on mobility, holidays at home, wrapping up warm, living in denser cities and a halt to rural colonisation. It means farm protectionism. It means keeping open local schools and hospitals, leaving roads to congest and curbing airports. Planning must become carbon obsessed. Income taxes will not achieve this, only taxes targeted against high carbon expenditures, above all on movement. Travelling, especially flying, must be regarded as a luxury whose cost to the planet must be transferred to the individual. This concept of “re-localising” human settlement is still in the wilder realms of idealism. But like other fringe ideas it will have to move into the mainstream. There is no point in denying what this means. Mobility will again become the privilege of the rich. Pedro Reques Velasco, geógrafo, director del departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria, ¿Cuántos somos demasiados?, Cinco Días. ...la realidad es que el desorden alimentario en el mundo no es sino la otra cara del orden económico liberal, de la desorganización comercial, de la consideración por parte de los países desarrollados del hambre como un negocio... La Tierra tiene capacidad para alimentar suficientemente a sus actuales 6.551 millones de habitantes... Gregorio María Callejo, magistrado y miembro de Jueces para la Democracia, Estados esqueléticos, engorde de penas, El País. El progresivo raquitismo de las estructuras de los Estados nación está provocando una transferencia de poder a grandes transnacionales, con una correlativa incapacidad de los Estados para planificar soluciones a los problemas de sus ciudadanos y falta de instrumentos para afrontar las grandes demandas sociales. Zapatero dice que "el cambio climático ha provocado ya más víctimas que el terrorismo internacional"; "la desertificación ha forzado ya el desplazamiento de 25 millones de personas y, en 2100, un tercio del planeta podría no ser cultivable. Siendo indiscutiblemente un enemigo terrible, el terrorismo internacional no es la única gran amenaza, ni tal vez la más grave, a la que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI". El presidente de Coalición Canaria (CC), Paulino Rivero, culpa del aumento del paro a los inmigrantes: "si los canarios no encuentran trabajo es por los inmigrantes, ya sean peninsulares, europeos o de cualquier parte de la tierra"; "es imposible generar tanto empleo por la gente que viene de fuera"; "todos los que vienen de fuera consiguen trabajo porque son una mano de obra barata para los empresarios"; unas diez mil personas marcharon en Tenerife para pedir una Ley de Residencia, tras una pancarta que proclamaba: “No cabemos más”. Fueron convocadas y alentadas por sectores de Coalición Canaria. Rivero declaró que es necesario firmar un "gran pacto social" en Canarias para que las fuerzas políticas, empresarios y sindicatos se unan en pro de alcanzar cuanto antes el objetivo de imponer un control poblacional en el Archipiélago y alertó que "cada día vamos a más" en el sentido de aumentar los "desequilibrios" sociales si los inmigrantes vienen sin parar a residir en nuestra comunidad autónoma. Francisco Frutos, secretario general del PCE. La figura de Fidel pasará a la historia no como un verdugo o un dictador, sino como uno de los gigantes políticos y morales del siglo XX. La asignatura Educación para la Ciudadanía enseñará obligación del pago de impuestos para el mantenimiento de los servicios públicos y el consumo responsable. María Ángeles Márquez, Ley de bienestar animal, carta al director de El País. No todos los días se leen buenas noticias en el periódico, pero hoy aparece una que es buena porque nos hace avanzar como seres humanos compasivos, y es la elaboración por parte del Gobierno de la ley de bienestar animal. Necesitábamos con urgencia una ley así y felicito a los políticos que han tenido esta iniciativa. Habrá, al igual que con el proyecto simio, algunas voces en contra. Hemos de ser sordos a estas voces y recordar que aún queda mucho camino por recorrer para hacer un poco menos cruel la vida de tantos seres sensibles. Ahora, espero que de verdad se sancione a aquellos que no cumplan esta ley. Nelson Mandela, former President of South Africa While poverty persists, there is no freedom, The Guardian. Like slavery and apartheid, poverty is not natural. It is people who have made poverty and tolerated poverty, and it is people who will overcome it. Overcoming poverty is not a gesture of charity. It is an act of justice. It is the protection of fundamental human rights. Everyone everywhere has the right to live with dignity, free from fear and oppression, free from hunger and thirst, and free to express themselves and associate at will. While poverty persists, there is no true freedom. All of us - rich and poor, governments, companies and individuals - share the responsibility of ensuring that everyone has access to information, means of prevention and treatment. Pedro González-Trevijano, rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Las autonomías secuestran a Tales de Mileto, La Gaceta de los Negocios. ¡Más nos valdría una política nacional y solidaria, en la que, como hizo Tales de Mileto —que auspició la construcción de un canal para desviar las aguas de Halis— pudiéramos garantizar unas adecuadas y justas prestaciones! Y a tal efecto, recordar cómo el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, celebrado en Ginebra en el año 2002, afirmaba: “El derecho humano al agua es el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y familiar.” Una trascendencia que justificaba que el año 2003 fuera proclamado el Año Internacional del Agua Dulce, y que el periodo comprendido entre 2005-2015 se haya denominado como el del Agua, fuente de vida. Una sensibilidad que llegó también a los órganos judiciales. De aquí que, por ejemplo, ya el Tribunal Supremo, en una ejemplar Sentencia de 15 de abril del año 1981, dispusiera que “la utilización del agua… es un derecho natural que prevalece sobre todos los demás.” A ver si cunde pues el ejemplo, e impulsamos una solidaria regulación autonómica de un derecho legítimo e irrenunciable, sobre el que el Estado debería tener mucho más que decir también. Juan E. Iranzo, Los impuestos sobre la energía, La Gaceta de los Negocios. Conceptualmente parece lógico que parte de la sanidad se financie con el céntimo sanitario que recae sobre los hidrocarburos. Alfredo Pastor, profesor del IESE y de la CEIBS de Shanghai, ¿Un nuevo contrato?, El País. ...para que la integración prosiga -para evitar un aislacionismo ni posible ni deseable- sus frutos deben repartirse de forma más equitativa. ...algo hay que hacer: ya vemos que la operación del mercado por sí sola no está dando resultados aceptables a largo plazo. Para ello hay que empezar por salir del marco habitual: vale hoy lo que decía en 1946 uno de los arquitectos intelectuales del milagro económico alemán: hay circunstancias en que “la rutina y la experiencia del comerciante práctico no bastan, como no basta la práctica administrativa”: hay que volver a los principios. Estos pueden ser reducidos a dos: por una parte, la economía de mercado permite movilizar recursos mejor que ningún otro sistema; es, en potencia, el mejor vehículo para cubrir las necesidades materiales del mayor número, y por eso quiere uno conservarla. Por otra, ese vehículo debe ser dirigido a una distribución justa, porque un sistema injusto no es, a la larga, tolerable. Esta orientación de la economía, el marco en el que se desenvuelve el mercado, es el resultado de un contrato tácito que suscriben sus grandes actores: trabajadores, empresas y Gobierno. Cuando el contrato está bien hecho, como ocurrió entre 1950 y 1973, las cosas van bien para la mayoría; cuando no, como ha sucedido desde 1973, el crecimiento y el empleo se resienten. Para abordar con éxito el proceso de integración, ha llegado el momento de suscribir un nuevo contrato. Y, para satisfacer a izquierdas y derechas, sus redactores podrían inspirarse en la frase de aquel liberal que fue Adam Smith, tan injustamente acusado de ser el apóstol del interés egoísta: “Si la prudencia es la virtud más deseable para uno mismo, la humanidad, la justicia, la generosidad y el espíritu cívico son las cualidades más útiles para los demás”. Antonio Ramírez, librero, Del lado del lector, El País. ¿Para qué un precio fijo? ¿Por qué las librerías necesitan unas reglas de juego particulares? ¿No sería más oportuno permitir los descuentos? Total, los libros, cuanto más baratos, mejor. Muchas horas hemos dedicado los libreros a defender y a argumentar, una y otra vez, a favor de la ley del precio fijo, verdadero lindar que define las condiciones de posibilidad para un oficio tan delicado como el nuestro. Podemos citar como ejemplo la situación del mercado librero anglosajón -tres grandes cadenas que todo lo dominan, incremento progresivo de precios, omnipresencia de los best sellers, asfixia de los editores, etcétera-, podemos insistir en la garantía de pluralidad que representa una variada red de librerías, podemos aludir a papel de los libreros como difusores de la cultura, pero en un momento u otro siempre topamos con alguna mente liberal que por principio se resiste a lo que, en sus palabras, no sería más que una pretensión de excepcionalidad, además, bastante afrancesada. Y es que no siempre resulta fácil mostrar todo lo que tiene de esencial aquel conjunto de artilugios justamente ideados para propiciar el encuentro entre los libros y su público que son las librerías. A diferencia de los otros agentes que operan en la cadena del libro, el librero puede y debe situarse “del lado del lector”; lejos de asumir la producción editorial tal como le llega, sin más, como si fuese una página en blanco sobre la que otros escriben sus mensajes, el librero elige, clasifica y jerarquiza a su manera; antes que construir cánones, su tarea es imaginar vínculos y sugerir relaciones: entre títulos y géneros, entre nombres y formatos, en suma, entre libros y lectores. El librero es un permanente explorador de las comunidades de lectores a las cuales se dirige: conoce sus expectativas, está atento a la información que discurre entre ellas, propone y escucha. En otras palabras, es un navegante que trata de orientarse entre las corrientes de aquel conjunto volátil e inaprensible de rumores, complicidades, pactos, promesas e intercambios que puebla el mundo de los lectores; aunque resulte una paradoja, el librero es un especialista en la “cultura oral”, nadie mejor que él conoce aquello que llamamos “boca oreja”. Hoy, esta manera de encontrar lectores -sutil, difusa e imprevisible- es la única realmente eficaz. La librería es pues una institución muy particular. Su solidez reposa en la capacidad para conciliar dos extremos en apariencia irreconciliables: la pasión por la lectura y el amor al libro, por una parte, y el dominio de la gestión comercial, por otra. Sin “agitación lectora”, su cuenta de explotación estará condenada; y lo inverso es no menos cierto. Una buena parte del universo libro está edificado sobre un entramado de oficios, como el de la librería, que comparten esta esquizofrenia esencial; y no puede sostenerse más que por unas reglas de juego propias. Federico Ibáñez Soler, editor, Una ley conservadora, El País. Bienvenida sea una nueva ley que establece para el libro y la edición un nuevo marco jurídico. Ahora, la ley cimentará sobre bases sólidas ese sistema vigente en casi todos los países de Europa en virtud del cual el comprador de libros encuentra el título que busca al mismo precio en cualquier librería, en cualquier punto de venta. Protege al comprador, fija la competencia entre libreros en la variedad y calidad de la selección que él, como profesional, ha hecho, no en la mera rebaja de los precios, y, finalmente, permite la presencia en las librerías de los llamados “libros de fondo”. Se excluyen ahora del precio fijo los libros de texto: no es buena noticia porque debilita el sistema, pero debe reconocerse que el de texto es un libro que, por su manera de producirse, comercializarse y por el tipo de demanda que satisface, tiene características propias. Todos los padres y madres de familia han pasado por esa experiencia. Dentro de lo malo, lo mejor, esto es: que el libro de texto pase al régimen general que opera para todos los productos. Lo malo era lo de los descuentos que finalmente sólo beneficiaban a las grandes superficies, produciendo daños a la red librera y sin que a medio plazo los compradores obtuvieran mayores beneficios. El círculo vicioso era a mayor descuento, mayor precio de venta al público. El proyecto de ley opta pues por lo segundo mejor. No está mal. Siento, eso sí, como editor independiente que la ley no se atreva a adentrarse en otros terrenos que el libro reclama a estas alturas. No se atreve a apostar por la variedad y pluralidad de la edición y no recoge “medidas encaminadas a proporcionar a las industrias culturales independientes nacionales y a las actividades del sector no estructurado un acceso efectivo a los medios de producción, difusión y distribución de bienes y servicios culturales” como recomienda la Convención sobre la diversidad de las expresiones culturales de la Unesco, cuya aprobación nuestro país, sin embargo, apoyó decididamente. Esto de la “bibliodiversidad” es una cosa seria, porque son los editores independientes los que cubren fundamentalmente las líneas editoriales más complejas, por ejemplo, ciencias sociales, libros científico-técnicos, literatura de vanguardia, y los que se encarga de mantener el patrimonio cultural escrito accesible a los lectores. ¿Una ley prudente o tímida? Dejémoslo en una ley conservadora que consolida firmemente aspectos esenciales del universo del libro, pero que deja a la edición independiente, y a gran parte de los nuevos editores, a la espera de tiempos mejores. Martín Ortega Carcelén, investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea en París Sedientos de energía, El País. La gran cuestión política de nuestro tiempo es el entramado diabólico que existe entre el consumo, la energía y el medio ambiente. Un consenso general sobre las ventajas del capitalismo y del libre comercio lleva al consumo acelerado en todo tipo de sociedades. Ese consumo se basa en el dispendio de energía, sobre todo petróleo, gas y carbón, lo que provoca una deterioración palpable de la salud del planeta. Los países ricos quieren afianzar su bienestar. Los menos ricos buscan emular a los otros. Los gobiernos prometen crecimiento, y las empresas, satisfacción con sus ofertas. Al final, todos estamos atrapados en el mismo círculo perverso: vivir para consumir. Frente a estos problemas, España y la Unión Europea deberían definir una política coherente y de largo plazo, con una dimensión internacional y otra interna. ...los países europeos deberían asumir el liderazgo global para limitar el despilfarro de energía. La tercera componente del círculo vicioso del crecimiento, y no la menos importante, es el grave deterioro del medio ambiente producido por la combustión desenfrenada de hidrocarburos que la naturaleza había generado durante millones de años en el corto espacio del último siglo. Numerosos estudios científicos muestran que estamos asistiendo a una catástrofe ecológica planetaria causada por el hombre. Aunque las directrices para comenzar a solucionar el problema (mayor eficiencia, ahorro y desarrollo de energías menos contaminantes) están claras, su aplicación se retarda. En este campo se ve mejor que en ningún otro la tragedia de la gobernanza global. Estamos viviendo una globalización galopante de la economía, las comunicaciones y las ideas, pero no tenemos los medios políticos adecuados para gestionarla. ...un choque energético, que no hay que descartar debido a la situación política global, sería al principio doloroso para todos los países, ricos y pobres, pero muy probablemente tendría un efecto benéfico para la salud del planeta y para una mejor gestión de la convivencia global. Una ley para leer, editorial de El País. Nada puede obligar a leer, pero los gobiernos tienen la obligación de convencer a los ciudadanos de cualquier edad de que leer es, como decía un antiguo eslogan, bueno para la salud y para la convivencia. El Gobierno aprobó ayer una Ley del Libro que se estaba posponiendo peligrosamente, dadas las circunstancias de penuria que verifican todos los vectores del sector editorial. La ley tiene como objetivo, sobre todo, el fomento de la lectura, y en su articulado se asegura que "el Gobierno aprobará periódicamente planes de fomento de la lectura (...) que irán acompañados de la dotación presupuestaria adecuada". Aborda también un punto crucial y polémico, el del precio fijo, que afecta al ecosistema de las librerías; el Gobierno interviene en este caso reforzando el precio fijo, que salvaguarda ese sistema, preserva la diversidad librera y trata de garantizar que haya una variedad de oferta. Lo mejor de la norma es que abre la posibilidad de tratar mejor el libro, que es el principal vehículo de difusión y de participación cultural. Recoge el cultivo y la responsabilidad de la lectura como bien público, más allá del interés individual, y aborda una atención a las bibliotecas como servicio cultural al ciudadano. Los indicadores responden a la miseria que durante años se ha vivido en la sociedad española en cuanto a dotación de bibliotecas públicas y bibliotecas escolares, y sólo una acción decidida (que puede empezar con esta ley) puede limar esas estadísticas vergonzantes que dicen muy poco de la salud de la cultura de la lectura. Gregorio Peces-Barba Martínez (Catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universidad Carlos III de Madrid), Puntualizaciones de Peces-Barba, carta al director de El País. Afirmo que la inmensa mayoría de los catedráticos, titulares y restantes profesores son valiosos, competentes y dedicados. La imprudencia de la crítica se acrecienta cuando se hace desde la dedicación a tiempo parcial y el ejercicio privado de la profesión. Hace un elogio de las escuelas de negocios, que son privadas y que preparan a titulados para el empleo con éxito y con competencia, pero donde no existe investigación, que es una de las principales funciones de la Universidad, en la que se han producido importantes progresos en los últimos 25 años. Finalmente, generaliza que los rectores somos mediocres, lo cual es otra imprudencia. Conozco al profesor Alfaro y sé que es competente e ilustrado. Me extraña, por eso, la falta de matices de su apreciación. Acepto que somos mediocres porque permanecemos en dedicación exclusiva, lo que él no hace, y no confundimos valor y precio. Helio Aguiar, El tráfico de basura tóxica al Tercer Mundo, carta al director de El País. ...me llama poderosamente la atención el silencio de los medios de comunicación respecto a la conversión del Tercer Mundo en depósito de basura tóxica de las naciones más ricas. Hay relatos de muertes, y de hasta más de 100.000 personas afectadas debido a las contaminaciones provocadas por países como Holanda, Italia y Alemania en naciones como Costa de Marfil, Nigeria, Rumania y Albania. Esta práctica que viola claramente la Convención de Basilea de 1989 y la legislación de la propia Unión Europea nos puede conducir a una catástrofe ecológica y humana sin precedentes. ¿Cómo nos puede extrañar que desde esos países la gente se juegue la vida para llegar hasta aquí como sea? ¿Podemos estar seguros de no tener ninguna responsabilidad en el éxodo masivo de estos pueblos hacia Europa? Hagamos todos un examen de conciencia sobre nuestra actuación. No basta realizar galas benéficas, no basta adoptar niños pobres. Carolina Mateo, Aniversario de TVE, carta al director de El País. Considero una contradicción sangrante el hecho de que TVE celebre sus 50 años de existencia con un plan de reestructuración que se va a llevar por delante a los profesionales de más de 50 años de su plantilla. Son estas personas, algunas con más de 30 años de trabajo en TVE a sus espaldas, las que forjaron nuestra tele desde sus comienzos titubeantes y experimentales, y han contribuido con su esfuerzo y dedicación a que este ente llegue a cumplir medio siglo. No pongo en duda la necesidad de un saneamiento financiero, y comprendo que haya que dar entrada a las nuevas generaciones. Pero, por qué ha de hacerse a costa de los que volcaron tanto entusiasmo y talento al servicio de una tele que empezó con una cámara y un plató, que atravesó etapas tan difíciles como los años de la transición, siendo agente aglutinador y ayudando a crear una nueva sociedad democrática. Esta gente tiene ideas, mucha experiencia y energía que aportar. Periodistas y técnicos de sabiduría y profesionalidad inmensas, curtidos en mil batallas, visibles o no. Con ellos, TVE ha llegado a ser lo que es hoy. Veo injusto y forzado que se prescinda de estos profesionales en base a unos criterios tan comerciales. Busquen otra manera de sanear las finanzas. Estos profesionales, sus caras, sus voces, son parte de las vidas de millones de españoles. Además, está la discriminación. Se habla tanto de la necesidad de cuidar de nuestros mayores, de reconocer el valor de la madurez. ¿No debería el Ente Público ser el primero en predicar con el ejemplo? ¿No debería ser la televisión pública un medio educativo, más humano, más social y sobre todo más ajeno a los criterios comerciales del mercado? Alicia H. Puleo, directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, Contrato sexual, suplemento Babelia de El País. La incorporación relativamente reciente del concepto de contrato sexual a la Filosofía Política puede ser considerada como una de las consecuencias, en el ámbito de la teoría, del lema del movimiento feminista: lo personal es político. En su obra The Sexual Contract (1988, Cambridge/Oxford, publicada en castellano por Anthropos), la pensadora australiana Carole Pateman sostiene que la desigualdad entre los sexos (salarios más bajos, violencia de género, acoso sexual, comentarios sexistas, falta de reconocimiento social, etcétera) es un producto de la especial reorganización patriarcal de la Modernidad. Contra el Antiguo Régimen o mundo del status en el que la cuna diferenciaba a nobles y plebeyos, los teóricos del contrato (Hobbes, Locke, Rousseau, Kant) preparan el advenimiento de las democracias modernas basadas en la libertad para suscribir contratos económicos y políticos. Pero la división sexual del trabajo delimita dos ámbitos: el público, de los ciudadanos y trabajadores, y el doméstico, de subordinación de las mujeres. Las mujeres serán concebidas como seres más naturales y menos racionales que los hombres, incapaces de controlar sus emociones para lograr la imparcialidad propia del ámbito público. No se las considerará individuos autónomos propiamente dichos aunque se afirmará su capacidad de consentir al matrimonio, institución a través de la cual se las incluye en la sociedad civil. Así, tras la caída de las monarquías absolutas, surgen las sociedades modernas como resultado de un pacto entre varones libres e iguales que instituyen nuevas reglas de acceso al cuerpo de las mujeres. La fraternidad como maridos, ciudadanos y trabajadores compensará las asperezas de una sociedad capitalista que obliga a la mayor parte de los varones a aceptar contratos de empleo caracterizados por la explotación. Pateman señala que este aspecto del derecho civil patriarcal ha sido descuidado por la teoría política del siglo XX que olvida el ámbito privado y acepta la falsa neutralidad sexual de las categorías de individuo y contrato, impidiendo que se perciba la vinculación de las esferas pública y doméstica. El trabajo asalariado o la actividad política, con sus jornadas agotadoras, dan por supuesta la existencia de amas de casa ocupadas en las tareas de mantenimiento de la vida. Si las mujeres reciben menor salario es porque se las considera fundamentalmente esposas que ganan un "complemento" al sueldo del varón proveedor, si tienden a elegir contratos a tiempo parcial para compatibilizar trabajo doméstico y asalariado es porque tienen conciencia de su posición en una estructura que les asigna las tareas del hogar; si sufren acoso sexual o discriminación laboral se debe a que entran en el mercado no como meros individuos asexuados, sino como mujeres. El contrato es el medio a través del que se instituyen, al tiempo que se ocultan, las relaciones de subordinación en el patriarcado moderno. Para Pateman, la manifestación más clara de esta función del contractualismo se daría en la concepción de la prostitución y de la maternidad subrogada (alquiler de úteros) como simples contratos de trabajo en los que la "identidad encarnada" de las personas no tiene relevancia. Joaquín Estefanía, Globalización, suplemento Babelia de El País. Se entiende por globalización ese proceso por el cual las políticas nacionales, aquellas que se toman más cerca del ciudadano, tienen cada vez menos importancia en beneficio de esas otras decisiones que se adoptan en lugares alejados. Si se asume esta definición, el principal efecto de la globalización es más político que económico; tiene que ver con la calidad de la democracia, del sistema del que nos hemos dotado para vivir y convivir. Por ello, cuanto más profunda es la globalización, tal como la entendemos, más coincide con democracias anémicas en las que los ciudadanos tienen menos cauces de participación. El terreno en el que la globalización más ha avanzado es en el de la economía. No existe una globalización política, ni de los derechos humanos, ni de la justicia, ni de la ecología, etcétera. Por ello, la globalización realmente existente es una globalización deforme. ...lo que pronosticaban los hagiógrafos de la globalización feliz no se ha cumplido: esta democracia no es inclusiva. Los niveles de pobreza disminuyen muy lentamente y los de desigualdad han aumentado de forma exponencial. María Pazos Morán, portavoz de la Plataforma Cívica por el Permiso de Paternidad Intransferible, Permiso de paternidad intransferible, El País. La actual desigualdad entre los permisos de maternidad y paternidad es una de las discriminaciones explícitas que aún persisten en nuestro ordenamiento jurídico. Esta desigualdad procede de una época histórica anterior, en la que la sociedad consideraba que a las mujeres les correspondía el trabajo doméstico y de cuidados, mientras que los hombres debían ser los sustentadores de la familia. La situación ha cambiado: la sociedad de hoy, donde las mujeres han alcanzado ya la igualdad en formación y derechos civiles, sabe que ellas son tan sobradamente aptas para todo tipo de trabajo asalariado como los hombres son aptos para el trabajo doméstico. La legislación de Seguridad Social española, sin embargo, aún no considera que los hombres tengan las mismas obligaciones respecto al cuidado puesto que no les contempla, en principio, como sujetos de derecho a prestaciones para ello. El padre, eso sí, tendrá derecho a la prestación de maternidad si la madre muere. ¿Significa esto que mientras la madre viva el padre no tiene semejante responsabilidad? Y la madre empleada puede cederle al padre (empleado y con las cotizaciones necesarias) hasta 10 de las 16 semanas de su permiso. Pero ¿por qué el padre no tiene derecho a sus 10 semanas propias? ¿Por qué no tiene derecho a sus 16 semanas, ya que se le conceden a la madre, aunque una parte de ellas tenga que emplearlas en su recuperación física? La total igualdad entre los permisos de maternidad y paternidad es necesaria para combatir la discriminación que actualmente sufren las mujeres en el mercado de trabajo. Mientras las mujeres se ausenten más y tengan más responsabilidades en el cuidado de menores y dependientes, los empresarios seguirán diseñando sus plantillas en masculino y colocando a las mujeres en los trabajos menos cualificados. El permiso de paternidad les exigiría organizarse para prescindir temporalmente de sus gestores y directivos varones, y ésa es precisamente la primera condición para que las mujeres puedan acceder a esos puestos. En otro momento histórico fue posible establecer políticas diferenciales para que las mujeres cuidaran de los hijos por un tiempo sin perder totalmente su inserción laboral. Pero en el mundo actual de los mercados de trabajo desregularizados esta vía es altamente costosa e ineficaz. En España, con las tasas de temporalidad y precariedad que padecen las mujeres, la situación es especialmente grave. ¿Qué empresario va a querer hacer contratos indefinidos a las mujeres si cada vez tienen más obligaciones con ellas y menos obligaciones con los hombres? Los planes de igualdad no conseguirán contrarrestar las desigualdades introducidas por las supuestas ventajas ofrecidas a las mujeres. La única solución es, pues, que los hombres se impliquen en la misma medida. Para ello, la ley debe conceder a cada persona los mismos derechos individuales e intransferibles, pues la experiencia demuestra que ésta es la forma de que los hombres puedan disfrutarlos. En la implantación progresiva de un permiso de paternidad intransferible, igual en duración y forma al de maternidad, hoy es posible empezar por establecer un tal permiso de cuatro semanas. Este permiso debería ser obligatorio para que los trabajadores se lo pudieran tomar sin coacciones, igual que lo son las primeras seis semanas del de maternidad por la misma razón. Los ocho días que figuran en el Proyecto de Ley de Igualdad podrán contribuir a un entorno más amable con la madre y a un mayor disfrute del evento, pero no contribuirán a resolver el problema del cuidado en una familia donde la mujer tenga que incorporarse a su puesto de trabajo. El permiso de cuatro semanas es posible presupuestariamente, ya que su coste no llegará a los 500 millones de euros anuales que, en una primera estimación posteriormente revisada, preveía el Ministerio de Trabajo por una semana. Además, España gasta en licencias parentales, según datos de Eurostat, solamente un 0,7% del PIB, muy por debajo del 1,5% de la media de la Unión Europea de los Quince. Y lo más importante es el análisis coste-beneficio de la medida pues, como repiten las autoridades nacionales e internacionales, la igualdad no solamente es una necesidad de equidad sino de eficiencia económica. Así que no hay en 2007 argumentos presupuestarios ni económicos en contra del permiso de paternidad intransferible de cuatro semanas. Aunque los hubiera, seguiría siendo necesario para combatir esta desigualdad ante la ley, pero afortunadamente no los hay. El permiso de paternidad intransferible de cuatro semanas es posible políticamente, ya que goza de un abrumador consenso social. No solamente lo reclaman los sindicatos, las organizaciones feministas, juveniles, de padres y madres de alumnos, de hombres por la igualdad, etcétera, sino que casi todos los partidos con representación parlamentaria, incluyendo al PSOE y al PP, han votado ya a favor de él en algún momento, aunque aún nunca simultáneamente. Las dos últimas veces, en esta legislatura, el rechazo se argumentó con que la medida iría posteriormente incluida en la Ley de Igualdad. Aquí está la Ley de Igualdad y esta es la oportunidad para que sus señorías sean artífices de una reforma que la sociedad española está esperando y que señalará, por primera vez en la práctica, la vía de la igualdad en la conciliación de la vida laboral y familiar. Sir Stephen Wright (Embajada de Su Majestad Británica), Precisión, carta al director de El País. Tal como señala el Informe Stern, Europa se encuentra en una posición de excepción para liderar la acción contra el cambio climático. Tenemos que negociar urgentemente un nuevo marco internacional que incluya a todos los grandes emisores de CO2, entre ellos EE UU, China e India. El primer ministro británico hará todo lo posible para que este tema siga ocupando un lugar prioritario en la agenda global. Todos los gobiernos europeos deberían tener en cuenta la advertencia de Stern y tomar medidas ambiciosas ahora para reducir sus emisiones y ayudar al mundo en desarrollo a afrontar el reto del cambio climático. Los británicos creen que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, es más peligroso para el mundo que el líder norcoreano, Kim Jong-Il, y el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, según una encuesta del diario británico The Guardian. Camilla Cavendish, Who will clean up on carbon?, The Times. The demand for carbon-free power is about to become the most disruptive force in business since the internet. That is what climate change will require. Sir Nicholas Stern was only repeating the growing consensus when he said this week that we must reduce greenhouse emissions dramatically within 20 years. That means adopting renewable energy at a hitherto unimagined pace. It means taking a different approach to the design of buildings and transport. It also means turning our power infrastructure upside down. Small companies think big. Take wind. Power companies complain that it is hard to get planning permission and that it is an unpredictable power source. All true. But one company is proposing to change all that. It would create a “supergrid” of interconnected offshore wind farms, stretching from the Baltic Sea to the Mediterranean, to provide a constant supply. It would make this a continental resource, not a national one. At one stroke this would create a powerhouse beyond anything previously envisaged. This ambitous piece of lateral thinking comes from the tiny Irish wind company Airtricity. Could Airtricity be the next Google? It is no accident that the environmently friendly Smart car was designed by a watchmaker, not a car manufacturer. Swatch’s CEO wanted to make small cars as cheap and well designed as his watches were. And he did. Amory Lovins, of the Rocky Mountain Institute, has taken car design farther. Arguing that over half a car’s fuel use is related purely to its weight, he has designed a lightweight “hypercar”, made of carbon fibre and ultralight steel, which would more than double mileage per gallon and be tougher in a crash. And if you add in hydrogen fuel-cell power, you could double mileage again. While Ford continues to churn out loss-making SUVs, Mr Lovins is closer to where public demand may soon be. Anatole Kaletsky, A new slogan for the environmental pressure groups: Some Gain, No Pain, The Times. Like almost every other rational human being who is not in the pay of the US oil industry or the Bush White House, I believe that doing whatever we can to prevent, or at least mitigate, global climate change is one of the most important tasks facing the world today. Like almost every other media commentator and economist, I therefore welcome the Stern report published this week by the British Treasury and I strongly support Tony Blair’s promise to take urgent and decisive actions to put its conclusions into effect. In contrast to many of my colleagues, however, I will not respond to Sir Nicholas Stern’s extremely convincing admonitions about the horrors that lie ahead if the world continues to spew out carbon by suggesting that we restrain air travel. The logic of the Stern report implies that the greatest enemies of constructive policies on climate change today are not President Bush and Exxon, culpable though they are. What the Stern report makes clear is that global warming can still be mitigated with actions that will not be very costly in economic terms and which will create plenty of economic gainers as well as losers. The most important of these actions have to be taken not by individuals, but by governments, electricity generators, heavy industry companies and forestry businesses. The costs of these actions –— for example, the removal of subsidies for coalmining, or the imposition of carbon taxes and quotas — will ultimately be borne by consumers, but they would be very modest and not require any big changes in Western lifestyles. Ignoring climate change, by contrast, would entail much higher economic costs and much bigger changes in lifestyles (including forced relocation from some coastal cities such as New Orleans), not only for future generations, but also for businesses, consumers and voters today. A shift in the global economy that put a much higher price on technological progress, would benefit the American economy, almost certainly outweighing the costs of restraining carbon use. The great achievement of the Stern report is to show that a sensible policy on the environment need not be particularly painful and would create many economic gainers. "El mundo no necesita más gente, y, a mi juicio, los Estados Unidos tampoco", clama Charles Westoff, de la Oficina de Investigación Demográfica de Princeton. Según Dowell Myers, profesor de Demografía de la Universidad del Sur de California: "Ahora que hemos alcanzado los 300 millones de habitantes, vamos a quedar aplastados bajo el peso de la degradación de nuestra calidad de vida". Alarma medioambiental, editorial de El País. …son los países más pobres los que más están pagando ya, y pagarán aún más, este calentamiento global que provocará desplazamientos masivos, hambrunas, enfermedades y extinción en masa de especies animales. Hay que tomar medidas, por tanto, para una justa distribución de las emisiones si de verdad se quiere frenar radicalmente este fenómeno. La propuesta de Stern de que los países más ricos asuman entre un 60% y un 80% de las reducciones de emisiones de dióxido de carbono es correcta, aunque falta de realismo político. Bastaría entre un 1% y un 3,5% del PIB mundial para mitigar los efectos de estas emisiones. Y las ganancias totales podrían representar 1,8 billones de euros. El coste de no hacer nada o no hacer lo suficiente crece no ya con los lustros, sino con los años. La pregunta que cabe hacerle a Blair y otros Gobiernos es que, ante tal escenario, ¿por qué no haber actuado y legislado antes? Enrique González Blanco, Discapacitados y publicidad, carta al director de El País. Soy usuario de silla de ruedas por enfermedad muscular. En relación con un spot publicitario de una entidad bancaria difundido por televisión que hace alusión a las personas con discapacidad y en el que aparece una joven con silla de ruedas bailando mientras se escucha "tú puedes porque muchos de nuestros clientes quieren que tú puedas", quisiera decir que si actualmente en España las personas con discapacidad podemos, no es porque existan clientes de uno u otro lado que quieran o no quieran que podamos, sino porque en un Estado de derecho existe una Constitución, así como otras legislaciones y acuerdos internacionales que así lo garantizan o al menos velan para que así sea. De tal forma que, gracias a Dios, en la actualidad nuestras posibilidades de desarrollo ya no dependen o no deberían de depender de que existan personas que quieran o no quieran. Por ello ruego que cuando expongan en los medios de comunicación este tipo de campañas que utilizan la imagen de la discapacidad para captar clientes, dejen de una vez de mostrarnos como objeto de lástima y obras de caridad porque eso pertenece al pasado y crea en la sociedad un concepto de la discapacidad que no nos favorece. José Luis Restán, El sentido religioso es la base del diálogo, suplemento Iglesia de Libertad Digital. ...la razón es apertura total a la realidad, tomando en consideración la totalidad de sus factores, y por tanto no puede frenar su recorrido sin llegar a la pregunta por el significado último de las cosas. Razón y sentido religioso no sólo no se excluyen, como pretende la mentalidad del racionalismo ilustrado, sino que se implican mutuamente. ...más allá de todas sus diferencias y de todas sus creaciones históricas, el hombre es ser único e idéntico, definido por ese conjunto de evidencias y exigencias que Giussani definió como "sentido religioso". Como también decía el gran sacerdote milanés, "la fe florece en el límite extremo de la dinámica racional como una flor de gracia, a la que el hombre se adhiere con su libertad": fe, razón y libertad, tres hilos anudados en la experiencia humana, como Benedicto XVI describió en Ratisbona. Para Wa`il Farouk y otros amigos musulmanes, ésta ha sido la ocasión de descubrir la tradición cristiana como amistad entre la razón y el Misterio, y han reconocido que esa no es una exigencia ajena a su propio camino religioso. Las palabras razón y libertad pueden parecer tabú para una parte de la tradición islámica, pero han resonado con inconfundible nostalgia en estos inesperados interlocutores: también ellos necesitan recuperar la experiencia de lo que significan verdaderamente, más allá de la reducción impuesta por un racionalismo que ha sumido a la cultura occidental en una de las crisis más profundas de su historia. Jaime Nubiola, profesor de filosofía, Volver a ser hermanos, La Gaceta de los Negocios. Las décadas de progreso y logros sociales en nuestro país han hecho realidad una igualdad básica de todos los ciudadanos en la mayor parte de los aspectos de su vida: todos somos iguales ante la ley, ante la sanidad, en el medio ambiente y los demás ámbitos de nuestra vida comunitaria. Sin embargo, tengo la penosa impresión de que nos hemos olvidado por completo de la fraternidad... Tenemos libertad, tenemos igualdad, pero realmente nos falta fraternidad. De aquellos tres ideales de origen cristiano que enarbolaba la Revolución Francesa, el último, que debía ser el cemento de los dos primeros y, a la vez, su mejor fruto, parece la gran asignatura pendiente de nuestra convivencia democrática en las grandes decisiones de Estado y en las pequeñas contingencias de nuestra vida cotidiana. La invocación de la fraternidad no es la apelación a un discurso melifluo capaz de aquietar las conciencias, sino una urgente llamada a la concertación social, a la mutua solidaridad, a la convivencia cordial en que se traduce la genuina "amistad civil", de la que ya habló Aristóteles hace dos mil cuatrocientos años. Esto ha sido muy bien descrito en el sugestivo Compendio de la doctrina social de la Iglesia —que ha visto la luz hace pocos meses en castellano— cuando afirma que "el significado profundo de la convivencia civil y política no surge inmediatamente del elenco de los derechos y deberes de la persona. Esta convivencia adquiere todo su significado si está basada en la amistad civil y en la fraternidad. El campo del derecho, en efecto, es el de la tutela del interés y el respeto exterior, el de la protección de los bienes materiales y toda su distribución según reglas establecidas. El campo de la amistad, por el contrario, es el del desinterés, el desapego de los bienes materiales, la donación, el de la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad". Así es a fin de cuentas. Nuestra convivencia democrática debe basarse en una efectiva fraternidad cordial de quienes componen cada comunidad. La democracia no es sólo un modelo de organización de la convivencia, sino que implica un estilo de vida cotidiano en el que lo común ha de ser antepuesto al egoísmo o a la mera satisfacción privada. Si gobernantes y gobernados buscaran sólo su satisfacción personal, la convivencia degeneraría hasta regresar a la ley de la selva, en la que el más fuerte acaba imponiéndose siempre y pisoteando la razón y los derechos de los demás. La democracia —escribió John Dewey— "es una concepción social, lo que equivale a decir una concepción ética, y a partir de este significado ético está conformado su significado como forma de Gobierno. La democracia es una forma de Gobierno sólo porque es una forma de asociación moral y espiritual". Necesitamos persuadirnos de que esto es así; de que una feliz convivencia democrática requiere por parte de todos un hondo sentido de comunidad, porque cada uno pone lo suyo personal al servicio de los demás. La fraternidad civil no puede ser impuesta por la ideología, ni por la ley, ni por la genética: brota del corazón y vive en la voluntad de quienes quieren a los demás como hermanos. A. Gutiérrez Vegara, presidente de la comisión de Economía y Hacienda del Congreso, Contra la pobreza una vez al año, La Vanguardia. ...la minoría mundial más favorecida sigue sin aportar las ayudas al desarrollo que ellos mismos comprometieron antaño y aún se enzarzan en polémicas sobre la armonización de las políticas de cooperación sin llegar a ponerse de acuerdo, como ocurrió en la última sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero los disensos internacionales no pueden servir de coartadas nacionales para eludir las responsabilidades de cada país en la lucha contra la pobreza. En el caso español es justo reconocer el esfuerzo que viene realizando el Gobierno actual. En los presupuestos generales del Estado para el 2007 se consignan en el capítulo de ayuda al desarrollo 4.200 millones de euros, por lo que antes de que finalice la legislatura se habrá alcanzado el 0,42 por ciento del PIB. CC.OO. exigió hoy a Ryanair en Madrid el cumplimiento de "las reglas del juego" en España en materia laboral. El sindicato denuncia que Ryanair incumple el convenio de 'handling', así como el Estatuto de los Trabajadores y la Constitución Española, por no reconocer a los sindicatos. "Tiene una actitud antisindical", afirma el secretario estatal de Acción Sindical del Sector Aéreo de CC. OO. , Jorge Carrillo. Jordi Borja, geógrafo-urbanista, Casa y libertad, El País. En Cataluña, la consellería de Vivienda elaboró un proyecto de ley (”ley Milà”) excelente, en la línea de la mejor legislación socialdemócrata europea (como la ley de 1999 de solidaridad y renovación urbana del Gobierno de Jospin). Los gobiernos, en vez de afrontar los problemas estructurales, que precisan medidas legales radicales de ámbito estatal para evitar la apropiación privada de las plusvalías urbanas... Hoy el negocio inmobiliario es una droga que corrompe la vida económica y política y que genera desigualdades sociales crecientes y desarrollos territoriales insostenibles. En los últimos 15 años, el 50% aproximadamente del suelo urbanizable ha sido comprado por entidades financieras. Al beneficio especulativo se añadirá después el beneficio generado por la mayoría de familias españolas hipotecadas de por vida o casi. El resultado es un desarrollo extensivo de las áreas urbanas. Con un crecimiento mínimo o nulo de la población en dos décadas, el suelo urbanizado de las regiones de Madrid o de Barcelona se ha multiplicado por dos. Despilfarro de energía, de agua, de tiempo y de espacio y multiplicación de la segregación social. Es decir, pan caro para hoy y hambre para mañana, pero grandes beneficios corruptores para unos cuantos. El suelo urbano o urbanizable nace de un proceso social de desarrollo formalizado luego por una decisión político-jurídica y las consiguientes inversiones públicas. No es aceptable que la mera propiedad expectante se apropie de un valor creado por el trabajo de todos y por la Administración pública. Entiendo que el actual contexto legal y económico no permita una socialización general del suelo urbano y urbanizable, pero hay medidas posibles y compatibles con el marco constitucional (no olvidemos que fija la función social de la propiedad y la obligación de los poderes públicos de remover los obstáculos que se oponen a los intereses generales). Se puede yugular la especulación urbana tasando de facto los precios del suelo, fijando unos usos mixtos para los desarrollos urbanos y unas cesiones de suelo (para vivienda social y protegida y equipamientos) que de facto reduzcan al mínimo las plusvalías, por medio de una activa política de promoción pública de la vivienda de alquiler, mediante instrumentos fiscales, etcétera. Si hoy faltan viviendas accesibles a los jóvenes y familias de ingresos bajos e incluso medios y si al mismo tiempo los beneficios especulativos y corruptores brillan en todo su esplendor es por complicidad o por incapacidad de los poderes públicos. Sería lógico que la mayoría de los 300 millones de europeos se manifestara contra los gobiernos que no afrontan la cuestión de la vivienda. Casa y libertad puede ser hoy el equivalente urbano a la justa y revolucionaria consigna campesina de tierra y libertad del pasado. Frederick Turner, What's Good About Atheism, TCSDaily. …anyone with an historical sense will recognize that the few hundred people who die each month in religious conflicts are absurdly dwarfed by the tens of millions, almost all of them religious believers, who died, within living memory, under the savage atheistic regimes of Hitler, Stalin, Mao Zedong and the various dialectical materialist dictators of eastern Europe. We have seen what atheism looks like on the large scale, and it is not pretty: the Holocaust, the Gulag, the Cultural Revolution, the Killing Fields. Reason is not a basis for thought, but a method of thought. Kurt Gödel showed conclusively that every system of reasoning contains self-referential statements of the form of "This statement is unprovable", which are correctly formed propositions that must be true or false, and must, if reason is fundamental, be provably one or the other. Analysis quickly shows that the statement must be true, but cannot be proved to be true. Reason is a process of proof, but reason is incapable of proving a certain true proposition, one that must take its place among the axioms of any logical system. Rationality cannot prove itself. The fundamental validity of reason therefore must be taken on faith; the only difference from a purely logical point of view between an atheist who believes in reason and a religious person who makes a primary act of faith is that the religious person recognizes the pre-logical basis of his beliefs, while the atheist does not. If the village atheist dismisses this sort of thing as logic-chopping and takes his stand on the empirical down-to-earth evidence of the senses, the ground similarly disappears from under his feet. David Hume is rightly hailed as a hero of atheism, for his dismissal of the traditional arguments for the existence of God. But what his atheistic admirers miss is that his argument against empirical knowledge is even more devastating. Hume showed that the concept of cause has no logical necessity—that just because one event has often followed another, that does not mean that the same sequence must necessarily happen again, or that there is any necessary causal connection between them. Our expectation of causal connections in general, not just those that attribute the cause of events to God—is at best an emotional and practical habit. The religious person, by this logic, is actually more aware of the shaky basis of his commonsense than is the confident atheist. Hume's insight has actually proved remarkably prescient. In Hume's time cause—courtesy of Newton's magnificent discovery of the predictability of matter in motion—was seen by the scientific-minded as the only true relationship among events. In questioning cause, Hume anticipated the current multitude of relations now known to obtain among physical happenings. Quantum events, such as the emission of a particle by a piece of radioactive matter, are to a large extent purely random. Quantum coherence is different from cause—it is more like the existence of a harmonic between two vibrating violin-strings than like anything we would call cause. Nonlinear dynamical systems are so tangled and often so autonomous in their interrelations that any assignment of cause becomes virtually theological. For the initial conditions of the current state of turbulence are irrecoverable and irrelevant, and the outcome is, beyond the immediate future, increasingly unpredictable even if we had perfect knowledge, a condition impossible in this universe. And since the assignment of cause is in empiricist terms provable only by successful prediction, whatever cannot be predicted cannot be proved to be caused. And even prediction is tainted in some parts of the universe by second-guessing, rational expectations, theories of mind and self-fulfilling prophecy. Living social organisms are always involved in wildly idiosyncratic predicting contests with each other whose results are ecosystems that are both influences of their own and freely reinvented year by year. Human minds are causes of their own causes, or else the whole structure of legal and moral responsibility, which has built societies that have greatly altered the surface of the planet, is an illusion. And if something can be a cause of its own cause, the meaning of the word "cause" has evaporated. So cause, which is the basis of any empirical understanding of the world, must in itself be taken on faith. The village atheist might still retreat to the pragmatist position, that though the rationalist and empiricist arguments for a basis in reason may be perversely twisted to question themselves, nevertheless the practical application of reason in the real world actually works and maintains our survival. We may never know exactly what electricity is, or what causes it, but when we turn the car key the engine starts. True enough, but even the pragmatist argument falls down in its own terms. For if in the absence of logical or evidence-based proofs of reason, usefulness and survival are adopted as the basic criteria of what is reasonable, religion actually comes off looking much more practical than unbelief. Almost the whole of the human race for all of its history has had some kind of religion or other, and has, triumphantly, survived and prevailed. As I pointed out in an earlier essay about demographics, societies with strong religious beliefs tend to reproduce themselves more robustly than societies without the hope and faith to sacrifice for the future. Societies that have developed sophisticated theological systems have tended to develop sciences and advanced technologies as well, because of a fundamental theological belief that things make sense and that there is an underlying order to the world. Thus from a strictly Darwinian perspective—the ultimate practical expression of pragmatism (and one to which I subscribe), religion is a powerful, perhaps the most powerful, survival strategy. One can even set aside the statistics that show that religious people tend to be happier, more long-lived, richer, and get better sex. If, pragmatically, by their fruits ye shall know them, and truth is whatever gets you the goodies and continues your germ line, the atheist should try to hypnotize himself into being a believer. In fact the multitude of divine myths could be taken as weak evidence that something divine must be going on, or else all those people wouldn't have thought there was. Cosmological physics, as I pointed out some time ago in a piece on evolution here, has rather taken the wind out of the sails of this argument, because it is now forced to postulate trillions of universes with every possible set of initial conditions before the Big Bang—a mess perhaps even more in need of Occam's Razor than the postulation of a self-creating creator. If indeed every possible configuration of universes must have coexisted with this one, presumably at least one of them must have been so put together as to constitute, by sheer chance, a gigantic beneficent Intelligence capable of manipulating all of its own constituents and creating from them an ordered universe like our own. So the only current viable non-theistic theory of the origin of the cosmos virtually mandates a beneficent creator somewhere that would look an awful lot like God. Evolution is not a disproof of God, but it may be an indication of the lengths to which he will go to let his creation live out its own genius and destiny. What generosity, to so delegate his creative power, to relish diversity and strangeness and above all freedom so very highly! George Monbiot, Drastic action on climate change is needed now - and here’s the plan, The Guardian. It is a testament to the power of money that Nicholas Stern’s report should have swung the argument for drastic action, even before anyone has finished reading it. He appears to have demonstrated what many of us suspected: that it would cost much less to prevent runaway climate change than to seek to live with it. Useful as this finding is, I hope it doesn’t mean that the debate will now concentrate on money. The principal costs of climate change will be measured in lives, not pounds. As Stern reminded us yesterday, there would be a moral imperative to seek to prevent mass death even if the economic case did not stack up. But at least almost everyone now agrees that we must act, if not at the necessary speed. If we’re to have a high chance of preventing global temperatures from rising by 2C (3.6F) above preindustrial levels, we need, in the rich nations, a 90% reduction in greenhouse-gas emissions by 2030. So how do we do it without bringing civilisation crashing down? Here is a plan for drastic but affordable action that the government could take. It goes much further than the proposals discussed by Tony Blair and Gordon Brown yesterday, for the reason that this is what the science demands. 1. Set a target for reducing greenhouse-gas emissions based on the latest science. The government is using outdated figures, aiming for a 60% reduction by 2050. Even the annual 3% cut proposed in the early day motion calling for a new climate change bill does not go far enough. Timescale: immediately. 2. Use that target to set an annual carbon cap, which falls on the ski-jump trajectory. Then use the cap to set a personal carbon ration. Every citizen is given a free annual quota of carbon dioxide. He or she spends it by buying gas and electricity, petrol and train and plane tickets. If they run out, they must buy the rest from someone who has used less than his or her quota. This accounts for about 40% of the carbon dioxide we produce. The remainder is auctioned off to companies. It’s a simpler and fairer approach than either green taxation or the EU’s emissions trading scheme, and it also provides people with a powerful incentive to demand low-carbon technologies. Timescale: a full scheme in place by January 2009. 3. Introduce a new set of building regulations, with three objectives. A. Imposing strict energy-efficiency requirements on all major refurbishments (costing £3,000 or more). Timescale: in force by June 2007. B. Obliging landlords to bring their houses up to high energy-efficiency standards before they can rent them out. Timescale: to cover all new rentals from January 2008. C. Ensuring that all new homes in the UK are built to the German Passivhaus standard (which requires no heating system). Timescale: in force by 2012. 4. Ban the sale of incandescent lightbulbs, patio heaters, garden floodlights and other wasteful and unnecessary technologies. Introduce a stiff “feebate” system for all electronic goods sold in the UK, with the least efficient taxed heavily and the most efficient receiving tax discounts. Every year the standards in each category rise. Timescale: fully implemented by November 2007. 5. Redeploy money now earmarked for new nuclear missiles towards a massive investment in energy generation and distribution. Two schemes in particular require government support to make them commercially viable: very large wind farms, many miles offshore, connected to the grid with high-voltage direct-current cables; and a hydrogen pipeline network to take over from the natural gas grid as the primary means of delivering fuel for home heating. Timescale: both programmes commence at the end of 2007 and are completed by 2018. 6. Promote the development of a new national coach network. City-centre coach stations are shut down and moved to motorway junctions. Urban public transport networks are extended to meet them. The coaches travel on dedicated lanes and never leave the motorways. Journeys by public transport then become as fast as journeys by car, while saving 90% of emissions. It is self-financing, through the sale of the land now used for coach stations. Timescale: commences in 2008; completed by 2020. 7. Oblige all chains of filling stations to supply leasable electric car batteries. This provides electric cars with unlimited mileage: as the battery runs down, you pull into a forecourt; a crane lifts it out and drops in a fresh one. The batteries are charged overnight with surplus electricity from offshore wind farms. Timescale: fully operational by 2011. 8. Abandon the road-building and road-widening programme, and spend the money on tackling climate change. The government has earmarked £11.4bn for road expansion. It claims to be allocating just £545m a year to “spending policies that tackle climate change”. Timescale: immediately. 9. Freeze and then reduce UK airport capacity. While capacity remains high there will be constant upward pressure on any scheme the government introduces to limit flights. We need a freeze on all new airport construction and the introduction of a national quota for landing slots, to be reduced by 90% by 2030. Timescale: immediately. 10. Legislate for the closure of all out-of-town superstores, and their replacement with a warehouse and delivery system. Shops use a staggering amount of energy (six times as much electricity per square metre as factories, for example), and major reductions are hard to achieve: Tesco’s “state of the art” energy-saving store at Diss in Norfolk has managed to cut its energy use by only 20%. Warehouses containing the same quantity of goods use roughly 5% of the energy. Out-of-town shops are also hardwired to the car - delivery vehicles use 70% less fuel. Timescale: fully implemented by 2012. These timescales might seem extraordinarily ambitious. They are, by contrast to the current glacial pace of change. But when the US entered the second world war it turned the economy around on a sixpence. Carmakers began producing aircraft and missiles within a year, and amphibious vehicles in 90 days, from a standing start. And that was 65 years ago. If we want this to happen, we can make it happen. It will require more economic intervention than we are used to, and some pretty brutal emergency planning policies (with little time or scope for objections). But if you believe that these are worse than mass death then there is something wrong with your value system. Climate change is not just a moral question: it is the moral question of the 21st century. There is one position even more morally culpable than denial. That is to accept that it’s happening and that its results will be catastrophic, but to fail to take the measures needed to prevent it. Marta G. Rivera (Departamento de Incidencia de Veterinarios sin Fronteras), Es la hora de la soberanía alimentaria, carta al director de El País. Estos días en Roma, en la sede de la FAO, se evalúa y decide el futuro de la estrategia de lucha contra el hambre. Mediante un proceso de diálogo entre los Estados miembros y la sociedad civil ambas han podido exponer sus ideas. Algunas consideraciones dan para pensar: un consenso, una divergencia y una conclusión. El consenso es que el hambre no hace otra cosa que aumentar en nuestro mundo para vergüenza de todos, es el genocidio del siglo XXI. La divergencia está en el diagnóstico y el tratamiento correspondiente. Para los gobiernos se hace necesario más libre comercio, más productividad agroganadera y más inversión corporativa en los países pobres. Para las organizaciones civiles, por el contrario, se hace necesario menos liberalismo comercial internacional, más mercado local, más producción sostenible y más acceso a los recursos productivos. Y la conclusión. En un momento de la conferencia subió al estrado el coordinador mundial de La Vía Campesina, anteriormente lo había hecho el del Foro Mundial de Pescadores en el mismo sentido, y mirando directamente a los Gobiernos y sus representantes en la FAO les dijo: "Los agricultores, pescadores, pastores... todos estamos dispuestos, preparados y queremos alimentar a nuestros pueblos. Podemos hacerlo. Dejadnos hacerlo. Es la hora de la soberanía alimentaria".
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