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Francisco Capella

 

ENSAYOS

Calentamiento del Planeta y cambio climático

Ética y eutanasia

Utilitarismo o iusnaturalismo

Ensayos

La Ilustración Liberal

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La Ilustración Liberal - 8

Calentamiento del Planeta y cambio climático

1. Ciencia y política del clima

El ecologismo y la preocupación por el medio ambiente están de moda. Está muy extendida la opinión de que los seres humanos consumistas e irresponsables son un peligro para la naturaleza e incluso para sí mismos. Destaca más concretamente el dogma de fe, histérico y catastrofista, acerca de los presuntos cambios climáticos que puede producir un supuesto calentamiento global provocado por el incremento antropogénico del efecto invernadero. Según muchos políticos y fanáticos activistas a quienes parece no importar el rigor intelectual, se trata del mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Una estrategia demagógica típica es la propaganda alarmista de presuntas amenazas que fomentan el miedo de los ciudadanos, facilitan la aplicación de intervenciones estatales coactivas, y distraen de los auténticos problemas.

En contra de la actual creencia popular que casi nadie se atreve a criticar, la temperatura global no parece estar aumentando de forma apreciable como consecuencia de las emisiones de CO2 que resultan de la utilización de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural. No hay evidencia científica firme de que vaya a ocurrir un calentamiento significativo como resultado de la actividad humana, y de todos modos las consecuencias de un calentamiento moderado serían básicamente positivas. La base científica del calentamiento global es demasiado débil como para tomar medidas políticas coactivas drásticas, enormemente costosas y de dudosos beneficios.

El racionamiento energético (asignación política de recursos) y los impuestos sobre la energía (confiscación y redistribución de riqueza) causarían graves perjuicios económicos y empobrecimiento generalizado, especialmente a los pobres y a los países menos desarrollados: menos uso de energía, menos transporte, menos actividad industrial, menos calefacción, menos aire acondicionado.

Los ciudadanos reciben indicaciones de que la evidencia científica es definitiva, indiscutible, concluyente e indudable, cuando en realidad los expertos científicos muestran fuertes desacuerdos y escepticismos acerca de la evidencia, tanto teórica como observacional. El presunto consenso científico sobre el cambio climático es falso, y de todos modos el conocimiento científico no depende de votaciones democráticas u opiniones mayoritarias. Buena parte de la comunidad científica se opone a la actuación precipitada e ignorante de los burócratas internacionales para combatir un problema inexistente. Los mismos presuntos expertos, obsesionados con la toma de conciencia de la sociedad, hace años hablaban de los riesgos de un enfriamiento global inminente: disminución de la productividad agrícola, hambrunas, muerte, violencia, anarquía.

La ciencia es frecuentemente distorsionada para promover agendas políticas. Los informes gubernamentales sobre este tema son documentos políticos que presentan las opiniones de científicos del clima combinados con científicos no expertos en física atmosférica, economistas, expertos en política, burócratas, especialistas en relaciones públicas, y representantes de países con poco nivel científico. Informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas fueron manipulados de forma clandestina para distorsionar los testimonios de los asesores científicos, de modo que la versión oficial fuera conforme a los intereses de los políticos.

Muchas personas están a favor de actuaciones políticas sobre el presunto problema del cambio climático: algunas pueden estar sinceramente preocupadas pero mal informadas, y la mayoría simplemente acepta de forma acrítica lo que aparece en los medios de comunicación. Quienes realmente promueven las actuaciones políticas pertenecen a distintos grupos: los propios políticos que persiguen popularidad y votos; los burócratas oportunistas que con la creación de problemas buscan avances profesionales, dinero, privilegios, poder; los ecologistas cuyos ingresos dependen de asustar a la gente, y los ejecutivos y abogados de sus grupos de presión que consiguen grandes salarios; los socialistas que buscan un gobierno mundial centralizado de burócratas y ven en el control de la energía un paso adelante para eliminar las soberanías locales; los ideólogos fanáticos irracionales que consideran al ser humano como inherentemente malvado y destructivo y que pretenden equiparar los derechos humanos con los de animales y plantas.

Respecto al tema del medio ambiente muchos periodistas muestran su ignorancia científica, su poco rigor y su superficialidad: repiten clichés, se limitan a transmitir pasivamente los comunicados oficiales, y llegan a identificarse con los intereses de políticos y burócratas (no vayan a ofenderse) en contra de la libertad individual. Se recurre al dramatismo, a las exageraciones apocalípticas, al sensacionalismo efectista; no se comprueba lo que se cree cierto, y se niega lo que va en contra de las propias creencias aunque esté cuidadosamente demostrado; se ignora o descalifica a quien va en contra de las versiones comúnmente aceptadas.

Los institutos científicos oficiales, dependientes de los subsidios recibidos de sus respectivos gobiernos, son curiosamente los que apoyan las tesis que interesan a los políticos. Requiere valor para un científico oponerse a las versiones oficiales y arriesgar las becas o subsidios que pueda recibir. Los científicos que no dependen de ayudas estatales pueden ser más independientes.

 

2. Calentamiento y apocalipsis

Ante una circunstancia futura potencialmente problemática, una persona inteligente y sensata verifica, incrementa y utiliza su conocimiento acerca de la realidad para poder prever los acontecimientos futuros y actuar de forma efectiva y eficiente. Tal vez el presunto problema no exista, quizás no sea urgente ni importante, o incluso el cambio podría resultar beneficioso. Una actuación precipitada y equivocada hace que el falso remedio sea peor que la enfermedad no demostrada.

La interferencia antropogénica con el sistema climático y sus efectos de calentamiento global no se conocen bien, pero no se espera ninguna catástrofe. Los seres humanos influyen sobre el clima con la agricultura, la actividad industrial y las ciudades. El incremento de población está cambiando las relaciones entre áreas de cultivo y bosques, lo cual altera el albedo o coeficiente de reflexión de la superficie terrestre. La construcción de presas, con la consiguiente disminución del flujo de agua dulce al mar, aumenta la salinidad de los mares y altera la circulación de las corrientes marinas.

Se cree que entre las influencias humanas están la suavización de las temperaturas extremas, el enfriamiento de la estratosfera y la disminución de la frecuencia de los huracanes. No se sabe cuál es el nivel adecuado o peligroso de gases de efecto invernadero, y por lo tanto resulta absurdo intentar estabilizar o reducir un nivel dado de los mismos: cualquier objetivo es arbitrario y no tiene base científica.

La conexión causal entre el CO2 y el calentamiento global parece un dogma irrefutable, y sin embargo los datos históricos de miles de años obtenidos en exploraciones en el hielo de la Antártida no muestran evidencia de ello. Las concentraciones de los gases responsables del efecto invernadero han aumentado un 50% en los últimos 150 años sin ningún calentamiento global asociado. Datos históricos de periodos geológicos muestran concentraciones muy altas de CO2 sin efectos apreciables sobre el clima. Las relaciones no son obvias, ya que ha habido glaciaciones con altos niveles de CO2. Las fluctuaciones climáticas resultan ser mayores en épocas de bajos niveles de CO2; los niveles altos de CO2 pueden promover la estabilidad climática y evitar cambios drásticos y peligrosos.

Un calentamiento global moderado tiene efectos positivos y negativos, pero en general el calentamiento es mejor que el enfriamiento. El calentamiento y el incremento del CO2 atmosférico son mejores para la agricultura (menos heladas, épocas de cultivo más largas, mayor crecimiento de las plantas, más lluvias, menor necesidad de agua), para el crecimiento de los bosques, disminuye los extremos climáticos, permite ahorros energéticos en calefacción y es mejor para la salud: los periodos fríos en la historia de la humanidad son desastrosos por las hambrunas y las enfermedades.

El aumento del nivel del mar debido al calentamiento global (con las consecuencias de inundaciones de zonas costeras y desaparición de algunas islas) es una falacia muy extendida. El nivel del mar lleva varios siglos ascendiendo levemente: no se sabe por qué (tal vez por movimientos tectónicos que reconfiguran los fondos oceánicos), pero seguro que no es por cambios climáticos o por influencias humanas. El aumento de la temperatura produce varios efectos contrarios sobre el nivel del mar, y el resultado neto no es claro: por un lado, el nivel del mar tiende a aumentar debido a la dilatación del agua causada por el aumento de su temperatura, y a la recepción de agua procedente de la fusión parcial del hielo de glaciares y casquetes polares; por otro lado, el nivel del mar tiende a disminuir por el aumento de la evaporación seguido de más lluvias sobre las regiones polares que aumentan la acumulación de hielo en las mismas. Los datos históricos recientes muestran que al aumentar la temperatura baja el nivel del mar.

El avance y retroceso de los glaciares es un fenómeno complejo que no sólo tiene que ver con los cambios climáticos. Muchos glaciares se derritieron parcialmente y retrocedieron a comienzos del siglo XX, pero no se puede extrapolar una media del siglo pasado al futuro.

No está demostrada ninguna relación entre la influencia humana sobre el clima y los desastres meteorológicos como sequías, inundaciones, riadas, huracanes. No hay incrementos relevantes de inundaciones, pero sí de los daños debidos a construcciones en áreas proclives a las mismas.

Se afirma que el calentamiento global contribuye a la expansión de insectos portadores de enfermedades infecciosas tropicales, pero en realidad el factor dominante de la transmisión de enfermedades es el aumento de los contactos humanos causado por el incremento del transporte aéreo, marítimo y terrestre. Las epidemias de malaria y fiebre amarilla han ocurrido en zonas frías, y no ocurren en algunas zonas ricas tropicales.

El peligro real para la humanidad es la posibilidad, señalada por los geólogos, de una próxima edad de hielo. El periodo cálido interglacial actual puede terminar pronto y el efecto invernadero podría suavizar esta amenaza.

Los problemas medioambientales pueden resolverse mediante el conocimiento científico, el avance tecnológico y el desarrollo económico. El mercado libre fomenta la eficiencia de los medios de transporte y plantas de energía, y la correcta asignación y defensa de derechos éticos de propiedad impide las agresiones contaminantes.

 

3. Datos frente a modelos

La historia del clima terrestre muestra muchos cambios climáticos naturales grandes y rápidos, reflejados en los hielos polares, en los núcleos de sedimentos oceánicos y en los anillos de los árboles. En los últimos 2 millones de años ha habido unas 17 Edades de Hielo.

El clima cambia constantemente y los seres humanos son capaces de adaptarse. Ahora hace más frío que hace 1000 años, durante los períodos templados de la Edad Media, cuando se podía cultivar vino en las islas británicas y los vikingos colonizaron Groenlandia (la Tierra Verde). Entre 1450 y 1850 se produjo la Pequeña Edad de Hielo. Hubo un claro calentamiento de origen natural entre 1880 y 1940 (antes de que aumentaran notablemente las emisiones de CO2). Aparte de un enfriamiento global entre 1940 y 1975, que llevó a temer un enfriamiento global catastrófico y una nueva edad de hielo, no ha habido un cambio apreciable en los últimos 50 años (salvo un ligero enfriamiento en los últimos veinte años), en contra de las predicciones de los modelos informáticos. Se ha informado erróneamente (ya que no son un fenómeno nuevo) y de modo sensacionalista de la aparición de lagunas en el Polo Norte como presuntas pruebas del calentamiento global.

Hoy día hay un leve calentamiento en las latitudes medias del hemisferio norte que no es consistente con la teoría global del efecto invernadero, la cual predice mayores calentamientos en los polos. Una posible explicación es el efecto regional del tráfico aéreo (cambia la composición química de la baja estratosfera y los cirros delgados producidos por la estela de los aviones causan un incremento local del efecto invernadero).

Los datos atmosféricos independientes de los satélites meteorológicos (desde 1979) y de instrumentos en globos sonda de las últimas dos décadas no muestran ningún calentamiento, sino más bien un leve enfriamiento. Los datos procedentes de las mediciones en superficie de las estaciones terrestres son problemáticos por múltiples razones: faltan datos de grandes porciones del Hemisferio Sur y de la mayor parte de la superficie de los océanos; se producen perturbaciones e interferencias locales como el crecimiento urbano cerca de las estaciones meteorológicas, lo cual produce una apariencia ficticia de tendencia al calentamiento; se combinan diferentes técnicas para producir un valor global, pero la intercalibración es problemática; la composición relativa de fuentes de datos cambia con el tiempo, lo cual probablemente introduce tendencias de variación de temperatura que son resultado de errores sistemáticos.

El clima es un fenómeno muy complejo que aún no se comprende bien. Los efectos de múltiples factores no se conocen con precisión: composición de la atmósfera, nubes, usos y configuración del terreno. Los actuales modelos matemáticos del clima son defectuosos, incompletos, y no se corresponden con las observaciones de la realidad. Estos modelos inadecuados aún no incluyen correctamente efectos de interacciones entre atmósfera y océano, corrientes marinas, partículas atmosféricas de polvo y aerosoles, erupciones volcánicas y principalmente nubes. Incluso los modelos más sofisticados tienen una pobre resolución espacial, y no son capaces de representar adecuadamente las nubes, cuyos procesos físicos no son suficientemente bien conocidos.

Por lo tanto los modelos no calculan adecuadamente la distribución del vapor de agua, el principal gas de efecto invernadero. Estos modelos defectuosos no son capaces de explicar la evolución pasada del clima, no se ajustan a los datos observacionales y sus predicciones de rápidos y pronunciados aumentos globales de las temperaturas no son fiables. Sin embargo, son el único fundamento de las políticas medioambientales erróneas referidas al cambio climático.


 

La Ilustración Liberal - 9

Ética y eutanasia

La eutanasia, entendida como la ayuda a morir o la asistencia al suicidio de quien no puede hacerlo por sí mismo, es éticamente legítima. La eutanasia pasiva consiste en dejar morir a la persona, suspender un tratamiento médico, no mantenerla artificialmente con vida. La eutanasia activa consiste en hacer algo para que la persona muera, como la administración de un veneno o droga letal.

Cada ser humano autónomo es propietario pleno de sí mismo, de su mente y su cuerpo. Este derecho de propiedad o legitimación del control significa que el propietario puede hacer lo que desee con su propiedad siempre que no agreda la propiedad ajena, de modo que la libertad de cada uno acaba donde empieza la de los demás. Dentro del ámbito de la propiedad, la única voluntad éticamente relevante es la del propietario o dueño. La destrucción de una propiedad no es delito si no va en contra de la voluntad del propietario.

El derecho negativo de una persona a algo significa que ninguna otra persona está legitimada para impedir u obligar a dicho individuo respecto a esa cosa. Una persona tiene derecho negativo a algo si puede hacerlo o dejar de hacerlo, intentar obtenerlo o renunciar a ello, sin que los demás usen la fuerza en su contra, sin que ningún otro le obligue o se lo impida recurriendo a la violencia física o a amenazas. El derecho negativo prohíbe la interferencia violenta, pero no supone ningún deber activo: delimita las áreas dentro de las cuales nadie puede interferir en las acciones de otra persona. Un derecho no es un deber u obligación. Cada persona tiene derecho inalienable a su vida porque ésta no puede traspasarse a ningún otro, pero puede disponer de ella y extinguirla según su voluntad. La vida no es un deber.

Es natural que los seres vivos desarrollados deseen vivir. Un organismo motivado para mantenerse vivo tiene más probabilidades de supervivencia que un organismo al cual la vida le resulte indiferente. Lo normal en un ser vivo es que desee seguir viviendo, pero en determinadas circunstancias la vida puede ser tan penosa que el individuo prefiera acabar con ella a continuar sufriendo. La persona que sistemáticamente desea suicidarse es quien mejor sabe si puede soportar y resolver los problemas que le angustian. Es absurdo y arbitrario afirmar que una persona desea morir porque no ha recibido la asistencia, cuidados o cariños adecuados. Otras personas pueden intentar persuadirle, pero no tienen derecho a usar la violencia para impedir que se quite la vida, aunque consideren horrible el deseo de morir.

La libertad propia implica la tolerancia, la aceptación de la libertad de los demás incluso cuando no nos gusta lo que hacen. Obligar a vivir en sufrimiento es peor que permitir morir en paz. Prohibir la eutanasia es legislar en contra del más débil, del más incapaz, del que quiere morir pero no puede suicidarse, y provoca la continuación del sufrimiento. La penalización de la eutanasia castiga severamente a quien hace un gran bien según la valoración subjetiva relevante de la persona que recibe el alivio de la muerte. Los que están en contra de la legalización de la eutanasia tal vez cambiarían de opinión si se vieran en una situación desesperada y necesitaran a alguien que les ayudara a morir. Participar en una eutanasia puede ser un acto de piedad.

La muerte de una persona puede causar dolor a aquellos con quienes tiene relaciones afectivas, pero ese daño no es resultado de una agresión contra la propiedad privada, y por lo tanto no puede usarse la fuerza para impedirlo. Ni el sufrimiento ni el disfrute son cuantificables, medibles ni objetivables, no es posible comparar el daño que sufre la persona obligada a seguir viviendo con el daño que sienten los que sufren su pérdida. Tampoco es posible determinar si el sufrimiento es soportable o no. Nadie puede garantizar que el sufrimiento acabará y que la persona volverá a disfrutar de la vida. Algunas personas pueden desear morir aunque no sufran ninguna enfermedad, quizás porque sus creencias religiosas indican que pueden acceder a una fase superior de su existencia.

La conservación y el mantenimiento de la vida no es un axioma ético, no es un valor objetivo supremo al cual debe subordinarse cualquier otra entidad. Toda valoración es subjetiva, finita y relacional (de unas cosas con respecto a otras). La vida no es un valor absoluto que anule todos los demás: hay personas que mueren por otros. En algunos casos incluso deja de ser un valor para convertirse en una pesada carga. Que cada persona sea única e irrepetible es una consecuencia de la enorme complejidad de los seres humanos, y no implica que tenga un valor sagrado infinito.

La vida (y su evolución, y la muerte) es un fenómeno natural, y no un misterio trascendente ni un regalo de la divinidad. La terminación de la vida puede suceder por accidente, por enfermedad mortal, por agotamiento, o por la voluntad del mismo ser vivo. Si el hombre no decide el momento y las circunstancias de su muerte, entonces son el azar o las circunstancias incontrolables los que la determinan, y no una entidad divina imaginaria. Argumentar éticamente acerca de la vida supone estar vivo, pero no implica desear estar vivo. Una persona viva puede discutir con interés acerca de la vida porque desea obtener ayuda o permiso, para sí o para otra persona, para dejar de existir. Que no nos hayamos dado la vida a nosotros mismos no implica que no tengamos la potestad de quitárnosla. El ser humano es dueño pleno de su vida, no es un simple administrador, y no tiene que dar cuentas a nadie del uso que haga de ella.

Una persona puede contratar libremente con otra en las condiciones que ambos consideren convenientes si respetan la propiedad ajena. Nadie puede obligar a otra persona a que le ayude a morir, ni impedir una muerte deseada por la propia persona. Algunas personas pueden ayudar a otras a morir o a tomar la decisión adecuada al respecto. Nadie puede ser obligado por la fuerza a ayudar a otra persona, ni a vivir ni a morir. Ningún médico está por defecto obligado a participar en una eutanasia. Salvo que exista un compromiso contractual previo, una persona puede negarse a asistir a un paciente que desea morir, y puede negarse a actuar para mantener viva a otra persona. Mantener viva a una persona en contra de su voluntad es un delito contrario a la ética. El compromiso con un código deontológico profesional no justifica que el médico mantenga la vida de un paciente en contra de su voluntad.

En algunas ocasiones una persona no puede expresar su voluntad respecto a su deseo de seguir viviendo. A menos que exista una declaración al contrario, es razonable asumir por defecto el deseo de vivir. La eutanasia y el asesinato son esencialmente diferentes. La eutanasia no equivale a la eliminación de los ancianos inútiles o gravosos, de los disminuidos psíquicos y de los miembros indeseables de una sociedad. Legalizar la eutanasia no equivale a decidir quién puede vivir y quién no. Tener derecho a ayudar a alguien a morir según su voluntad no implica poder asesinarlo en contra de su voluntad. El miedo al peligro de los abusos, a que la legislación evolucione de tal modo que el médico pueda matar al paciente en contra de su voluntad, es equivalente a creer que legalizar las relaciones sexuales o la prostitución fuera a llevar a legalizar las violaciones. La confusión entre eutanasia y asesinato en algunos debates parece provocada a conciencia como distracción ante la falta de argumentos de los prohibicionistas.

La legalización de la eutanasia como consecuencia lógica del principio ético básico de la propiedad privada es incompatible con la regulación y la financiación estatales de la misma. Por muy rica que sea una sociedad, ninguno de sus miembros tiene derecho natural a exigir a nadie que le ayude, sea a vivir o a morir, pues ello implicaría que unos son esclavos de los deseos de otros. El Estado es la institucionalización de la coacción, y su actuación consiste en confiscar riqueza a unos para transferírsela a otros. Si la eutanasia estuviera subvencionada por el Estado, los contribuyentes contrarios a la misma estarían financiándola.

Confundir médico y verdugo es absurdo. Un verdugo es un profesional que mata a una persona en contra de la voluntad de la víctima, y en la eutanasia la víctima desea morir. La profesión médica no tiene misiones inmutables fijadas por un juramento hipocrático arcaico, sino que tiene unos conocimientos que pueden ser útiles para otras personas: la mayoría de los clientes quiere conservar la salud y seguir vivos, unos pocos quieren que les ayuden a morir de forma digna. No parece sensato temer a un médico porque haya ayudado a morir a otras personas. Los médicos siempre han tenido conocimientos que les dan poder para matar, pero que se legalice la eutanasia no implica que tengan más fácil el asesinato de sus pacientes.

Los fundamentalistas religiosos proclaman constantemente la barbarie generalizada, la ruina moral, la decadencia espiritual, la civilización en quiebra, la corrupción de los tiempos actuales. Parece que la humanidad sólo prosperará si se hace lo que ellos dicen. Las declaraciones de personas con creencias religiosas en contra de la eutanasia no son argumentaciones racionales, sino posturas frecuentemente reaccionarias y oscurantistas. Recurren a la superstición, a entidades divinas imaginarias, a dogmas de fe arbitrarios, e intentan influir sobre los demás mediante el miedo a lo desconocido.

El dolor es un mecanismo cognitivo que incrementa las posibilidades de supervivencia de los seres vivos, les señala la presencia de problemas y les permite aprender qué es lo que no deben hacer. No se trata de un mecanismo perfecto, y en algunos casos es inútil. El sufrimiento no tiene ningún sentido sobrenatural, y la veneración del martirio, del enaltecimiento, purificación y liberación por el sufrimiento, se asemeja al masoquismo. La religión puede consolar ante la realidad inexorable de la muerte, pero lo hace mediante ficciones y engaños, aunque sean bienintencionados.


 

La Ilustración Liberal - 9

Utilitarismo o iusnaturalismo

La fundamentación del liberalismo suele efectuarse desde dos puntos de vista: el utilitarista o el iusnaturalista. El utilitarismo es un concepto básicamente económico, mientras que el iusnaturalismo o derecho natural es una idea ética. Son dos perspectivas que a veces parecen dispares e independientes, pero bien entendidas están estrechamente relacionadas y son complementarias, no tiene sentido separarlas. No se trata de dos alternativas excluyentes entre las cuales se debe elegir sólo una. El liberalismo coherente es iusnaturalista y utilitarista. El mercado libre es moralmente superior, y la justicia es eficiente. No se trata de que la libertad individual de elegir importe más o menos que la eficiencia, porque ambas son inseparables.

El utilitarismo habla de eficiencia referida a fines, medios, valoraciones y preferencias en la acción humana. El utilitarista indica que el sistema económico liberal produce y distribuye más riqueza, optimiza la asignación y la utilización de recursos escasos y coordina de forma espontánea los deseos y las capacidades de los participantes en el mercado. La ciencia económica enseña que el mercado libre es la única forma racional de aprovechar el conocimiento disperso, práctico y tácito de los agentes económicos. El socialismo es imposible debido a las limitaciones cognitivas de los seres humanos: el cálculo económico racional no puede realizarse sin propiedad privada y precios de intercambio. Las soluciones intermedias intervencionistas son inestables y pueden derivar hacia el totalitarismo. El mercado es mucho más eficiente y beneficioso que el Estado centralista y planificador.

El iusnaturalismo habla de justicia referida a derechos de propiedad, agresión, fuerza, violencia y voluntariedad de las relaciones humanas. El iusnaturalista indica que la única norma ética basada en la igualdad esencial de los seres humanos que puede ser universal y simétrica es el respeto de los derechos de propiedad de cada persona sobre sí mismo y sobre aquellos bienes que coloniza, crea o intercambia libremente con los demás. Libertad y derechos de propiedad son equivalentes. La sociedad libre está basada en el principio de no agresión: sólo es legítimo utilizar la fuerza para defender los derechos de propiedad. El socialismo es la coacción sistemática contra la acción humana emprendedora, y el Estado es la institucionalización de la violencia. La ley ilegítima del Estado prohíbe acciones y relaciones pacíficas, voluntarias y beneficiosas, e impone acciones y relaciones no deseadas, agresivas y perjudiciales. En la sociedad libre cada individuo decide y elige por sí mismo; en una sociedad colectivista los gobernantes o los demás escogen por cada uno.

La ley natural no es un residuo metafísico de las ideas religiosas reaccionarias de derecho divino. Los derechos individuales de la ética de la libertad son los que se corresponden con la naturaleza de los seres humanos y permiten su desarrollo y progreso. Los derechos son conceptos abstractos que sirven como herramientas útiles para evitar y resolver conflictos, no son resultado de inútiles elucubraciones disociadas de la realidad. Las diferentes éticas o sistemas normativos deben estudiarse, además de por si cumplen una serie de condiciones teóricas, por sus consecuencias y funcionamiento en la práctica, para lo cual es necesario tener conocimientos económicos o praxeológicos acerca del comportamiento humano. No se requiere omnisciencia, no hace falta conocer las cambiantes preferencias particulares, sólo si éstas pueden verse realizadas o no, si son respetadas o violadas, con lo cual las personas resultan beneficiadas o perjudicadas (se fomenta el bienestar o el malestar).

Una concepción exclusivamente utilitarista de la libertad y el mercado es peligrosa. La definición de eficiencia como medición del aprovechamiento de los factores en la producción de un bien es demasiado estrecha y limitada. La eficiencia es posible en la producción de bienes y de males: un mercado negro de asesinos a sueldo, la competencia violenta entre matones por parasitar a sus víctimas de forma exclusiva. Una persona puede desear el mal a otra, o querer obligar a otro, o sentirse amargado por comportamientos ajenos perfectamente pacíficos. Prohibir las agresiones supone una pérdida de utilidad para quienes desean agredir. El derecho de propiedad indica qué valoraciones son relevantes respecto a cualquier entidad (las de los propietarios involucrados), y cuáles no lo son (las de todos los demás). Es imposible medir, comparar o agregar utilidades para intentar maximizar un inexistente "bienestar social". Los presuntos análisis de costes y beneficios sociales son falacias que sólo sirven para excusar (que no justificar) las actividades ilegítimas de los políticos.

Dentro de la tradición de la Escuela Austriaca de Economía, el gran Ludwig von Mises estudió la libertad desde el punto de vista del utilitarismo. El maestro fue superado por su alumno Murray Rothbard, el cual integró la perspectiva económica con las ideas éticas. Hoy día muchos pensadores se quedan en la visión económica de la libertad, quizás porque tienen una noción difusa y confundida de la ética y la política y porque consideran que los derechos humanos son los que erróneamente se interpretan en su Declaración Universal.

 

 

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