Inteligencia y Libertad |
Francisco Capella |
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ECOLOGÍA
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Libertad y ÉticaEcologíaEcologíaLa ecología es la ciencia que estudia la relación existente entre los organismos vivos y el medio en el que viven. Los seres humanos viven en un medio ambiente formado por entidades inorgánicas y otros seres vivos, fundamentalmente virus, bacterias, plantas y animales. La actividad de cualquier ser vivo cambia su entorno. Debido a su capacidad tecnológica, la actividad humana puede alterar mucho y rápidamente la naturaleza para adaptarla a su conveniencia. Toda acción humana supone una alteración del entorno. Si la acción es acertada, el entorno cambia para mejorar la condición del ser humano, no para empeorarla. La pretensión de los conservacionistas de restituir sistemáticamente las condiciones naturales alteradas por el hombre es absurda. Para el conservacionista el cambio es horrible, y lo deseable el equilibrio y la estabilidad. La naturaleza no tiene valor en sí misma. Las actividades de los seres humanos, como las de cualquier ser vivo, suponen consumo de recursos materiales y energéticos del entorno y producción de residuos. Los recursos consumidos pueden ser inorgánicos o biológicos. El ser humano necesita, debido a las características de su metabolismo, consumir otros seres vivos, como plantas y animales. El ser humano puede consumir otros seres vivos salvajes directamente de la naturaleza, mediante la recolección, caza y pesca (o carroñería), o contribuir a la producción de seres vivos domesticados, mediante la agricultura, la ganadería y la piscicultura. Los seres humanos producen una selección artificial de los seres vivos domesticados, contribuyendo a la reproducción y desarrollo de las especies más adecuadas para los deseos humanos (por nutrición, por vestido, por su capacidad de trabajo, por entretenimiento y compañía, por belleza) mediante técnicas de reproducción asistida o artificial, de ingeniería genética, de clonación, de alimentación o sanitarias. Una especie se extingue si no está adaptada adecuadamente a su entorno. La desaparición de una especie rara no afecta el equilibrio ecológico. Si una especie escasa es valiosa, su alto precio hace que los propietarios la conserven e intenten aumentar su población. Los avances tecnológicos permiten la conservación y la reproducción de especies incapaces de mantenerse por sí mismas. Los recursos naturales pueden ser renovables, si la naturaleza los regenera de forma continua, o no renovables. En una sociedad libre no es necesario imponer de forma coactiva restricciones al consumo de ningún tipo de recurso. Si un recurso escasea su precio se eleva de forma gradual, y los empresarios pueden investigar productos o métodos alternativos más económicos que pueden llegar a hacer dicho recurso obsoleto o innecesario. La creatividad humana produce avances tecnológicos que aumentan la disponibilidad de recursos y su aprovechamiento eficiente. Que un recurso se agote no es catastrófico si se permite que funcionen libremente los mecanismos de mercado. El ser humano no sólo consume recursos, también los produce: la cantidad y variedad de recursos disponibles no es una constante dada. La realidad histórica muestra que las materias primas tienden a abaratarse, lo cual indica su abundancia. Algunos residuos pueden ser contaminantes o tóxicos, dañinos para el ser humano o para otros seres vivos. Nadie tiene derecho a agredir a los demás vertiendo sustancias contaminantes (sólidas, líquidas o gaseosas) en su propiedad. Es responsabilidad del propietario de las basuras contaminantes deshacerse de ellas o eliminarlas sin agredir la propiedad ajena. El contaminador debe limpiar lo dañado y compensar a las víctimas. Las personas y las empresas reducen la producción de residuos (mediante tecnologías no contaminantes más eficientes) si deben pagar por su eliminación. En una sociedad libre puede haber empresarios especialistas en recogida, almacenamiento y transformación de basuras. Todo el proceso de tratamiento de residuos, especialmente su almacenamiento o eliminación, debe respetar la propiedad ajena. La idea de controlar la polución mediante el establecimiento y compraventa de derechos de contaminación otorgados por los estados no es ética. Los estados no están legitimados para dar a nadie derecho a contaminar y agredir a los demás. El nivel aceptable de contaminación es arbitrario, los daños no son iguales para todos los ciudadanos, y los contaminadores pagan al estado en vez de pagar a las víctimas de la contaminación. Las personas que lo consideren adecuado pueden reducir la producción de residuos mediante la reducción del consumo o la reutilización de recursos. Algunos residuos pueden tratarse de forma productiva para generar energía o materias primas. En algunas circunstancias, pero no siempre, el reciclaje de residuos, transformándolos en materia prima reutilizable, puede ser una alternativa económica. El reciclaje puede reducir la necesidad de almacenamiento e incineración de basura, proteger recursos naturales y ahorrar energía. En una sociedad libre se imponen pacíficamente los métodos más adecuados, eficientes y económicos de tratamiento de basura sin necesidad de coacción estatal. Al empresario no le interesa desperdiciar recursos, y a los propietarios les interesa proteger su propiedad y no permiten que sea contaminada. La máxima eficiencia no implica necesariamente el máximo de reciclaje. El empresario debe comparar el coste de producir con material reciclado y el coste de producir con materias primas originales, considerando el coste de eliminar residuos y las calidades de los productos. Los derechos de propiedad privada dan incentivos a los propietarios para vigilar y proteger la conservación de los recursos naturales y evitar su desaparición. La libertad es compatible con la naturaleza. Una sociedad libre se desarrolla en el entorno natural que sus miembros desean y son capaces de tener respetando los derechos de propiedad. La ecología es compatible con el ser humano, con la libertad, con la ciencia y la tecnología. Los propietarios de espacios naturales y seres vivos pueden considerar beneficiosa su conservación, en forma de parques o zoológicos, para el disfrute de las personas que lo deseen, o para su mantenimiento como ecosistemas libres de influencia humana. Algunos empresarios pueden considerar adecuado para su imagen pública la protección de la naturaleza. Las personas interesadas pueden apoyar asociaciones sin ánimo de lucro cuyo objetivo sea la defensa de la naturaleza. Sólo los seres humanos tienen derechos. Los animales, plantas, demás seres vivos y entidades inorgánicas son objetos de propiedad y no tienen derechos ni deberes. La defensa radical de todo tipo de vida es absurda. El ser humano necesita consumir otros seres vivos para su supervivencia. Consumir otros seres vivos implica matarlos. La investigación biológica y médica utiliza seres vivos como cobayas de laboratorio. Algunos seres vivos son perjudiciales para el ser humano, provocando daños como molestias, enfermedades, o incluso la muerte. Si algunas personas desean que los animales sufran lo menos posible, pueden boicotear a quienes los tratan cruelmente, o establecer compromisos contractuales con otros individuos. El propietario de un ser vivo es responsable de los daños que éste cause. Defender todo tipo de vida implica defender especies nocivas para el ser humano. Defender unas especies y no otras es una cuestión estética, de gustos y afinidades. Si todos los seres vivos tuvieran derechos, no podrían agredirse unos a otros, lo que supondría la desaparición de todos los depredadores y parásitos. Los animales tienen un sistema nervioso que les diferencia de los demás seres vivos. Los animales pueden sentir, disfrutar el placer y sufrir el dolor. Las plantas no sienten. Los vegetarianos eligen consumir solamente vegetales por cuestiones de salud o para evitar el dolor de los animales, pero no tienen derecho a imponer esa elección a otras personas. La imposición del vegetarianismo supondría la extinción de todas las especies domésticas que el ser humano mantiene para su consumo. El estado provoca todo tipo de problemas ecológicos y es incapaz de resolverlos. La educación ambiental por parte del estado es en realidad un proceso de lavado de cerebro de niños impresionables, una transmisión de ideas erróneas y miedos irracionales. Los países con más intervención estatal y socialismo son los que tienen más problemas ecológicos, ya que son menos eficientes en el uso de recursos y contaminan más. Los problemas de externalidades como la contaminación se deben a actuaciones estatales incompetentes en la asignación y defensa de derechos de propiedad. Si el estado concede derechos de explotación sobre recursos naturales, el explotador trata de obtener la máxima producción presente sin preocuparse de la disponibilidad futura. El estado subsidia la eliminación de algunas especies y protege exageradamente a otras, dificultando o impidiendo el desarrollo humano. Las instituciones estatales no respetan la propiedad privada y fomentan la destrucción ambiental. Muchos problemas ambientales se originan en la propiedad común de los recursos. Como no tienen un dueño particular, tienen pocos defensores y protectores. Como no existe un mercado de estos bienes, no hay incentivos para defender su valor. Cuanto más importante es un recurso, como el aire o el agua, más importante es la correcta asignación de derechos de propiedad. El fanatismo ecologista es una ideología fundamentalista, activista y equivocada que utiliza información defectuosa, ofrece presentaciones parciales llenas de prejuicios, apela a miedos irracionales y persigue objetivos errados. El fanatismo ecologista consigue repercusión pública mediante alertas y predicciones catastróficas y erróneas sobre problemas concretos que o no existen, o son exagerados, o tienen causas distintas de las aceptadas popularmente o su solución es diferente de la propuesta (lluvia ácida, calentamiento global, enfriamiento global, agotamiento de recursos, crecimiento sostenible, sobrepoblación, abandono del campo, desaparición de especies vivas, disminución de la biodiversidad, inundaciones, sequías). El fanatismo ecologista considera al ser humano como maligno, culpa a las sociedades industriales de todos los males ambientales que provocan los estados, e insisten en un rechazo irracional del consumo y del crecimiento económico. El fanatismo ecologista es típicamente estatista y cree falsamente que el interés del ser humano siempre es la destrucción del entorno y no su conservación.
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