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Francisco Capella

 

EMOCIONES

Las emociones

La evolución de las emociones

Sentimientos morales y cooperación

Pasiones

Inteligencia y Ciencia

Emociones

Las emociones

Las emociones son sistemas mentales motivadores básicos que coordinan los múltiples objetivos, planes y acciones (alimento, seguridad, competición, cooperación, reproducción, relaciones sociales) de cada individuo bajo restricciones de tiempo y otros recursos. Las emociones y las preferencias o valoraciones son parte de la solución biológica adaptativa al problema de cómo planear y realizar acciones dirigidas a satisfacer objetivos múltiples posiblemente incompatibles en entornos que no son perfectamente conocibles, predecibles y controlables.

Las emociones son experiencias muy complejas, con muchos factores y dimensiones. El lenguaje verbal incluye una gran variedad de términos que se refieren a emociones. La emoción es un mecanismo fundamental de los seres vivos para orientar su comportamiento en la lucha por la supervivencia: mediante la emoción un organismo sabe, consciente o inconscientemente, si una situación es favorable (emoción positiva) o perjudicial (emoción negativa), y cómo actuar en consecuencia. El organismo puede equivocarse en su valoración emocional: los mecanismos emocionales son limitados y están sometidos a múltiples influencias internas y externas que perturban su funcionamiento.

Las emociones son experiencias internas de la mente, alteraciones transitorias de estados subjetivos íntimos y personales, pero esto no significa que no puedan ser comprendidas de forma científica. Las emociones no son imperfecciones o fallos mentales. Las emociones no son aleatorias, responden a estímulos (sucesos, agentes, objetos, ideas), requieren procesamiento de información del organismo y su entorno, y surgen como perturbaciones asociadas con interrupciones o discrepancias entre los objetivos esperados o deseados y el conocimiento de la situación: el comportamiento debe ser modificado cuando existe algún conflicto o inadecuación entre los objetivos, los planes, las creencias y el estado actual del organismo y su entorno; las emociones trastornan e interrumpen otras actividades a las cuales el agente estaba dando prioridad más alta, cambian la percepción de uno mismo y lo que le rodea, y concentran recursos en tareas importantes y urgentes.

Las emociones pueden ser activadas por ideas o pensamientos acerca de cosas deseables o indeseables que sucederán, podrían suceder, o podrían haber sucedido, a uno mismo o a otros. Los sucesos, estados y situaciones pueden afectar al logro de objetivos y son juzgados en consecuencia. Los agentes y su comportamiento son valorados como atractivos o repulsivos utilizando diversos rasgos y criterios (belleza, riqueza, fuerza, inteligencia, encanto, conformidad a normas sociales); las acciones son valoradas como beneficiosas o perjudiciales. Los objetos gustan o repelen. Las emociones pueden ser sobre el pasado (memorias), el presente, o el futuro (expectativas).

Las emociones pueden ser primarias o compuestas (combinaciones de emociones más básicas) y algunas son opuestas. La felicidad es la emoción del bienestar propio. La tristeza es la emoción del malestar propio. Una persona puede tener una emoción positiva o negativa sobre un suceso que estima bueno o malo para otra persona: estar contento por algo positivo para otro, alegrarse del mal ajeno, estar resentido o envidioso por el bien ajeno, lamentar el mal ajeno.

Una persona puede tener una emoción positiva o negativa acerca de las expectativas de evolución y los resultados actuales de los acontecimientos deseables o indeseables que le afectan (que están pendientes o han sido confirmados o desmentidos): la esperanza (deseo, anhelo) es la emoción positiva ante un suceso esperado deseable; la satisfacción es la emoción positiva por un suceso deseable confirmado; el alivio es la emoción positiva por una posibilidad indeseable no sucedida; el miedo (ansiedad, angustia) es la emoción negativa por un suceso esperado indeseable; la decepción es la emoción negativa por la no ocurrencia de un suceso deseable; la consternación es la emoción negativa por un suceso indeseable confirmado. La sorpresa es la emoción, positiva o negativa, acerca de sucesos inesperados.

Una persona puede tener emociones respecto a acciones propias o ajenas: el orgullo es la aprobación de una acción propia; la admiración es la aprobación de una acción ajena; la vergüenza es la desaprobación de una acción propia; el reproche es la desaprobación de una acción ajena. La gratitud es la aprobación de una acción ajena que es apreciada por el individuo; el enfado es la desaprobación de una acción ajena que tiene efectos negativos para el individuo; la gratificación es la aprobación de una acción propia con efectos positivos; el remordimiento es la desaprobación de una acción propia con efectos negativos.

Las emociones utilizan señales de comunicación (internas y externas para otros individuos) no proposicionales (no verbales) que colocan y mantienen al organismo en un modo especial de funcionamiento, activando algunos subsistemas mentales y desactivando o reprimiendo otros. Las emociones involucran estados característicos de excitación y cambios fisiológicos (frecuencia cardiaca, tensión sanguínea, temperatura corporal, actividad de ciertas glándulas, ritmo respiratorio, rubor, expresiones faciales) que preparan y motivan al individuo hacia alguna actividad (o inactividad) física o mental. Las emociones implican valoraciones que pueden ser positivas (algo querido, una oportunidad para la supervivencia y la reproducción) o negativas (algo no querido, una amenaza o peligro para la supervivencia y la reproducción). Las emociones pueden tener intensidades y duraciones variables.

Las emociones y la cognición procesan la información y dirigen la acción de formas diferentes. El sistema emocional es rápido y basto, procesa unos pocos rasgos de los estímulos que son directamente relevantes para la supervivencia, provoca respuestas autónomas no voluntarias, y genera una respuesta simple de aproximación (gusta, valor positivo) o evitación (no gusta, valor negativo). El sistema cognitivo es más lento, procesa muchos más rasgos, diferencia con mucha precisión y detalle, relaciona los estímulos con otra información, y no está limitado a la supervivencia del organismo.

Las emociones humanas no son vestigios innecesarios o perjudiciales de etapas evolutivas más antiguas en las cuales el intelecto tenía menos importancia. Sin emociones las decisiones y las acciones son imposibles. La supervivencia requiere acción, y esta es impulsada por las emociones, que evitan la parálisis del análisis: pensar mucho y no hacer nada.

Las emociones pueden tener una fuerte influencia sobre la cognición, bloqueando o interfiriendo el razonamiento, la memoria y la atención, pero esto no es necesariamente algo malo para el organismo: el razonamiento abstracto y frío no es siempre la mejor estrategia para la supervivencia. La activación de una emoción dirige la atención a la información relevante, agudiza las modalidades sensoriales correspondientes, explora las categorías de memoria adecuadas, propone patrones de información y los busca, prepara patrones motrices relevantes, y reasigna prioridades entre los objetivos.

Algunas sensaciones y emociones son compartidas por todos los animales con un sistema nervioso desarrollado. Algunas emociones son típicas de animales que cuidan de sus crías. Algunas emociones son propias de mamíferos sociales. Algunas emociones consideran el bienestar de otros. Las emociones humanas se derivan de un fundamento psicológico común a los mamíferos sociales, pero los humanos poseen algunas emociones que están mucho menos desarrolladas o completamente ausentes en otras especies. Las peculiaridades de las emociones humanas se deben a los rasgos que hacen a los humanos únicos: alta sociabilidad, lenguaje y cultura (información transmitida socialmente), y habilidades cognitivas de razonar, inferir, planificar, esperar, suponer. Las emociones humanas básicas son universales, son compartidas por todos los seres humanos en todas las culturas. Algunas emociones pueden ser controladas por estructuras separadas en el cerebro mientras que otras, especialmente las emociones más típicamente humanas, pueden ser propiedades emergentes de los complejos sistemas de control que forman el aparato cognitivo humano.

Las emociones humanas tienen importantes funciones sociales de coordinación y cohesión mediante la comunicación de valoraciones e intenciones. La expresión de las emociones influye a los demás, puede inducir otras emociones en ellos y alterar su comportamiento. La expresión de las emociones informa a los otros sobre estados de ánimo de modo que puedan actuar de forma adecuada. Los gestos faciales o expresiones de las emociones y sus interpretaciones son básicamente innatas y universales. La gente infiere estados emocionales de otros utilizando teorías psicológicas de sentido común acerca de las interacciones entre emociones, cognición y acción. Las emociones y sus expresiones están tan estrechamente acopladas que las señales nerviosas que resultan de la actividad muscular de la expresión facial característica de una determinada emoción normalmente causan la experiencia de esa emoción. Algunas emociones no conllevan expresiones porque algunos problemas pueden resolverse mejor sin comunicar información.

Las culturas pueden alabar, condenar o ignorar aspectos particulares del repertorio emocional: las reglas para expresar ciertas emociones pueden estar socialmente determinadas. Las respuestas conductuales a un estímulo dado pueden variar con el contexto social. La relevancia particular de algunas emociones para un individuo puede ser debida a experiencias personales en la niñez y adolescencia. La expresión de las emociones es una combinación de procesos automáticos y grados variables de control voluntario. Algunas personas pueden aprender a esconder o fingir emociones y esto puede utilizarse para engañar o manipular a otros.

La experiencia personal de las emociones puede ser confusa. A menudo pensamientos y sentimientos parecen luchar entre ellos por el control de la mente y el cuerpo. La persona como un todo tiene muchos objetivos diferentes, y muchos agentes mentales especializados se ocupan de ellos. Estos agentes tienden a interaccionar de forma armoniosa para beneficio del organismo, pero ocasionalmente pueden competir sin alcanzar acuerdos, posiblemente con consecuencias destructivas. Las emociones pueden aparecer entremezcladas o discordantes, ya que los sucesos, cosas y personas tienen múltiples aspectos y matices, y porque la persona sensible es compleja, y diferentes subsistemas mentales pueden alcanzar conclusiones incompatibles. Las emociones son el producto de la evolución, pero esto no significa que su perfecto funcionamiento esté garantizado para todo el mundo en todas las situaciones. El mundo moderno es muy diferente del entorno de los ancestros humanos, y algunas emociones podrían no ser ya adaptativas.

La inteligencia emocional, la capacidad de actuación adecuada en situaciones de relaciones humanas, es fundamental para el éxito de las personas, y puede ser más importante que la capacidad intelectual de resolución de problemas abstractos. La inteligencia emocional incluye habilidades de autocontrol, autoestima, motivación, conocimiento y control voluntario de emociones, comunicación personal gestual y verbal, expresividad, afectividad, empatía (ponerse en el lugar del otro, sentir con el otro) y simpatía (ser agradable para otros).

La evolución de las emociones

La ingeniería inversa es una herramienta clave para comprender la mente humana. El cerebro es un sistema de órganos de procesamiento de información que permitió a los ancestros humanos comprender y superar a los objetos, las plantas, los animales, y a otros humanos. Estos sistemas computacionales tienen diferentes funciones adaptativas que incrementan la aptitud del organismo y sus probabilidades de supervivencia y reproducción en su entorno.

Las emociones son productos de diferentes sistemas, y cada uno evolucionó para ocuparse de un problema de supervivencia particular, como detección y respuesta al peligro, defensa contra enemigos, encontrar alimento y compañeros, cooperación social. Estos sistemas resuelven problemas conductuales que tienen requisitos característicos: diferentes tipos de procesos cognitivos y sensoriales, control motriz y realimentación. Cada emoción es un programa que gobierna y coordina otros mecanismos psicológicos y fisiológicos más especializados.

Las sensaciones más básicas (placer, dolor, hambre, sed, asfixia, cansancio, sueño, calor, frío, libido, mareo) son comunes a muchas especies animales. Las sensaciones gratas e ingratas son un implacable sistema de toma de decisiones que instruye el comportamiento individual. El placer es el premio o recompensa por el éxito o el acierto. El dolor es el castigo o correctivo por el fracaso o el error. El placer y el dolor indican de una forma general si lo que se ha hecho o lo que ha sucedido es adecuado o inadecuado para la supervivencia, y tienden a evitar lo inadecuado y forzar el comportamiento hacia la conducta correcta. El hambre indica que las reservas de energía son bajas y deben ser repuestas comiendo algún alimento. La sed indica que los niveles de agua en el cuerpo son bajos y deben ser repuestos bebiendo agua. La asfixia indica que los niveles de oxígeno en el organismo son bajos y deben ser repuestos respirando aire. El cansancio indica que las reservas de energía son bajas debido a la actividad y que el descanso es necesario. El sueño indica que es necesario dormir. El calor y el frío indican extremos de temperatura inadecuados para el organismo. La libido (excitación sexual) induce al organismo al emparejamiento sexual para la reproducción. El mareo induce el vómito porque la descoordinación entre las sensaciones visuales y el sentido del equilibrio suele deberse a alucinaciones causadas por la ingestión de toxinas.

La estética ambiental es un factor importante en las emociones humanas. A los seres humanos les gustan los ambientes más favorables, los hábitat que pueden mantener la vida humana proporcionando alimento, agua, refugio, información (sobre oportunidades y amenazas) y seguridad. La sabana (pradera con algunos árboles) es el hábitat favorito de los ancestros humanos. Las sabanas ofrecen alimento (frutos y carne), agua, vistas abiertas, referencias geográfica y árboles para refugio y seguridad. Son espacios semiabiertos (no tan abiertos que dejen a los humanos expuestos y vulnerables, y no tan cerrados que impidan la visión y el movimiento), fáciles de explorar y recordar. Los desiertos tienen poco agua y alimentos. La biomasa de los bosques es casi toda madera. En las junglas las amenazas son difíciles de detectar y el alimento es difícil de encontrar y alcanzar. A los humanos les gustan los animales y las plantas porque son fuentes de alimento e información. Algunos fenómenos naturales como la puesta de sol, las nubes, el trueno, el fuego, provocan emociones especiales que indican que un cambio importante en el entorno es inminente.

El asco es el miedo a introducir (ingiriendo, inhalando, tocando) alguna sustancia nociva en el cuerpo. Consigue evitar materiales peligrosos que pueden estar contaminados con parásitos o patógenos. El asco es microbiología intuitiva. Las cosas asquerosas proceden siempre de animales (heces, cadáveres en descomposición, partes de animales o animales enteros), y casi todas las cosas animales provocan asco. Los seres humanos son omnívoros pero comen solamente una pequeña fracción de las partes animales que existen. Las sustancias asquerosas tienen fuertes propiedades contaminantes: el efecto de los venenos de las plantas (que solamente saben mal) depende de la dosis; pero no existe una dosis segura de un microorganismo porque tienden a reproducirse exponencialmente, y el sentido del gusto no es capaz de detectar una cantidad pequeña. El aso es parcialmente aprendido, y esto permite a los niños aprender qué alimentos son seguros en su entorno: los bebés llevan a su boca casi cualquier cosa que encuentran; las madres controlan su ingesta de alimentos y los bebés aceptan cualquier cosa que les den (si los padres lo comen y aún están vivos, debe ser seguro), pero después de un periodo inicial los niños sólo aceptan lo que han comido antes y rechazan todo lo demás (respecto a la comida todo lo que no está permitido está prohibido).

Se dice que algunos tabúes alimenticios culturales o religiosos son debidos a mandatos divinos o a motivos sanitarios cuando en realidad se deben a razones ecológicas o económicas. Los pequeños animales como los insectos no son comidos cuando están disponibles animales grandes por motivos de eficiencia en la caza o recolección; la carne de insecto es a menudo más segura que la carne de los animales grandes. Algunos animales son mejores trabajadores que fuente de alimento. Los tabúes alimenticios son símbolos étnicos y pueden ser utilizados por los líderes de un grupo para evitar deserciones y preservan la pureza y la cohesión social: los alimentos prohibidos son los que consumen los grupos vecinos, y no es posible iniciar relaciones amistosas con ellos sin compartir la comida. Los tabúes alimenticios utilizan el asco para perpetuarse (y permanecer incluso cuando no tienen sentido): los niños educados para rechazar algún alimento serán padres que enseñarán a sus hijos la misma lección.

El miedo (horror, pánico, terror, pavor, espanto) es una respuesta para evitar un peligro específico inminente para la vida, la salud o el estatus social. Hay distintos tipos de amenazas: situaciones u objetos inanimados (oscuridad, confinamiento, fuego, agua profunda, tormentas, alturas), animales (depredadores, animales venenosos como arañas o serpientes), otros humanos (agresión física, rechazo o traición sexual, exclusión social, extraños, sangre). Las amenazas diferentes provocan respuestas diferentes. Si un depredador es detectado, no moverse es una reacción inicial adecuada porque el movimiento ayuda al depredador a detectar a la presa; si la presa nota que ha sido detectada es mejor intentar escapar. El vértigo detiene al individuo antes de caer. Las amenazas sociales provocan timidez y gestos de apaciguamiento. Desmayarse al ver sangre reduce la presión sanguínea y minimiza su pérdida. Los bebés temen a los extraños y a la separación porque el infanticidio y la depredación son amenazas importantes.

La ansiedad (aprensión, alarma) una sensación general, vaga e incómoda de intranquilidad, inseguridad o angustia sin una causa específica conocida, una expectativa de sucesos posiblemente desagradables. El miedo y la ansiedad concentran la atención en estímulos amenazadores, implican respuestas rápidas y toma decisiones simplificada con mínima participación de la cognición racional, y predisponen a la percepción para interpretar los estímulos ambiguos como peligrosos: en la duda es mejor jugar a lo seguro, porque la alternativa puede ser la muerte.

Los miedos básicos son innatos; algunos miedos pueden aprenderse y desaprenderse, pero no todos los condicionamientos imaginables son posibles. Los miedos deben ser ajustados a entornos específicos y a las capacidades humanas de neutralizar las amenazas: conocimiento, tecnología, la fuerza de ser muchos. Los mejores guías de los peligros locales son los humanos que los han sobrevivido: el pánico y el valor son contagiosos. Las fobias son miedos innatos que no han sido desaprendidos. El entorno moderno es muy diferente de la sabana y los cambios han sido muy rápidos. Muchos miedos humanos son inútiles porque las amenazas ya no están presentes, y la gente no tiene miedos útiles para los peligros actuales porque no han tenido tiempo de evolucionar.

Ser valiente no es no tener miedo, sino ser capaz de controlar el miedo, lo que puede lograrse con ayuda de cooperadores y sensación de control, competencia y predictibilidad. Querer comprobar y expandir los límites de las capacidades humanas es una poderosa motivación adaptativa. El alivio (regocijo) es la emoción placentera sentida cuando un peligro temido ha sido evitado; probablemente ayuda a recordar la respuesta adecuada. Los humanos modernos disfrutan con actividades relativamente seguras (deportes de riesgo, atracciones de feria) e historias de miedo y tensión que se parecen a peligros ancestrales.

La felicidad (alegría, euforia) es una emoción que valora en términos generales lo bien que le va a una persona en la vida, indicando si debería estar contento con sus logros (alimento, comodidad, seguridad, riqueza, salud, amor, amistad, prestigio) o si son necesarios cambios importantes (tristeza, desesperación). Pero no hay un estándar absoluto de felicidad: lo que puede conseguirse con un esfuerzo razonable depende del entorno y de la acumulación humana de conocimiento y capital; la felicidad debe ser una emoción relativa que necesita calibración. Un mecanismo de calibración que es consistente con la evolución competitiva es la comparación con otros y la comparación en el tiempo: si otros han conseguido algo entonces debe ser posible, y los que no lo han conseguido pueden encontrarse en una situación comparativamente peor para la supervivencia y la reproducción; si algo ha sido conseguido probablemente puede ser mantenido y pueden perseguirse objetivos más ambiciosos. La envidia es el deseo de poseer lo que tiene otro, la avaricia es rehusar a compartir lo que uno posee.

Es normal sentir las pérdidas más que las ganancias equivalentes. Para perder algo hay que tenerlo primero, de modo que se tiene una estimación de lo que es posible; cuando se gana algo no hay referencia que indique la importancia de la mejora. La ley de la utilidad marginal decreciente indica que las cosas se emplean en su uso más valioso, de modo que una cosa ganada se usa para algo menos valioso que la misma cosa perdida. Los incrementos en aptitud tienen beneficios decrecientes: más recursos es mejor, pero cada vez menos. Lo que un organismo debe conseguir primero es vital, y logros adicionales son mucho menos importantes. Las reducciones de aptitud pueden ser fatales, y hay muchas más formas de morir que de vivir. Las pérdidas son más importantes y merecen más atención de las ganancias.

La felicidad depende más de cambios relativos que de constancias absolutas. La gente pobre puede ser feliz cuando pueden mejorar su situación, o cuando están mejor que otros, y la gente rica puede ser infeliz si no se enriquecen aún más o si otros son más ricos. Cada requisito de la felicidad (amor, salud y riqueza) es necesario pero no suficiente, de modo que una persona puede ser infeliz si le falta cualquiera de ellas. Los que se sienten felices sin preocuparse o sin importarles nada probablemente no hacen el esfuerzo de mejorar y ser más capaces y competitivos y por lo tanto son menos aptos para la vida (preocuparse demasiado puede ser también un problema patológico). La felicidad y la satisfacción perfecta llevan a la inacción, y como la acción permanente es necesaria para mantener la vida un cierto nivel de insatisfacción sistemática es perfectamente natural en los seres humanos y fácilmente aceptable. Las mejoras en bienestar son siempre temporales. La forma correcta y adaptativa de eliminar la insatisfacción es mediante la acción inteligente persiguiendo objetivos valiosos. La eliminación directa de las emociones o sensaciones negativas y la inducción de emociones o sensaciones positivas (mediante drogas o ejercicios mentales) puede ser muy peligrosa. La felicidad eterna es una ilusión: atractiva pero falsa.

La mayoría de las personas no son realistas sobre sí mismos, casi todo el mundo cree que está por encima de la media. Los estados emocionales depresivos tienden a sesgar el procesamiento de información hacia interpretaciones más negativas pero más realistas. Los individuos deprimidos sienten que tienen menos control sobre las situaciones. La frustración puede indicar que algún objetivo fracasado está realmente fuera de alcance y que la resignación es acertada.

La incertidumbre alerta al organismo de que no es capaz de prever el futuro. La expectación (anticipación) prepara para hechos futuros. La sorpresa resalta que el individuo no estaba preparado para algún suceso. La aceptación reconoce la limitación de la capacidad humana de actuar y modificar la realidad.

Sentimientos morales y cooperación

Las relaciones humanas implican conflictos. La evolución y la selección natural significan competición por recursos escasos y la supervivencia y la reproducción de los más aptos. Toda persona viva desciende de una larga línea genealógica de ganadores competitivos, ancestros que fueron todos capaces de reproducirse antes de morir. De modo que casi todo el mundo debe tener alguna habilidad para competir.

Pero la vida no tiene que ser una pelea individual de todos contra todos. Las asociaciones beneficiosas son posibles. Los intercambios voluntarios son buenos para ambas partes. Una forma inteligente de competir es hacer equipos, grupos que cooperan para ser mejores competidores contra otros. Algunas emociones sofisticadas son responsables de la cooperación.

Emociones importantes son provocadas por otros seres humanos, motivando acciones a ayudarles (amor, gratitud, simpatía) o dañarles (enfado, odio). Amor es sentir placer por el bienestar de otro y dolor por su sufrimiento. Odio es sentir placer por el sufrimiento de otro y dolor por su bienestar.

Las emociones más complejas de algunos animales se refieren a lazos afectivos. Los sentimientos son emociones estables de animales que muestran claras preferencias por miembros específicos de su especie (raramente de otras especies). Los sentimientos suelen estar asociados a la reproducción sexual y a relaciones próximas de parentesco.

El altruismo es el comportamiento de un animal que asume un coste para beneficiar a otro. Tiene sentido si ambos animales están emparentados de modo que el gen que causa el comportamiento altruista está en ambos. El altruismo genético es una forma de producir un cerebro con el amor (compasión, empatía) como sistema de control de la conducta, de modo que diferentes copias del mismo gen pueden ayudarse mutuamente. Los sacrificios realizados por amor son modulados por el grado de parentesco (mide la probabilidad de que los genes sean los mismos) y la vida reproductiva esperada del beneficiario (mide la probabilidad de que difunda sus genes).

Muchas especies animales no proporcionan cuidados paternos. Animales evolutivamente más recientes como aves y mamíferos sí proporcionan cuidados paternos. El amor de los progenitores (especialmente las madres en los mamíferos) por sus vástagos permite el desarrollo de crías que necesitan cuidados y protección hasta su etapa adulta. El amor de las crías por sus progenitores les hace permanecer protegidos cerca de ellos y aprender por imitación. El cuidado paternal y el grado de desarrollo de las crías al nacer evolucionan juntos: cuanto más cuiden los progenitores, más frágiles y escasamente desarrolladas pueden nacer las crías. Los bebés humanos nacen muy altriciales (indefensos y dependientes de otros) y los sentimientos maternales son muy intensos. Los cuidados paternales tienen ciertos requisitos cognitivos: los progenitores deben ser capaces de reconocer a sus hijos si estos pueden moverse y apartarse de su lado (si sólo cuidan de los huevos deben al menos recordar dónde están los suyos).

En relaciones monógamas ambos progenitores invierten en la cría de los vástagos. La atracción sexual selectiva busca los rasgos más adecuados en la pareja: la belleza física se corresponde con indicadores externos de salud, capacidad reproductiva y de supervivencia. El amor entre macho y hembra compromete a ambos en un emparejamiento cooperativo a largo plazo e indica ese compromiso al compañero, ayudando a resolver el problema de la confianza. El periodo inicial de sentimientos románticos obsesivos e intensos disuade de desertar durante el periodo crucial de valoración mutua y ofrece señales claras y fuertes de compromiso irrompible. Una vez que el proyecto cooperativo ha sido establecido, la inversión en la relación es tan grande que puede reducirse la intensidad del apego necesario para mantener el enlace.

Algunos animales sociales y los seres humanos también ayudan a otros que no son sus parientes. La teoría de juegos muestra que algunas emociones particulares pueden ser útiles para estrategias humanas en situaciones repetitivas de cooperación potencial, en las cuales los individuos que se enfrentan a la posibilidad de una relación o intercambio deben decidir si cooperar o no. Los intercambios repetitivos originan presiones selectivas a favor de mecanismos psicológicos que hagan al individuo preferir los beneficios a largo plazo de la cooperación a las menores ganancias a corto plazo de la no cooperación. Estos mecanismos son necesarios porque todos los animales tienen preferencia temporal, la tendencia a descontar el futuro y valorar un bien presente más que el mismo bien en el futuro. Un bien ahora es preferido al mismo bien más tarde: puede utilizarse para alguna necesidad actual o inmediata; el bien presente está garantizado, no como el bien futuro; ahora el animal está vivo, en el futuro podría estar muerto. Las emociones morales son recompensas y castigos inmediatos que hacen presentes las oportunidades y amenazas sociales que realmente podrían ocurrir en el futuro.

La cooperación social es altruismo recíproco: un animal ayuda a otro y espera de vuelta alguna ayuda futura (de modo que los papeles tienen que ser reversibles). El altruismo recíproco funciona mejor cuanto mayor sea la diferencia entre el beneficio de la ayuda al receptor y el coste de la ayuda al donante (no puede funcionar si los costes son mayores que los beneficios). Como no hay garantías de que los favores serán devueltos, la cooperación requiere discriminación. El altruismo recíproco funciona sólo si el cerebro del animal es suficientemente sofisticado como para detectar y discriminar a los tramposos (reciben ayuda pero no la dan), porque de otro modo la situación no es una estrategia evolutivamente estable (los tramposos tenderían a dominar hasta que nadie ayudara a nadie). Para discriminar a los tramposos los animales deben ser capaces de reconocer individuos diferentes, recordar su conducta pasada como cooperadores y aplicar una estrategia de exclusión. Si un animal no puede distinguir y recordar a otros la única estrategia estable es no cooperar, porque los tramposos abusan de los honestos y tienden a predominar. Si los tramposos pueden ser reconocidos pueden ser aislados y excluidos de los beneficios de la cooperación, y una buena estrategia es ayudar a los extraños y a cualquiera que te haya ayudado antes, y no ayudar a los que no devolvieron la ayuda.

Los insectos sociales no practican el altruismo recíproco sino el altruismo genético, ya que son parientes próximos (en ocasiones incluso clones genéticamente idénticos) dispuestos a sacrificar su vida por la colonia. No necesitan reconocerse individualmente, les basta con saber que son miembros de la misma colonia.

Hay muchas acciones intermedias posibles entre dar toda la ayuda y no dar ninguna ayuda, los animales pueden cambiar de actitud, la transposición de las situaciones casi nunca es la misma, y la memoria es falible. Los tramposos pueden desarrollar estrategias astutas, dando menos de lo que podrían pero lo justo para que el intercambio merezca la pena. Cada agente intenta cooperar con aquellos que parecen mejores asociados en potencia. Todos los agentes, tramposos y honestos, intentan parecer buenos colaboradores. Los mecanismos para hacer trampas y para detectarlas evolucionan y mejoran juntos. Las emociones morales son estrategias inteligentes en el juego recíproco de la cooperación.

La atracción social (gustar, generosidad, amistad) inicia y mantiene la cooperación; es una disposición a ofrecer un favor a quien te gusta y se dirige hacia quienes parecen dispuestos a devolver algo. Es natural que la gente quiera gustar a los demás. La soledad es el sentimiento negativo de no gustar o no ser amado.

El enfado protege a los agentes confiados de los tramposos. Una persona que descubre que ha sido explotada siente indignación por el acto ofensivo y enfado contra el tramposo; quiere represalias y castigar al tramposo, rompiendo la relación o incluso dañándole. El enfado y la ira se refieren a la moralidad, son sensaciones de injusticia y deseo de reparación. La gente siente rabia cuando se viola su percepción de la justicia o la igualdad, especialmente cuando el comportamiento de otros es intencionado, voluntario y evitable. La furia o cólera prepara para la lucha, llama la atención e intenta provocar miedo en el rival. La indignación moral no sólo es contra los transgresores de las normas morales sino también contra quienes permiten esas transgresiones sin castigarlas (el castigo implica costes y riesgos no sólo para el castigado sino también para el castigador, por lo cual es necesario incentivar no sólo que las normas se cumplan, sino que todos los individuos participen activamente en la detección y corrección de los incumplimientos).

La gratitud modula el deseo de devolver un favor según el coste y el beneficio del favor recibido. Se siente más gratitud si el favor fue muy beneficioso y costoso. La simpatía (compasión, generosidad) es el deseo de ayudar a los necesitados y es útil para obtener gratitud. La tristeza (sufrimiento) puede ser expresada para informar a otros de la necesidad de ayuda.

La culpa (remordimiento) avisa a un tramposo de que podría ser descubierto. La conciencia es la voz interior que avisa de que alguien podría estar mirando. Hacer trampas es una actividad peligrosa porque los cooperadores honestos tienen grandes incentivos para descubrir, hacer públicos, repudiar y castigar a los tramposos. El tramposo puede perder mucho si su trasgresión se hace pública y se le excluye de la cooperación social; la culpa motiva una confesión sincera antes del descubrimiento del hecho como una demostración de arrepentimiento que puede ayudar a obtener el perdón (especialmente si el daño puede ser reparado). La culpa es parcialmente aprendida y es usada a menudo para el control social. Cuando los niños hacen algo malo o prohibido e intentan ocultarlo normalmente descubren que los adultos son más listos y más fuertes. Los líderes espirituales a menudo enseñan a los niños impresionables que hay castigos horribles y que deberían sentirse culpables por sus pecados.

La vergüenza muestra el mismo arrepentimiento que la culpa pero después de ser descubierto o después de haber realizado mal alguna tarea importante. El orgullo es la satisfacción por una acción bien hecha. La ambición (aspirar a más), el orgullo y el miedo a la vergüenza motivan para esforzarse y entregarse en la competición, especialmente si otros están observando y el prestigio está en juego. La vergüenza y el orgullo motivan la consideración de las expectativas de los observadores.

En una competición el perdedor puede sentirse humillado por el ganador, y esto puede provocar resentimiento, la emoción negativa que se niega a aceptar al resultado. Cuando una parte es más fuerte que otra el débil puede sentir sumisión y aceptar su inferioridad para evitar más daños.

Una vez que las emociones cooperativas han evolucionado, los agentes tienen fuertes incentivos para imitarlas (de modo consciente o inconsciente) para aprovecharse de las reacciones de los otros a las emociones reales. Los especialistas en relaciones públicas saben cómo proyectar una buena imagen independiente de la realidad. Los mendigos profesionales exageran su necesidad para mover a la compasión. Los tramposos sistemáticos simulan arrepentimiento.

Si la expresión de la emoción y la reacción fisiológica que implica son costosas serán más difíciles de fingir. Como hacen que los individuos actúen de forma costosa las emociones constituyen anuncios honestos de comportamiento futuro probable, porque la gente normalmente mantiene una misma actitud, y esto puede ser comunicado a otros colaboradores o agresores potenciales.

Los agentes pueden también desarrollar mecanismos para diferenciar entre emociones reales y fingidas. Los agentes intentan leer las mentes de los demás para decidir si confiar en ellos o no. La lógica puede ayudar a revelar las incoherencias de los hipócritas. El cotilleo es popular porque el conocimiento acerca de los tramposos es muy valioso y puede ser fácilmente compartido. La reputación es muy importante y la gente intenta protegerla (incluso luchando a muerte con el ofensor) y mejorarla (demostraciones públicas de generosidad, simpatía y honorabilidad). La protección contra las emociones falsas puede ser utilizada contra las emociones reales: los tramposos distraen la atención acusando a otros de insinceridad.

La verdad y la honradez son buenas estrategias cooperativas, especialmente si un agente no sabe mentir. Los buenos mentirosos pueden prosperar a costa de los demás. Mentir conscientemente es difícil, provoca ansiedad y requiere mucho autocontrol para no ser pillado en una contradicción. El conocimiento de la verdad es útil, de modo que algunas partes de la mente conocen la verdad pero pueden esconderla de las partes responsables de las interacciones y la comunicación para esconderla mejor de otras personas. El autoengaño, aceptar inconscientemente algo falso como verdadero, puede ser una buena táctica si es importante convencer a otros de algo: el autoengaño siempre presenta el lado bueno y brillante de una persona a los demás. La gente tiende a creer muchas cosas sin comprobar los hechos si el comunicador parece sincero y solidario. El contenido de una creencia y su verdad pueden llegar a ser menos importantes que su intensidad y su impacto emocional.

Algunas emociones motivan la adquisición, diseminación y utilización de información social y cultural. La curiosidad motiva el aprendizaje. El interés concentra la atención. El cotilleo es curiosidad social acerca de información muy importante sobre otras personas: salud, riqueza, carácter, disponibilidad como pareja. La admiración de personas exitosas o individuos de alto estatus implica un deseo de proximidad, observación cercana e imitación que lleva a los seres humanos a adoptar ideas exitosas y prácticas útiles. La conformidad con valores, creencias y prácticas culturales hace el comportamiento predecible y permite coordinación y cooperación compleja; el desprecio y la indignación moral motivan hacer públicas las acciones de los inconformistas, quienes suelen sentir culpa y vergüenza.

Una parte muy importante de la mente humana está dedicada a mantener la cooperación social. Los seres humanos se inspeccionan unos a otros sistemáticamente buscando oportunidades y amenazas. Las interacciones sociales incluyen frecuentes intentos de la gente de influir sobre los demás de forma persuasiva. Los agentes racionales constantemente dan, reciben y critican explicaciones sobre los motivos, razones o intenciones de las acciones. La racionalidad no se refiere sólo a la consistencia lógica sino también a la capacidad de proporcionar razones de las acciones.

A los colectivistas no les gusta la idea de que las emociones funcionen para el bien del individuo, con sus preferencias e intereses particulares; quieren que la cooperación social sea por el bien del grupo. Cuando los líderes políticos manipulan las emociones humanas para que la gente se someta a la voluntad del grupo, los resultados son grandes atrocidades, genocidio y guerra contra otros grupos.

Pasiones

En conflictos de estrategia el comportamiento de cada parte depende de lo que la otra parte pretende, quiere y sabe. El conocimiento acerca de lo que la otra parte quiere, sabe y pretende hacer es especialmente valioso porque hace posibles las predicciones y los ajustes de la estrategia.

Cuando dos partes negocian hay para ambas un rango de condiciones aceptables; si una parte quiere conseguir las mejores condiciones posibles del acuerdo, puede mostrar alguna restricción que implique que las concesiones no son posibles (arriesgando la posibilidad de que no se alcance un acuerdo porque la situación no es aceptable para la otra parte); esta restricción puede ser impuesta por uno mismo mediante un sacrificio previo, voluntario pero irreversible, de la capacidad de elección.

El problema de producir una disuasión creíble para animales sociales que interactúan mutuamente puede conducir a conductas irracionales (que no atienden a razones o persuasión) como una solución racional. Las emociones aparentemente irracionales, como las pasiones fuertes e incontrolables, son restricciones sobre uno mismo que funcionan como garantes de amenazas y promesas en relaciones sociales. Si en algunas circunstancias la mente humana se ve obligada a llevar a cabo una amenaza o cumplir una promesa sin importar los costes, y la otra parte lo sabe, la amenaza o la promesa resulta creíble. La emoción debe ser fuerte e impedir comunicaciones de modo que la persuasión racional para actuar de otro modo no sea posible: las pasiones son inconfundibles y vuelven loca a la persona, fuera de control. Defensas posibles contra las pasiones de otros son no enterarse de ellas o confrontarlas con otra pasión.

La expresión de las pasiones (como de otras emociones) es útil sólo si es difícil y cara de fingir (sino se abusaría de ellas y serían inútiles), y por eso es involuntaria y fuertemente ligada a funciones biológicas fundamentales y también involuntarias como el ritmo cardíaco, la respiración, el sudor, las lágrimas y la salivación: el control voluntario de estas funciones básicas es extremadamente peligroso (dejarían de funcionar al no atenderlas, y las partes conscientes del cerebro no saben controlarlas de forma eficiente).

El odio y el ansia de venganza son terribles mecanismos de disuasión contra ataques. Cuando una persona es asesinada los parientes más próximos sienten el deseo de castigar al asesino. La agresión como respuesta a haber sido engañado o a haber recibido algún daño disminuye la probabilidad de convertirse en víctima, especialmente si es desproporcionada en relación al ataque original. Pero una respuesta desproporcionada es costosa, de modo que un mecanismo especial de indignación es necesario para impulsar el contraataque. Como los mecanismos de disuasión sólo funcionan si son anunciados y conocidos, el deseo de venganza va unido al honor, la exigencia pública de reconocimiento social y respeto.

El amor romántico es una garantía de la importantísima promesa de compartir la vida y criar niños juntos. Todo el mundo quiere la mejor pareja pero la mayoría en algún momento acepta lo mejor que puede encontrar para quedarse solteros. Como es posible que en el futuro se encuentre algún candidato más deseable, y la pareja actual es consciente de este peligro, enamorarse en una emoción que compromete a mantener la relación. Enamorarse no es una acción pretendida, es una restricción placentera (pero con costes fisiológicos) que le sucede a la persona, no puede ser controlado de forma voluntaria (activado o desactivado), de modo que puede ser mostrado y la otra parte sabe que es una garantía. El resultado puede ser el rechazo si la expresión del amor es demasiado extrema (demasiado fuerte demasiado pronto): la otra parte percibe desesperación o piensa que te enamoras demasiado fácilmente y podría volver a suceder con otro candidato.

El amor está íntimamente ligado a los celos, la pasión que disuade a la pareja de la infidelidad. El gran riesgo para el hombre es la inversión paterna en hijos que no son suyos, mientras que el gran peligro para la mujer es que el hombre las abandone y deje de proporcionar ayuda. Al hombre le perturba más la posibilidad de una infidelidad sexual de su mujer, mientras que a la mujer le preocupa más que su hombre se involucre afectivamente con otra mujer.

La aflicción disuade contra ser descuidado con los seres queridos. Saber que hay un dolor cierto y terrible si algo malo sucede a alguien a quien amas te hace preocuparte por ellos y actuar en consecuencia. La aflicción también fuerza un intermedio en la vida, una pausa para valorar la situación después de un cambio negativo importante como la pérdida de un ser querido.

 

 

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Francisco Capella