Inteligencia y Libertad |
Francisco Capella |
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ÉTICA |
Libertad y ÉticaÉticaÉticaLa ética es el sistema universal y objetivo de normas de conducta abstractas, generales, formales, que sirven a cada persona en una sociedad como referencia válida para regular y coordinar su comportamiento y sus relaciones humanas, como guía permanente y fiable de elección y actuación individual y social, y como criterio objetivo adecuado para juzgar acciones concretas, tanto propias como ajenas, indicando qué es legítimo, aceptable, bueno, adecuado, y qué es ilegítimo, inaceptable, malo, inadecuado. La ética como ciencia estudia cuáles son las normas éticas, los principios de comportamiento adecuados a los seres humanos, cuál es su razón de ser, cómo se aplican y cómo se administra el sistema normativo. Las normas éticas son prácticas, sirven para evitar, minimizar o resolver conflictos humanos mediante la legitimación del uso de la fuerza. En última instancia toda la ética se refiere a la legitimidad del uso de la fuerza en la resolución de conflictos. En lugar de largas listas de normas concretas, tal vez las normas éticas más adecuadas sean metanormas, normas de alto nivel de abstracción acerca de cómo construir normas concretas válidas. Una moral es un sistema de normas arbitrario y no universal. La ética se distingue de la moral en que es universal y adecuada a todos los seres humanos, y es argumentable de forma racional. Como conjuntos de memes, los sistemas morales suelen competir entre sí para sobrevivir, propagarse y dominar las mentes humanas de forma universal; un sentimiento moral muy común es considerar que lo mío es lo correcto y debo propagarlo a los demás. La ética o ley natural está desligada de la teología y la religión. La ética humana toma como referencia de bondad y maldad la naturaleza humana, su esencia y su desarrollo. Lo ético, lo legítimo, es aquello que armoniza con la naturaleza de toda persona, lo que es conveniente, lo que permite su pleno desarrollo y perfeccionamiento. Lo no ético, lo ilegítimo, es lo contrario a la naturaleza humana, lo dañino, lo que impide o dificulta su perfeccionamiento. La ética es la ley natural universal y permanente, la norma superior basada en la esencia del ser humano y del mundo en el cual éste vive. La ética no necesita recurrir a entidades sobrenaturales inexistentes, a seres divinos trascendentes omniscientes y omnipotentes, como fuentes de absoluta bondad o maldad o como garantía de la validez de las normas. No existen el bien ni el mal absolutos en términos materiales: todo lo que es bueno o malo lo es para alguien, según su valoración subjetiva de unos fines, o para algo, según la adecuación técnica objetiva de los medios al fin deseado. Los principios éticos posibilitan el bienestar individual y la coordinación social, y tienen una validez objetiva. Sin embargo las valoraciones individuales son subjetivas y no necesariamente universalizables. La mente humana produce preferencias y elecciones, pero cada persona es distinta en los detalles y las preferencias no tienen por qué ser iguales. Los valores humanos parecen universales cuando son estudiados en forma de conceptos vagos, sin concretar, y con connotaciones semánticas positivas: justicia, libertad, paz, igualdad, felicidad, progreso, son términos que necesariamente provocan adhesión (del mismo modo que la injusticia y la infelicidad provocan rechazo), pero las personas actúan en situaciones concretas en las que pueden descubrir que hablan de grandes principios pero no saben definirlos ni aplicarlos con precisión. Las preferencias de las personas pueden referirse a preferencias de otras personas: me gusta o no me gusta que los demás quieran o no quieran tal cosa. Las preferencias ajenas pueden llegar a provocar emociones intensas, tanto positivas como negativas. Un rasgo claro de inmadurez personal es no aceptar que los demás tienen preferencias diferentes, les gustan otras cosas, tienen intereses que no son los míos. El intolerante considera que el que prefiere ciertas cosas es un malvado. La recursividad moral puede suceder dentro de la mente de un individuo: preferiría no desear aquello, o me gustaría quererte, me siento culpable por querer esto otro. -Me alegro de que no me gusten los huevos, porque si me gustaran me los comería y siento asco sólo de imaginarlo. Las normas éticas (principios, preceptos, reglas) son abstractas y formales, deben ser interpretadas en cada caso particular. Cada hecho individual tiene un contenido material concreto, pero son sus características formales las que determinan la norma ética a aplicar. La circunstancia particular debe abstraerse, buscar su forma, para hallar la norma ética correspondiente. Las normas éticas son generales, universales, se aplican por igual a todos los individuos, de forma simétrica. Las normas éticas deben adecuarse a la complejidad de la convivencia en sociedad, pero esto no significa que las normas deban ser complejas. La universalidad y la simetría suelen originar reglas simples que pueden dar lugar a comportamientos concretos muy complejos. Si las normas son muy complejas, tal vez su cumplimiento sea muy difícil. Conjuntos complejos de normas a menudo incluyen incoherencias, contradicciones y múltiples arbitrariedades. Las normas éticas son estables, permiten a los individuos coordinar y prever sus interacciones sociales en función de las normas aplicables. La ética es estable porque la naturaleza humana no cambia en lo esencial, al menos en periodos de tiempo considerablemente largos. Si la naturaleza humana cambiara, tal vez las normas tendrían que adaptarse al cambio. La ética permite la elección y fomenta la creatividad humana. Las normas éticas son abiertas, delimitan terrenos pero no ofrecen especificaciones detalladas, no sustituyen a la capacidad humana de elección. La ética deja un amplio dominio de posibilidades para la capacidad de decisión del actor en cada situación, ya que considera al ser humano responsable y consciente de sus actos, no le obliga a comportarse de forma mecánica o automática. Los principios éticos son abstractos, son limitaciones que guían en la toma de decisiones, no algoritmos que toman las decisiones. Actuar éticamente consiste en encontrar conductas que satisfagan todas las obligaciones y no violen las prohibiciones éticas. No existe un procedimiento automático para generar con detalle todas estas posibles acciones, pero es posible comprobar que los actos específicos no son incompatibles con las normas éticas. -¿Qué vas a hacer con el dinero que te han regalado, invitar al cine a tu novia, comprarte un libro o dar limosna a un pobre? El relativismo ético, la creencia de que no hay una normativa ética universalmente válida, es un grave error intelectual que destruye el contenido informativo de los juicios éticos. No todos los sistemas normativos son igualmente adecuados. Si cualquier conjunto de normas es válido, entonces cualquier acto es éticamente legítimo respecto al conjunto de normas que lo acepta como tal, y no es posible condenar nada ni exigir ninguna responsabilidad. La ética no debe confundirse con las morales, sensibilidades o tradiciones tácitas propias de cada cultura, o con los criterios subjetivos sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es aceptable y lo que no es aceptable. -¡Esto es inaceptable! -¡Esto es horroroso!
La universalidad de las normas éticas no consiste en que cada persona oriente su acción según principios que cada agente quiera que sean universales, ya que cada persona puede querer imponer normas distintas al comportamiento ajeno, prohibiendo lo que no le gusta y obligando a lo que le gusta; tampoco consiste en que las normas consigan unanimidad en una presunta votación o pacto. Se trata de que las normas éticas puedan ser universales, conformes a la naturaleza humana e iguales para todos los seres humanos, sin diferencias particulares ni privilegios. Ética y valoresLa idea de que la ética debe estudiar qué fines deben valorar e intentar alcanzar los seres humanos es problemática. Los juicios de valor no son correctos o incorrectos. No existen deberes absolutos, todo deber es para algo o por algo, tiene algún objetivo o razón de ser. Mezclar voluntad y deber es a menudo absurdo: deber querer o querer deber no tienen sentido. El comportamiento voluntario es racional, inteligente, psicológicamente satisfactorio y permite el aprendizaje y la corrección progresiva de las valoraciones: las preferencias contribuyen a la determinación de la conducta, la cual tiene consecuencias no previstas que a su vez son valoradas. La obediencia mecánica a deberes o normas no asumidas o no entendidas es irracional y psicológicamente insatisfactoria. La ética del desinterés no tiene sentido. Es absurdo considerar que una acción es ética si y sólo si el actor no espera ni obtiene ningún beneficio de ella. Toda acción es de algún modo interesada, aunque solamente persiga una satisfacción psíquica. Una persona puede obedecer un precepto para evitar la insatisfacción que le produce su incumplimiento. -¡Tienes que querer a tus hermanos! No es necesario ni posible que la ética defina qué valores concretos deben asumir los seres humanos. Lo que cada individuo valora es subjetivo, depende de su historia, entorno y constitución particular. Lo que es adecuado para una persona puede no serlo para otra. Todo ser humano valora una multitud de entidades cambiantes que pueden ser conflictivas, incompatibles o irrealizables. Las valoraciones que influyen en una decisión humana son siempre relativas, de unas cosas frente a otras. La razón humana no es capaz de conocer qué es un bien objetivo concreto para todo ser humano (aunque existen términos abstractos con notaciones universales positivas o negativas, son valores objetivos porque no están detallados ni se comparan efectivamente con otras cosas). Cada vida humana es un proceso de aprendizaje, de adaptación del sistema cognitivo y emocional a la realidad. En una sociedad libre competitiva, la evolución natural hace que tiendan a predominar de forma espontánea y pacífica los individuos cuyos procedimientos de valoración son más adecuados a la supervivencia y al desarrollo. -¿Para qué has sacado a ese pez del agua? La ética coordina las valoraciones mutuamente incompatibles de diferentes personas. No tiene sentido que las normas éticas prohíban aquello que nadie quiere hacer, ni que obliguen a hacer cosas que todo el mundo desea hacer. Las normas éticas no son simples justificaciones de cualquier acto de la voluntad, sino que por el contrario señalan límites a la acción humana, condiciones en las cuales no es legítimo actuar según mis preferencias porque puedo actuar en contra de las preferencias de otros. Como es imposible que todas las preferencias de todo el mundo sean tenidas en cuenta en cada acción, la ética determina ámbitos de actuación o dominios de decisión donde la voluntad de cada persona es soberana y toda acción es legítima: la propiedad privada de cada individuo. El violador quiere violar a su víctima, pero la víctima no desea ser violada. El ladrón quiere lo que yo tengo, pero yo no quiero regalárselo. Muchas personas suelen afirmar que lo más valioso es lo que ellos mismos hacen: el filósofo asegura que la exploración de las ideas es la mejor ocupación posible; el científico cree que el estudio de la naturaleza es más valioso que cualquier otra cosa; el político dice que no hay nada más importante que la organización de la sociedad. Todos hacen simple propaganda de su sector profesional y olvidan que las valoraciones son subjetivas y relativas, y que los grandes valores sólo son comunes en la medida en que están despojados de contenido concreto. Las personas valoran cosas a diferentes niveles, pero esto no implica que los niveles de mayor complejidad o abstracción sean sistemáticamente más importantes. Las necesidades fisiológicas son comunes a todos los animales: alimento, entorno adecuado, seguridad. Los seres humanos son familiares y sociales y también quieren amor y estima. Si te estás muriendo de hambre el amor es algo secundario; si tienes todas las necesidades fisiológicas y afectivas cubiertas puedes concentrarte en aspiraciones mentales menos tangibles. Los valores éticos suelen ignorar lo físico y lo biológico y concentrarse en lo más típicamente humano, social y mental. Ética y evoluciónEs importante vivir de acuerdo con la propia naturaleza humana, porque dejar de hacerlo es autodestructivo. La teoría de la evolución explica los sistemas de preferencias de los diversos seres vivos como contribuciones a su supervivencia y expansión. Si las preferencias, entendidas como controladores de la acción, no son adecuadas, el organismo tiende a extinguirse. Las preferencias son adaptativas, facilitan la supervivencia, el desarrollo, el crecimiento, la reproducción. El sentido de la vida es seguir viviendo, competir y cooperar, adaptarse, mejorar, transmitir la vida. Ameba: sobrevivir, comer, reproducirse. La evolución mediante selección natural tiende a conformar los valores de los seres humanos, pero eso no significa que estos puedan deducirse sin más con total precisión. La esencia humana es muy compleja y hay muchas maneras de sobrevivir en una sociedad. Los hechos de la naturaleza limitan qué valores son adecuados y cuáles no, pero no los determinan completamente. La naturaleza tiende a eliminar a aquellos individuos cuyos objetivos favoritos son incompatibles con las condiciones necesarias para su supervivencia. El placer y el dolor tienden a estar ajustados para la supervivencia, pero son mecanismos mentales que han evolucionado durante mucho tiempo para adaptarse a condiciones muy diferentes de las actuales. Muchos valores incorporan sabiduría acerca del pasado, y pueden ser inadecuados para el presente y el futuro. Si el acceso a la comida es difícil, el hambre por lo dulce o te indica que aproveches la oportunidad de comer porque tal vez tardará en repetirse. Cuando la comida es abundante de forma sistemática empeñarse en comer sin límite conduce a la obesidad. Si vives en una familia o pequeña tribu de cazadores o recolectores que compite con otras tribus por los mismos recursos finitos, tiene sentido el localismo, el nepotismo, el favorecer a los cercanos y oponerse a los que no son miembros de tu grupo. En una sociedad extensa de división de trabajo es más inteligente cooperar y estar abierto a todos. Los seres humanos comparten con los animales muchos mecanismos emocionales que dirigen su comportamiento para facilitar su supervivencia. Tienen miedo a lo que puede destruirlos, tienen hambre y sed y necesidad de respirar, sufren el frío y el calor extremos, sienten el deseo sexual de copular, sienten ternura y afecto por sus crías y por los más próximos. Algunos de estos mecanismos son reacciones instintivas muy inmediatas ante realidades sencillas donde el daño o el beneficio es claro: aparta la mano del fuego, evita lo que sabe a veneno, busca lo sabroso. Algunos sentimientos morales son propios de los seres humanos y se refieren a su carácter de individuos sociales capaces de comunicarse con un lenguaje sofisticado y de imaginar diversas estrategias o posibilidades de comportamiento en función de la conducta de los otros. Muchas de estas emociones están programadas de forma innata, han tenido tiempo de evolucionar y establecerse en el acervo genético, cada individuo las siente en su mente. El aprendizaje mediante experiencias propias o ajenas permite adaptar estas emociones o preferencias a las circunstancias particulares de cada uno. Las valoraciones personales no son rígidas ni inmutables: la reflexión humana inteligente intenta superar emociones inadecuadas mediante el análisis de consecuencias a largo plazo no inmediatamente obvias. La vida enseña a vivir. Algunas normas morales son un mecanismo de control social. Cada persona aspira a que sus preferencias sean satisfechas, y en un entorno social esto está condicionado por las acciones de los demás, las cuales están a su vez determinadas por sus propias preferencias. Una persona puede intentar influir sobre las valoraciones de los demás para que se adecuen a las suyas. Los imperativos morales son ideas que uno intenta implantar en las mentes de otros para conseguir que actúen de determinada manera, que se sientan incómodos si hacen algo prohibido o si no hacen algo obligatorio. A menudo decir que algo es inmoral es solamente una forma disimulada y engañosa de señalar que no es del gusto de alguien. La mente humana es muy compleja, y funciona como una sociedad de agentes que interactúan, compiten y se coordinan. Los sentimientos morales pueden estar en conflicto unos con otros y provocar confusión en el individuo. Ciertas normas morales pueden servir de guía en situaciones complejas donde la decisión acertada no está clara, pero en ocasiones las propias normas morales son mutuamente incompatibles. Los valores son guías abstractas y generales que cada cual debe interpretar en sus circunstancias, sin garantías de infalibilidad. Los seres humanos son los seres vivos más inteligentes, complejos y sofisticados, con un enorme repertorio de capacidades y acciones posibles. Su potencial es tan grande que no se conforman con la mera supervivencia, sino que suelen aspirar a más, a desarrollarse más plenamente. Todos quieren la felicidad, una satisfacción general y estable con su vida, que suele resumirse en salud (como seres vivos biológicos), amor (como seres familiares y sociales y con reproducción sexual) y riqueza (como actores que necesitan medios para actuar y conseguir sus objetivos deseados). Como procesadores de información y conocimiento las personas pueden aprender y mejorar de forma prácticamente indefinida a lo largo de sus vidas. El deseo de supervivencia se enfrenta con la realidad de la muerte. La forma natural de superar la muerte es la reproducción, de modo que la especie sustituye a los que mueren con los que nacen. La transmisión cultural permite que algunas creaciones humanas sobrevivan a sus creadores: obras de arte, conjuntos de ideas, relatos. Los muertos son recordados y tenidos en cuenta aunque ya no estén presentes. El deseo de inmortalidad es natural, ya que quien quiere seguir vivo sobrevive más fácilmente que aquel a quien la vida no le importa. Pero creerse inmortal es un engaño. La vida en el más allá, la reencarnación o la resurrección son ilusiones: pueden consolar a quien teme a la muerte o dar esperanzas a quien aspira a una felicidad futura absoluta; pero son falsas, y si una persona ajusta su comportamiento en vida para conseguir un premio después de esta se está equivocando completamente. La evolución biológica y cultural explica las normas morales, su contenido y su función. Quienes no las entienden pueden recurrir a entidades trascendentes como fuente de moralidad, pero esto es erróneo, innecesario y a menudo fuente de arbitrariedades morales. La ciencia éticaLa ética es una ciencia, un cuerpo de conocimiento acerca de la realidad objetiva del ser humano. Una teoría ética bien construida es, en la medida de lo posible, correcta, completa, clara, eficiente, coherente, operacional, práctica, no arbitraria, universal y permanente. Es una ciencia difícil pues su objeto de estudio, el ser humano, su actuación y sus relaciones sociales, es complejo. El conocimiento ético debe ser compatible con el conocimiento en otros dominios naturales y humanos, como la biología y la antropología. La ética está íntimamente relacionada con la praxeología, la ciencia de la acción humana. El conocimiento ético es posible gracias a la relación de proximidad íntima entre el sujeto cognitivo y la realidad estudiada. Al coincidir sujeto y objeto de conocimiento, la reflexión introspectiva representa un papel fundamental. Todos los seres humanos, utilizando su capacidad racional común y conociendo lo esencial de su propia naturaleza, pueden alcanzar el mismo conocimiento ético. Es posible descubrir de forma científica y objetiva la ética correcta, mediante la investigación de la naturaleza del ser humano y su entorno y el estudio de los distintos sistemas normativos posibles y sus consecuencias necesarias. La justificación de una norma puede efectuarse mediante el análisis lógico o empírico de los resultados indeseables que produce su incumplimiento, y mediante la comparación exhaustiva con los efectos producidos por normas alternativas. La ciencia ética explora conjuntos arbitrarios de normas de conducta o morales concretas, analizando si cumplen los requisitos de universalidad (que implica también simetría) y de adecuación a los seres humanos. Estos requisitos tienen implicaciones lógicas que permiten acotar el espacio de búsqueda mediante propagación de restricciones. Los conjuntos de normas que no cumplen estos requisitos no constituyen éticas y pueden ser rechazados. Como problema de búsqueda es necesario considerar si no existe ninguna solución, si existe una única solución, o si existen múltiples soluciones todas válidas; un problema es demostrar la existencia o no de soluciones y otro diferente es encontrarlas o construirlas. Un posible método de trabajo es comenzar la búsqueda por el conjunto que no tiene ninguna norma e ir añadiendo normas. La búsqueda puede finalizar si se encuentra una solución que cumple todos los requisitos, es necesaria y además incompatible con cualquier otro conjunto alternativo de normas. Se dice a menudo que no es posible deducir lo que debe ser a partir de lo que es, y que la ciencia sólo estudia lo que es. La ética no se refiere a deberes arbitrarios, sino a normas con requisitos específicos: universalidad y adecuación al ser humano. Basándose en cómo es la naturaleza humana, sí es posible inferir, mediante análisis de alternativas, qué normas éticas son correctas, cuáles no y por qué. La ciencia ética demuestra que la inmensa mayoría de los deberes morales comúnmente aceptados (lo que debe ser) son simplemente imperativos arbitrarios utilizados como mecanismos de manipulación mental. Los conceptos éticos son ingenios prácticos para resolver problemas de la mejor forma disponible, para afrontar objetivamente necesidades reales. Son medios de resolución de posibles conflictos en el mundo real. La ética se construye sobre la realidad conocida, no necesita solucionar dilemas irreales o imposibles. Los problemas reales tienen distinta importancia (desde lo vital a lo intrascendente) y se presentan con diferente frecuencia (desde lo cotidiano a lo extraordinario). Las normas éticas prestan mayor atención a los problemas según su importancia y frecuencia. Las circunstancias extraordinarias, como situaciones límite o circunstancias rebuscadas, pueden ser más difíciles de resolver. Puede ser interesante poner a prueba un sistema normativo en situaciones límite muy poco frecuentes, como qué se puede hacer si un meteorito amenaza con destruir toda la vida en la Tierra, o qué pueden hacer unos náufragos si no todos pueden salvarse; pero lo esencial de la ética es que sirva para la convivencia cotidiana. Toda organización de seres vivos, sociedad o ecosistema, requiere el cumplimiento de unas normas correctas que permitan su supervivencia. La evolución por selección natural implica la supervivencia de los organismos y grupos mejor adaptados, que siguen normas de comportamiento adecuadas a su naturaleza y a su entorno, y la eliminación de los que no siguen patrones de conducta convenientes. Los seres vivos más simples, con sus capacidades cognitivas limitadas y su comportamiento rígido, se limitan a seguir de forma automática normas instintivas, heredadas. Algunos seres vivos más avanzados son capaces de ejecutar un repertorio de comportamientos distintos y aprender mediante prueba y error, pero sin crítica ni reflexión. Los ensayos, realizados a ciegas y de forma aleatoria, son muy peligrosos y arriesgados, pueden causar daños graves e irreparables. Las sociedades animales más avanzadas tienen sus propias normas primitivas, no argumentativas. La capacidad racional y creativa del ser humano le permite reflexionar explícitamente acerca de sus conductas posibles y sus consecuencias previsibles. La ética es discernible racionalmente. El ser humano puede estudiar las normas, no limitarse a cumplirlas automáticamente. En aquellos ámbitos nuevos, desconocidos o difíciles, en los cuales la razón no puede mostrar las normas éticas adecuadas, debido a las limitaciones intrínsecas de la inteligencia humana, éstas deben ser aprendidas de forma evolutiva mediante la competencia no violenta entre las distintas alternativas, la evaluación de los ensayos, el rechazo de lo fracasado y la imitación y propagación de lo exitoso. El ser humano descubre evolutivamente de forma gradual las normas éticas adecuadas al desarrollo de su naturaleza. Las normas éticas no son convencionales. La ética no es inventada ni diseñada según los deseos de las personas, ni escogida democráticamente entre distintas opciones, ni pactada por consenso al crear la sociedad, ya que la sociedad es un orden espontáneo no diseñado. La creencia de que la ética puede ser determinada por la voluntad humana es errónea y muy dañina, ya que lo esencial de la naturaleza humana es prácticamente inmutable y es absurdo ir en su contra. Es propio de inmaduros, narcisistas y caprichosos creer que todo en el mundo debe adecuarse a su voluntad. Teorías éticas erróneasLos experimentos mentales son adecuados si se razona correctamente, pero resultan catastróficos si la argumentación es errónea, están plagados de falacias y desligados de la realidad. Algunos pensadores han intentado producir una teoría de la justicia imaginando cómo sería diseñada una sociedad si sus miembros razonaran juntos hasta alcanzar un equilibrio reflexivo (un acuerdo estable que no puede ser modificado por más argumentación), teniendo en cuenta que cada individuo vota por el tipo de sociedad que desea tras un velo de ignorancia, sin saber cuál será su posición concreta en dicha sociedad, para así evitar egoísmos indebidos y dar la debida consideración a todos los miembros, especialmente a los menos favorecidos, al considerar los posibles beneficios, costes y riesgos. Esta absurda, mística y a pesar de todo muy prestigiosa teoría refleja una obsesión irracional por los consensos democráticos y una concepción del ser humano como irresponsable, presa del azar e incapaz de actuar y controlar su destino: detrás del velo de ignorancia parece haber espíritus impersonales a punto de encarnarse en el mundo real. Si todas las personas son capaces de razonar argumentativamente, basta con que cada uno lo haga por su cuenta ya que todos deben llegar a las mismas conclusiones. Las personas reales piensan bastante mal y es muy común que muchos queden bloqueados en los mismos errores difundidos de forma demagógica. Cada individuo juzga por sí mismo qué riesgos quiere asumir en función de posibles beneficios y costes, es arrogante pretender que uno sabe qué decisión van a tomar todas los demás. Es completamente contrario a la naturaleza humana el tener en cuenta por igual a todos los demás: toda persona tiene una capacidad finita de preocuparse por otros, y normalmente se dedica más a sí mismo y a los más cercanos. Que las normas éticas sean universales no significa que deban tener especial consideración para los más desfavorecidos, sino que deben tratar a todos por igual. La sociedad es un orden espontáneo complejo, no diseñado y no elegido por consenso. Cada individuo que forma parte de una sociedad se integra en ella o la abandona voluntariamente, y puede relacionarse con otros miembros de múltiples formas. Es prácticamente imposible que todos los miembros de una sociedad sean capaces de razonar de forma adecuada acerca de cuál debe ser la normativa que rija una sociedad. Excepto la unanimidad, cualquier mecanismo de decisión mediante votación es arbitrario y supone la imposición por la fuerza de la voluntad de unos seres humanos sobre otros. Cuando un individuo se integra en una asociación, ambas partes buscan su propio beneficio, conociendo sus capacidades y deseos (no a ciegas), y asumiendo costes, riesgos e incertidumbre. Es imposible conocer en detalle cómo cada individuo valora las diferentes posibilidades y evalúa los riesgos. La ética no puede construirse a partir de concepciones irreales y sin fundamento histórico del ser humano y la sociedad, como la hipótesis de seres humanos antisociales y violentos, todos enemigos de todos, que acuerdan someterse a la voluntad de los gobernantes para conseguir la paz; o la hipótesis de seres humanos que viven felices en estado natural pero que necesitan un contrato social para vivir en grupo. La ética no puede construirse mediante erróneas teorías utilitaristas que pretenden maximizar el bienestar total de la sociedad: la felicidad no se puede cuantificar, ni medir, ni sumar. Ética pragmáticaLa condición necesaria y suficiente para el desarrollo coordinado y armonioso de una sociedad es el cumplimiento de la normativa ética correcta. La paz, la convivencia y la felicidad de los seres humanos dependen de la corrección de la normativa social. En una sociedad humana próspera y pacífica sus individuos constituyentes necesariamente cumplen, consciente o inconscientemente, las normas éticas correctas. Las sociedades humanas problemáticas, donde el desarrollo es difícil, cometen sistemáticamente errores éticos. Los conjuntos normativos basados en la violencia se basan en errores y mentiras y producen descoordinación, impiden el desarrollo y fomentan el odio. La condición de una sociedad de bienestar es el respeto a la propiedad privada y la ausencia de la violencia. Las relaciones humanas civilizadas se basan en la razón, en la persuasión, en el acuerdo voluntario no forzado. El conocimiento ético es enormemente relevante y valioso para todo ser humano, ya que le concierne directamente y al máximo nivel, permitiendo y facilitando su supervivencia y progreso, como individuo y como especie. El ser humano no es capaz de actuar adecuadamente sin ninguna referencia o guía de comportamiento. Las normas éticas reflexionadas y asimiladas son prácticas, señalan las pautas generales adecuadas de actuación dentro de amplios dominios de posibilidades, y advierten de los peligros inevitables de su trasgresión. Una ética correcta debe sustentarse por sí misma en su utilidad real, no puede ser un simple ejercicio de gimnasia mental. Un ser humano maduro conoce las razones de las normas y así puede comportarse de forma plenamente consciente. Es muy importante que el conocimiento ético sea correcto, ya que los errores causan graves perjuicios. La corrupción de la ética es enormemente perjudicial para el ser humano, causa muerte, pobreza, violencia, dolor, frustración, fracaso, estancamiento, desintegración social, odio, resentimiento, retroceso. La razón de ser de las normas éticas es que su incumplimiento siempre resulta peor que su cumplimiento, siempre alguien resulta perjudicado (la propia persona u otros). Las normas éticas sirven para evitar el mal y permitir la consecución del bien de forma universal, pero teniendo en cuenta que lo malo o lo bueno dependen de las valoraciones subjetivas de las personas. Algunas personas eligen conductas contrarias a la ética porque creen subjetivamente que resultan beneficiosas para ellos. Un individuo puede incumplir una norma ética en su propio beneficio causando un perjuicio a otros, pero entonces su norma de comportamiento no es simétrica ni universal, ya que el agresor no acepta que los demás actúen contra él como él actúa contra ellos. Los agresores no se comportan de forma ética porque sus normas de vida no tratan a todos por igual. Algunos pensadores tratan de convencer al agresor de que su comportamiento en realidad le perjudica a largo plazo, pero este esfuerzo puede resultar estéril o incluso patético. Las normas éticas necesitan mecanismos de defensa mediante el uso de la fuerza y el rechazo (castigos, represalias, boicoteos) que hagan que efectivamente la agresión no merezca la pena. Las leyes éticas no son simplemente descriptivas como las leyes que indican las regularidades encontradas por las ciencias naturales. Las normas éticas son leyes prescriptivas que señalan comportamientos adecuados que permiten el progreso de los seres humanos. Los principios éticos son lógicamente vinculantes en el sentido de que si se acepta la definición de normas éticas como universales y adecuadas a los seres humanos es necesario asumir las consecuencias lógicas deducidas de estos axiomas. Las normas éticas no son vinculantes en el sentido de que se imponen por sí mismas a cualquier persona de modo que la conducta siempre será ética. Es físicamente posible incumplir las normas éticas, por lo cual la ética debe incluir ideas acerca de las instituciones sociales que regulen el uso de la fuerza para garantizar su cumplimiento o al menos minimizar su incumplimiento. La ética es necesaria para el progreso humano, pero es posible que no sea suficiente. Las normas éticas son las únicas exigibles mediante el uso de la fuerza, pero no todos los comportamientos compatibles con la ética son igualmente exitosos. Ciertas instituciones morales y sociales (como la familia, el lenguaje, el dinero) pueden ser imprescindibles para el desarrollo humano, y de hecho surgen espontáneamente aunque no puedan imponerse coactivamente ni diseñarse intencionadamente: son instituciones no planificadas que incorporan la experiencia y el conocimiento disperso de enormes cantidades de personas. Moral, tradición y religiónEl conocimiento ético básico es accesible a toda persona dispuesta a usar adecuadamente sus capacidades intelectuales, y puede alcanzarse por diversos procedimientos: reflexión racional, transmisión y aprendizaje, búsqueda heurística con ensayos y evaluaciones, experimentación, observación. Algunas normas éticas pueden incluso formar parte de la herencia genética de la especie humana. Las normas éticas fundamentales son muy intuitivas, prácticamente instintivas, fácilmente comprensibles y asimilables. Las normas incorrectas son engañosas y faltas de fundamentación. El conocimiento ético puede acumularse y transmitirse mediante la cultura en forma de tradición. Esto permite al individuo recibir las experiencias y reflexiones de sus antecesores y beneficiarse de ellas. Si la transmisión cultural no se produce, cada persona se ve obligada a construir desde cero y el progreso es casi imposible. Al transmitir lo aprendido, es necesario explicarlo, mostrar su valor y utilidad, para que el individuo receptor pueda asimilarlo y aceptarlo por sí mismo de forma íntima y convencida. Sin reflexión la tradición se convierte en una moral acrítica, un costumbrismo repetido por inercia de forma reaccionaria, con oposición sistemática al cambio y la novedad. La crítica racional debe estar siempre atenta a los posibles defectos de las normas, para evitar los riesgos de la transmisión de errores. La determinación aleatoria de normas arbitrarias es muy peligrosa, ya que el error es mucho más probable que el acierto (hay muchas más formas de estar equivocado que de tener razón), y el error ético siempre causa daños graves. La moral es aquello que tiende a ser común en las conciencias de los individuos de una sociedad, que provoca una uniformidad en las reacciones de rechazo o aceptación de diversos hechos y comportamientos propios y ajenos. La moral es costumbre, tradición, hábito, patrón generalizado de sensibilidad y conducta, mientras que la ética es racional. La moral es normalmente conservadora, cambia muy lentamente y no justifica, es simple opinión irreflexiva (sea adecuada o no). La ética es conocimiento descriptivo, explicativo y predictivo. La moral no es ni universal, ni permanente, ni simétrica. Los patrones morales no son necesariamente óptimos, pero evolutivamente la moral puede tender a tener los mismos contenidos que la ética. El conservadurismo moral puede tener sentido evolutivamente como un conjunto de normas que han permitido la supervivencia en un entorno estable: los antecesores han seguido estas normas y el grupo ha sobrevivido, imitarles puede ser acertado. Pero si las normas son adaptativas deben estar abiertas a cambios que las mejoren, y en entornos cambiantes las antiguas normas pueden dejar de ser válidas. Algunas normas pueden conservarse aunque no sean adecuadas ni lo hayan sido nunca, simplemente porque son fáciles de asimilar o porque favorecen a los responsables de la administración y propagación de las reglas de comportamiento. Si el conocimiento ético se recibe por transmisión cultural, la falta de crítica y reflexión puede ser muy peligrosa, ya que lo correcto y lo erróneo pueden comunicarse por igual. Si una norma se defiende de forma irracional, si su adhesión es irreflexiva, si se obedece solamente por tradición, la norma puede dejar de ser adecuada y ser perjudicial si las circunstancias cambian y los individuos no son capaces de adaptarse a la nueva situación. Las sociedades que dificultan el pensamiento independiente y la crítica pueden fácilmente seguir de forma ciega y rígida normas nocivas y difíciles de cambiar, a menudo disfrazadas de derecho divino o rodeadas de apelaciones emocionales, manipulaciones de la sensibilidad, miedo o engaño. La ley natural ética es en muchos ámbitos revolucionaria, está en contra del predominio de costumbres ciegamente tradicionales y de la arbitrariedad del autoritarismo. La ética es filosófica, científica, natural y racional, está desligada de la teología y de la religión y no necesita intervenciones extrahumanas ni actos de fe. La religión es una cuestión de fe en entidades trascendentes, un credo inventado cuya demostración es esencialmente imposible. La ética es conocimiento acerca de la realidad humana, la religión es creencia y opinión. Cualquier sistema normativo cuya única fundamentación es una revelación divina, una gracia especial o una apelación a un principio máximo sobrenatural de autoridad y sabiduría es muy sospechoso y puede resultar muy dañino, ya que es una forma habitual de imponer coactivamente normas arbitrarias irracionales diseñadas para perpetuar privilegios o imponer voluntades particulares. Intentar fundamentar la ética en la religión es un error muy grave. Mucha gente tiene fe religiosa en divinidades trascendentes que no existen. Como no existen, no pueden expresar su voluntad ni transmitir conocimiento a los humanos de ninguna manera. Aquellos que dicen haber recibido un mensaje divino son místicos alucinados que predican ideas completamente arbitrarias (correctas o incorrectas) o estafadores deshonestos deseosos de captar la atención de la gente y controlar las vidas ajenas. Los profetas pueden afirmar cosas totalmente contradictorias que presuntamente proceden de la misma divinidad (amor u odio, paz o guerra, perdón o venganza). Tal vez crean de verdad que han recibido una revelación, o quizás simplemente recurren al refrendo divino para reforzar el valor de sus ideas ante la multitud crédula. Para que no resulte demasiado absurdo el mensaje religioso puede racionalizarse y adaptarse a la realidad humana, pero su fundamentación trascendente siempre será un engaño. La fe religiosa, el miedo a los castigos y el deseo de los premios divinos pueden funcionar como mecanismos de control social, como vigilantes automáticos de la moral. El problema es que como la fe es irracional y arbitraria las normas religiosas no necesitan ser adecuadas con tal de que el creyente quede íntimamente convencido. Muchos temen que si se pierde la fe religiosa el resultado será un caos social porque las personas creerán que pueden hacer cualquier cosa; olvidan que los sentimientos morales innatos son previos a las creencias religiosas y no las necesitan para funcionar eficientemente (en realidad los mandatos religiosos se basan en sentimientos morales, y no al revés). Es absurda y reaccionaria la concepción autoritaria de la ética como la necesidad de comportarse de cierta manera exclusivamente por la obediencia a una autoridad o voluntad superior, ignorando cualquier reflexión, deseo o interés personal propio. Los seres humanos actúan de forma racional buscando la satisfacción psíquica que produce alcanzar objetivos que consideran valiosos, y esto es una parte inalterable de su esencia. El acatamiento irreflexivo de imperativos (cumplimiento desinteresado del deber) no es inteligente. Someterse a la voluntad de entidades divinas inexistentes es en realidad someterse a la voluntad de quienes propagan la fe religiosa. Las normas morales pueden utilizarse como mecanismo de manipulación mental y control social, ya que pueden influir en las valoraciones de las personas: un individuo puede actuar para obtener la satisfacción producida por el cumplimiento de una norma aceptada como correcta e importante, o para evitar la insatisfacción, angustia o sentimiento de culpa que produce su incumplimiento. La exigencia de una obediencia absoluta a una autoridad presuntamente sabia y benevolente es un acto de cínica hipocresía o una manifestación de ignorancia. Es una cínica hipocresía cuando lo exige quien se beneficia de una posición privilegiada en un sistema jerárquico coactivo. Es una muestra de ignorancia confiar en la imposible sabiduría y bondad de líderes a los que es obligatorio obedecer. Cuanto más poder se otorga a una autoridad coactiva, más incentivos inadecuados tiene para emplearlo en su propio beneficio a costa de los demás, y menos capacidad para manejarlo. La ética no puede ser impuesta violentamente. Apelar a la ignorancia de las masas para forzar el sometimiento a unas normas es un acto común de demagogia y despotismo. Incluso si las normas de una sociedad son adecuadas, es mejor que las personas las entiendan y asimilen conscientemente, de forma voluntaria y con espíritu crítico. Muchas personas se comportan correctamente sin saber explicar por qué, y otros muchos se comportan de forma incorrecta pero ofreciendo todo tipo de falsas justificaciones. No comprender una norma ética no implica que esta sea errónea, pero el sometimiento ciego a normas es una señal de falta de inteligencia y un gran obstáculo al desarrollo de la misma. La humanidad es madura cuando asume su independencia intelectual. Una actitud sistemáticamente rebelde y revolucionaria, en la que se rechaza violentamente toda tradición de forma irreflexiva, puede ser tan perjudicial como la disposición ciegamente conservadora y reaccionaria. Igualmente insensato es seguir la tradición sin motivo que renunciar a la tradición sin motivo. Conservar lo inadecuado es tan absurdo como renunciar a lo valioso. Las revoluciones violentas no justificadas se basan en errores intelectuales, en una soberbia constructivista que no comprende la naturaleza y las limitaciones del ser humano. Los progresistas a menudo pretender modificar instituciones sociales válidas cuyo funcionamiento no comprenden. La ética debe fundamentarse en la naturaleza integral verdadera del ser humano y de su entorno, con sus capacidades y limitaciones, y no en modelos ideales que no se corresponden con la realidad. La ética no puede descubrirse a partir de concepciones parciales o falsas del ser humano, como el ser humano malvado antisocial que necesita una autoridad que controle su violencia, o el ser humano bondadoso y pacífico y lleno de amor al que todo le está permitido, o el ser humano cuya naturaleza cambia al integrarse en una sociedad.
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