Inteligencia y Libertad

intelib.com
english

Francisco Capella

 

PRAXEOLOGÍA Y ECONOMÍA

Praxeología y economía

La acción humana

La sociedad

Mercado y capitalismo

Especialización e intercambio

Precios, oferta y demanda

Dinero, banca, crédito, interés

Los ciclos económicos

Cooperación, competencia, monopolios

Empresarios, capitalistas, trabajadores

Bienes públicos y externalidades

Inteligencia y Ciencia

Praxeología y economía

Praxeología y economía

La praxeología es la teoría general (el análisis formal) de la acción humana. La praxeología está fundamentada en principios y características esenciales, universales e inmutables de la naturaleza del ser humano. La praxeología no analiza el contenido de la acción humana, sino solamente su forma lógica. Las leyes económicas son universalmente válidas, se cumplen siempre, no dependen de la naturaleza de los fines concretos de cada acción (egoístas o altruistas, materiales o espirituales, refinados o vulgares).

La historia estudia el contenido concreto de las acciones humanas a lo largo del tiempo, los acontecimientos humanos sucedidos en el pasado, interpretándolos mediante la comprensión y la aplicación de teorías. La interpretación histórica requiere teorías previas y juicios de relevancia. El historicismo es la falacia consistente en creer que no existen leyes económicas, que no es posible una teoría formal de validez universal, sino sólo hechos históricos. El historicismo defiende el poder discrecional, la omnipotencia del gobierno no restringido por leyes económicas.

La psicología estudia los contenidos de las decisiones humanas, cómo y por qué las personas eligen determinados objetivos o tienen determinadas conductas. Las ciencias naturales, la tecnología y la ingeniería estudian cómo utilizar medios para alcanzar fines.

La economía es la parte de la praxeología que incluye el estudio de la acción de los individuos aislados y la cataláctica (el análisis de los intercambios voluntarios entre personas en una sociedad extensa). Otras áreas de la praxeología son las relaciones violentas entre individuos (involuntarias por al menos una parte): guerra, política, intervencionismo estatal contra los mercados libres.

La praxeología utiliza lógica verbal, inferencia deductiva y relaciones de causalidad (si se cumple un hecho y ese hecho es antecedente o causa de otro consecuente o efecto, entonces este último hecho también se cumple). La lógica puramente formal o simbólica (principios universales del pensamiento humano) es el fundamento abstracto de la praxeología, al cual se añade el axioma de la acción humana y todas sus circunstancias empíricas particulares. La lógica verbal resultante es una representación de conocimiento significativa, útil, clara y eficiente.

La metodología de la economía es diferente de la metodología de las ciencias naturales. La praxeología y la economía son ciencias apriorístico deductivas: partiendo de axiomas conocidos, verdaderos, evidentes, irrefutables, apodíctico, se deducen teoremas o leyes. Las proposiciones praxeológicas y económicas son sintéticas a priori, no meras hipótesis. La praxeología es diferente de las ciencias físicas o naturales (hipotético deductivas), en las cuales se parte de premisas hipotéticas de las cuales se deducen consecuencias observables que permiten aceptar tentativamente las hipótesis o refutarlas. El axioma de la acción humana (el ser humano actúa) es irrefutable, no puede discutirse sin contradecirse: cualquier intento de demostrar su falsedad es una acción humana que lo verifica. La teoría económica no surge de la observación empírica, sino de la reflexión racional del ser humano pensante y actor. Las leyes económicas son leyes de tendencia ceteris paribus, que indican cómo depende una entidad de otra si todos los demás factores relevantes permanecen constantes, señalan relaciones cualitativas entre diferentes entidades.

La economía es la ciencia que estudia los procesos sociales dinámicos de interacción y coordinación espontánea resultado de la acción humana individual creativa y empresarial en condiciones de escasez e incertidumbre. La economía es básica para la filosofía de la vida, afecta a todas las personas, y es la base de la civilización. La economía no es una mera técnica optimizadora o maximizadora de una función objetiva con unas restricciones dadas en condiciones estáticas de equilibrio, con toda la información sobre fines y medios conocida y constante. La economía es una teoría del proceso dinámico de coordinación social mediante la acción humana, y no solamente una teoría de la decisión.

La economía no analiza el contenido concreto de los fines de la acción humana, ni emite juicios de valor. La economía estudia si los medios son adecuados para los fines. Fines y medios son analizados formalmente como resultado de un flujo continuo de creación, transmisión y procesamiento de información que surge del proceso empresarial de interacciones humanas. Los individuos generan constantemente nueva información al buscar los fines y los medios que consideran relevantes en cada circunstancia particular. El conocimiento respecto a los fines y medios (que son muchos, diversos y cambiantes) no está dado ni es constante, se encuentra disperso en la mente de muchos seres humanos que continuamente lo crean y lo transmiten. Es posible que los actores económicos se equivoquen, se arrepientan, o no aprovechen todas las oportunidades de ganancia.

La economía no debe concebirse de forma estrecha a imagen y semejanza de las ciencias naturales (cientismo, positivismo). La experimentación y la constatación empírica son imposibles (además de innecesarias) en la economía. La historia concreta es producto del funcionamiento conjunto de múltiples factores variables, no controlables y no separables. En la realidad nunca se producen las condiciones de ceteris paribus que permitirían contrastar (confirmar o refutar) empíricamente las leyes económicas. Las mediciones econométricas estadísticas del comportamiento económico son simples registros históricos sin valor teórico, datos concretos contingentes sin validez universal. Resulta absurdo, ineficiente y muy costoso intentar demostrar empíricamente leyes que se saben correctas mediante el análisis lógico: los experimentos económicos resultan enormemente dañinos para los seres humanos. La medición social es muy compleja. Los datos observacionales o experimentales en las ciencias humanas son difíciles de interpretar, pueden estar mal obtenidos y pueden fácilmente manipularse, situarse fuera de contexto, distorsionarse para apoyar una teoría errónea preconcebida.

La economía es una ciencia humanista y se basa en el individualismo y el subjetivismo metodológico. La unidad fundamental de análisis económico es el ser humano protagonista, el emprendedor creativo, el individuo que valora, piensa, elige, decide y actúa según sus preferencias y capacidades subjetivas. Las personas son creativas, responden a incentivos y desincentivos, tienen capacidades limitadas y pueden cambiar de opinión. El ser humano es social, pero son los individuos los que actúan. Estudiar la acción humana aislada antes de analizar las interacciones sociales es un método adecuado de investigación y enseñanza, procediendo de lo simple a lo complejo.

Las ciencias humanas son diferentes de las ciencias naturales y mucho más complejas. La acción humana se explica con términos como intencionalidad (tendencia a la realización de valores), teleología, finalidad, volición, racionalidad. La economía no trata sobre cosas materiales de la naturaleza, sino sobre los seres humanos, su mente, sus ideas, sus apreciaciones y sus acciones. Los conceptos económicos fundamentales no son simples hechos objetivos directamente observables del mundo exterior (los bienes económicos), sino que se refieren a percepciones, pensamientos y valoraciones de los seres humanos (los actores económicos). Las características de las entidades reales son objetivas, pero las valoraciones de las personas son subjetivas: dependen de forma esencial del sujeto que valora (único e irrepetible), y no sólo del objeto valorado.

La economía no es una ingeniería social, y el conocimiento económico muestra que no es posible coordinar la sociedad de forma intervencionista mediante mandatos coactivos. El racionalismo constructivista es en realidad un romanticismo irracional. La economía sirve de apoyo a la ciencia ética para descubrir los principios sociales de comportamiento adecuado, las normas o formas pautadas de comportamiento (instituciones) que son conformes al proceso espontáneo de coordinación humana movido por la fuerza de la función empresarial. La propiedad privada es el principio ético esencial que permite el uso eficiente de los recursos; las intervenciones estatales en el mercado libre son siempre destructivas.

En economía la predicción específica, concreta y detallada (cuantificada y temporalmente precisa) es imposible, debido al carácter complejísimo y constantemente variable de los procesos sociales. Ningún observador puede obtener ni procesar la enorme cantidad de información práctica, subjetiva, dispersa, implícita, tácita, concreta y variable que constantemente están creando y descubriendo de manera descentralizada los actores económicos. El ser humano no puede predecir su conocimiento futuro. La ciencia económica sólo proporciona predicciones seguras de carácter general, cualitativas, de tendencia. La forma universal de la acción humana es perfectamente predecible, pero no así sus contenidos. La predicción tentativa del futuro es función de los empresarios, no de los economistas. Los pseudoeconomistas afirman poder realizar predicciones concretas, pero no lo demuestran en la realidad.

El formalismo de la ciencia económica es la lógica verbal, abstracta y formal. La economía no es una ciencia cuantitativa, y por lo tanto las matemáticas son inútiles e incluso engañosas. Los deseos, las utilidades, las preferencias temporales de los individuos, son subjetivos y no pueden medirse, ni compararse entre distintos sujetos, ni sumarse; las escalas de preferencia (que no tienen existencia independiente de la acción) son conjuntos ordinales sin métrica, no cardinales (cualitativos, no cuantitativos). La matemática es una herramienta potente y sofisticada, pero su uso inadecuado es desastroso. La pseudoeconomía matemática produce análisis de equilibrio, estacionarios, estáticos, sin acción humana. La lógica verbal permite el análisis de procesos dinámicos, y es tan precisa como se requiera. El lenguaje matemático implica en último término una interpretación verbal de sus símbolos.

La utilización de la estadística en la sociedad, considerada como un agregado de elementos humanos, puede servir para realizar estudios sociológicos y de mercado, pero puede resultar absurda y a menudo se utiliza para el control violento por parte del estado. Los seres humanos no son simples ni homogéneos ni constantes, y sus interacciones son muy variadas y complejas. En la sociedad humana nunca hay equilibrio, estabilidad o uniformidad. Los parámetros estadísticos o agregados macroeconómicos (clases globales que presuntamente resumen entidades heterogéneas, como el nivel general de precios o el producto interior de una nación) de las ciencias humanas suelen estar mal definidos, ocultan los fenómenos microeconómicos, enmascaran la complejidad subyacente, las variaciones locales relativas, se abusa de ellos en vez de utilizar unidades incrementales o marginales, y son menos interesantes y relevantes que los comportamientos individuales subjetivos. No existen relaciones funcionales constantes (regularidades cuantitativas) entre las magnitudes macroeconómicas.

Los pseudoeconomistas matemáticos, confundidos por el positivismo e incapaces de entender la enorme diferencia de complejidad entre las ciencias naturales y las ciencias humanas, creen que toda ciencia debe ser experimental y cuantitativa (mediciones), y construyen modelos matemáticos irreales del sistema económico análogos a los modelos de las ciencias físicas (en forma de ecuaciones diferenciales y sus soluciones funcionales). El cálculo diferencial no es aplicable en economía, salvo como una burda aproximación: la acción humana no puede ser estudiada en función de diferencias infinitesimales; los cambios muy pequeños son imperceptibles y pueden tratarse como inexistentes; la acción humana considera incrementos discretos. Las relaciones funcionales de las ecuaciones matemáticas ocultan las relaciones de causalidad. La utilización de métodos estocásticos no es adecuada, ya que los fenómenos económicos son complejos, pero no aleatorios.

Los modelos matemáticos y las hipótesis de trabajo de algunas escuelas macroeconómicas representan situaciones arbitrarias, artificiales, distorsionadas y excesivamente simplificadas, que no tienen nada que ver con la realidad, ni siquiera son aproximaciones ideales utilizables para el análisis. Estos modelos inservibles, desconectados de la realidad de la acción humana, y los datos estadísticos correspondientes, son utilizados por presuntos expertos económicos para realizar recomendaciones políticas e intervenir coactivamente en la sociedad. Estos modelos ignoran los auténticos problemas económicos, no tienen en cuenta la creatividad, la empresarialidad (la fuerza básica del desarrollo económico), la causalidad, las limitaciones cognitivas, la incertidumbre, la obtención, procesamiento y utilización de información, la subjetividad y variabilidad de las valoraciones, el carácter enormememte complejo, dinámico y evolutivo de la sociedad y el mercado, la imposibilidad de medir y computar utilidades.

La acción humana

La acción humana es comportamiento racional, teleológico, intencional. El actor escoge y aplica medios de su entorno según su conocimiento y sus preferencias para alcanzar en el futuro los objetivos elegidos más valiosos. El actor tiene un propósito valioso en su mente, su fin u objetivo, y el deseo de alcanzarlo es el motivo de la acción. El actor pretende alcanzar objetivos, busca satisfacción psíquica, acercarse al placer y huir del dolor. La distinción entre fines y medios como categorías diferentes es una necesidad lógica. Algunos medios pueden haber sido previamente fines, y algunos fines pueden ser medios intermedios para otros fines. Una misma acción puede servir para varios fines distintos, satisfacer objetivos diversos.

El actor cree o espera que ciertas actuaciones le permitan conseguir su objetivo, tiene conocimiento (teórico y práctico, general y particular), creencias o ideas tecnológicas sobre cómo utilizar los medios disponibles para alcanzar su objetivo. Los medios adecuados son útiles para alcanzar los fines deseados. El actor está en un determinado entorno (situación, circunstancias), el cual decide cambiar de algún modo actuando sobre sus elementos, alterándolos, reorganizándolos. El ser humano siempre actúa, la acción es una constante búsqueda de estados más satisfactorios, siempre es posible mejorar, sustituir situaciones menos satisfactorias por otras más satisfactorias.

Los elementos del entorno pueden ser considerados medios (los que puede alterar o consumir en su acción) o condiciones generales (elementos considerados incontrolables). El actor debe producir antes de consumir para satisfacer sus deseos o necesidades. Los factores de producción son la tierra (espacio y recursos naturales), el tiempo, el trabajo y el capital. Los bienes de consumo y uso son objetos (materiales o inmateriales) que son consumidos o utilizados directamente para satisfacer las necesidades y los deseos del ser humano. Los bienes de capital son objetos ya producidos que sirven a su vez para producir otros bienes, herramientas que alargan el proceso productivo para hacerlo más eficiente. Los bienes libres de abundancia prácticamente ilimitada no son bienes económicos, no es necesario economizarlos aunque pueden ser indispensables para la acción. Los bienes económicos se gastan al usarlos.

Un factor de producción peculiar es el conocimiento tecnológico, las ideas o recetas de actuación, la parte cognitiva de la capacidad laboral. Una vez aprendido, el conocimiento se usa sin desgaste, no necesita ser repuesto, pero sí necesita ser economizado, ya que su existencia concreta es limitada. El intento constante del ser humano de disponer de más y mejores bienes de consumo puede conseguirse aumentando la disponibilidad de los otros factores de producción o mejorando el conocimiento tecnológico para aprovecharlos mejor.

La acción consume tiempo, los objetivos se alcanzan en el futuro. La acción humana pretende conseguir en algún instante futuro unas condiciones más satisfactorias para el actor que las que serían en ausencia de dicha acción. Toda acción humana pretende mejorar el estado del individuo según sus valoraciones subjetivas, las cuales son diferentes para distintas personas y variables en el tiempo. El actor puede asumir un dolor temporal para alcanzar un bienestar futuro, o rechazar un placer efímero para evitar un malestar futuro o conseguir un placer mayor. La ley de la preferencia temporal se refiere a la economización del tiempo. El ser humano prefiere alcanzar sus objetivos (ceteris paribus) en el mínimo tiempo posible. Los bienes presentes se prefieren a sus equivalentes futuros.

Toda acción implica valoración (juicios de valor), elección y coste. La acción humana no se debe a la indiferencia, el actor valora de forma diferente los distintos fines posibles. El ser humano incrementa su satisfacción o bienestar (obtiene un beneficio) al alcanzar un fin valioso. El incremento de satisfacción es mayor cuanto más valorado es el objetivo alcanzado. El actor tiene múltiples objetivos posibles alternativos, pero no puede alcanzarlos todos con los medios escasos a su disposición. Los recursos disponibles deben ser economizados, asignados a los fines más valiosos. La valoración de los propósitos del autor se representa conceptualmente mediante su escala ordinal (no cardinal) de preferencias, la cual es una herramienta intelectual para el análisis de la acción sin existencia independiente. Las valoraciones humanas son subjetivas (diferentes para cada persona), resultado de procesos mentales, y se manifiestan y demuestran únicamente en la acción (no en declaraciones verbales posiblemente falsas o carentes de sentido praxeológico). Cada individuo determina por sí mismo si está mejor o peor (o si cree que lo estará) como resultado de un cambio. La toma de decisiones de acción puede ser rápida o lenta, con emociones intensas o leves.

El valor no es una propiedad extensiva, no es algo medible, ni cuantificable (las preferencias sólo pueden ser ordenadas), ni manipulable aritméticamente. No existe la unidad externa, fija y objetiva de valor (de utilidad, de satisfacción). El valor no es una propiedad intrínseca de los objetos. Las comparaciones interpersonales de utilidad son imposibles. La teoría del valor trabajo objetivo es incorrecta y tiene múltiples conclusiones absurdas. Los costes de producción de un bien (cómo se ha obtenido el mismo) no influyen en la valoración del actor económico.

La imputación del valor se realiza mediante el cálculo económico. El valor de los medios económicos depende exclusivamente del valor del fin que se espera obtener con ellos. El ser humano valora los bienes de consumo, y los factores de producción son estimados según su capacidad de producir bienes de consumo. El actor considera utilidades marginales de las unidades incrementales de los bienes económicos, no se consideran todas las unidades del bien globalmente, no hay una suma total de utilidad. El valor de una unidad de factor de producción es el valor marginal descontado (por la preferencia temporal) del producto obtenido con él.

El actor debe elegir según sus preferencias qué fines intentar alcanzar y satisfacer y a qué fines renunciar. Toda acción necesita una elección y tiene un coste, implica alternativas valiosas abandonadas. El coste de oportunidad es el valor subjetivo de la alternativa más valiosa que podría conseguirse y a la cual se renuncia. El ser humano siempre busca más valor por menos coste, quiere más satisfacción que la que puede lograr, pretende obtener el máximo con el mínimo esfuerzo.

La escasez no implica pobreza o falta de lo más básico. La escasez significa que los deseos humanos son esencialmente ilimitados y que nunca existen medios suficientes para satisfacerlos todos. Al perseguir un objetivo valioso hay que renunciar a otros también deseados, hay que tomar decisiones y asumir costes. El ser humano individual actúa intentando alcanzar objetivos que considera valiosos y cuyo coste estima aceptable. Al aumentar la riqueza aumentan las posibilidades de satisfacer deseos humanos, pero también aparecen nuevos deseos. La escasez no refleja una realidad exterior objetivamente medible, es un concepto relacionado con la valoración subjetiva de determinados fines que el actor considera que no pueden alcanzarse en la medida de sus deseos. Las restricciones no vienen dadas solamente por los factores materiales del mundo exterior, sino por el conocimiento humano empresarial. Un problema técnico fundamental de la acción humana es cómo combinar de forma óptima los factores de producción para conseguir la máxima eficiencia y productividad (cantidad de bienes obtenidos por unidad de factor de producción).

Las capacidades cognitivas y el poder de actuación del ser humano son limitados. El ser humano nunca conoce ni controla completamente la realidad, toda acción está cargada de incertidumbre y riesgo, y puede tener consecuencias no previstas, deseadas o no deseadas. El error es posible. La acción es racional en el sentido de que el actor actúa como cree que debe hacerlo para alcanzar los fines deseados. El actor especula, considera los resultados previsibles de su acción, intenta estimar la evolución futura de los acontecimientos, pero no puede conocer todas las posibles alternativas y consecuencias presentes o futuras. La acción es mucho más compleja si involucra otros seres humanos. El contenido de las elecciones futuras (tanto propias como ajenas) es impredecible. El actor considera ex ante que su acción será beneficiosa, pero no puede saberlo con absoluta certeza, puede tener pérdidas si el estado final resulta peor que el inicial. El conocimiento puede ser defectuoso (las opiniones o creencias del actor no se corresponden con la realidad), de modo que la utilización de los medios puede no producir el fin deseado. Como la acción lleva tiempo y las preferencias no son constantes, el actor puede cambiar de opinión, arrepentirse, abandonar la acción o lamentar ex post su ejecución. La vida es un proceso de aprendizaje y maduración que facilita el reconocimiento de los engaños y las tentaciones (aquello que parecía falazmente atractivo).

La ley de la utilidad marginal decreciente es consecuencia lógica de los axiomas de acción humana y de la teoría subjetiva del valor, no es una ley psicológica o fisiológica de saturación que explique cómo evoluciona la escala de preferencias. Cada unidad de un bien tiene diferente valor o utilidad. La ley de la utilidad marginal decreciente indica que, asumiendo constante la escala de preferencias, cuanto mayor (menor) es la disponibilidad de un bien, menor (mayor) es el valor de la unidad marginal (la menos valiosa de las disponibles). Las distintas unidades intercambiables de un bien se asignan primero a los objetivos más valiosos. La unidad marginal se utiliza para satisfacer el objetivo menos valioso de todos los objetivos satisfechos. La utilidad de más unidades es mayor que la utilidad de menos unidades. Cuanto mayor es la disponibilidad de medios económicos, más fines pueden ser satisfechos y menos valiosos son los objetivos que se abandonan, el coste de la acción es menor.

Para aumentar la producción de bienes el actor puede trabajar más tiempo y de forma más eficiente (con más y mejores bienes de capital y recetas tecnológicas), o usar más recursos naturales. Los recursos naturales se utilizan o no según su accesibilidad y productividad. El trabajo puede ser o no ser satisfactorio por sí mismo, pero siempre implica renunciar al descanso, el cual es empíricamente un bien de consumo valioso. El actor trabaja si valora más lo obtenido que el descanso (ocio, entretenimiento) al que debe renunciar. El descanso es necesario para mantener la capacidad de trabajo.

Los bienes de capital son fases intermedias del proceso productivo. El aumento de la cantidad y calidad de bienes de capital y de la duración de los procesos productivos aumenta la productividad. El capital es reducible a trabajo, bienes naturales y tiempo. Algunos fines humanos sólo pueden ser satisfechos si ciertos bienes de capital están disponibles. Para producir bienes de capital es necesario ahorro (restricción del consumo) e inversión (transferencia de los recursos ahorrados). No hay inversión posible sin ahorro previo. El actor puede ahorrar y acumular bienes como previsión para su consumo futuro. Los bienes de capital prueban su utilidad sólo en el futuro. Debido a la preferencia temporal, los bienes de capital sólo se producen si el valor presente del aumento de productividad esperado compensa el sacrificio presente. Si la preferencia temporal es mayor, la formación de capital es menor. Si no hubiera preferencia temporal el ser humano no consumiría nada, sólo ahorraría e invertiría. La incertidumbre en la acción humana es más importante conforme se alargan los procesos productivos. Los bienes de capital no son eternos, tienden a consumirse al ser usados, y deben ser mantenidos, renovados y mejorados con más ahorro e inversión.

La sociedad

Los seres humanos pueden intentar alcanzar sus objetivos individualmente, de forma autónoma, independiente y autosuficiente, o relacionarse de forma interdependiente con otras personas, integrándose en una sociedad. El ser humano tiende de forma natural a relacionarse y convivir con otras personas, lo cual permite y facilita la supervivencia y desarrollo de los individuos y de la especie humana. El ser humano es un animal social con capacidades afectivas y cognitivas para la conexión, la amistad y el amor. Todo ser humano tiene como mínimo relaciones con la familia o el grupo en el que nace y se desarrolla.

La sociedad libre es un orden espontáneo, un sistema autoorganizado formado por individuos propietarios relacionados de forma voluntaria. Los elementos del sistema social son las personas, y las relaciones entre ellas son interacciones pacíficas mutuamente beneficiosas. Las relaciones pueden ser informales o formales, si están definidas y regidas contractualmente. La sociedad libre es un orden complejo que no puede ser diseñado, ni impuesto por la fuerza, ni organizarse de forma coactiva. La sociedad no tiene una existencia independiente de los individuos que la forman y cuyas acciones determinan su carácter.

La sociedad significa civilización y avance. El ser humano entiende fácilmente las ventajas de la sociedad, ésta no necesita ser impuesta. La competencia entre los seres humanos por los recursos escasos que necesitan no es conflictiva si se respeta el derecho de propiedad. Si los recursos pueden ser producidos en instancias múltiples, el que haya más demanda de los mismos hace que se incremente la oferta. La mayor productividad de la división del trabajo permite aumentar la disponibilidad de bienes y posibilita las relaciones pacíficas y cooperativas. En vez de matarse para sobrevivir, los seres humanos cooperan por pura conveniencia personal, ya que un mercado libre les permite mejorar su situación. La cooperación social es un medio de alcanzar el interés propio mucho más eficiente que el conflicto social. Los seres humanos valoran la sociedad porque les resulta beneficiosa.

Los seres humanos se asocian e interaccionan con otras personas para sobrevivir, prosperar y alcanzar sus objetivos de forma más eficiente. Las asociaciones libres y voluntarias de las personas constituyen la sociedad civil: familias, escuelas, asambleas, iglesias, clubes, fraternidades, sociedades civiles y mercantiles, comunidades de vecinos, empresas, sindicatos, cámaras de comercio. Las asociaciones pueden perseguir beneficios materiales (comerciales, monetarios, empresariales) o espirituales (emocionales). Estas asociaciones existen para conseguir propósitos específicos uniendo esfuerzos, pero la sociedad como un todo no tiene ningún propósito concreto, es el resultado espontáneo emergente y no intencionado de todas las relaciones humanas.

Una sociedad humana extensa puede formarse por la evolución natural de las familias y los grupos tribales primitivos más competitivos y eficientes. Los sentimientos de amistad y de pertenencia a un grupo facilitan su cohesión y mantenimiento, pero no son estrictamente necesarios para producir una sociedad (y en cierto modo son más bien efectos de la misma). La sociedad no requiere ninguna comunión mística. Los individuos razonan y pueden comprender los beneficios de la actuación colectiva y del incremento de productividad de la especialización y el intercambio.

La acción humana puede ser aislada (la persona produce para sí misma de forma autónoma o autosuficiente, porque lo prefiere así o porque no hay otra posibilidad) o incluir la participación e interacción de varios individuos, de forma voluntaria (sociedad libre o contractual, mercado, las personas producen e intercambian bienes) o involuntaria (violencia, intimidación, robo, asalto, esclavitud, asesinato, relaciones hegemónicas). En una relación voluntaria ambas partes resultan beneficiadas, sin importar que sus intenciones sean egoístas o altruistas. La persona violenta se beneficia a expensas de su víctima, quien sufre pérdidas por la agresión. El violento es un parásito improductivo que destruye o confisca bienes a las personas productivas, vive a costa de los demás. Una persona puede abstenerse de utilizar la violencia por razones morales (la desprecia, hiere su sensibilidad, valora la paz y la justicia), o por razones utilitarias (los costes y los riesgos de la agresión son altos, y los beneficios bajos, puede haber represalias). La persona sabia valora las consecuencias positivas a largo plazo de la paz frente a las ganancias a corto plazo del pillaje.

Un acto de agresión puede terminar con un éxito de la acción defensiva de la persona agredida, un cese pacífico de la lucha, o una victoria del agresor con el consecuente asesinato o robo. En lugar de asesinar a su víctima, el agresor puede esclavizarlo, lo que origina una relación hegemónica de mando y obediencia entre amo y siervo (dictador y súbdito, señor y vasallo). El esclavo trabaja para su amo bajo amenazas continuas de violencia. El amo explota al esclavo, lo trata como un factor de producción animal, lo cuida el mínimo necesario para mantener su capacidad productiva. El esclavo no acepta voluntariamente su situación, pero no se rebela por miedo al castigo.

Una sociedad puede ser libre o violenta en distintos grados. En el mercado cada participante es igualmente libre, decide por sí mismo sus relaciones e intercambios mutuamente beneficiosos, sin interferencias violentas. Cada persona se relaciona o deja de hacerlo según sus preferencias y capacidades (y las de los demás). Cada participante tiene diferente poder o riqueza (número y calidad de alternativas) según la distribución de propiedad. La propiedad es resultado del trabajo eficiente, del servicio a los demás, del conocimiento y de las preferencias de las personas. En un mercado libre cada productor, al producir para intercambiar, debe considerar las capacidades y preferencias de los consumidores si quiere tener éxito y enriquecerse. Son los consumidores soberanos, al comprar o al abstenerse de hacerlo, quienes deciden en último término qué bienes deben ser producidos y cómo. El mercado libre es una institución que permite una sociedad cooperativa y coordinada. Una sociedad hegemónica es violenta, asimétrica y descoordinada: los parásitos o depredadores explotan a los productores y se benefician a costa de perjudicarlos. Las sociedades hegemónicas son juegos de suma cero o negativa (uno gana sólo si otro pierde).

Mercado y capitalismo

El mercado libre se basa en las relaciones contractuales de intercambio voluntario de títulos de propiedad sobre bienes. Si dos personas intercambian bienes diferentes (cada persona da o vende un bien y a cambio recibe o compra otro bien), ambas lo hacen porque esperan beneficiarse de su participación en la relación de compraventa. Ninguna persona está obligada por la fuerza a participar en el mercado. Una sociedad libre respeta la propiedad privada, al contrario que las sociedades hegemónicas o estados basados en la violencia. El mercado no es un juego de suma cero, es necesariamente un juego de suma positiva. En la sociedad libre una persona tiene que beneficiar a otros (como consecuencia inevitable, intencionada o no) para beneficiarse a sí mismo.

El mercado es el sistema económico de producción y distribución de bienes y servicios mediante intercambios comerciales voluntarios (libres y mutuamente beneficiosos) de títulos de propiedad entre las personas, que por un lado son productores especializados y por otro son consumidores generalistas. Si un individuo no se relaciona con otras personas, si permanece aislado, debe producir por sí mismo todo lo que desea consumir. Si el ser humano puede relacionarse con otros individuos e intercambiar productos y servicios con ellos, aumenta enormemente su rango de posibilidades, sus oportunidades de ganancia. Debido a la variedad de habilidades e intereses de los individuos y la diversidad de recursos y circunstancias naturales, los seres humanos tienen la oportunidad de especializarse en la producción de algún bien o servicio para intercambiarlo por otros, incrementando la eficiencia y el nivel de vida.

El mercado es el sistema social (y el conjunto de procesos correspondientes de procesamiento de información) de organización óptima de recursos escasos: de forma sostenible minimiza los costes, aumenta la productividad, aprovecha los talentos de los individuos y atiende a sus deseos, y estimula la innovación y la creatividad. La acción libre de los individuos genera el bienestar colectivo, la riqueza, el progreso, la civilización, la armonía. El estado no crea riqueza, ni actúa de árbitro o moderador del mercado. La injerencia estatal es una agresión parasitaria que dificulta el desarrollo social. Las barreras proteccionistas que impiden el comercio libre (los intercambios voluntarios) benefician a unos pocos productores con conexiones políticas a costa de perjudicar a todos los consumidores, dificultan el proceso de división del trabajo, la especialización, la localización óptima y eficiente de recursos, y los aumentos de productividad.

Los actores económicos son individuos con deseos y capacidades (sus propiedades o recursos disponibles), conocimiento técnico (objetivo, de ingeniería) y especulaciones acerca de la realidad (que incluye otras personas con similares características) y de su evolución futura, y actúan en función de todo ello. Las personas que tienen la mejor combinación de características aciertan y son recompensados con más poder, con más propiedad; los que se equivocan o fallan pierden poder. El proceso de premios y castigos continúa indefinidamente, sin que los éxitos o fracasos pasados garanticen el comportamiento futuro.

La ley económica de las ventajas comparativas (ley de asociación, ley de costes comparativos) muestra que el mercado es una institución beneficiosa para todos sus participantes. Las personas pueden especializarse e intercambiar sus productos, con beneficio para todos, incluso aunque algunos individuos sean mejores que otros en todas las especialidades o líneas de producción imaginables. A los individuos más capaces les resulta beneficioso concentrar sus esfuerzos en las tareas que les resultan relativamente más productivas, dejando las otras para otras personas. En un mercado libre de intercambio voluntario, el fuerte no devora ni destruye al débil; los débiles se aprovechan de las ventajas del aumento de la productividad, porque a los fuertes les resulta beneficioso hacer intercambios con ellos. La división entre fuertes y débiles es, hasta cierto punto, arbitraria. En el mundo real hay individuos que destacan en una o en unas pocas actividades. La inmensa mayoría de las personas son capaces de ofrecer algo interesante a los demás. El mercado facilita la variedad, la diversidad de deseos y capacidades.

El mercado es un subsistema propio de la sociedad. Existen realidades humanas no comercializables, no intercambiables, que forman parte de la sociedad pero no del mercado: no todas las relaciones sociales son mercantiles. No todas las acciones humanas son mercantiles, pero todas las acciones humanas cumplen las leyes de la praxeología y la economía. No existen por un lado los valores económicos y por otro lado los valores humanos: todos los valores son simultáneamente humanos y económicos.

La economía de mercado no es caótica. El mercado no tiene ni necesita un plan de funcionamiento centralizado y gestionado por burócratas o tecnócratas. El mercado es un orden espontáneo que resulta de la coordinación local de los planes individuales de sus participantes. El mercado es racional porque permite el cálculo económico. Los procesos competitivos permiten el aprovechamiento del conocimiento disperso en la sociedad y el descubrimiento de las actividades productivas adecuadas a los deseos y capacidades de los participantes, coordinando lo que se quiere y lo que se puede conseguir.

El capitalismo, el sistema de organización social y económica de mercado libre, está basado en el derecho individual de propiedad, y es el único sistema ético y eficiente para la creación y la distribución de la riqueza. Todos los bienes, de consumo y de producción, son propiedad privada. Los seres humanos no iguales deciden pacífica y voluntariamente sobre múltiples asuntos. Al decidir como consumidor en un mercado libre, el hombre es más experto e incorruptible que como votante en un sistema democrático, ya que sus decisiones son relevantes y le afectan directamente, lo cual le incentiva a informarse, aprender y actuar adecuadamente. Los consumidores deciden en último término qué debe producirse y cómo. El derecho de los empresarios para disponer de los medios de producción se obtiene mediante la aprobación constante de los consumidores en el mercado. En un mercado con división de trabajo (especialización) e intercambios, cada productor debe satisfacer a los consumidores de la manera más apropiada a sus deseos y necesidades.

El mercado libre es la única institución social capaz de coordinar de forma óptima, mediante los incentivos adecuados, los deseos y capacidades de todos sus participantes. El mercado libre produce eficientemente, utilizando los recursos disponibles, la combinación de bienes y servicios que satisface más a la gente. Las empresas en un mercado libre no disfrutan de privilegios ilegítimos. Las empresas que producen lo que los consumidores desean a precios que están dispuestos a pagar, triunfan, son recompensadas y atraen más recursos a su actividad. Las que no lo hacen fracasan y liberan sus recursos. La competencia produce una selección evolutiva, pero no necesariamente de individuos, sino de formas de hacer las cosas.

Un mercado es libre si los derechos de propiedad son legítimos y se respetan los contratos libremente pactados. En una sociedad libre ninguna persona está legitimada para imponer por la fuerza condiciones a los demás, como precios máximos o mínimos, regulación de características de bienes o servicios, o calendarios y horarios comerciales o laborales. El productor no está obligado a producir lo que los consumidores quieren, pero sólo triunfa si sirve adecuadamente a los demás, y fracasa si no lo hace. El consumidor no puede obligar al productor a producir algo, ni obligarle a venderle algo, ni prohibirle producir o vender algo. El productor no puede obligar al consumidor a consumir algo, ni a comprarle algo, ni prohibirle consumir o comprar algo. Los consumidores pueden controlar la calidad de los productos si pueden negarse voluntariamente a adquirirlos.

El mercado requiere y fomenta la confianza entre las personas que cumplen lo que pactan. El mercado recompensa la honradez, ya que las personas están más dispuestas a relacionarse con profesionales y empresas que tienen buena reputación. En el mercado los individuos sirven a los demás para satisfacer su propio interés, y ninguna parte abusa de otra, sino que ambos se aprovechan de lo que el otro quiere. Toda persona intenta aprovechar al máximo sus capacidades y circunstancias favorables, sean cuales sean. En una sociedad libre la riqueza se consigue recibiendo regalos (como la herencia) o satisfaciendo los deseos de los demás, sirviendo a la sociedad.

El mercado permite las relaciones entre grandes cantidades de personas desconocidas entre sí. El sistema de precios permite la coordinación del mercado, indicando a los participantes los deseos y capacidades de consumidores y productores. El cálculo económico racional es el juicio estimativo que realiza un actor sobre el resultado y el valor de las distintas alternativas de acción, utilizando información real, no arbitraria, acerca de las posibilidades y deseos de los actores económicos, y considerando que la acción lleva tiempo y que deseos y posibilidades están sujetos a cambio. El empresario utiliza la información actual de precios de mercado, estima la evolución futura de los acontecimientos y toma decisiones. El cálculo económico racional requiere propiedad privada, precios de intercambio (en unidades monetarias para poder relacionar la gran variedad de bienes de una economía desarrollada), y el test de beneficios y pérdidas. Una empresa es eficiente si obtiene beneficios, y es ineficiente si obtiene pérdidas (hay usos alternativos más valiosos para los recursos consumidos). Sin estas señales, el actor económico no tiene forma de determinar si sus acciones son adecuadas o no.

Los intercambios en un mercado libre relacionan y muestran las capacidades y preferencias de las personas, conectan el ámbito subjetivo y ordinal de las valoraciones individuales con el ámbito objetivo, cardinal y cuantitativo de los precios de mercado, y posibilitan el cálculo económico racional. La coacción contra la propiedad privada imposibilita el cálculo económico: impide por la fuerza la acción humana y los intercambios libres, de modo que imposibilita la aparición, difusión y utilización por los actores individuales de la información que es necesaria para la coordinación de la sociedad.

Especialización e intercambio

Un bien puede consumirse, intercambiarse, o guardarse para su consumo o intercambio futuro. Un intercambio se produce si y sólo si cada parte posee un bien menos valorado que el bien que posee la otra parte (los dos bienes intercambiados tienen situaciones relativas inversas en las escalas de preferencia de los participantes), ambas partes tienen conocimiento de la otra parte y de la posibilidad del intercambio, los costes de transacción son aceptables, y no existe ninguna otra oportunidad conocida mejor (presente o estimada futura) para ninguno de los participantes. La razón del intercambio es que cada parte valora más lo que recibe que lo que entrega. Un intercambio no supone igualdad de valoraciones. Los bienes intercambiados pueden ser cualquier tipo de bienes económicos: presentes o futuros, materiales o inmateriales, bienes de consumo o factores de producción, trabajo, bienes naturales. El regalo es un tipo particular de intercambio en el cual una parte da algo sin recibir nada a cambio (recibe satisfacción psíquica o espera establecer una buena relación con beneficios futuros).

Si cada parte posee varios bienes intercambiables en unidades homogéneas, se producen intercambios mientras ambas partes resulten beneficiadas, mientras que la utilidad marginal de la unidad recibida sea mayor que la utilidad marginal de la unidad entregada. La ley de la utilidad marginal decreciente indica que los intercambios pueden terminar antes de que todas las unidades se hayan intercambiado, ya que la utilidad marginal de las unidades recibidas decrece y la utilidad marginal de las unidades entregadas crece.

En una economía aislada los bienes tienen solamente valor de uso directo. Cada actor debe producir todo lo que quiera consumir de forma autárquica. En una economía de mercado con división del trabajo las posibilidades aumentan, los bienes tienen también valor de intercambio, ya que los actores pueden especializarse en un área de producción para comerciar con los demás. Los intercambios se producen mientras que el valor de intercambio sea mayor que el valor de uso directo. La praxeología muestra que los intercambios voluntarios sólo pueden producir ganancias, que la posibilidad de intercambiar es siempre mejor que la imposibilidad de hacerlo. Empíricamente se comprueba que los mercados posibilitan grandes aumentos de productividad y satisfacción de los participantes, debido a la enorme variedad de los seres humanos y su entorno natural.

Los impedimentos, dificultades, limitaciones o prohibiciones de los intercambios voluntarios son obstáculos contrarios al progreso humano. La violencia conduce a la pobreza, con el resultado probable de una fiera lucha por la posesión de los recursos escasos necesarios para la mera supervivencia. La violencia (entendida como cualquier agresión a la propiedad privada y a la libertad de contratación) produce odio y resentimiento, que a su vez fomentan más violencia. El comercio es la actividad de intermediación entre productores y consumidores, la distribución de bienes económicos. El proteccionismo implica beneficiar a unos productores privilegiados de forma arbitraria a costa de perjudicar a todos los demás productores y a todos los consumidores. Las barreras al libre comercio tienden a producir guerras entre estados proteccionistas.

Los bienes tienen valores de uso e intercambio diferentes y variables para los vendedores y compradores potenciales. La relación entre ambos valores determina lo que cada participante hace con el bien, consumirlo o intercambiarlo. Un factor importante en esta relación son las existencias del bien, el número de unidades disponibles del mismo. La ley de la utilidad marginal indica que un aumento (disminución) de las existencias disponibles del bien disminuye (aumenta) su utilidad marginal para uso directo, lo cual hace que sea más (menos) probable que sea menor que su utilidad marginal para intercambio. Cuanto mayores sean las existencias del bien, mayor es la probabilidad de que el bien se intercambie.

La especialización puede deberse a distintas circunstancias del actor y de su entorno: capacidad y atractivo de los distintos tipos de actividad laboral, preferencias del actor y de los otros miembros de la sociedad (valores de uso y de intercambio de los distintos bienes cuya producción es posible), localización y disponibilidad de recursos naturales, existencia de bienes de capital. Los individuos tienden a concentrarse en las tareas para las cuales son más eficientes, ya que reciben mejores recompensas económicas, y la productividad aumenta. La especialización tiende a reforzarse a sí misma, ya que la práctica continuada tiende a mejorar la capacidad laboral, con los límites del aburrimiento y el riesgo de tener pocas capacidades fijas en un mundo cambiante.

El alcance de la especialización depende de la extensión del mercado, de las posibilidades de intercambio. Cuantas más personas participen en el mercado, más oportunidades existen de especialización e intercambio, más personas pueden producir y recibir mayores cantidades de bienes más diversos. Cuanto más extenso es un mercado, más predomina el valor de intercambio sobre el valor de uso en las decisiones de los productores, de modo que cada actor tiene más en consideración las capacidades y deseos de los demás. La mayor extensión del mercado disminuye el riesgo de pérdidas por cambios particulares de preferencias. Los mercados son permanentes y tienen una estabilidad fundamental: las necesidades básicas de los seres humanos se renuevan constantemente, lo cual requiere una producción continua de bienes y su posterior distribución. Los empresarios están atentos para detectar las oportunidades que brindan las condiciones cambiantes.

Precios, oferta y demanda

El precio de un bien en función de otro es la tasa o relación de intercambio entre los dos bienes (cuánto de uno por cuánto del otro), expresada en función del otro bien. El precio de un bien en un mercado libre está determinado por la oferta y la demanda de vendedores y compradores potenciales. En un intercambio, como en cualquier acción, el actor intenta maximizar su beneficio. Todos los actores quieren más por menos. Siendo todos los demás factores relevantes iguales, el vendedor prefiere vender al precio más alto posible, y el comprador prefiere comprar al precio más bajo posible. La determinación del precio de intercambio es resultado de las valoraciones subjetivas de los participantes. Los vendedores tienen un precio mínimo de venta (por debajo del cual no están dispuestos a vender), y los compradores tienen un precio máximo de compra (por encima del cual no están dispuestos a comprar).

En un intercambio entre dos partes aisladas, el intercambio sucede si el precio mínimo de venta es menor que el precio máximo de compra; el precio del bien se encuentra entre ambos, y su determinación precisa depende de condiciones concretas como la habilidad negociadora de los participantes (en un proceso de regateo cada parte intenta persuadir a la otra, ocultando sus preferencias y averiguando en lo posible las preferencias de la otra parte para así empujar el precio en la dirección deseada). Las negociaciones tienden a ser más largas en un mercado nuevo, donde las condiciones no son familiares, y más cortas en un mercado establecido con más experiencia y conocimiento de resultados de intercambios previos.

Cuantas más partes potenciales participan en un intercambio, menor es la zona de negociación. Si cada posible participante valora igualmente lo que los demás ofrecen, el único factor determinante es el precio. Con un vendedor y varios compradores, el precio está entre el precio máximo de compra del comprador más capaz (el que tiene el mayor precio máximo de compra) y el del siguiente comprador más capaz. La zona de negociación se reduce hacia arriba, debido a la competencia entre compradores que incrementan sus ofertas en beneficio del vendedor. Con un comprador y varios vendedores, el precio está entre el precio mínimo de venta del vendedor más capaz (el que tiene el menor precio mínimo de venta) y el del siguiente vendedor más capaz. La zona de negociación se reduce hacia abajo, debido a la competencia entre vendedores que reducen sus demandas en beneficio del comprador.

El caso más general de un intercambio es la competencia bilateral de compradores y vendedores (varios compradores y vendedores potenciales). Los compradores tienden a comenzar las negociaciones proponiendo precios de compra tan bajos como sea posible, y sólo aumentan sus pujas para permanecer en el mercado, hasta que el intercambio se produce o el precio supera su precio máximo de compra y son excluidos del mercado. Los vendedores tienden a comenzar las negociaciones proponiendo precios de venta tan altos como sea posible, y sólo disminuyen sus exigencias para permanecer en el mercado, hasta que el intercambio se produce o el precio supera su precio mínimo de compra y son excluidos del mercado.

La oferta de un bien en un mercado a un precio dado es la cantidad total ofrecida para la venta por los vendedores a ese precio. La demanda de un bien en un mercado a un precio dado es la cantidad total demandada para la compra por los compradores a ese precio. La oferta es una función monótonamente creciente con respecto al precio (al aumentar el precio, la oferta permanece constante o aumenta; al disminuir el precio, la oferta permanece constante o disminuye). La demanda es una función monótonamente decreciente con respecto al precio (al aumentar el precio, la oferta permanece constante o disminuye; al disminuir el precio, la oferta permanece constante o aumenta). La oferta y la demanda se refieren a un bien económico dado, no tiene sentido hablar de ofertas o demandas agregadas (sumas de distintos bienes no homogéneos).

Cada persona tiene un precio mínimo de venta y un precio máximo de compra para cada unidad del bien. Para unidades sucesivas, el precio mínimo de venta aumenta (tiene menos unidades disponibles para la venta) y el precio máximo de compra disminuye (ya ha adquirido varias unidades) debido a la ley de la utilidad marginal decreciente. Cada individuo tiende a demandar más unidades si el precio disminuye, y a ofrecer más unidades si el precio aumenta.

Dado un precio inicial bajo, el precio tiende a aumentar por la competencia entre los compradores (demandantes) que aumentan sus pujas, los compradores menos capaces son progresivamente excluidos del mercado, los vendedores menos capaces son progresivamente incluidos en el mercado, la oferta aumenta y la demanda disminuye hasta que se alcanza el precio de mercado en el cual oferta y demanda son iguales. Dado un precio inicial alto, el precio tiende a disminuir por la competencia entre los vendedores (ofertantes) que disminuyen sus exigencias, los vendedores menos capaces son progresivamente excluidos del mercado, los compradores menos capaces son progresivamente incluidos en el mercado, la oferta disminuye y la demanda aumenta hasta que se alcanza el precio de mercado, el único en el cual oferta y demanda son iguales.

Los vendedores más capaces venden el bien y los compradores más capaces compran el bien. Las posesiones y preferencias de los participantes menos capaces les excluyen del mercado. El menos capaz de los vendedores que permanecen en el mercado es el vendedor marginal, el primero en ser excluido por una disminución del precio. El menos capaz de los compradores que permanecen en el mercado es el comprador marginal, el primero en ser eliminado por un aumento del precio. Los vendedores y compradores excluidos son participantes submarginales.

El precio de mercado permite liquidar el mercado: se realizan todos los intercambios posibles a ese precio, no hay incentivos para los compradores para ofrecer más ni para los vendedores para demandar menos. A precios distintos al de mercado hay compradores o vendedores insatisfechos. A un precio más bajo hay exceso de demanda (o escasez de oferta); a un precio más alto hay escasez de demanda (o exceso de oferta). El bien tiende a ser intercambiado al precio dominante de mercado, dependiendo del conocimiento de los participantes (incentivados para obtener información para negociar en su beneficio, siempre que el coste de obtención de la información sea aceptable). Si un comprador (vendedor) está bien informado, puede cobrar (pagar) lo mismo que el comprador (vendedor) marginal. Los compradores (vendedores) supramarginales obtienen un beneficio añadido, ya que están mejor que si el precio hubiera sido mayor (menor). La existencia de discrepancias entre precios de un bien genera fuertes incentivos para su aprovechamiento y eliminación por parte de los empresarios (obtienen beneficios especulando, comprando barato y vendiendo caro), lo cual tiende a establecer un precio uniforme en todo el mercado.

Si los vendedores venden demasiado barato, los compradores se apresuran a comprar y se produce escasez; los vendedores se dan cuenta de que pueden obtener más y aumentan los precios. Si los vendedores venden demasiado caro, los compradores potenciales no compran y se producen excesos de inventario; los vendedores se dan cuenta de que deben disminuir sus precios para liquidar los excedentes. Si los compradores proponen precios demasiado bajos, no encuentran vendedores dispuestos a intercambiar y deben aumentar sus pujas. Si los compradores proponen precios demasiado altos, encuentran múltiples vendedores dispuestos a competir entre sí, lo cual el comprador aprovecha para bajar el precio.

En algunos mercados los vendedores hacen públicos los precios que reclaman por sus productos, y cada consumidor escoge entre ellos. Otros mercados funcionan como subastas en las cuales los distintos compradores hacen públicos los precios que están dispuestos a pagar por un determinado bien, y su vendedor escoge la mejor oferta. En los mercados avanzados tanto vendedores como compradores realizan propuestas competitivas de forma pública y en tiempo real.

La oferta y la demanda del bien determinan el precio de mercado del bien y la cantidad de bienes intercambiados. La oferta y la demanda son funciones discretas del precio y no pueden ser conocidas en sus detalles concretos por ninguna persona. Sólo puede conocerse la forma general del proceso de determinación del precio de mercado a partir de la oferta y la demanda. La oferta y la demanda dependen de las posesiones y las escalas de preferencia subjetivas de los individuos (precios mínimos de venta y precios máximos de compra), las cuales pueden variar con el tiempo. En un instante dado, las existencias disponibles de un bien suponen un límite máximo al número de intercambios posibles.

Los mercados son dinámicos: los cambios en la oferta y la demanda producen cambios en los precios, y los cambios en los precios alteran las conductas de los participantes en el mercado. El precio de mercado varía según cambian las capacidades (aptitudes) y las preferencias (actitudes) de las personas. Siendo todo lo demás constante, un aumento (disminución) de la oferta causa una disminución (aumento) del precio de mercado, y un aumento (disminución) de la demanda causa un aumento (disminución) del precio de mercado.

Los precios de mercado no reflejan una equivalencia de valor, sino que muestran que los contratantes valoran los bienes intercambiados de un modo diferente. El ser humano al actuar no cuantifica ni mide utilidades, sino que las ordena en escalas valorativas. La igualdad de las utilidades marginales ponderadas por el precio carece de sentido teórico. Que dos personas estén dispuestas a pagar el mismo precio por un producto no significa que lo valoren igual. Los precios de los distintos bienes y sus variaciones proporcionan a los actores económicos información condensada acerca de la disponibilidad y escasez relativa de recursos, de las preferencias y capacidades de las personas, de los bienes que pueden ser producidos con beneficio (por ser los más valorados por los consumidores), y de las formas más eficientes (menos costosas) de producirlos. Un precio resume una enorme variedad de detalles y circunstancias particulares que los actores económicos no necesitan conocer. La generación y la transmisión de la información mediante los precios permiten la coordinación social.

Los precios no pueden ser inventados por el estado (crea distorsiones e ineficiencias), y no pueden basarse en los costes de producción (los cuales se adaptan a los precios, y no al revés). Los precios se basan en la existencia de la propiedad privada y la libertad de contratación, y deben evolucionar libremente para reflejar los cambios de la realidad económica. El precio justo es el precio de mercado, resultado de acciones libres y voluntarias de todos los participantes. La fijación de precios o la imposición de precios máximos o mínimos por parte del estado son agresiones contra la propiedad privada que provocan excesos o escasez e impiden la optimización de la distribución de los bienes.

Toda ley mercantilista de precio máximo de un producto (la cual prohíbe a un vendedor pedir por su mercancía un precio superior al legalmente fijado) dificulta su producción y fomenta su exportación (con la consiguiente escasez interna) y por lo tanto suele implicar (para ser efectiva) la prohibición de su exportación (y la aparición de su contrabando). El temor mercantilista a que un país se quede sin algún tipo de riquezas tiene su origen en los efectos de sus propias leyes violentas de precios.

Especular es comprar bienes presentes persistentes a precios bajos (por poca demanda o mucha oferta) esperando un incremento futuro de su precio (por mucha demanda o poca oferta) para venderlos con beneficios. La especulación tiende a estabilizar los precios, uniformándolos en el tiempo, aumentándolos cuando están bajos y disminuyéndolos cuando están bajos. El comercio tiende a uniformar los precios en el espacio, aumentándolos donde están bajos y disminuyéndolos donde están altos. La especulación influye de forma temporal sobre los precios (no a largo plazo). El especulador optimiza la distribución temporal de los bienes económicos, guardándolos cuando son más abundantes o menos deseados, y haciéndolos disponibles cuando son más escasos o más deseados. Toda especulación implica un riesgo de error que asume el empresario que intenta prever el futuro. La especulación puede tomar la forma de compra de opciones futuras sobre bienes. La especulación es una forma de intercambio indirecto (las compras quedan separadas de las ventas).

Dinero, banca, crédito, interés

El trueque directo entre individuos es ineficiente, ya que requiere la coincidencia espacial y temporal de los intereses de ambos participantes en un intercambio, y muchos bienes son difícilmente divisibles. El mercado tiende de forma evolutiva a producir medios universales de intercambio (medios de pago y cobro de aceptación generalizada para las transacciones comerciales) o dineros, que sirven también como unidades de cuenta y depósitos de valor. El dinero tiene una serie de características ideales: duradero, divisible (fraccionable), homogéneo, transportable, reconocible (difícil de falsificar), de alto valor concentrado en volumen y peso, de valor estable y uniforme (demanda y oferta constante), alta liquidez. El dinero permite la comparación de precios relativos entre múltiples bienes, facilita el cálculo económico (sirve como unidad de cuenta) y es esencial para una economía desarrollada. El dinero no es un bien estéril. El dinero es un bien que se utiliza como medio de intercambio indirecto. Se venden unos bienes a cambio de dinero para poder comprar posteriormente otros bienes con ese dinero. La posesión de dinero permite obtener los otros bienes del mercado, y por eso el dinero es tan apreciado (su utilidad marginal decrece muy lentamente, es prácticamente constante). El cambio directo o trueque sigue siendo posible en una economía monetizada, pero es comparativamente ineficiente.

El precio o poder adquisitivo del dinero (lo que el dinero puede comprar) viene determinado por su oferta y demanda. El teorema regresivo del dinero indica que el dinero se demanda hoy (la gente está dispuesta a entregar bienes para obtenerlo) porque ha tenido ayer un poder adquisitivo que se estima estable. La demanda de dinero en un instante dado la efectúan los seres humanos en función de su conocimiento de su poder adquisitivo en el instante anterior y sus expectativas futuras. El dinero no puede surgir de la nada, debe evolucionar desde el trueque de un bien demandado, con valor de uso. El dinero no se crea mediante un edicto o mandato estatal que convierta en dinero lo que no lo es. En su origen el dinero tiene que tener un valor de uso directo para ser demandado. A esa primera demanda no monetaria se añade posteriormente la demanda monetaria que tiende a ser dominante.

El dinero es una institución del mercado libre, no diseñada ni inventada, y su origen es el aprendizaje o copia por los miembros de una sociedad de los comportamientos exitosos de los individuos más perspicaces. El dinero surge espontáneamente a partir de bienes económicos con valor de uso, mediante procesos acumulativos que se refuerzan a sí mismos: la aceptación generalizada de un bien como medio de intercambio provoca un aumento de su demanda, lo cual a su vez generaliza aún más su aceptación. La universalidad del dinero depende de su calidad y no puede imponerse por la fuerza.

Es arbitrario determinar que una única mercancía es dinero y las demás no lo son. La determinación de una cantidad monetaria (macroagregado económico) y su composición es problemática. Las teorías cuantitativas del dinero (monetaristas) ignoran las diferencias en la naturaleza de los medios de intercambio y se fijan exclusivamente en su cantidad. La cualidad esencial del dinero es su liquidez: el dinero es generalmente aceptado a cambio de otros bienes, su valor de intercambio es predominante sobre su valor de uso. Distintas mercancías tienen más o menos liquidez y pueden monetizarse (utilizarse como dinero) y desmonetizarse. Vender es entregar una mercancía menos líquida y recibir otra mercancía más líquida. Comprar es entregar una mercancía más líquida y recibir otra mercancía menos líquida. El proceso de descubrimiento y selección de los bienes más líquidos del mercado (los mejores dineros) es continuo.

Todo medio de intercambio libremente aceptado por las partes es éticamente legítimo y económicamente eficiente. No es ético obligar o prohibir por la fuerza el uso de una determinada moneda. La competencia entre monedas, la posibilidad de utilizar distintos medios de intercambio, garantiza su eficiencia. Los consumidores pueden elegir entre monedas o dineros alternativos en competencia. El dinero estatal es un monopolio coactivo ineficiente. La imposición de una moneda única universal impide la competencia y posibilita su manipulación y devaluación inflacionista por parte del estado.

El oro (junto con otros metales nobles) es un dinero que surge evolutivamente del mercado mediante procesos de libre competencia, impone disciplina monetaria, y limita las posibilidades de manipulaciones políticas: el suministro monetario está condicionado a la producción de las minas de oro y a su costo operativo. El oro es un bien muy líquido cuya producción no tiene los efectos nocivos de la inflación estatal. El poder adquisitivo del oro y de los demás metales preciosos es independiente de las cambiantes ambiciones y doctrinas de los partidos políticos y grupos de presión. Los dineros respaldados por distintas cestas de mercancías (que presuntamente garantizan un valor mínimo) son inviables a largo plazo por su inestabilidad, ya que es imposible mantener cambios fijos entre mercancías de naturaleza y liquidez distintas.

La oferta monetaria incluye el dinero efectivamente en circulación y el dinero que los individuos acaparan como reserva. Cualquier cantidad de oferta monetaria es óptima. El dinero no es en este sentido como los demás bienes, cuyos incrementos de disponibilidad son siempre deseables. La oferta y la demanda de dinero tienden a ajustarse de forma espontánea en un mercado libre. Si la oferta de dinero es mayor (menor) que la demanda de dinero, el gasto tiende a aumentar (disminuir) y los precios tienden a subir (bajar), con lo que desciende (aumenta) el poder adquisitivo del dinero, y esto aumenta (disminuye) la demanda de dinero. Un aumento en la oferta monetaria produce una redistribución de la riqueza, ya que los precios tardan en subir y lo hacen de forma no homogénea, por lo cual se benefician los primeros en gastar el nuevo dinero. No es ningún problema que aumente la cantidad de bienes económicos y que la oferta monetaria permanezca constante (o crezca menos), ya que los empresarios pueden anticipar precios futuros menores.

La inflación (deflación) es el aumento (la disminución) de la oferta monetaria, que tiende a provocar (siendo todo lo demás constante) un alza (descenso) general de los precios y la pérdida (ganancia) del poder adquisitivo del dinero. Los estados pueden distorsionar la distribución de riqueza (los que reciben antes el nuevo dinero pueden usarlo antes de que los precios suban) y la estructura de producción del mercado libre (debido a la descoordinación microeconómica sobre la estructura de bienes de capital) controlando de forma monopolista la emisión de moneda y la tasa de interés. La inflación estatal es el envilecimiento de la moneda (rebajar su peso o ley) o el abuso del crédito (monetizar activos ilíquidos, prestar tesorería para financiar inversión o para financiar el déficit público). La inflación estatal es un impuesto encubierto que permite a los estados gastar más en sus proyectos políticos.

La forma más segura de destruir el sistema capitalista es envilecer la moneda. Mediante un proceso continuo de inflación los estados son capaces de confiscar arbitrariamente, en secreto y sin que la gente se dé cuenta, una parte importante de la riqueza de los ciudadanos, empobreciendo a muchos y enriqueciendo a algunos. Esta confiscación constante afecta negativamente a la seguridad y a la confianza en la justa distribución de la riqueza. La inflación transfiere riqueza de los prudentes y ahorradores a los derrochadores, de los acreedores a los deudores.

La imposición coactiva del dinero estatal es un proceso extenso, con diversas fases, y estrechamente ligado a la actividad bancaria. El estado comienza monopolizando la acuñación de piezas metálicas o monedas (presuntamente para evitar el fraude, en realidad para controlar el dinero y reducir progresivamente el contenido metálico, quedándose con el excedente) y concluye con la creación de bancos centrales que monopolizan la actividad bancaria (los demás bancos son simples concesionarios) y controlan la emisión de medios fiduciarios (papel moneda) y la tasa de interés. El control del dinero es una de las armas más poderosas de los estados.

El papel moneda no convertible o dinero fiat es aquel medio de cambio generalmente aceptado que no es una mercancía, ni un título sobre una mercancía, sino un papel que jurídicamente no obliga a nada a su emisor y al que las autoridades políticas conceden la facultad de extinguir las obligaciones (no es obligatorio utilizarlo para pagar, pero es obligatorio aceptarlo al cobrar). El papel moneda no convertible es un dinero falsificado, ineficiente e inestable: al aumentar fraudulentamente la emisión del papel moneda oficial (inflación estatal), las leyes de oferta y demanda causan un descenso de su poder adquisitivo que eventualmente puede (si es suficientemente pronunciado) acabar con el colapso de todo el sistema monetario.

El papel moneda es en su origen el documento o título de un contrato de depósito o de una deuda: representa la obligación de su emisor (normalmente un banco) de entregar una determinada cantidad de metal precioso a su presentación en un momento cualquiera (resguardo de depósito, billete o cheque bancario, deuda pagadera a la vista), o en un plazo determinado (imposición a plazo fijo), o de forma perpetua (deuda pública con devengo de interés). El valor del papel moneda convertible (canjeable por metales preciosos) es estable, tiende a ser el valor de la corriente actualizada de cobros que representa. Mientras mantenga su convertibilidad, el billete cotiza cerca de la par y la deuda tiene un precio que coincide con el valor actual de los cobros futuros a los cuales da derecho.

Un banco es una empresa que puede proporcionar diversos servicios o funciones monetarias, financieras y crediticias para sus clientes: guarda y custodia de dinero (depósito de metales preciosos); gestión de pagos y cobros, tanto locales como exteriores (domiciliación de nóminas y recibos, giros y transferencias, efectos documentarios); cambio de moneda y cheques de viaje (cambista); gestión de créditos e inversiones (financiación); refinamiento de oro y plata para su amonedamiento (orfebre); desarrollo y gestión de medios monetarios o dineros.

El papel moneda es un sustituto de los dineros metálicos, un instrumento ofrecido por los bancos a sus clientes que les permite realizar negocios e intercambios sin necesidad de manipular o transportar los metales preciosos, evitando así sus costes y riesgos. El billete de banco tiene un valor nominal fijo y no requiere ninguna verificación de identidad del propietario o de su receptor. El cheque bancario tiene un valor variable (determinado en el momento del intercambio) y su utilización requiere la identificación de la persona que lo entrega (cheque al portador) y de quien lo recibe (cheque nominal), así como la aceptación del banco.

Los clientes de los bancos utilizan e intercambian el papel moneda como títulos de propiedad sobre cantidades determinadas de metales preciosos que permanecen almacenadas en los bancos, y que pueden eventualmente ser reclamadas. Los bancos no necesitan entregar o recibir constantemente los metales preciosos de sus clientes, sino que transfieren los títulos de propiedad entre sus diferentes cuentas. Los distintos bancos pueden llegar a acuerdos para el reconocimiento mutuo de su papel moneda; las deudas recíprocas tienden a cancelarse entre sí, y las cámaras de compensación realizan las transferencias de fondos necesarias para saldarlas. Un banco también puede comprar divisas (billetes de otro banco) para ofrecerlas a los clientes que necesiten efectuar negocios en lugares donde sus propios billetes no son aceptados.

Un depósito es un contrato por el que una persona o empresa recibe algo que ha de guardar y restituir cuando le sea pedido. Respecto a los depósitos a la vista, todo banco está contractualmente obligado a disponer de todas las reservas necesarias para su reclamación. El banco debe custodiar las mercancías depositadas sin utilizarlas para sus propios fines. Si un banco emite billetes sin disponer de las correspondientes reservas en depósito (reserva fraccionaria), está cometiendo un delito de fraude. Un banco no puede emitir billetes sin respaldo real de forma aislada, ya que sus billetes son eventualmente reclamados por otros bancos, lo cual agota sus reservas de metales preciosos. La creación de un banco central estatal con poder político permite coordinar la inflación fraudulenta de los bancos privados afiliados al mismo.

El banco central puede llegar a monopolizar la emisión del papel moneda y, amparándose en el poder coactivo del estado, incumplir sus compromisos (suspender el pago de sus deudas), declarar la inconvertibilidad de su papel (para poder producir inflación sin agotar sus reservas de metales preciosos) y declarar que su papel moneda es dinero y sirve para saldar deudas. El papel moneda pasa de ser el título que da derecho a una cantidad determinada de metal precioso en un determinado momento, a ser la deuda impagada de un insolvente que incumple sus compromisos. Es posible que la gente más ignorante, acostumbrada a utilizar el papel moneda sin conocer su auténtica naturaleza, no advierta el cambio fundamental que implica la inconvertibilidad y siga utilizándolo, pero las personas más perspicaces (a quienes los demás tienden a imitar por su éxito) sí advierten el cambio y no utilizan una moneda mala si existe una moneda buena. La calidad del bien utilizado como medio general de intercambio es fundamental. La gente acepta el dinero como pago porque tiene un valor estable, y el papel moneda inconvertible no lo tiene.

Si el emisor del papel moneda incumple sus promesas, este cae de precio en relación con el metal precioso o divisa cuyo pago ya no está garantizado. El emisor intenta que su papel moneda siga siendo utilizado como dinero en los intercambios, para lo cual debe conservar un valor suficientemente alto. Para mantener este valor el banco central puede intervenir en el mercado utilizando sus propios activos, los activos de los bancos privados afiliados al sistema (concesionarios en un sistema de crédito estatal monopolizado), y los activos de los súbditos del país que pueden ser expropiados vía impuestos. Los activos a disposición del banco central hacen que la gente acepte el papel o no se desprenda de él a un cambio suficientemente alto: los acreedores tienen en cuenta los activos del deudor en suspensión de pagos (y su posible evolución) al negociar con sus títulos de deuda; si el banco central tuviera suficientes reservas podría aceptar de nuevo el compromiso de convertibilidad y el cambio sería superior; los especuladores monetarios actúan en función de las declaraciones y actuaciones de los bancos centrales y la evolución de sus reservas.

El papel moneda estatal es de mala calidad, no es económicamente competitivo, y sólo subsiste mediante la coacción legislativa. La prohibición de tener e intercambiar libremente oro y divisas, y la declaración de nulidad y la prohibición de la cláusula valor oro en los contratos, pretenden conseguir la eliminación de los dineros competidores alternativos más fuertes (la moneda mala sólo expulsa a la moneda buena si una ley establece un precio mínimo para la mala y un precio máximo para la buena) e implica la obligación de cederlos a un precio bajo al banco central, que así aumenta sus activos de reserva. La prohibición de exportar oro (junto con la obligación de informar de las inversiones en el extranjero y de repatriarlas) intenta impedir que los súbditos del país, ante el establecimiento por ley del precio máximo del oro (expresado en función del papel moneda), reaccionen vendiéndolo a mejor precio en el extranjero, donde las leyes nacionales no son válidas (el poder coactivo del estado está limitado a sus fronteras). La declaración del curso forzoso (la obligación de aceptar el papel como pago de las obligaciones) trata de dotar de valor al papel moneda de forma coactiva, mediante los activos de los súbditos del estado.

La banca es una actividad que puede y debe funcionar libremente en el mercado como cualquier empresa, con la posibilidad de quebrar (mecanismo fundamental de comprobación de eficiencia y reasignación de recursos), y sin la supervisión y regulación de un banco central. La actividad bancaria que respeta la propiedad privada y los contratos es legítima. La actividad bancaria que se basa en regulaciones y privilegios estatales es ilegítima. Es absurdo pretender que no se puede dejar que los bancos quiebren porque son demasiado grandes e influyentes y su fracaso puede causar la quiebra de las personas y empresas que dependen de ellos. Si una empresa es ineficiente está causando daños a la economía, y estos daños son mayores cuanto más poderosa sea la empresa incompetente. La quiebra implica la liquidación y reasignación de sus recursos a agentes económicos competitivos. Las leyes estatales de bancarrota no pueden legítimamente cancelar las deudas con los acreedores (salvo que esto haya sido aceptado contractualmente por ambas partes).

El banco central, al garantizar los depósitos, los préstamos y las inversiones, y al actuar como prestamista de último recurso, elimina la posibilidad del castigo económico, y por lo tanto incentiva el comportamiento descuidado de las instituciones financieras y la realización de préstamos mal valorados y excesivamente arriesgados. Las pérdidas provocadas por las insolvencias de las empresas incompetentes son financiadas finalmente por los impuestos de los contribuyentes. La existencia de un banco central y la legalidad de las reservas fraccionarias incentivan las políticas monetarias inflacionarias, que provocan la pérdida de valor del dinero.

Un contrato de préstamo o crédito es un intercambio diferido en el tiempo. El prestamista entrega una cantidad presente al prestatario, quien se compromete formalmente a devolver una cantidad libremente acordada al cabo de un plazo de tiempo. La tasa de interés del préstamo es la relación entre la cantidad devuelta y la cantidad prestada. El interés o precio de los préstamos viene determinado por la demanda y la oferta de crédito en un mercado libre, resultado de las preferencias temporales de los individuos (tasa natural de interés). La productividad marginal del capital puede influir en las consideraciones de los empresarios que piden un crédito, pero no es la causa fundamental del interés. El interés de un préstamo está también determinado por el riesgo de insolvencia del deudor. La tasa de interés justa es la aceptada voluntariamente por ambas partes. La prohibición del interés en los créditos (prohibición de la usura o imposición de un tipo máximo de interés) los dificulta o imposibilita y perjudica a los prestamistas y prestatarios potenciales. El crédito permite las relaciones productivas entre ahorradores, capitalistas y empresarios: el ahorrador presta al empresario dinero para pagar al capitalista por el uso de los bienes de producción.

Los ciclos económicos

Los ciclos económicos son fenómenos recurrentes de auge y depresión (expansión y contracción) en mercados intervenidos, causados inevitablemente por los intentos del banco central (la autoridad monetaria) de ajustar la economía mediante la manipulación del dinero y del crédito, y agravados por las políticas fiscales y reguladoras de los estados. Los estados son incapaces de planificar la economía para evitar las recesiones: presuntamente supervisan el desarrollo económico armonioso, pero en realidad son los causantes de los problemas. Los ciclos económicos no son defectos de los mercados libres. Los mercados no son irracionales, ni autodestructivos, ni peligrosamente inestables. Los agentes económicos no son autómatas dominados por tendencias irracionales (miedos o exuberancias).

En una economía de mercado cada persona produce bienes que intercambia por dinero, y este dinero puede intercambiarlo por otros bienes que desea, guardarlo como reserva o invertirlo. La producción precede al consumo, y la oferta y la demanda se ajustan de forma espontánea: antes de demandar bienes, cada individuo debe ofrecer otros bienes. Las descoordinaciones económicas suceden cuando se intenta consumir lo que no se ha producido, cuando se crea dinero de la nada (inflación estatal, expansión crediticia) y este dinero se utiliza para comprar bienes y servicios, lo cual tiende a incrementar sus precios.

Una tasa de interés baja en un mercado libre es una señal para los empresarios de que hay ahorro disponible para respaldar nuevos procesos productivos. Un descenso artificial de los tipos de interés provoca que las industrias de bienes de capital inviertan en exceso en proyectos que en realidad no son sostenibles ni rentables. Si el banco central reduce artificialmente la tasa de interés (crea inflación o incremento de la oferta monetaria facilitado por la utilización bancaria de medios fiduciarios y de reservas fraccionarias), provoca una expansión de créditos sin respaldo de ahorro efectivo (contraria a las posibilidades y preferencias temporales de la sociedad), la cual causa distorsiones en el sector de bienes de capital de la estructura productiva de la sociedad. Se producen sistemáticamente inversiones erróneas, se alargan de forma inadecuada e insostenible los procesos productivos, que se hacen excesivamente intensos en capital. El proceso inflacionario mediante la expansión crediticia no puede continuar indefinidamente, necesariamente acaba en una crisis o recesión económica en la que se manifiestan los errores de inversión cometidos y aparecen las pérdidas, las quiebras, los despidos y el desempleo.

La recesión es una fase inevitable y necesaria de corrección de los errores de inversión previamente cometidos, de liquidación y reasignación de los recursos económicos, de reorganización de la estructura de producción de la sociedad conforme a los verdaderos deseos y capacidades de los actores económicos. Para resolver más rápidamente y de forma menos dolorosa una recesión, los gobiernos deben dejar de causar el problema (abandonar la manipulación monetaria y crediticia y permitir que los tipos de interés alcancen su valor de mercado), y facilitar el desarrollo económico y la creación privada de riqueza mediante las reducciones fiscales y presupuestarias drásticas y generalizadas y el abandono de políticas intervencionistas, proteccionistas y reguladoras. La inyección de más crédito y la manipulación de la demanda agregada mediante el aumento del gasto estatal y del déficit no estimulan la economía, sino que prolongan y agravan el problema.

Los mercados financieros libres no son mecanismos irracionales (con exuberancias y miedos masivos e incontrolables) o juegos de azar. Toda venta de una acción o valor implica su compra por otra persona. Si hay ventas masivas, tiene que haber compras masivas. Los precios de las acciones se determinan mediante la demanda y la oferta de las mismas. Los vendedores muestran sus expectativas negativas, los compradores muestran sus expectativas positivas. Ninguno conoce con certeza el futuro, pero éste no es fruto del azar sino de las conductas de los actores económicos. Las personas que conocen mejor el mercado y tienen mejores capacidades de especulación se benefician a largo plazo.

La libre circulación de capitales no es la causante de las crisis económicas, monetarias y financieras, del paro, de los ajustes presupuestarios y de las devaluaciones. Estos problemas se deben al intervencionismo estatal. Las personas tratan de conservar su patrimonio y aumentarlo, buscan las mejores posibilidades para sus inversiones, y se apartan de aquellos lugares que les parecen inseguros (huyen de las confiscaciones, de las suspensiones de pagos, de las devaluaciones). Las devaluaciones estatales son oportunidades de enriquecimiento fácil para quienes son capaces de preverlas. Un sistema financiero adecuado, respetuoso de la propiedad privada y la libertad contractual, con una moneda de oro no devaluable, está libre de crisis. El control de capitales y de cambios no es la solución a las crisis financieras (en realidad causa y agrava el problema), supone la sumisión incondicional al robo institucionalizado, y exige un poder estatal absoluto con medidas como la intervención de la correspondencia, la nacionalización del comercio exterior y la destrucción del mercado internacional de capitales.

Cooperación, competencia, monopolios

En una sociedad libre pueden darse simultáneamente cooperación y competencia entre sus miembros. Ambas son legítimas siempre que respeten la propiedad privada. No es legítimo prohibir ni obligar a ningún individuo a cooperar o competir con otras personas. La cantidad y variedad óptima de cooperación y competencia se dan espontáneamente en una sociedad libre. La cooperación y la competencia son ambas necesarias en el proceso económico de asignar recursos, satisfacer necesidades y deseos y descubrir formas nuevas de construir órdenes sociales prósperos. Es contradictorio y absurdo pretender que se fomenta la libertad imponiendo la competencia por la fuerza, sin respetar la propiedad privada.

Los seres humanos y sus asociaciones cooperan si se ponen de acuerdo y coordinan sus actuaciones, relacionándose de forma mutuamente beneficiosa. Los seres humanos y sus asociaciones compiten si actúan de forma independiente, sin coordinar sus esfuerzos y persiguiendo los mismos objetivos mutuamente excluyentes. La cooperación permite la especialización, el aumento de la productividad y la distribución mediante intercambios mercantiles. La competencia garantiza eficiencia, alta calidad y bajos precios ya que los productores deben utilizar sus recursos de forma adecuada para la satisfacción de los consumidores. La posibilidad de la competencia evita que unas personas puedan abusar de otras. Los vendedores compiten para conseguir más compradores dispuestos a pagar más. Los compradores compiten para conseguir vendedores dispuestos a cobrar menos. Los empresarios compiten por contratar los mejores trabajadores. Los trabajadores compiten por encontrar los mejores empleos. Los capitalistas compiten por descubrir las mejores inversiones.

La competencia es la rivalidad pacífica entre los ofertantes de bienes y servicios para conseguir atraer a un consumidor al que se le da la posibilidad de elegir. La competencia perfecta de los modelos matemáticos de equilibrio general es un concepto arbitrario que no se aproxima en absoluto a la realidad; en la competencia perfecta todos los actores hacen lo mismo y nadie compite. La competencia es un proceso dinámico y evolutivo de descubrimiento de nuevas formas de organizar recursos económicos, eliminando errores y acumulando gradualmente mejoras. Los consumidores eligen las empresas más competitivas, las que ofrecen más calidad a menor precio. Para poder sobrevivir en un mercado libre las empresas tienden a mejorar la calidad de sus productos y servicios, reducir sus costes y sus precios, e incorporar innovaciones organizativas y tecnológicas. Los actores ineficientes y sin escrúpulos éticos pueden pedir la intervención política para corregir las supuestas injusticias de los triunfadores acusados de monopolistas que presuntamente abusan de posiciones de dominio. Los sectores protegidos protestan si sus privilegios ilegítimos son eliminados.

Productores, distribuidores y consumidores pueden asociarse entre sí y acordar lo que estimen conveniente. Los pactos entre productores (o entre productores y distribuidores) para limitar la competencia e intentar elevar los precios son éticamente legítimos pero no pueden funcionar de forma no violenta, ya que producen incentivos para su incumplimiento por parte de los participantes y para la aparición de nuevos productores más eficientes y competitivos. Si respeta la propiedad privada, es perfectamente ético que una empresa intente eliminar a sus competidores (la única forma que tiene de hacerlo es ofrecer bienes mejores a precios más competitivos y con menos costes), o que utilice estrategias comerciales agresivas o restrictivas. A una empresa puede interesarle que sus productos se distribuyan en unas condiciones determinadas más o menos restrictivas o excluyentes.

Un monopolio es la situación en la cual un servicio es ofrecido a los consumidores en un determinado ámbito por un único proveedor (o un número escaso de proveedores, oligopolio), o dicho proveedor tiene una muy alta cuota de mercado. Un monopolio no violento es legítimo y puede ser eficiente, ya que en algunas circunstancias la existencia de un solo productor o distribuidor de un bien puede ser óptima. Un monopolista no violento no puede imponer los precios y las condiciones que desee, ya que debe asumir la posibilidad de la aparición de competidores nuevos o procedentes del exterior. En un mercado libre un monopolio no violento no supone ningún abuso de posición dominante ni perjuicio para los consumidores, ya que una empresa es la única que proporciona un servicio solamente si es más eficiente que todos sus competidores. Los mercados libres son tan dinámicos, creativos, cambiantes y competitivos que no permiten el mantenimiento de monopolios ineficientes. Una empresa dominante en un sector de mercado puede establecer estándares de facto.

Las legislaciones estatales contra las concentraciones (o segregaciones) empresariales o contra las empresas dominantes son ilegítimas, no fomentan la competencia, suelen basarse en sofisticadas falacias económicas y son en realidad ataques a los empresarios más exitosos y productivos. Tecnócratas y burócratas pretenden saber mejor que los empresarios, los accionistas y los capitalistas, cuál es la estructura adecuada de una industria determinada (y cuál es su mercado relevante), qué adquisiciones y fusiones son beneficiosas o dañinas, y qué cuotas de mercado son adecuadas para garantizar la satisfacción de los consumidores. El mercado libre no tiende a formar empresas gigantescas que abusan de los consumidores. Una empresa grande puede aprovechar economías de escala, pero tiene mayores problemas de coordinación y no es necesariamente más eficiente que una empresa pequeña. Las regulaciones estatales y las leyes fiscales distorsionan las estrategias de unificación o dispersión de las empresas.

No es posible que una empresa venda por debajo de sus costes de producción (asumiendo pérdidas) para dominar el mercado, evitar la competencia y entonces abusar de su posición de dominio vendiendo a precios mucho más altos (animando a los competidores a volver al mercado). Vender por debajo de costes (normalmente para promocionar un producto o aumentar cuota de mercado) es un regalo perfectamente legítimo. No es posible que una empresa aproveche su dominio en un sector para imponer productos no competitivos en otros sectores. Si una empresa respeta la propiedad privada, no tiene sentido decir que abusa de una posición dominante. La existencia de monopolios destructivos no se basa en el número de empresas en un sector, ni en la forma o elasticidad de las supuestas curvas de demanda. El precio de monopolio y el precio de competencia perfecta (conceptos teóricos basados en modelos irreales, estáticos, de equilibrio) no tienen sentido, no sirven para analizar la realidad.

Las agresiones de los estados contra las empresas en función de comparaciones de los precios de venta son arbitrarias. Si una empresa vende a un precio más alto que otras, se le acusa de abuso de posición dominante; si una empresa vende a un precio más barato que otras, se le acusa de intentar destruir a la competencia; si todas las empresas venden al mismo precio, se les acusa de pactos contrarios a la competencia. Una empresa en un mercado libre no puede determinar unilateralmente el precio de sus productos.

Un monopolio violento es impuesto por el estado prohibiendo la competencia en un determinado sector, violando derechos de propiedad, impidiendo por la fuerza el libre ejercicio de la función empresarial y entregando privilegios ilegítimos al monopolista. Los monopolios estatales son necesariamente ineficientes, producen bienes de baja calidad, en poca cantidad y a alto precio, y sólo se mantienen por la fuerza del estado. Las empresas estatales son grandes monopolios ineficientes que sirven para ejecutar ambiciosos proyectos políticos y para premiar con contratos estatales y con cómodos puestos de trabajo a los políticos retirados y a los amigos de los gobernantes. La necesidad de grandes inversiones en algunos ámbitos económicos no justifica ni los monopolios ni las empresas estatales.

Empresarios, capitalistas, trabajadores

La función empresarial se basa en la capacidad del ser humano de crear y darse cuenta de las oportunidades subjetivas de ganancia o beneficio que surgen en su entorno, actuando en consecuencia para aprovecharlas. El empresario especula, estima e intenta predecir el futuro, asume que los deseos y capacidades de las personas pueden cambiar. El empresario coordina espontáneamente las descoordinaciones entre realidad y deseos de los individuos, crea y obtiene nueva información respecto a fines y medios, y organiza la utilización de recursos para lograr sus objetivos. El empresario es fuente de cambio, de inconstancia, de progreso. El acto empresarial implica posibilidad de éxito (acierto, beneficios) y fracaso (error, pérdidas).

La especulación empresarial es un proceso mental complejo, que intenta considerar todos los factores relevantes según el conocimiento disponible, y que no puede ser simulado o sustituido por métodos cuantitativos. La función empresarial no es un factor de producción gerencial que pueda comprarse y venderse en el mercado. Para participar en el mundo de los negocios no se precisa titulación académica, sino perspicacia, conocimiento de la naturaleza humana y del mercado. Las escuelas universitarias preparan subalternos para funciones rutinarias de gestión. Para ser empresario no es imprescindible disponer de capital propio, ya que éste puede conseguirse de los capitalistas mediante operaciones de crédito.

Una empresa es una asociación profesional para la producción y distribución de algún bien o servicio. Una empresa es una institución en la que cooperan dueños, empresarios, capitalistas, directivos y trabajadores. El trabajador aporta su capacidad laboral. El capitalista aporta recursos que previamente ha ahorrado. El empresario aporta su capacidad de descubrimiento, creatividad, iniciativa, riesgo, coordinación. Toda persona puede ser simultáneamente trabajador, capitalista o empresario en la medida que lo desee y sea capaz.

La defensa de la libertad no equivale a la apología a ultranza de cualquier tipo de empresa, grande o pequeña. Algunas empresas forman poderosos grupos de interés, son activas políticamente y se alían con los estados para conseguir regulaciones que les favorezcan y dificulten la actividad de sus competidores. Las presuntas colaboraciones entre gobiernos y empresas suelen ser contrarias a los intereses de los consumidores. Las empresas dominantes en sectores regulados sobreviven cómodamente a pesar de su ineficiencia debido a las restricciones a la competencia. Los auténticos empresarios buscan el éxito en el mercado libre mediante la producción de valor en forma de bienes y servicios de calidad a precios atractivos. El falso empresario busca beneficios a costa de perjudicar a los demás, aliándose con la clase política parasitaria para obtener privilegios, prebendas, subsidios, protecciones. La empresa pública o con protección política es ineficiente, corrupta, incontrolable, y produce bienes de mala calidad a altos precios. El empresario, en el mercado libre y competitivo, es el más eficiente creador de riqueza y de progreso en una sociedad; en un sistema político intervencionista es un peligroso depredador.

El capital es resultado del ahorro sobre el producto del trabajo realizado anteriormente. El capitalista evita a los trabajadores la necesidad de reducir sus niveles de consumo para acumular el capital por sí mismos, y de diferir su pago hasta el momento en que el producto es vendido. El capitalista no abusa de los trabajadores, sino que les alquila su capacidad de trabajo y les paga antes de la venta. El trabajador recibe un salario fijo y seguro, el valor marginal descontado del producto de su trabajo. La existencia de bienes de capital permite que aumente la productividad del trabajo y los niveles salariales. El capitalista ha trabajado, ha restringido su consumo, ha ahorrado y ha comprado bienes de capital. Como empresario, especula e intenta predecir las futuras preferencias de los consumidores, y asume los riesgos de que no haya beneficios.

Bienes públicos y externalidades

Es falso que el estado sea necesario para proporcionar bienes públicos y solucionar los problemas de las externalidades. La provisión de cualquier servicio por el estado es ineficiente, ya que no depende de la satisfacción de los consumidores ni tiene presión de los competidores. Las empresas en un mercado libre tienen los incentivos y los conocimientos adecuados para proporcionar cualquier bien; los miembros del estado carecen de ambos. El estado no produce nada, sino que redistribuye lo que previamente ha confiscado a sus legítimos propietarios. En el debate político popular, el concepto de bienes públicos queda intencionadamente indefinido y confuso (el bien común, el bienestar general), produciendo la sensación de algo universalmente bueno a lo que nadie puede negarse a contribuir, y que por lo tanto debe ser administrado por los políticos.

La justificación del estado por su producción de bienes públicos es una falacia. En realidad, los bienes públicos y las externalidades o están mal definidos y dramatizados, o no existen, o son problemas creados por el estado, o son problemas inevitables de la realidad que el estado no puede resolver. El estado produce bienes no públicos, no resuelve ningún problema de bienes públicos y crea problemas de males públicos. El mercado resuelve eficientemente, en la medida de lo posible, todos los problemas de bienes públicos y externalidades.

El presunto problema de los bienes públicos resulta de utilizar suposiciones no realistas acerca de la naturaleza del ser humano, y de argumentar de forma errónea acerca de las posibles formas de producir dichos bienes. Supuestamente, existen bienes o servicios imprescindibles que benefician a todas las personas paguen o no por ellos; los individuos egoístas pueden recibir el servicio y negarse a contribuir, lo que impide la adecuada financiación de estos bienes comunes, que no se producirían o lo harían escasamente; la única forma de resolver este problema es la existencia de una agencia coactiva monopolista, el estado, que fuerce a los beneficiarios a financiar el bien público necesario, produzca el bien y lo ofrezca gratuitamente a todos.

Es muy difícil, casi imposible, que un bien o servicio beneficie a todas las personas, que no haya ninguna que lo valore negativamente. Las valoraciones humanas subjetivas son muy variadas. Lo que para unos es un bien puede ser un mal para otros. Excepto mediante un intercambio voluntario o una apropiación, es imposible demostrar que algo es un bien para alguien. Los bienes no son valorados de forma absoluta, sino en comparación con otros bienes escasos. La producción de un bien tiene un coste, implica necesariamente la renuncia a otros bienes que también son valiosos. Que algo sea un bien público no implica que deba producirse, ya que ello puede ser incompatible con la producción de otros bienes más valiosos. El mercado, el intercambio voluntario y pacífico de derechos de propiedad, es la única forma legítima y eficiente de mostrar y coordinar las preferencias y capacidades de los individuos. Las cantidades, los precios y las formas de producción de bienes por el estado son arbitrarias y sólo muestran su relevancia política según las influencias de los grupos de interés.

Los seres humanos actúan para mejorar su estado, pero esto no significa que no tengan en cuenta a los demás, que nunca les preocupe el interés de los otros, que sean indiferentes, que no contribuyan de forma voluntaria a causas comunes. La hipótesis central de la teoría de los bienes públicos, que nadie contribuye voluntariamente a la producción de un bien público, es falsa. Algunas personas (individualmente o a través de instituciones filantrópicas) ayudan a los demás siguiendo normas morales que consideran muy valiosas. Muchos seres humanos tienen impulsos caritativos naturales, y estos pueden ser fomentados de forma pacífica.

La definición de bienes públicos como aquellos bienes caracterizados por la ausencia de rivalidad en su consumo y la imposibilidad de exclusión de los no contribuyentes es problemática. Estas características son técnicas, no económicas: no incluyen las valoraciones subjetivas de los participantes. En realidad, ningún bien económico (especialmente los tradicionalmente considerados bienes públicos: defensa, policía, seguridad, infraestructuras, educación, salud, investigación) posee plenamente ambas características, aunque algunos se aproximen a alguna de ellas. No existen criterios objetivos para clasificar un bien como público o privado.

La imposibilidad de exclusión significa que una vez producido, es muy difícil o imposible obligar a pagar a aquellos que presuntamente lo disfrutan. La dificultad de exclusión puede resolverse mediante los avances técnicos y la imaginación empresarial. La ausencia de rivalidad en el consumo significa que el disfrute del bien por una persona no disminuye la provisión del mismo para otras, no aumenta el coste de producción: el coste es el mismo independientemente de cuántas personas disfruten del bien (coste marginal cero), luego la ineficiencia resultaría de la exclusión de cualquier consumidor. Todo consumo de un bien, por pequeño que sea, implica la imposibilidad de que otras personas disfruten del mismo. Los costes no son sólo monetarios, algunas cosas o situaciones no cuestan dinero pero implican un esfuerzo o una inconveniencia. La producción abundante de bienes públicos cuyo coste es ínfimo no supone un grave problema económico.

El mercado libre presenta múltiples soluciones posibles para la producción de bienes públicos: combinación de bienes, persuasión, boicot a los que no contribuyan, fomento de la imagen pública de los contribuyentes, contratos con opciones, contratos condicionados a la unanimidad (para participar si y sólo si todos los miembros de la comunidad lo hacen). La sociedad libre y el mercado pueden resolver los problemas mediante asociaciones voluntarias, mediante contrato en lugar de coerción. En algunos casos el problema es la intervención estatal, y en otros el problema es inevitable, el estado no puede resolverlo mejor que el mercado, sólo empeora la situación.

Los gobernantes no actúan de forma benevolente para el interés común. El estado produce, de forma ilegítima (violando la propiedad privada) e ineficiente (frecuentemente mediante monopolios), aquellos bienes que benefician a sus propios miembros y simpatizantes, afianzando su posición y su imagen de legitimidad. La propia teoría de los bienes públicos es una falacia producida por investigadores públicos parciales e interesados y mantenida y promovida por el estado (mediante sus mecanismos de educación compulsiva y propaganda masiva) para aumentar su poder.

El concepto de externalidades se refiere a los efectos, positivos o negativos, beneficiosos o dañinos, que las acciones de los seres humanos pueden tener sobre la propiedad ajena. Definidas de forma amplia, las externalidades se dan en todos los casos de acción humana. Toda persona puede sentirse afectada (disfrutar o sufrir) por las acciones de otros, pero esto no le da derecho a utilizar la fuerza a no ser que se produzca una agresión. El auténtico problema de las externalidades se origina por asignaciones inadecuadas de derechos de propiedad por parte del estado. En algunos casos es difícil para el productor de un bien excluir de su disfrute a aquellas personas que no desean pagar por el mismo, pero esto es un problema de creatividad empresarial que no legitima la coacción para obligar a todo el mundo a que financie el bien. Es un problema particular del productor de un bien conseguir que paguen aquellos consumidores que quieran disfrutarlo. Los presuntos beneficiarios de externalidades positivas no pueden ser obligados a pagar por su supuesto e indemostrable disfrute. Las víctimas de externalidades negativas auténticas (invasiones físicas de propiedad privada, como la contaminación) están legitimadas para exigir compensación a sus agresores, pero esto no justifica que exijan a todo el mundo que forme parte de una asociación coactiva, el estado, para intentar resolver el problema.

El estado es incapaz de corregir presuntos fallos inexistentes del mercado. Suponer fallos del mercado implica utilizar criterios arbitrarios de perfección (comparar el mercado con ideales inalcanzables en la realidad) o imponer preferencias subjetivas particulares. El estado no puede resolver ningún problema mejor que el mercado. El estado es quien crea las situaciones problemáticas que se atribuyen erróneamente al mercado. El mercado tiene limitaciones que resultan de las limitaciones de las capacidades de los seres humanos. Si el mercado no produce algo, es porque no merece la pena hacerlo, o porque aún nadie ha descubierto cómo hacerlo de forma eficiente.

 

 

Praxeology and economics

Inteligencia y Libertad

intelib.com
english

Francisco Capella